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Janucá


Januca: un mensaje siempre vigente
Por. Dr. Eduardo Cohen



Llegó Janucá. El titilar de las nerot nos trae un mensaje vigente para nuestros días; increíblemente vigente a ya casi 20 siglos de la heroica gesta de los macabeos. Como para que no queden dudas de la Providencia Divina, que a través de los ejemplos de vida de nuestros padres, nos muestra cómo enfrentar y vencer los desafíos actuales.

La historia de Janucá es por todos conocida. La dinastía siria Seléucida, fundada por Seleuco I, quien gobernó entre los años 303 y 281 a.e.c, luego de la muerte de Alejandro Magno (323 a.e.c.), intentó helenizar la Tierra de Israel. Una especie de "iluminismo científico y filosófico", moldeado por Platón y Aristóteles, que de a poco se impregnó en la cultura occidental, con el estigma de la supremacía del hombre sobre todo. También sobre D'os..., una filosofía donde D'os es creado a imagen del hombre y no al revés; una filosofía donde lo importante es el continente y no el contenido, lo superficial y lo externo, las formas y las apariencias (cualquier similitud con nuestro mundo actual es simple casualidad...). Los griegos, expertos politeístas, creaban imágenes Divinas a su conveniencia y necesidad. El politeísmo helénico y el ateísmo de nuestro siglo van de la mano.

Cuando el aceptar la Divinidad implica un compromiso personal, la dejo y la cambio por otra (politeísmo) o la niego (¿quién dijo que existe D'os?).

Contra esto se opusieron nuestros valientes Macabim, descendientes de los Jashmonaim, sacerdotes del Bet Hamikdash, para quienes D'os era la autoridad moral por excelencia y el hombre, un simple socio en el esquema Divino. La guerra de Janucá fue una guerra de ideologías y no se sorprenda al enterarse que no todos los judíos estábamos del lado de los Macabim. Eran los "judíos helenistas" quienes recibían de buen grado la influencia griega, ávidos de beber de sus avances en todos los campos de la ciencia, el arte, la literatura, la música y el deporte. Es por esto, que a pesar de que el éxito militar de los pocos contra los muchos fue un milagro mucho más abierto que el del aceite, que duró ocho días en vez de uno, los jajamim de la época no decretaron el recuerdo de Janucá con un desfile militar, ya que no todos estaban felices con la derrota de los helénicos (¿y si nos cierran los shoppings...?).

Las fauces de la asimilación acechaban. Contra ésta ideología lucharon los macabeos. No contra una persecución física, sino cultural. Eran muy inteligente los opresores. ¿Por dónde empezar? No cerrando los clubes y los countrys, sino atacando directamente las bases del judaísmo. Sobre cinco áreas específicas actuaron, las cuales están escondidas en las sílabas de los Jashmonaim:

Ja - Jumash (el estudio de la Tora)
Sh - Shabat (la observancia del Shabat)
Mo - Milá (la circuncisión)
Na - Nashim (las novias judías)
I - laréaj (la luna nueva)

El estudio de la Tora es la clave para luchar contra la asimilación; la mitzvá cardinal de las 613 mitzvot, lo que da sentido a nuestra existencia como Pueblo.

¿Por qué Shabat? El que cumple con las disposiciones del Shabat, el que un día a la semana deja de producir, está demostrando que no es dueño de su sustento ni de su patrimonio. Nada más opuesto al egocentrismo griego, donde D'os es sólo un satélite en la vida del hombre.

¿Por qué el Brit Milá? Para los griegos, el ser humano nace completo y perfecto. Es por esto que ellos glorificaban el cuerpo moldeando estatuas y organizando justas atléticas. Para ellos el Brit era una mella, un defecto, y no una posibilidad de perfeccionarnos, siendo socios de D'os en la Creación.

Las novias judías fueron sometidas al ultraje de estar con un general griego la noche anterior a sus bodas. Los opresores atacaron así la santidad y la pureza de la familia judía, a sabiendas que en ella reside la clave y el secreto de nuestra continuidad.

También prohibieron celebrar Rosh Jodesh, el inicio del mes judío, que depende del nacimiento de la Luna. El pueblo judío se compara a ella, ya que luego de desaparecer, vuelve a nacer con renovados bríos, mes tras mes.

Contra esto lucharon los Macabim. Contra esto triunfaron los Macabim. Por esto encendemos nerot (velas) a lo largo de ocho noches cargadas de emoción y enseñanzas.

Hay una halajá (ley) que prohíbe tener provecho de las luces de Janucá, quizá para enseñarnos que la Tora y sus mitzvot no están para ser usadas ni adaptadas a nuestra mejor conveniencia, como querían los griegos, sino para ser observadas, ni más ni menos.

Un 25 de Kislev, los Macabim, luego de su victoria militar, reinauguraron el Bet Hamikdash. Que cada 25 de Kislev, al encender estas luces, reinauguremos un nuevo compromiso con el judaísmo auténtico.

 




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