EL
DECRETO DEMOCRATICO
Poco tiempo después del fallecimiento del Gaon de Vilna,
sus alumnos se propusieron alcanzar la meta que el Gaon nunca pudo concretar:
subir a la tierra de Israel. En grupos, gran cantidad de sus alumnos fueron
llegando a Israel. Uno de esos grupos, compuesto por, aproximadamente, ciento
cincuenta hombres, y, conducidos por uno de los más importantes alumnos
del Gaon, el rab Israel Misokolov, pasaron muchos
contratiempos en el camino hasta llegar al puerto, donde finalmente embarcarían
para cruzar el mar. Una vez en el puerto, lo único que encontraron
fue una embarcación vieja y muy deteriorada, que además, ya
estaba llena de pasajeros, pero, en la cual, también hicieron lugar
para ellos, para que puedan subir a la tierra de Israel.
En esos días, el cruce del mar Mediterráneo, necesitaba más
de un mes. Las primeras semanas transcurrieron dentro de lo normal, hasta
que un día, se oscureció el cielo, comenzaron a soplar fuertes
vientos y a caer una lluvia torrencial. Los vientos sacudían la vieja
embarcación de un lado a otro, y durante dos días corridos,
el barquito “volaba” entre las olas gigantes como si
fuera una cáscara de nuez. La situación se veía muy grave.
Las sacudidas provocaban a los pasajeros fuertes mareos y vómitos,
aparte del miedo generalizado que temía por la suerte que podían
correr si el barco no soportara los embates del viento.
Al final del segundo día de tormentas, el capitán del barco
llamó al rab Israel Misokolov a la cabina de mando. Allí el
capitán reveló “su” secreto. De inmediato,
rabi Israel reunió a todo su grupo en un extremo de la cubierta, para
dirigir unas palabras. El lugar de la reunión estaba expuesto al viento
y a la lluvia, pero eso no le importó a nadie, todos entendían
que no se trataba de una reunión para anunciar buenas noticias.
Una vez que estuvieron todos reunidos, rabi Israel comenzó su exposición:
Estimados amigos, hace unos minutos tuve una charla con el capitán
de nuestra embarcación, y me dijo las siguientes palabras: hace más
de treinta años que “vivo” en este inmenso mar,
y nunca vi una tormenta de estas características. Viendo las terribles
condiciones en las que se encuentra mi vieja barca, estoy seguro que no podrá
soportar la fuerza de la tormenta. A mi parecer, en cualquier momento se partirá
en dos y todos nosotros pereceremos aquí, en el medio del mar. El capitán
agregó que no estaba convencido de informar la situación al
resto de los pasajeros, pero sintió la obligación a contarle
a él (al rab), y que él mismo decida a quien contarle y a quien
no.
Entiendo, dijo rabi Israel, y no me cabe duda, de que nosotros, nuestro grupo,
tenemos mucho que ver con lo que está pasando, ya que si existe un
decreto que ordena que nosotros debemos morir en el mar, por lo menos, tenemos
que aprovechar el poco tiempo que nos queda para “arrepentirnos”.
Por eso los reuní aquí, para que podamos, todos juntos, volver
en Teshuva (arrepentimiento) y llegar al mundo de
la verdad “limpios” de pecados. La Guemara, en el tratado
de Sota, dice que el “vidui” (confesión de los
pecados) debe realizarse en voz baja, para que otras personas no escuchen
sus pecados y no aprendan de sus acciones no buenas. Pero en nuestro caso,
continuó el rab, por cuanto que todos vamos hacia la muerte, este motivo
no existe, nadie podrá aprender de su compañero malas acciones,
ya que el decreto está sobre todos nosotros. Me parece ahora que puede
resultar fructífero que cada uno haga su confesión en voz alta,
de forma que todos los presenten escuchen y nuestra vergüenza sea mayor,
de modo que esto ayude a que seamos perdonados por todos nuestros pecados.
Y así se nos abrirán las puertas del “Gan Eden”,
y podremos entrar en él completamente limpios...
La propuesta fue aceptada, y por unanimidad decidieron que comenzarían
con el más joven de los alumnos. Los vientos seguían soplando
con toda su fuerza y la lluvia no aflojaba. Pero a nadie le molestaba, estaban
muy ocupados con la consigna que tenían por delante. El joven se paró
delante del grupo, se tapó la cara con sus manos y comenzó a
llorar. Juntó fuerzas, comenzó a balbucear, hasta que cuando
sintió que podía pronunciar unas palabras que salieran claramente
de su boca dijo: es muy grande mi vergüenza por contarles esto a ustedes.
Quiero confesar que durante dos años, le mentí a mi madre!!!
Todos quedaron más que sorprendidos, ¿cómo era posible
que un sabio como él haya hecho semejante cosa?
El muchacho no dio a la gente mucho tiempo para pensar, y prosiguió:
así fueron los hechos. Cuando llegamos a la ciudad de Vilna, éramos
nueve hermanos, de los cuales yo era el mayor y todavía no había
cumplido los trece años. Hakadosh Baruj Hu nos “regaló”,
que nuestra casa tuviera una pared en común con la casa del Gaon de
Vilna. Papá tenía un almacén, y cuando volvía
a casa al final del día, se sentaba en el cuarto que tenía la
pared en común con el cuarto de estudio del Gaon, y pasaba mucho tiempo
“escuchando” la voz de la Tora que atravesaba la delgada
pared [es sabido que el Gaon de Vilna dormía solamente dos horas por
día, y que todo su tiempo estaba santificado al estudio de la Tora
y a los rezos. El Maran que escribió el “Kehilot
Iaacov”, el Staipeler ztz”l, acostumbraba
decir a los muchachos que se acercaban a pedirle una bendición unos
días antes de su Bar Mitzva: ¿vos querés ser un talmid
jajam (un sabio)? Bueno, te voy a dar un consejo acompañado de una
programación de tus días. Cada día tiene veinticuatro
horas, de las cuales ocho, necesitamos para dormir, con lo que nos quedan
dieciseis horas. De ellas, separamos aproximadamente dos para los rezos diarios,
y otras dos para comer y otras cosas más. Tenemos entonces, doce horas
libres, que debemos santificar para el estudio de la Tora. Si las aprovechás
desde el día de hoy, podrás estudiar en profundidad antes de
llegar al casamiento, los “Sedarim de Nashim y Nezikim”, y entrarás
a la “Jupa” como un gran talmid jajam].
Una tarde, papá llega a casa y escucha al Gaon que repite una misma
frase cientos de veces!: “dejan de lado la vida eterna para
ocuparse de algo momentáneo” [esta frase aparece
muchas veces en el Talmud. La más conocida está en el tratado
de Shabat (33b). Allí, rabi Shimon bar Iojai
y su hijo salen de la cueva donde estuvieron estudiando durante doce años
sin interrupción y ven una persona que se ocupa de las labores del
campo, en lugar de dedicar todo el tiempo al estudio de la Tora. Ellos, después
de estar encerrados durante doce años y ocuparse ininterrumpidamente
de la Tora, no pueden comprender que exista otra cosa, por eso mencionan esa
frase. Para ellos solamente existe la Tora, y se preguntan por qué
la gente pierde sus días corriendo detrás del dinero y de los
honores].
Papá escuchó esta frase de la boca del Gaon, y las palabras
llegaron a lo más profundo de su corazón. Esa noche no pudo
dormir. En su cabeza se revolvía la pregunta: ¿qué sería
de su “vida eterna”? Por la mañana,
se sentó con mamá y le dijo: yo no sé si escuchaste ayer
las palabras de nuestro vecino, el Gaon. Yo sí las escuché y
tomé una resolución. Quiero dejar el negocio y sentarme a estudiar
y profundizar en la Tora desde la mañana hasta la noche. Pero esto
solamente puede ser posible, desde luego, con tu aprobación y con la
condición de que pongas sobre tus hombros la terrible carga de procurar
el sustento de la familia.
Mamá era una mujer muy inteligente, y aceptó de inmediato. Desde
ese día comenzó a atender el almacén mientras papá
estudiaba. Al cabo de un tiempo, mamá vio que no le alcanzaban las
fuerzas para atender el negocio, y decidió cerrarlo, pero no cerró
la Guemara de papá. Continuó con el sustento de la familia horneando
panes para la venta y limpiando en las casas de las familias adineradas.
Pero, como vio que no podría continuar a ese ritmo, nos reunió
a todos, a los niños, y nos dijo: ustedes saben que papá dejó
la “vida momentánea” para ocuparse de la “vida eterna”.
Y para eso, yo acepté ocuparme de procurar el sustento de la familia,
algo muy pesado y difícil. Queridos hijos, llegué al punto en
el cual necesito que ustedes me ayuden. Hasta ahora, siempre recibieron dos
comidas por día. Ahora, ya no nos alcanza la plata para dos comidas.
Si ustedes aceptan y se conforman con una sola comida diaria, podremos seguir
con nuestra finalidad sagrada de que papá siga estudiando Tora. Si
ustedes deciden que quieren seguir recibiendo dos comidas por día,
papá tendrá que volver a atender el negocio.
La respuesta de los chicos no se demoró. Cuando vimos como papá
se esfuerza por estudiar durante todo el día, y como mamá lucha
y lucha por el sustento, entendimos que no es tan crítico sacrificar
una comida.
Mamá se sintió más que satisfecha de la respuesta, pero,
en mi cabeza, se cruzaban varios pensamientos...
Estaba seguro, que la comida que nos tocaría comer, ahora una en lugar
de dos, tampoco sería muy importante, entonces, supe que era el momento
en que yo, el mayor de los hijos, ayudara también con mi granito de
arena. Tomé la decisión y le dije a mamá: mi porción
también la podés repartir entre mis ocho hermanitos, ya que
justo en el día de hoy, nos informaron en el Talmud Tora, que desde
mañana nos darán de comer todas las tardes!!!
Mamá escuchó la noticia..., y enseguida me preguntó:
¿en verdad recibirán comida en el Talmud Tora? Y yo le respondí
que sí, Y ERA MENTIRA!!!
Y todos los días mamá me volvía a preguntar: ¿recibiste
hoy tu porción de comida? Y yo seguí mintiéndole a mi
mamá día tras día, durante dos años. Seguro que
comí algo, las sobras que me traían mis compañeros de
sus casas, pero eso no era lo que me preguntaba mi mamá, y sobre esta
gran mentira yo vengo a confesarme frente a ustedes, compañeros míos!!!
El viento seguía, también la lluvia, y las personas reunidas
en la cubierta estaban mojadas hasta los huesos. Todos sintieron algo especial
en la confesión del más joven de los alumnos del Gaon. Nadie
pudo imaginar como este joven llegó a alcanzar una perfección
tal en el precepto de “Tzedaka” (caridad),
resignarse a recibir durante dos años la única porción
diaria de comida!, solamente para que sus hermanitos no pasen hambre con su
pequeña porción de pan y para que su madre pueda seguir trabajando
de forma que su padre continue estudiando Tora. Y además de la Tzedaka,
asociamos el precepto con el de “Teshuva”. ¿Quién
puede suponer que necesitamos hacer una confesión por una mentira de
esta clase? Y aquí tenemos, a nuestra vista, un muchacho que aprendió
de sus padres cuánto vale la vida eterna frente a la vida pasajera,
y que llega a tal meticulosidad para llorar por una mentira que hizo por la
Tora y por hacer favores!!!
Después de la Tzedaka y la Teshuva, qué bien vendría
ahora la Tefila. Había en todos los presentes
un temblor de santidad. Cuando el muchacho terminó su confesión,
se levantó el rab Misokolov, elevó sus manos hacia el cielo,
y dijo: Ribono Shel Olam, en el primer día
de las “Selijot” nosotros decimos (no textualmente) a
Hakadosh Baruj Hu que probablemente nuestros pecados son muchos, pero, nos
apoyamos en Tu Bondad, mira cuántos problemas y sufrimientos tenemos
cada día, y si no alcanzan con los nuestros, también miramos
y nos preocupamos por los de nuestros semejantes. Corremos y corremos, y pasamos,
Baruj Hashem, infinidad de pruebas. Por eso, no nos juzgues solamente por
nuestras malas acciones, sin contemplar los obstáculos que atravesamos
contínuamente... Por eso, yo te pido, Bore Olam, fijate sobre qué
pecado este hombre se confiesa, ¡haz algo por él si no lo haces
por nosotros!!!
En ese instante sucedió algo increible. Cuando rabi Israel terminó
su tefila, un rayo de luz atravesó las nubes y el viento dejó
de soplar. Paró la lluvia, las nubes se dispersaron y el día
pasó a ser soleado. Y el barquito continuó su viaje hasta llegar
a un puerto seguro.
Imposible describir el “Kidush Hashem” que
hubo allí. Los pasajeros no iehudim que estuvieron contemplando la
reunión, la extraña exposición del alumno y los ruegos
de rabi Israel hacia el Bore Olam, entendieron que había una relación
entre la Tefila y la salvación que se produjo en un abrir y cerrar
de ojos. Todos vieron el acercamiento entre rabi Israel y Hakadosh Baruj Hu:
el iehudi dijo unas palabras y Hashem detuvo la tormenta de inmediato.
Estudiamos, un poquito, qué es esto de la Teshuva,
cómo sentir verdaderamente por las cosas que no hicimos del todo bien.
Puede ser que este sea un caso muy especial, donde el pecado fue algo casi
intangible. En cambio, nosotros, tenemos cosas un poquito más graves,
que habremos hecho durante el año, podemos arrepentirnos con soltura
y con el corazón, con la esperanza de corregir nuestros caminos.
Vimos también qué es la Tzedaka. Que
no se encierra exclusivamente en el dar dinero a un necesitado, sino que cualquier
resignación en beneficio de nuestros compañeros se llama Tzedaka.
Y nunca falta la oportunidad, el problema reside en que pensamos tanto en
nosotros que nunca estamos disponibles para el prójimo.
Y ni hablar de la Tefila, no solamente las tres
establecidas por nuestros Jajamim, sino que todo intento de hablar con nuestro
Creador se llama Tefila.
Y los tres, Teshuva, Tzedaka y Tefila, transforman cualquier mal
decreto...
Lekaj Tov.