EL
SHOFAR: LA TROMPETA MAGICA
Ya estamos bien dentro de Jodesh Elul, el Shofar de cada mañana intenta
llamarnos (el Shofar para los Ashkenazim, para los Sefaradim serán
las Selijot) como dice el Rambam en las leyes de
Teshuva (cap.3): “...despierten de sus sueños, revisen
sus acciones y recuerden al Bore Olam...” Y el “Tur”,
rabenu Iejiel ben rabenu Asher, nos dice (siman
581): “por eso Jazal establecieron el toque del Shofar durante
todos los días del mes de Elul, todos los años, para que el
pueblo de Israel se preocupe y se apresure a arrepentirse...”
Veamos como “trabaja” el Shofar durante el mes de Elul
para ayudarnos a provocar el arrepentimiento, y qué representa en sí
mismo...
En un pueblo muy alejado de toda civilización, sus habitantes eran
personas muy simples, sin cultura, sin estudio, y un día, decidieron
enviar a uno de ellos, uno de los más importantes e instruidos (¿?),
para que, con una valija llena de dinero, recorra el gran mundo con la misión
de comprar algún invento, algún desarrollo tecnológico
que sea aplicable para el bien de la comunidad. El hombre salió y comenzó
su recorrida por el gran mundo. Un día, mientras se acercaba a una
ciudad amurallada, vio a lo lejos que había un gran incendio en alguna
parte de la ciudad, era impresionante la columna de humo. Al acercarse, vio
que había un hombre sobre la muralla, que hacía sonar una trompeta.
En su simpleza, entendió que había una relación entre
la trompeta y el incendio, ya que mientras el hombre continuaba con la acción
de hacer sonar la trompeta, el fuego y el humo iban disminuyendo. Por ello,
llegó a la conclusión que no se trataba de una trompeta común
y corriente, sino de una trompeta “mágica”,
que tenía el poder de apagar incendios...
Enseguida su corazón se llenó de alegría, había
encontrado algo útil para su pueblo, un invento revolucionario, y decidió
entrar a la ciudad. Fue en la búsqueda del dueño de la trompeta
para comprarla a “cualquier” precio. Y cuando lo encontró
le dijo que quería comprarle la “trompeta apaga incendios”,
y después de una pequeña negociación, emprendió
el regreso a su pueblo con su “tesoro”...
Cuando por fin llegó al pueblo y le contó a todos lo que traía
en su mano, la alegría del pueblo no tenía límites: había
podido conseguir un elemento sofisticado y a la vez muy importante, ¡una
trompeta que apaga incendios!
Un día, se desató un incendio en el pueblo, y en lugar de ocuparse
en el intento de apagarlo, todos fueron a la casa de este hombre para ver
con sus propios ojos, como funcionaba la trompeta maravillosa que apagaba
los incendios solamente con su música. El hombre se paró en
la puerta de la casa y comenzó a hacerla sonar. Mientras tanto, el
fuego crecía y se propagaba peligrosamente. Pero todos se quedaron
en sus lugares, al lado del trompetista, con la esperanza de ver cómo
la trompeta apagaba el fuego.
Pasó por allí una persona que viajaba de un pueblo a otro y
se dirigió a ellos con asombro y casi con desesperación: ¡El
fuego está devorando las casas, ¿por qué no corren a
apagarlo?! Le contestaron: no te preocupes, tenemos una trompeta, que en un
instante apagará todo el fuego.
El hombre les dijo: ¡no puedo creer lo que escucho! Puede ser que exista
una relación entre el sonido de la trompeta y la extinción de
un incendio. Pero eso no quiere decir que la trompeta apaga incendios. Solamente
“despierta” a la gente para que se ocupen
de apagarlo. Sin la ayuda de su sonido, habría que ir de puerta en
puerta avisando a cada persona sobre el peligro del incendio y la necesidad
de que cada uno ayude con su trabajo en la extinción...
Este relato, nos enseña que no alcanza sólo con
“escuchar” la voz del shofar. El shofar viene también
a despertarnos. Al escuchar el shofar recordamos
que Rosh Hashana está llegando, y hay que aprovechar estos pocos días
para cumplir más preceptos, realizar buenas acciones y hacer un balance
objetivo de lo que hicimos con nuestras vidas en este año que termina.
Solamente así podemos decir que el shofar cumplió su función...
Los jajamim encontraron tres versículos en los que hay una referencia
al mes de Elul (las iniciales de las palabras de los versículos forman
la palabra Elul), y los tres nos pueden ser útiles para programar una
preparación para Rosh Hashana, el día del juicio.
El primero “umal Hashem Elokeja et levaveja veet levav zareja...”
(Devarim 30,6), nos dice que Hashem “abrirá”
nuestros corazones, frente al arrepentimiento. El segundo, “ani
vedodi ledodi li...” (Shir Hashirim 6,3), frente a las
plegarias. Y el tercero, “...ish lereu umantanot laebionim”
(Meguilat Ester 9,22), frente a la tzedaka, a la caridad.
Y comenzaremos con la tzedaka, un tema muy extenso, que incluye
además cosas que podemos regalar a nuestros semejantes,
como dijeron Jazal: es más grande e importante hacer favores que la
caridad, ya que la caridad se da a los pobres, y los favores los hacemos tanto
a los pobres como a los ricos (Talmud Babli, tratado de Suca, 49b).
Y así menciona el libro “Hajinuj” el
tema del precepto de caridad (precepto 279): no pienses, hijo, que el
precepto de tzedaka se cumple solamente con un pobre que no tiene un pan para
comer y una prenda para vestir... porque la Tora siempre nombró primero
al favor (guemilut jasadim) antes que a la caridad, y nos ordenó dar
todo lo que esté al alcance de nuestras manos a nuestros semejantes,
tanto sea dinero, comida u otras necesidades, hasta incluso lindas palabras,
palabras de consuelo, todo entra dentro del precepto de tzedaka, y el pago
por el cumplimiento de este precepto es muy, pero muy alto.
La Tora nos enseña sobre el precepto de tzedaka, en una forma que no
se habla en ninguna otra cultura. También la persona que no tiene plata
(hablando de gente muy joven o niños, que en general no tienen dinero
en su poder) puede realizar muchos actos de tzedaka y favores. Toda ayuda
que se hace a otra persona, la aceptación de su pensamiento con unas
palabras de aliento o con una buena cara, una sonrisa en su momento justo,
o simplemente prestar atención al semejante cuando está hablando,
a todo esto se lo llama tzedaka.
No llegamos a entender cuánta tzedaka, cuánto jesed (favor)
podemos hacer cuando simplemente decimos “Shalom”, o
“buenos días”, a una persona que cruzamos en nuestro
camino. Y es sabido de tanta gente que retornó al buen camino por la
fuerza de un “lindo” Shalom que escuchó de la
boca de un niño.
En la perasha “Ki Tetze” estudiamos
hasta dónde llega la meticulosidad de la Tora en las relaciones entre
las personas. “No entrará el amoni y el moabi a la
congregación de Hashem”, dice el versículo,
y continúa reforzando que ni siquiera la décima generación
de esos pueblos, nunca entrará a nuestro pueblo un descendiente de
ellos. Gente que salió de otros pueblos y se convirtió a nuestra
creencia puede casarse con una hija del pueblo de Israel, pero para los hijos
de amon y moab está prohibido. ¿Por qué? Porque cuando
el pueblo de Israel salió de egipto no se adelantaron a ofrecerles
pan y agua...
¿Por qué la Tora se pone severa solamente con estos dos pueblos?
Ningún pueblo se adelantó a ofrecerles pan y agua al pueblo
de Israel. Dice el Ramban, de los antepasados del pueblo que salió
de egipto, Abraham Avinu, salvó a su sobrino Lot de una muerte segura,
y de Lot salieron los pueblos de amon y moab, por lo tanto, estos pueblos
quedaron en “deuda” con el pueblo de
Israel, y tienen la obligación de hacerles favores cuando se presente
la oportunidad. Tan lejos llega la orden y la necesidad de saber reconocer
y agradecer un favor que nos han hecho... Hasta el punto de que no solamente
se considera un pecado sino que provocó que la gente que pertenece
a esos pueblos no se puedan convertir. Un pueblo que tiene un defecto tan
pequeño (al parecer), no puede tener ninguna relación con el
pueblo de Israel.
Cuando el rab hagaon Iser Zalman Meltzer ztz”l
tenía aproximadamente ochenta años, llegó a su casa uno
de sus alumnos para invitarlo a la fiesta de “Bar Mitzva” de su
hijo. El rab recibió la invitación y le dio una calurosa bendición
al niño, y padre e hijo volvieron a su casa alegres y satisfechos,
no porque pensaban que el rab asistiría a la fiesta, de ninguna forma
habían pensado molestar al rab en asistir a la celebración,
sino por el agradable recibimiento que tuvieron y por la hermosa bendición
del rab. Llegó el día de Shabat por la mañana, y después
de los rezos el padre ofreció un “Kidush” en su casa para
festejar el acontecimiento. De pronto ingresa el rab Iser Zalman para asociarse
al festejo que resultó ser muy emotivo...
Ultimamenente, no era costumbre del rab asistir a las fiestas, por eso sintió
que todo el mundo esperaba una explicación.
Tuve la necesidad y la obligación de agradecer al “Bar Mitzva”
y por eso estoy aquí presente. Y todos quieren ahora preguntarme por
qué yo le debo gratitud. Bueno, cuando el entonces niño llega
a mi casa acompañado de su padre para invitarme, pensé: ¡me
acuerdo de cuando nació como si fuera ayer!, y miren, ya cumple trece
años. ¡El tiempo pasa muy rápido! ¿Cuándo
me voy a dar cuenta y aprovecharé el tiempo?!!! El resultado de la
invitación fue para mí como un “despertar”, me levantó
la fuerza espiritual, y esto merece un reconocimiento, por eso me esforcé
y me asocié a esta alegría...
Todos los “grandes” de nuestro pueblo
son detallistas en el reconocimiento de los favores que les hacen, y no faltan
relatos sobre cómo agradecen a sus semejantes. Si encontramos una persona
que estudió mucha Tora pero que sus cualidades no son muy buenas, sepamos
que a esta persona no la podemos llamar “grande”, ya
que la humildad y las buenas cualidades son las bases en el servicio al Creador.
Todo tiempo que una persona se considere “Yo” y piense
solamente en él, no será un servidor de Hashem. Porque lo único
que busca es hacer lo que le es cómodo, y le cuesta demasiado arrancar
sus cualidades no buenas.
Por eso es tan importante trabajar sobre nuestras cualidades, como dijeron
en nombre del Gaon de Vilna:
Lo importante en la vida es fortalecerse para “romper”
las cualidades (no buenas), y si no, ¿para qué la vivir? Y que
importante es acostumbrarnos a realizar favores a nuestros semejantes, para
que de esa forma consigamos cambiar nuestra naturaleza y así también
podremos mejorar en los preceptos que se relacionan entre nosotros y Hakadosh
Baruj Hu.
Ya dijo en una oportunidad el rab Shlomo Levinstein Shlita,
en nombre del rab Jaim Mivoloshin, que no vinimos
a este mundo para “nosotros”, sino solamente para hacer favores
a la gente...
Para concluir, una carta que escribió el rab hagaon Biniamin
Mendelson ztz”l, a un muchacho que cumplía trece
años:
Comenzaron los días de Elul. Nuestros libros sagrados dicen que
las iniciales de la palabra Elul son: “ani ledodi vedodi li”.
Y quiero explicar la intención de estas palabras. Para un niño
pequeño la contestación “yo quiero” es muy corriente
en sus labios. Cuando le preguntamos ¿por qué vos querés?
Tiene una sola respuesta: porque yo quiero.
O sea, no es necesario ningún motivo, solamente que “yo quiero”,
yo, y eso es suficiente. El niño no entiende que debería avergonzarse
al no encontrar un motivo para justificar su voluntad, simplemente porque
yo quiero. Pero, cuando comienza a comprender un poco, sí siente vergüenza.
Y en realidad, necesitamos dejar de pensar en lo que “yo” quiero,
y buscar lo que nos hace falta de acuerdo a nuestra Tora, que es la voluntad
de Hakadosh Baruj Hu. Y esto es “anular nuestra voluntad
por Su Voluntad” (Pirke Avot 2,4). Pero, lamentablemente,
nosotros no anulamos nuestro “yo”, y para no avergonzarnos buscamos
excusas y distintos motivos que justifican cada cosa.
Tenemos que intentar ser “objetivos”, escarvar bien para determinar
exactamente cuál es nuestra intención, si hacemos las cosas
“leshem Shamaim” (en nombre de nuestro
Creador), o si las hacemos en nombre del “yo”. Y en este mes de
Elul decimos “ani ledodi”, “yo”
entrego mi voluntad al Bore Olam, queriendo expresar que “yo”
quiero solamente lo que Hashem Itbaraj quiere.
Y el premio por esto es “vedodi li”,
que Hakadosh Baruj Hu cumple con nuestros deseos, con nuestros pedidos, con
nuestra buena voluntad, y nos brinda salud, para poder estudiar la Tora con
fuerza, para poder entenderla, para poder rezar con la intención y
concentración debidas, para que podamos sentir el “gusto”
de servir al Creador.
Por eso, no dejemos pasar estos días sagrados, aprovechemos cada segundo,
santifiquemos cada instante para estudiar con todas las ganas. También
podemos intercalar cada día algunos capítulos del libro de Tehilim,
y rezar para que Hashem nos fortalezca más y más, con salud,
inclinando nuestro corazón hacia la Tora, y adquiriendo “Irat
Shamaim”.
También rezá por mí, para que Hashem ensanche mi corazón
dentro del pueblo de Israel, en todo sentido...
Lekaj Tov.