VEO
VEO, ¿QUE VES?
A SUPERMAN O AL SUPERBURRO
“Esta es la cuenta del Tabernáculo...” (Shemot 38,21)
Aunque
todas las personas que viven en una misma región hablen el mismo idioma,
comienza diciendo el rab hagaon Shlomo Levinstein Shlita,
en una de sus grandes conferencias, en realidad, no hablan el mismo idioma.
Vamos a aclararlo. Si yo le pregunto a alguno de ustedes, si tienen una silla,
me contestarán que sí, están sentados sobre ella, ya
que ustedes entienden que les estoy preguntando si están parados o
sentados. Pero, si ahora pasa por aquí un carpintero y le hago la misma
pregunta, me puede contestar que sí, justamente estoy trabajando ahora
sobre un nuevo modelo, que puede ser que esté listo la próxima
semana (¿?). No tuve la intención de preguntarle sobre ningún
modelo, ni siquiera sobre su negocio, pero, por ser que él es carpintero,
entiende que le estoy preguntando sobre la carpintería. Si le hago
la misma pregunta a una persona dentro del Beit Hakneset, la respuesta será
totalmente diferente, porque cada persona escucha e interpreta de acuerdo
a su “programación” interna, de acuerdo a los elementos
que pasan por su cabeza.
Y así como cada persona interpreta a su forma lo que escucha, de la
misma forma ocurre con la vista. Una persona ve lo que está preparado
para ver. Por ejemplo, quien estuvo en el “Iarkon”, ¿qué
ve? Agua verde, o a veces sin agua, pero todo verde, peces muertos, eucaliptos,
pastos, todos ven eso, yo también vi lo mismo, continua rabi Shlomo.
Pero el Staipeler vio otra cosa. Cuando fue con su hijo,
el rab Jaim Kanievsky, a cortar “aravot” para
Sucot, de pronto llama a su hijo a los gritos: ¡Jaim! ¡Jaim!
Mirá Jaim, lo que está escrito en la Mishna!
El
rab Iaacov Israel vio “velo veieruka sheal pene haamim”, una de
las cosas que no se pueden utilizar como “petilot” para encender
las velas de Shabat, porque no permite que el aceite prenda como debe, y que
decimos todas las noches de Shabat al final del Kabalat Shabat.
Yo estuve allí, vi arbustos, vi peces muertos, el Staipeler ve la Mishna...
¿Cuál es la diferencia? Estuvimos en el mismo lugar. Cada uno
ve con los elementos que construyó...
Si entra un electricista al Beit Hakneset ve “tubos fluorescentes”,
si entra un carpintero, ve sillas, mesas, bibliotecas, todo lo que tenga madera,
si entra un rab, ve libros. Es el mismo lugar, pero cada uno ve de acuerdo
a su programa.
Otro ejemplo, hacía falta conseguir esposa para Itzjak Avinu. Abraham
envía a Eliezer: que se dirija donde vive su familia y que traiga de
allí la esposa para Itzjak. Eliezer vuelve con Rivka y sus criadas.
Itzjak Avinu sale al campo para rezar la plegaria de la tarde, tefilat Minja,
en ese momento, llega Eliezer, con Rivka y sus criadas, todos sobre camellos.
Itzjak levanta la vista y, ¿qué ve? Está escrito: Itzjak
alza sus ojos y ve “camellos”.
Cuando Esav se va a encontrar con Iaacov Avinu, Iaacov estaba parado delante
de su campamento, atrás de él las criadas y sus hijos, más
atrás Lea y sus hijos, más atrás Iosef, y, finalmente,
Rajel. Está escrito: Esav alza sus ojos y vio “mujeres”!!!
Busquemos
la diferencia. Cada uno ve lo que está buscando. Itzjak Avinu, Santo
entre los Santos, se prepara para establecer uno de nuestros rezos diarios,
el rezo de la tarde, todos sus pensamientos están alrededor del Trono
Celestial de Hakadosh Baruj Hu, ¿qué ve? Ve camellos, y no porque
le interesen los camellos, pero mujeres seguro que no ve... Esav, con la cabeza
“sucia”, ve solamente mujeres, había niños, ovejas,
vacas, camellos, había un montón de cosas, pero ve mujeres...
Resumiendo,
cada persona ve, escucha y entiende, de acuerdo a su sistema de razonamiento.
Cada persona tiene un sistema propio, único, generado en su entorno,
en sus pensamientos, en sus intereses, en sus ambiciones... Un sistema de
asociación que le hace recordar una cosa a partir de otra, en función
de lo que escucha, ve o entiende.
Hace un tiempo, le mandaron desde los Estados Unidos, una nueva estufa que
se había fabricado allí, al rab Iejezkel Levinstein
ztz”l, Mashguiaj de la Ieshivat Ponevich. Los alumnos, fueron
a buscar la encomienda, la abrieron e intentaron armarla, sin éxito.
Se acercaron al rab y le dijeron que no consiguieron armarla. El rab les sugirió
que busquen dentro de la caja, seguramente deben estar las “instrucciones”
de armado. Buscaron y encontraron, le comunicaron al rab y el rab “saltó”
de su silla y dijo: ven, esta es la prueba que la Tora nos fue
entregada desde el Cielo. Si una simple estufa que enviaron de América
tiene que venir con un manual de instrucciones, ¿el mundo que Hakadosh
Baruj Hu creó puede venir sin manual de instrucciones? Esto demuestra
que la Tora es Torat Hashem.
Todos sabemos que un simple juguete viene con instrucciones, que toda cosa
que compramos viene con instrucciones, pero ninguno de nosotros deduce a partir
de esto que la Tora es Torat Hashem. Nosotros no asociamos una cosa con la
otra, ¿por que el rab Iejezkel Levinstein sí? Porque así
trabaja su sistema de asociación, cualquier cosa que ve que se puede
relacionar con la fe, en su sistema se transforma de inmediato en fe.
Me dijo en una oportunidad rab Mordejai Man ztz”l,
¿por qué un bebé se mete todo lo que encuentra en la
boca? No hay nada que explicar, así es, todo bebé se mete todo
lo que encuentra en la boca... pero una persona más grande, cuando
ve algo, pregunta ¿para qué es esto? y pregunta hasta aclarar
para qué es cada cosa.
Hoy hay psicólogos, profesores, que hablan de sensaciones de gusto,
de profundidad, todo tipo de relatos e historias, pero rab Mordejai Man dijo,
en su tiempo, algo maravilloso: una persona mayor, tiene todo tipo de necesidades,
necesita vestirse, tiene ropa, necesita comer, hay comida, necesita leer y
no alcanza a ver, hay anteojos, necesita caminar, hay zapatos, o sea, tiene
muchas necesidades y hay cosas que cubren dichas necesidades. Un bebé
no tiene tantas necesidades, tiene una sola, “comer”, no le interesa
si lo vistieron con ropa de marca o con un simple trapo, si lo sacan a pasear
con un cochecito de la marca (que todos usan) o con uno cualquiera (todas
esas son otras de las necesidades de los padres, que otros los vean y poder
demostrar que ellos “tienen” lo que otros no pueden tener),
lo único para el bebé es, si tiene hambre, llora, si
está satisfecho, está tranquilo. Desde el punto de
vista del bebé, la única necesidad que existe para que el mundo
se mantenga es “comer”, entonces, ¿para qué se creó
una cámara fotográfica?, por supuesto, para comerla, ¿zapatos?,
para comer, ¿un libro?, para comer, por eso todo lo que encuentra se
lo mete en la boca..., porque cada uno de nosotros interpreta el mundo de
acuerdo a nuestro propio sistema de asociación.
Una vez se acercó a una persona al Briske Rov, y le
dijo: rebe, tengo un problema. La Tora dice que viendo los Tzitzit, recordaremos
todos los preceptos, o sea, que cada uno de nosotros tiene los Tzitzit puestos,
y cuando los vemos, hacemos trabajar nuestro sistema de asociación,
porque “tejelet” (el color parecido al celeste proveniente
de la sangre del pez llamado “jilazon”, con el cual se teñían
los tzitzit, y que hoy los dejamos blancos, sin teñir, porque no sabemos
con certeza de qué color se trata, ni de qué pez se trata),
dicen Jazal, tejelet nos hace recordar el mar, al mar lo asociamos con el
cielo, y al cielo con el Trono Celestial. Por eso al ver los Tzitzit recordamos
todos los preceptos que Hashem nos ordenó. Este hombre le dice al Briske
Rov que su sistema de engranajes no funciona bien, será que le falta
aceite o algo así, el asocia el tejelet al mar y del mar no puede salir...
Su pensamiento se queda en el mar, no llega al Trono Celestial...
El Briske Rov le dice: vos sabés que Jazal nos dicen que está
prohibido mirar ropas de colores de mujer, ¿por qué? Porque
puede traer pensamientos no muy puros. ¿Vos escuchaste sobre estas
palabras de Jazal? -Seguro, contestó el hombre.
-Entonces, tu sistema de asociación funciona perfectamente, todo el
problema es saber dónde está la cabeza. Tu cabeza no está
en el lugar correcto, por eso no hacés la asociación adecuada
en este caso, ya que otras cosas asociás al cien por ciento.
Moshe Rabenu, después del pecado del becerro, reune a todo el pueblo
de Israel, después está escrito que todos fueron “detrás”
de él. Explica el Midrash el “detrás” de dos formas.
Una, alabándolo, miren, miren que gran hombre, su madre, qué
orgullosa puede estar, qué satisfacción, la de tener un hijo
que habla “frente a frente” con Hakadosh Baruj Hu. Dichosa la
mujer que lo hizo nacer!!!
En la otra forma en que Midrash explica, el Midrash nos cuenta que Moshe Rabenu
era un hombre gordo. La gente decía: miren el cuello de Moshe, que
gordo, que relleno está..., y otro dice: ¿qué pensabas?,
un hombre que supervisa todas las tareas del Tabernáculo, ¿no
va a tener lo qué comer?, ¿acaso vos no sabés?, seguro
que sin ninguna intención “algo” cayó en su bolsillo...
Hablando claramente: Moshe Rabenu era un ladrón!!! Y Moshe Rabenu escuchó
todo esto y dijo: está bien, cuando termine con todas las tareas les
escribiré todas las cuentas (que están detalladas en nuestra
perasha).
Pero la pregunta persiste, sobre el hombre que “hablaba” con Hakadosh
Baruj Hu, la gente dice de él que es un ladrón..., ¿cómo
pueden decir algo así?
Muy simple, de acuerdo a lo que ya vimos. Hay personas que son “interesadas”.
Si una persona de estas dice “buenos días”, es porque tiene
un motivo, alguna ganancia obtendrá de esto, si esta persona hace algo,
es porque va a tener un beneficio, si no, no lo hace. Una persona que vive
así, cuando ve que otra persona hace algo, está segura que también
lo hace por interés, no puede entender otra cosa...
Dos personas van por la calle y ven que una persona se enoja. No tienen cómo
saber por qué esta persona está enojada. Y estas dos personas
son distintas.
Uno de ellos, no se enoja con facilidad, hasta que no le escupen en la cara
y le aseguran que no es lluvia lo que le cayó sino que le escupieron,
recién allí puede enojarse. El segundo, basta con que una persona
no le diga buenos días de buena forma para que esté enojado
durante todo el día. Ahora, frente al tercer hombre, uno de ellos dice:
“pobrecito, le escupieron”, y el otro: “quién dice
que le escupieron, simplemente no le dijeron buenos días”. En
realidad la causa del enojo es otra, pero, cada uno de ellos “dibuja”
la fotografía en base a sus propios elementos.
Hay un dicho de Jazal muy conocido: si los rishonim son como las personas,
entonces nosotros somos como los burros, y si los rishonim son como los ángeles,
entonces nosotros somos como las personas.
Un
burro ve una persona, ¿qué piensa? Mira a la persona y dice:
Ahh! No es un simple burro, es un burro especial, un burro que en lugar de
andar en cuatro patas anda solamente sobre dos, además es un burro
que sabe hacer cosas con sus manos, que piensa, que habla, es el “burro”
entre los burros!!!
Nosotros
no somos burros, ¿cómo podemos saber cómo piensa el burro?
Lo podemos saber a partir de cómo describimos a un “ángel”.
¿Qué es un ángel? Un ángel es puro fuego, como
una fogata. Pero no sólo eso, si yo quiero ir de Bnei Brak a Ierushalaim
necesito por lo menos una hora, el ángel llega de inmediato, si no,
veamos a Eliahu Hanavi, que está en todos los Brit Mila, ahora en Ierushalaim,
después en Australia, al rato en Buenos Aires... En un segundo va de
una punta a otra del mundo. En resumen, ¿qué es un ángel?...
SUPERMAN!!!
Y no es correcto, un ángel no es superman, es algo diferente, pero
el problema es que yo, como persona, tengo descripciones que llegan hasta
lo que es una persona, no tengo la capacidad de describir un ente superior
del cual no conozco nada, mis instrumentos son los instrumentos de una persona,
entiendo que un ángel es más, por eso lo multiplico por mil,
por un millón, pero no puedo salir de la descripción de un hombre,
por eso convierto al ángel en un superhombre...
Y eso mismo pasa con el burro, cómo puede describir al hombre, con
sus elementos, los elementos de un burro, por eso al ver un hombre entiende
que es un SUPERBURRO, pero un hombre no es una clase superior
de burros y un ángel no es una clase superior de hombres, son conceptos
diferentes.
Ahora si preguntamos ¿cómo era el Rambam? (uno
de los rishonim). Ahh, el Rambam era un hombre muy grande, pero nuestra descripción
termina con los elementos que tenemos hoy en día. Podemos compararlo
con el rab Eliashiv, el rab Steiman, el rab Jaim Kanievsky, y decir que era
más que ellos, no sé, por cien, por mil... El Rambam no era
por mil, era “otra cosa”. Así como el burro ve a la persona,
nosotros podemos ver al Rambam. No tenemos los elementos para describirlo.
Una persona juzga al mundo de acuerdo a sus elementos. Esta persona que dijimos
que era interesada, ve que Moshe Rabenu construye el Mishkan pregunta: ¿cuánto
tiempo llevó la construcción? Medio año. ¿Cuánto
costó? Varios miles de millones. ¿Y... cuánto se llevó
Moshe? Moshe no se llevó nada...
Esperá, dice, yo conozco el mundo. Nadie hace nada gratis. Yo hubiera
cobrado varios millones, Moshe que es una persona justa se conformaría
con medio millón. Pero gratis no puede ser, porque él no puede
entender que exista algo fuera de su propio entorno, por eso califica a Moshe
Rabenu como ladrón. Pero no describe a Moshe sino que se describe
a sí mismo. Primero, seamos limpios nosotros, para juzgar
objetivamente a nuestros semejantes.