DETRAS
DE TODO BUEN HOMBRE SIEMPRE HAY UNA BUENA MUJER
Dice el versículo (Devarim 33,18): “Zevulun se alegrará
en sus salidas (al mar) e Issajar en sus tiendas”, y el
Midrash agrega: “Zevulun se alegrará en su salida
del mundo (al perecer), ¿por qué?, porque Issajar está
en sus tiendas”.
Esta es una gran alabanza para las mujeres, que realmente se sacrifican para
que sus maridos puedan estudiar Tora, dice el rab hagaon Eliahu
Lupian ztz”l, en su libro “Leb Eliahu”
(perashat Vaigash): la aparente inclinación de Zevulun hacia lo material,
escondiendo una finalidad puramente espiritual, y Baruj Hashem hay muchos
“Zevulonim” en cada generación, que se ocupan de satisfacer
todas las necesidades de “Issajar”. Por eso pueden estar muy contentos
al dejar el mundo, porque la acción de sentarse a estudiar Tora de
Issajar se considera en “tu tienda”, en la tienda de Zevulun ya
que gracias a él Issajar puede estudiar.
Pregunta la Guemara en el tratado de Berajot (17a): ¿las mujeres cómo
obtienen su recompensa?, o, con palabras que entendemos mejor, ¿qué
precepto las hace acreedoras de tener un lugar en el mundo venidero? El Talmud
contesta que tienen tres cosas a su favor: llevar a los hijos al Talmud Tora,
permitir que sus maridos estudien Tora y esperarlos cuando llegan, a veces
muy tarde, de la casa de estudios. Rashi aclara que en las épocas en
que no había Talmud Tora, las mujeres llevaban a los pequeños
al Beit Hakneset y los sentaban al lado de los grandes rabanim, y, además
les daban permiso a sus maridos para que vayan a estudiar a otras ciudades.
Rabi Ionatan Miprag cuestiona la pregunta de la
Guemara, ya que sostiene que las mujeres tienen muchos méritos, ¿para
qué preguntar cuáles son? Ellas tienen que cumplir con todos
los preceptos que implican prohibiciones (no hacer), y también están
obligadas a cumplir todos los preceptos positivos (de hacer) que no dependen
del tiempo. Estos son muchos preceptos, y del precepto de Talmud Tora están
excentas. Por eso, rabi Ionatan ve la pregunta de
la Guemara de otra forma: ¿cómo las mujeres pueden tener recompensa
de un precepto al cual no están obligadas, como Talmud Tora? Y de ahí
que la respuesta viene por el lado de que este mérito tan grande lo
tienen gracias al estudio de sus hijos y sus maridos.
Y no solamente diremos que tienen parte en el mérito del estudio de
la Tora, sino que en algunas condiciones su porción es mayor que la
de los hombres. Está escrito en el Tehilim (119,165): “...
para los que aman Tu Tora...” y no dice para los que estudian
Tu Tora. Si estaría escrito “los que estudian”, esto no
incluiría a las mujeres, que están excentas de su estudio, ahora
que dice “los que aman”, hace que la bendición incluya
también a las mujeres. ¿Y cuándo las mujeres pueden tener
una recompensa mayor en un precepto que no las obliga? El que estudia Tora,
puede caer, jas veshalom, en el pecado de anular la Tora, y así como
el premio por el estudio de la Tora es más grande que el de cualquier
otro precepto, de la misma forma, el castigo por su anulación es más
grande que el de cualquier otro pecado. Pero en el caso de las mujeres, el
premio viene sin castigo, ella adquiere para sí la recompensa por
“amar” la Tora, cuando
espera a su marido después de haber aceptado con gusto que se vaya
a estudiar, y su premio no depende del esfuerzo que su marido invierta en
el estudio. Por eso, su premio es el máximo, sin posibilidad de disminuirlo,
en cambio, el de su marido depende de lo que se esmere por estudiar y del
cuidado en no anular absolutamente nada del tiempo dedicado al estudio.
Lekaj Tov.
En
el libro “Leb Eliahu” encontramos un relato
estremecedor relacionado con lo que estamos estudiando. Allí cuenta el
rab Lupian lo escuchó del rab hagaon Eliahu Hacohen Dushnitzer
ztz”l, jefe espiritual de la Ieshiva Lomza de Petaj Tikva.
El rab Dushnitzer era uno de los diez estudiosos del Colel de Radin, que el
Jafetz Jaim había enviado a “espantar” al espíritu
que se había alojado en el cuerpo de una mujer que habían acercado
al Jafetz Jaim. El mismo episodio lo contaba siempre el rab hagaon Eljanan Vaserman
ztz”l en la comida de Purim que hacía con los muchachos de su Ieshiva.
Cada vez que se me presentaba la oportunidad, dice el rab Eliahu, le pedía
al rab Dushnitzer que me volviera a contar los hechos, y me contestaba: “¿qué
beneficio te puede traer?, es solamente un relato más”. Esto me
hacía sentir que no quería contarme lo que pasó... Luego
me dijo: en lugar de esto, te contaré algo parecido que ocurrió,
y que puede traernos una gran enseñanza.
Esto que les voy a contar, lo pueden también contar a otras personas,
y se los contaré tal cual lo escuche del rab hagaon Elazar
Moshe Mipinska ztz”l. Y ustedes me conocen bien, y saben
que nunca miento, sepan también que no quité ni agregué
nada, solamente repito palabra por palabra según escuché de rabí
Elazar:
Había un hombre en la ciudad de Kelem, que era vendedor. Se llamaba Netah,
pero lo llamaban rabi Natil. Tenía una sola hija, la cual casó
con un talmid jajam, y le dio una “dote” muy importante, además
de alimentarlos en su mesa durante varios años, mientras el muchacho
continuaba dedicándose exclusivamente al estudio de la Tora.
Cuando se cumplió el tiempo estipulado en el compromiso durante el cual
el hombre se comprometía a alimentarlos, los jóvenes comenzaron
a manejarse en forma más independiente, y comenzaron los temores en la
señora (¿qué vamos a comer?, o sea, ¿de dónde
saldrá nuestro sustento si mi marido solamente estudia?).
El marido le contestó que no podía separarse del estudio y ocuparse
en comercio u otras cosas, ¿podría tirar toda la Tora que adquirió
al mar?
La señora tuvo una idea: podemos tomar el dinero de la “dote”,
y comprar un negocio. Yo estaría al frente del negocio todo el día
“menos dos horas” en las que estarás vos. El resto del día
podrás continuar estudiando Tora como hasta ahora. El marido aceptó
y así hicieron.
El esquema se cumplió a la perfección durante los primeros tres
meses. Pero después, las dos horas se transformaron en cuatro, y después
las cuatro en ocho, hasta que el hombre se ocupaba todo el día del negocio
y no le quedaba tiempo ni para abrir la Guemara.
Ocurrió un “motzae shabat”, en el que nevaba y soplaba un
fuerte viento, que la mujer salió de la casa para volcar afuera un recipiente
con agua no limpia, y cuando volvió se quedó sin voz. El hombre
corrió a buscar un médico, pero éste no sabía qué
le pasaba a la mujer. Al otro día la vieron varios médicos que
tampoco supieron por qué había quedado muda. Hasta viajaron hasta
la ciudad de Viena, sin éxito. En la ciudad comenzaron a correr los rumores,
¿será un espíritu?...
Viajaron a la ciudad de Stushin, allí vivía un “Kabalista”
(de los verdaderos), llamado rabi Mendel, el que cuando llegaron, “le
preguntó algo al espíritu”, y éste contestó
desde el interior de la señora! Mientras el espíritu hablaba,
el vientre de la señora se movía, pero sus labios no. Todos tuvieron
un gran susto y exclamaron: ¡Aquí está, es el espíritu!!!
Pero el justo, rabi Mendel dijo que todavía no estaba seguro y decidió
hacerle algunas preguntas. Le preguntó de quién provenía
(o sea si era el regreso de algún alma, que una vez que fue al cielo
y volvía por alguna causa). Luego de la respuesta le hizo otras preguntas,
y finalmente rabi Mendel confirmó que sí, se trataba de un espíritu...
Rabi Mendel continuó haciéndole preguntas para buscar la forma
de sacarlo del cuerpo de la mujer. El espíritu contó que hace
algunas decenas de años fue un muchacho que estudiaba en una ieshiva
en Brisk. Después viajó al Africa y allí abandonó
por completo la Tora. Durante un paseo, cayó del carruaje en el que viajaba
y murió. Desde entonces, el alma estuvo “volando” en los
cielos hasta ahora.
Rabi Mendel le preguntó: ¿por qué no te arrepentiste de
tus pecados en el último instante antes de morir? Y contestó que
debido al miedo provocado por el accidente, se “olvidó” de
arrepentirse...
Ahora, rabi Mendel, preguntó: ¿y por qué la decisión
de alojarte en el cuerpo de esta mujer y provocarle semejantes sufrimientos?
No fue mi decisión, contestó comenzando a gritar, la madre y la
suegra (ambas ya habían fallecido) de esta mujer me lo aconsejaron primero
y me lo pidieron después, ya que sin estos sufrimientos, la mujer no
tendría ni Olam Haze ni Olam Haba, por haber sacado a su marido del estudio
de la Tora!!!
Cuando todos escucharon esto, rabi Mendel le dijo al marido que le diera la
seguridad de que volvería al estudio de la Tora. El marido le dio la
seguridad a rabi Mendel, y rabi Natil, el padre de la señora, se comprometió
a estudiar Mishnaiot en memoria del muchacho del que salió el espíritu,
como así también aportar el dinero para prender velas en su memoria.
Después, rabi Mendel organizó un grupo de diez personas que recitaron
unos capítulos de Tehilim, y él se paró detrás de
ellos y dijo “algunas cosas”, mientras la mujer estaba sentada en
el medio de la habitación. De pronto, la mujer dio una vuelta en la silla
y cayó al piso, de ella salió una voz profunda que dijo “Shema
Israel”, voz que se escuchó en toda la ciudad. Luego se partió
la uña del dedo meñique de la señora y al mismo tiempo
se rompió un vidrio de la ventana, y volvió la calma. Todo había
terminado...
El rab Dushnitzer continuó contando que, en los últimos tiempos
había escuchado que esta pareja había hecho “alia”
a la tierra de Israel y que residían en Tel Aviv. Ya muy ancianos, tenían
una gran familia, muchos hijos y nietos. Y ustedes también los conocen,
aunque no les diré quiénes son para no provocarles ningún
daño. Un día, motzae shabat, viajé de Petaj Tikva a Tel
Aviv, estuve en la casa donde viven, y ellos mismos me contaron la historia
tal cual la escuché de rabi Elazar Moshe, y exactamente como acabo de
contarla a ustedes...
Cuando el rab Eliahu Lupian llegó a Israel, algunos de sus alumnos le
contaron esa historia, y cuando finalizaron, el rab les preguntó: ¿terminaron
el relato? (siempre acostumbraba a preguntar así, para no interrumpir
las palabras de sus interlocutores). Al contestarle afirmativamente, el rab
les dijo: yo escuché el relato de la boca del padre de la señora,
rabi Natil z”l de Kelem, al lado de la reja del patio del Talmud Tora,
y me contó lo mismo salvo dos diferencias: una, que el hombre no había
caído de un carruaje sino que viajaba en un barco y el barco se hundió
en el mar. La segunda diferencia, que el espíritu, al ser descubierto
en la casa de rabi Mendel, por momentos gritaba de una forma que hacía
temblar de miedo a todos los presentes.
Y el espíritu contaba que había “ángeles” que
estaban esperando que salga del cuerpo de la señora para dañarlo,
ya que mientras el espíritu estuviera alojado en el cuerpo de una persona
viva, los ángeles no tenían permiso para hacerle ningún
daño. Al cabo de unos momentos, el espíritu comenzó a decir
palabras sin sentido, muy groseras, al punto que toda la gente tuvo que taparse
los oídos para no escuchar, y explicaron que esto se debió a que
así como en este mundo esa persona deseaba el mal, así también
el alma, después de abandonar el mundo sigue buscando el mal...
Leb Eliahu.
Contaron sobre un muchacho, que en la época en que se acostumbraba que
los estudiantes coman en las casas de las familias que vivían cerca de
la Ieshiva, él iba siempre a comer y a dormir a la casa de una misma
familia, que lo consideraba como un integrante más de la familia. Como
ya era casi seguro que el muchacho vendría a comer, siempre lo esperaban,
y algunas veces el muchacho se retrasaba demasiado. Estas demoras desordenaban
la vida normal de la familia, ya que todos debían esperar que el muchacho
llegara para empezar a comer. Y esto provocaba quejas, de cuando en cuando,
en el seno de la familia, sobre su comportamiento.
Un día, el dueño de casa decidió, que había llegado
el momento de comentarle al invitado que su conducta no era de la mejor. De
todas formas quizo decírselo muy suavemente, para no herirlo. Al día
siguiente de la charla que tuvieron, que no pasó a mayores, llegó
una delegación de una ciudad muy importante para llevarse precisamente
a este muchacho y nombrarlo “rab de la ciudad”, ya que era un gran
estudioso. En toda la ciudad había una gran alegría de haber tenido
entre ellos un estudiante tan ejemplar, que lo hayan venido a buscar de otra
ciudad.
A punto de emprender su viaje, el muchacho pasó por la casa que lo había
tenido como invitado durante tanto tiempo, para agradecerles por lo bien que
lo habían tratado y para disculparse por los problemas que pudo haberles
causado.
Y agregó que por todo el esfuerzo que invirtieron en atenderlo él
bendecía al dueño de casa para que sea merecedor de grandes riquezas
él, y también sus descendientes. Y agregó algo más:
ayer tuvimos un pequeño cruce de palabras, debes saber que eso fue para
vos una prueba que te hicieron desde el Cielo. Si hubieras tenido éxito
en la prueba (si hubieras podido evitar la queja), habrías sido merecedor
de hijos y descendientes talmide jajamim durante varias generaciones. Pero,
por cuanto que pasó lo que pasó, solamente te quedaste con la
riqueza para varias generaciones, pero no con los talmide jajamim...
Dicen algunos, que el talmid jajam de este relato fue el “jajam
Tzvi”, y algunos otros dicen que el dueño de casa
fue el primero de los millonarios de la familia Rotchild...
Lekaj Tov.
Leiluy
Nishmat Iejiel Mejl ben Nisn Arie z”l – León ben Isabel z”l
|