“CATIT”,
¿ACEITE BATIDO?
Comienza nuestra perasha: "...y ordenarás a los hijos de Israel
que tomen para tí aceite de oliva puro, exclusivo para el encendido,
y con él encenderás la vela que permanecerá siempre encendida..."
El “Or Hajaim” nos explica, de acuerdo a las
palabras del “Zohar Hakadosh”, que hablamos aquí sobre
las cuatro “redenciones” del pueblo de Israel. De la primera fuimos
salvados por el mérito de Abraham Avinu, de la segunda, gracias a Itzjak
Avinu, de la tercera, gracias a Iaacov Avinu, y la cuarta, la que buscamos
y esperamos y llegará seguramente muy pronto, de la que seremos redimidos
por el mérito de Moshe Rabenu. Por eso Moshe ordenará a los
hijos de Israel, porque Moshe Rabenu será “Rey”,
y este es el motivo por el cual la salvación se hace esperar tanto,
porque Moshe Rabenu, para ser el Rey, está esperando un pueblo que
se ocupe exclusivamente de la Tora, por eso está escrito “y tomarás
para tí”, no como en la perasha pasada, perashat Teruma, que
dice “tomarás para Mí”, tomarás para tí,
vendrán y te traerán la Tora, te traerán “aceite
de oliva”.
Es sabido, nos cuenta el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita,
que la “oliva”, nuestra “aceituna”, es algo amargo,
si no lo más amargo que hay, por supuesto, en su estado natural, si
sacamos una aceituna del árbol y le damos una “mordida”,
podemos estar una semana tomando “petel” sin que se vaya la amargura
de la boca.
Pero si a esta aceituna la trituramos, extraemos su aceite, no hay aceite
mejor, más dulce que el aceite de oliva, tomarán para tí
aceite de oliva, y a la Tora se la compara con el aceite de oliva, porque
así es la Tora al principio, como la aceituna, amarga, porque no entendemos
nada, es difícil. Pero cuando la persona se “exprime”,
se rompe la cabeza para entender, invierte su tiempo, ahora se convierte en
el aceite, es lo más lindo y lo más dulce que existe en el mundo...
No, no, nos dice el ietzer, no intentemos entender, no estudiemos con las
explicaciones para poder comprender, no busquemos “entrar”, y
nosotros, si nos entregamos al estudio, veremos ¡qué dulce!,
al punto que después de entrar, ya no nos deja salir...
Continúa el “Or Hajaim”, no solamente aceite de oliva,
sino puro, la Tora es pura, no alcanza con estudiarla, como dijeron Jazal:
el que estudia Tora para no cumplirla, es mejor para él no haber nacido,
¿por qué? Porque en este estado la persona ya estuvo antes de
nacer, cada bebé antes de nacer estudió toda la Tora en el vientre
de su madre, sin poder cumplirla!!! Ahora después de nacer la persona
pretende hacer lo mismo pero ¡teniendo la posibilidad de cumplir!!!,
¿para qué naciste, querido?
Y tampoco estamos hablando del que estudia para “negar”, jas veshalom,
a la Tora o del que estudia simplemente para engrandecerse, para que lo llamen
“rabi”, desde luego que esto tampoco se puede llamar “puro”.
Y el versículo nos dice que tenemos que estudiar con una intención
pura, leshem shamaim, pero eso tampoco es suficiente, el aceite debe
ser puro y además “catit”, ¿qué
es catit?, pregunta el rab Levinstein. Buscando en algunas traducciones
“importantes” de la Tora al castellano, encontramos que traducen
“catit” como “batido” (¿?). Pero eso no es
lo que dice Rashi, en la explicación del versículo.
Rashi dice que al exprimir la aceituna, al machacarla con el mortero, la primera
gota que sale es absolutamente líquida, sin ninguna partícula
del fruto, eso es catit, la primera gota, pura, exclusiva, que sirve para
encender la vela eterna, si tiene alguna partícula, el aceite también
es puro, pero ya no es catit, y tiene muchas otras aplicaciones, pero no es
apta para el encendido de esta vela.
Para nuestro asunto, el del estudio, la palabra “catit” tiene
dos implicancias. La primera, como ya adelantamos, requiere una entrega
total al estudio, por supuesto, para cumplir con lo que estudiamos,
y por el mismo hecho de estudiar. Siempre resulta útil recordar cómo
nuestros jajamim se brindaron hacia la Tora, el Jazon Ish,
por ejemplo, así contaba el rab Shmuel Greineman, cuñado del
Jazon Ish. En Vilna, hubo un tiempo en que el Jazon Ish estudiaba en la casa
de rabi Shmuel. Un día, se escuchó del cuarto donde estudiaba
el Jazon Ish un tremendo golpe, entraron y vieron al Jazon Ish “derrumbado”
en el suelo. ¿Qué pasó?, le preguntaron. No había
pasado nada grave, simplemente que el Jazon Ish estudiaba hasta que se le
terminaban las fuerzas, sólo dejaba de estudiar cuando sentía
que tenía nada más que la fuerza suficiente para llegar desde
el “stender” hasta la cama, y ese día calculó
mal la distancia, y no llegó hasta la cama!!! En el camino entre el
stender y la cama se cayó, porque quedó sin fuerzas!!! Eso
es “catit”...
Ya en Bnei Brak, en una ocasión lo encontraron durmiendo sin almohada.
La almohada estaba en el piso. Y, desde luego, cuando se despertó le
preguntaron por qué no levantó la almohada para dormir más
cómodo. Dijo: “Si hubiera tenido fuerzas para levantar
la almohada no me hubiera acostado!!!”. Catit...
Eso es entregarse, pero hasta el final.
El “Noda Iehuda” no dormía en la cama
durante los días de semana... Nuestros jajamim, los grandes jajamim,
dieron “todo” por el estudio de la Tora, estudiaron y estudiaron,
en medio de una terrible pobreza, y no pararon de estudiar. Ninguna otra cosa
existía para ellos, solamente el estudio de la Tora.
Escribió Rabenu Iaacov, el “Baal Haturim”,
en las leyes de Shabat, que si una persona no tiene para pagar los gastos
del almacén, ¿qué hará en Shabat? Que “transforme”
el Shabat en un día de semana (no comprando cosas para honrar el Shabat
cuando no puede pagar) en lugar de “pedir” caridad, en lugar de
necesitar ayuda de la gente. ¿A qué llaman transformar el Shabat
en día de semana? Anda al puerto, compra algunas sardinas, cómelas
con un poco de aceite, y listo... Pero esto no es tan simple, hay leyes que
indican cuándo y cómo se puede hacer esto y cuándo no.
Rabenu Iaacov, se encontraba en una situación económica muy
comprometida y quería saber si entraba o no dentro de esta categoría.
Mandó una carta con la pregunta a su padre, el “Rosh”,
Rabenu Asher ztz”l y “no tuve una respuesta
completa”. El hijo no recibió la respuesta que
esperaba, ¿qué intentó decir? Muy simple, si un hijo
le dice al padre que no tiene plata para los gastos de Shabat..., lo más
lógico es que si el padre tiene un poco de plata, le envíe algo
de dinero al hijo para ayudarlo, esa es una respuesta “completa”,
si el hijo no recibió una respuesta “completa”, es porque
el Rosh estaba en el mismo estado de pobreza que su hijo, y tampoco tenía
plata para los gastos de almacén y tampoco para ayudar con algo a su
hijo... Esto es catit, ya entendimos el primer sentido de la palabra, dale
todo a la Tora, hasta el final, y la Tora te dará todo...
Pasemos a la segunda implicancia de la palabra “catit”. Humildad,
no pobreza, sentirse humilde, llamémoslo para entender “bajo
perfil”, recato, no intentar sobresalir, eso es humildad, la persona
que estudia puede sentir un “orgullo” que puede hacerle daño,
y si no estudió no tiene razón para sentirse orgulloso.
Ocurrió con un matrimonio, que el marido quería comprar un auto,
pero no un auto de esos que solamente echan humo, un auto que “camine”,
de esos, y comenzó a discutir con la esposa que trataba de convencerlo
de que no compre un coche demasiado ostentoso. -Pero yo quiero, lo necesito,
argumentaba él. -Te van a envidiar, te van a hacer el “mal de
ojo”, le decía la mujer... Hasta que el marido fue a preguntarle
al rab Steiman Shlita, y le puso todos los argumentos suyos
y de la esposa sobre la mesa. El Rosh Ieshive le preguntó:
decime, ¿tú sabes todo el Shas (todos los tratados del Talmud)
de memoria? -No, le contestó. -¿Un tratado de memoria? -Tampoco.
-¿Un capítulo de memoria? -No. -Entonces anda y cómprate
lo que quieras, ¿quién te va a envidiar si no sabes nada?!!!
Aunque de todas formas, hoy en día hay mucha gente que se enorgullece
de cosas vanas, de cosas por las cuales no hay de qué sentirse orgulloso,
simplemente son “engaños” al orgullo, y de estos engaños
hay muchos. Cuenta el rab Reuben Karelinstein Shlita sobre
los “basureros”. Hoy en día es todo automático,
ni necesitan ensuciarse, aprietan dos botones y el camión levanta los
tachos y los vuelca dentro del camión. Pero antes, la cosa no era tan
fácil, el camión no tenía botones, era un camión
común y corriente, había una persona abajo y otra arriba del
camión (más precisamente arriba de la montaña de basura),
¿quién tenía el trabajo más difícil? Aparentemente,
el de abajo, que tenía que hacer el esfuerzo para tirar la basura hacia
arriba, donde estaba esperando su compañero. Pero, por otra parte,
el que estaba arriba no tenía que hacer tanto esfuerzo, pero estaba
“con las manos en la masa”, más exactamente con los pies,
en la basura, no era lo que podemos llamar placentero...
Un día estaba el de abajo lanzando las bolsas, una tras otra, con el
calor de Bnei Brak, y unos chicos empezaron a reírse de él.
El hombre, sin dudar, se dirigió a los niños y les dijo: ustedes
no van a creer, pero si quiero, en un “chic chac”, cambio el lugar
con mi compañero, no lo hago porque no necesito honores...
Y, en verdad, se le permite a los jajamim tener orgullo de lo que estudiaron,
solamente, cuando se puede llamar que estudiaron. El problema es que hoy,
aparece uno que estudió dos renglones y ya se infla de orgullo, cuando
otros, que nadie sabe cuánto y cuánto estudiaron y no les se
ve una “gota” de orgullo, al revés, se mantienen en la
más grande humildad.
Contaron sobre un muchacho, que después de haber estudiado un poco,
se había inflado bien, hasta el punto que cada vez que le presentaban
una posible candidata para ser su esposa, la rechazaba de inmediato... Y decía,
no tienen vergüenza, tratar de presentarme una chica así, que
no esté para nada a mi altura... Y así siguió, hasta
que cumplió los treinta y dos años y todavía seguía
soltero...
El rab de la Ieshiva se acercó para aconsejarlo: tienes que trabajar
seriamente sobre tu humildad, si seguís con ese orgullo no podrás
casarte...
Y el muchacho comenzó a estudiar cómo ser más humilde,
y se corrió la voz en la ciudad sobre la seriedad con que encaró
el mejoramiento de sus cualidades. Se le acercó una persona que hacía
dos años había intentado presentarle una chica, para ver si
ahora, que había estudiado mejor, existía la posibilidad de
formalizar la unión. El muchacho, al ver que intentan presentarle una
chica que ya había rechazado le dice al “casamentero”:
¿Cómo no sentís vergüenza? Si cuando yo
era orgulloso, la chica no era apta para mí, ahora, QUE ADEMAS SOY
HUMILDE, menos que menos que puede ser apta!!!
Pero la Tora nos exige ser “catit”, el que quiera
que la Tora penetre hasta las “entrañas”, que sea humilde,
y la Tora va a entrar... ¿Por qué se comparó la Tora
con el agua? Así como el agua sale de un lugar alto y se dirige a uno
más bajo, también la Tora, por eso “catit” significa
que la persona sea humilde, y cuanto más humilde, más Tora podrá
adquirir.
Y el versículo dice “catit”, y después continúa
y dice “lamahor”, para la luz, ¿cuál
es la luz? Si nosotros estudiamos, con una intención pura, con entrega
total, y además con humildad, esto traerá luz al mundo.
Prosigue el rab Levinstein contando (hace tres años): estuve hace dos
semanas en un casamiento y se me acerca una persona y me dice: ¿ves
a ese hombre?, te puede contar una historia increíble... Y como
yo siempre busco historias, fui a hablar con él y le pedí que
me cuente el relato.
Había una pareja que se casó, en cierto país, pasó
un año, dos, siete, pasaron diez años, lo alenu, y no podían
tener hijos. Después de los diez años, decidieron subir a la
tierra de Israel, todo el mundo sabe y es algo que Rashi escribió,
que la tierra de Israel “ayuda” a tener hijos. Por un motivo o
por otro, problemas familiares, etc., el viaje se fue demorando y pasaron
otros diez años... Después de veinte años de casados,
llegaron a la tierra de Israel. Y siguió pasando el tiempo y los hijos
no llegaban. El que relata, el rab Segal, contó, al
paso, que él mismo fue a ver a un gran rab para pedir una bendición
para ellos, y el rab le dijo que no tenían que desesperar,
tendrían hijos!!!
Un día, veintitrés años después del casamiento,
tres años en Israel, un comerciante iehudi que conoce al matrimonio
llega a Israel, se encuentra con el hombre, un gran amigo, se saludan, y el
hombre le dice, nosotros, Baruj Hashem, esperando la “salvación”.
El comerciante, asombrado, le pregunta: ¿todavía tienen la esperanza
de tener hijos? -Seguro, seguimos intentando... -No lo puedo creer, ya basta,
¿para qué seguir intentando? Veintitrés años intentando,
no podrán tener hijos!!!
Este “amigo”, no fue con la intención de martirizarlo,
solamente, como buen amigo, quería mostrarle la realidad, que se acostumbren,
lamentablemente, hay matrimonios que no pueden tener hijos.
De vuelta en su casa, el comerciante le contó a su esposa sobre el
encuentro. -Pero sos un animal, ¿cómo pudiste decirle semejante
cosa? ¿quién dijo que no pueden tener hijos? ¿Y si tienen?
-¿Y si tienen?, repreguntó el comerciante, si tienen dejo todas
mis ocupaciones, me radico en Israel y me siento en una Ieshiva a estudiar
todo el día!!!
Hace tres semanas en la casa del rab Segal hubo un “Shalom Zujer”,
y no sólo eso, nacieron mellizos, un varón y una nena, veintitrés
años después del casamiento!!!
¿Nu? Hay un hijo, ¿y ahora qué? Hay una promesa,
y hay que cumplirla!!!
El comerciante vuelve a Israel y va directo a ver al rab Jaim Kanievsky
Shlita, le dice, Rebe, así y así pasó, ¿qué
tengo que hacer?
¿Qué tienes que hacer? Cierra tus negocios, sube a Israel
y siéntate a estudiar, ¿dónde está la pregunta?
Pero, Rebe, puedo enviar a alguien en mi lugar, pongo a una persona a estudiar
todo el día, y le pago un buen sueldo de por vida, así dicen,
anda con el Jajam, él te va a “abrir una puerta”, te va
a solucionar el problema...
Dijo el rab Jaim, escucha, ¿quién sabe?, ¿quién
sabe si los bebés que nacieron, este gran milagro se debió exclusivamente
a tu promesa de estudiar todo el día? Una promesa como esta
hay que cumplirla sí o sí!!! Si vos estudias traerás
LUZ al mundo, todo el mundo se ilumina con la luz de los que estudian. Para
pensarlo...