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Purim y el Mes de Adar


Una Perspectiva Histórica




Una Perspectiva Histórica
La Profecía de Irmiahu
Los Setenta Años de Exilio
El Reinado de Ajashverosh
El Final del Exilio

Para comprender el significado de la fiesta de Purim, primeramente es necesario estudiar un poco sobre la época histórica en la cual los hechos tuvieron lugar.

La Profecía de Irmiahu

Durante el período del primer Templo de Jerusalem el pueblo judío estaba dividido en dos reinos: el reino de Israel al norte, que agrupaba a diez de las tribus que componían la totalidad del pueblo de Israel, y el reino de Iehudá (Judea) al sur, compuesto por las dos tribus restantes: Iehudá y Biniamín.

A pesar de las repetidas advertencias de D'os por intermedio de Sus profetas para que mejoren sus acciones, los judíos del reino de Israel no hacían caso, y como consecuencia de su rebeldía en el año 556 a.e.c., las diez tribus que conformaban el reino de Israel fueron exiliadas por Sanjeriv, el rey asirio, quien también las dispersó por los cuatro rincones del mundo.

114 años más tarde (442 a.e.c.), Nabucodonosor asumió el trono de Babilonia. Él derrotó a Iehoiakim, el rey de Iehudá, y la tierra de Israel se convirtió en una tierra dependiente del Imperio Babilónico (II Reyes 24). En ese año, el profeta Irmiahu (Jeremías) predijo la subyugación de los judíos bajo el poder del rey de Babilonia y la destrucción del primer Templo de Jerusalem (Irmiahu 25).

En el octavo año de su reinado (434 a.e.c.), Nabucodonosor exilió al rey Iehoiakim quien murió en su camino hacia Babilonia, e Iehoiajín (llamado también Iejoniá), el hijo del rey Iehoiakim, asumió el trono del reino de Iehudá. Sin embargo, Iehoiajín no duró mucho tiempo en el poder y tres meses después, Nabucodonosor lo exilió a él también - junto con muchos otros destacados personajes de la vida del pueblo judío - y además tomó los elementos del Templo de Jerusalem, que habían sido hechos por el rey Shelomó llevándoselos con él a Babilonia (II Reyes 24). Entre aquellos que fueron exiliados en ese momento estaba Mordejai (Ester 2:6).

Once años más tarde, el día 9 de Av del año 423 a.e.c., el primer Templo de Jerusalem fue destruido por el ejército de Nabucodonosor, el rey de Babilonia, la tierra quedó desolada y los habitantes del reino de Iehudá fueron llevados al exilio babilónico.

Sólo después de que la profecía de Irmiahu sobre la destrucción del Templo se hizo realidad, el pueblo judío reconoció su verdadera grandeza.

 

Los Setenta Años de Exilio

Pero en aquella profecía Irmiahu no sólo había hablado de destrucción, él también había encendido la luz de la esperanza cuando había dicho en nombre de D'os:

"Y se convertirá toda esta tierra en destrucción y desolación, y estas naciones servirán al rey de Babilonia por setenta años. Pero cuando los setenta años terminen, Yo castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidad…" (Irmiahu 25:11-12).

"Pues así dijo D'os: cuando se le completen a Babilonia los setenta años, Yo los recordaré a ustedes y cumpliré con ustedes Mi buena palabra, para traerlos de vuelta a este lugar" (Irmiahu 29:10).

De hecho, hubo mucha confusión respecto del significado exacto de las palabras de Irmiahu. ¿La cuenta de los setenta años comenzaba en el año 442 a.e.c. - en el cual Nabucodonosor asumió el trono de Babilonia? ¿O en el año 434 a.e.c. - en el cual tuvo lugar el exilio del rey Iehoiajín? ¿O en el 423 a.e.c. - en el cual el Templo de Jerusalem fue destruido y todo el pueblo que quedaba en la tierra de Israel fue exiliado?

Además, la profecía de Irmiahu no sólo era importante para los judíos. Los reyes gentiles temían del D'os de los judíos, y a pesar de que ellos vieron a los judíos derrotados, ellos todavía tenían temor de D'os.

Nabucodonosor reinó por 25 años después de la destrucción del Templo y los últimos años de su vida, trajeron su total degradación. Muchos reyes vieron esto como una señal del castigo Divino hacia él, porque había destruido el Templo de Jerusalem, y hasta que los setenta años no se acabarían, ningún rey babilonio podía estar seguro.

Después de la muerte de Nabucodonosor, reinó su hijo Evil Merodaj, esto ocurrió 37 años después del exilio de Iehoiajín. Evil Merodaj reinó durante 23 años; y luego, en el año 374 a.e.c., reinó Belshatzar, otro hijo del rey Nabucodonosor.

Era el año 372 a.e.c., y habían transcurrido exactamente setenta años desde el año en el que Nabucodonosor había subyugado al rey Iehoiakim e Irmiahu había profetizado la destrucción del Templo. Belshatzar estaba más que contento e hizo un gran banquete. Como señal de su felicidad, ordenó que trajeran los elementos de oro que Nabucodonosor había robado del Templo para usarlos en su banquete. Fue en este banquete que la famosa "escritura de la pared" (Daniel 5) fue observada. Pero la alegría no le duró demasiado pues Belshatzar fue asesinado esa noche, y en la misma noche Darío - el rey persa, atacó Babilonia y la conquistó. De esa manera se cumplió la profecía de Irmiahu:

"Y se convertirá toda esta tierra en destrucción y desolación, y estas naciones servirán al rey de Babilonia por setenta años. Pero cuando los setenta años terminen, Yo castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidad…" (Irmiahu 25:11-12).

El imperio babilónico había llegado a su fin, y ahora un nuevo poder dominaba la escena del mundo: el imperio persa.

Los judíos, sin embargo, estaban de alguna manera desanimados. La primera parte de la profecía de los setenta años se había cumplido, pero ellos aún estaban en el exilio. Todavía faltaba que se cumpliese la segunda parte de la profecía:

"Pues así dijo D'os: cuando se le completen a Babilonia los setenta años, Yo los recordaré a ustedes y cumpliré con ustedes Mi buena palabra, para traerlos de vuelta a este lugar" (Irmiahu 29:10).

Ciro siguió a su suegro Darío en el trono del imperio persa, pero no vivió mucho tiempo y fue sucedido por el rey Ajashverosh (Asuero) en el año 368 a.e.c. Fue entonces, durante los últimos años del exilio babilónico, que el milagro de Purim ocurrió.

 

El Reinado de Ajashverosh

En el tercer año de su reinado (366 a.e.c.), Ajashverosh pensó que se había cumplido el plazo profetizado por Irmiahu cuando dijo que los judíos retornarían a la tierra de Israel después de setenta años de exilio, pues él pensaba que esos setenta años se contaban desde el año del exilio del rey Iehoiajín (ya que a veces respecto de la cuenta de los años de los reyes, fracciones de años se consideran como años completos).

Los setenta años habían pasado y no había señales de que los judíos estaban preparados para retornar a su tierra. Ajashverosh entendió que esto era una señal segura de que D'os había abandonado a los judíos y el imperio Persa no corría peligro del D'os de los judíos.

El rey Ajashverosh hizo una gran fiesta en el tercer año de su reinado para mostrar su gran poder a todo el mundo. Y puesto que su mujer Vashtí se rehusó a participar en su fiesta, él la mandó a matar. Y en el año sexto de su reinado (362 a.e.c.) Ajashverosh buscó un nueva mujer con la cual contraer matrimonio.

Un año después (361 a.e.c.) llegó el turno de Ester de presentarse ante el rey. Ajashverosh la amó y la coronó como reina en lugar de Vashtí. Esto ocurrió en el año séptimo de su reinado, en el mes de Tevet, y luego ella dio a luz a Darío II, futuro sucesor de Ajashverosh (ver Daniel 9:1).

Y fue durante este período que el pueblo judío fue salvado de las manos del malvado Hamán como es relatado en la Meguilá de Ester.

 

El Final del Exilio

La muerte de Hamán, el malvado, ocurrió en el año 357 a.e.c., exactamente 66 años después de la destrucción del primer Templo de Jerusalem. Dos años más tarde (355 a.e.c.), Ajashverosh murió y fue sucedido por el hijo de Ester, Darío II. A pesar de que él era el rey del imperio persa, él sabía que su madre era judía, y que realmente él era judío.

El gran profeta Daniel se dio cuenta de que se acercaba el verdadero cumplimiento de la profecía de Irmiahu. Como describió Daniel:

"En el primer año del reinado de Darío, yo, Daniel medité en los libros, sobre el número de años que la palabra de D'os había descripto al profeta Irmiahu, que Él terminaría con la desolacón de Jerusalem (después) de setenta años" (Daniel 9:2).

Él rezó a D'os para que Darío sea el que cumpla con la profecía y finalicen los setenta años de exilio.

La profecía se hizo realidad. En el año 353 a.e.c. Darío II ordenó la reconstrucción del Templo, y a los judíos les fue permitido emigrar a la tierra de Israel y reconstruir sus casas. Una nueva era comenzaba para el pueblo judío.




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