Haftarat
Devarim
Ieshaiahu (Isaías)
1:1-27
Esta semana, antes de
Tishá Beav, leeremos la última de las tres haftarot de desgracia
para el pueblo de Israel. En esta profecía el profeta Ieshaiahu (Isaías)
- en nombre de D'os - se dirije al pueblo de Israel con durísimas palabras
de reprimenda por pecados que serían los que tal vez, finalmente provocarían
la destrucción del Templo de Jerusalem.
"Escuchen
los cielos y oiga la tierra,
pues
D'os ha hablado:
Hijos
he criado y he elevado,
mas
ellos se revelaron contra Mí"
(1:2)
A partir del versículo
once de nuestro capítulo, Ieshaiahu transmite la queja de D'os, de que
a pesar de que el corazón de ellos se había alejado completamente
de Él, ellos seguían trayendo sus sacrificios al Templo como si
nada hubiera cambiado. Dice el profeta, en nombre de D'os:
"No sigan trayendo ofrenda
vana,
incienso abominable es para Mí"
(1:13)
Para explicar el significado de
estas palabras, Rabí Meir Simjá Hacohén (1843
- 1926) en su libro "Méshej Jojmá"
nos recuerda las palabras de Nuestros Sabios - de bendita memoria
- en el Talmud:
"Dijo Rabí Jená
Bar Bazná en nombre de Rabí Shimón Jasidá: Todo
ayuno en el cual no se incluyen algunos de los malvados de Israel no es valedero,
como aprendemos de la jelvená [uno
de los elementos que conformaban el incienso],
que a pesar de que tenía feo olor, la Torá
la cuenta como uno de los elementos que conformaban el incienso"
(Keritot 6b).
Vemos claramente que a pesar de
que algo por sí mismo carece de valor, cuando se une con otras sustancias,
recibiendo las fragancias de ellas, eso le sirve para que él mismo obtenga
buen olor.
La esencia del Templo Sagrado
de Jerusalem era unificar al pueblo de Israel y a su corazón hacia un
solo lugar. Por eso dijeron Nuestros Sabios que cada persona debe rezar mirando
hacia Jerusalem, para que en definitiva todo el pueblo de Israel dirija su corazón
hacia un solo lugar. Y es por eso que allí D'os siempre se comportaba
con ellos en forma milagrosa constantemente, como dijeron Nuestros Sabios en
la Mishná:
"Diez milagros ocurrían
para nuestros antepasados en el Bet Hamikdash (Templo de Jerusalem): Nunca una
mujer abortó como consecuencia del olor de la carne de los sacrificios,
nunca la carne de los sacrificios despidió mal olor, nunca se vió
una mosca en el lugar donde eran matados los animales, nunca el Sumo Sacerdote
sufrió una polución en el Día del Perdón, nunca
las lluvias apagaron el fuego de los leños que allí se encontraban,
nunca el viento desvió la columna de humo, nunca se encontró defecto
en el sacrificio del omer, en los "dos panes" (de Shavuot) y en el
pan del Templo, cuando estaban parados estaban apretujados, mas cuando se prosternaban
lo hacian espaciosamente, nunca una serpiente o un escorpión dañó
a alguien en Jerusalem y nunca un hombre le dijo a su prójimo: 'El lugar
es demasiado estrecho para que pase la noche en Jerusalem'" (Avot
5:5).
Mediante este comportamiento milagroso,
D'os le demostraba al pueblo de Israel que a pesar de que cada parte del pueblo
por sí misma no merecía que Él la conduzca a través
de Su providencia particular sobrenatural, de todas maneras la unión
general del pueblo de Israel sí merecía que D'os la observe bajo
Su supervisación milagrosa. La razón para esto es que en esa situación
de unidad completa del pueblo, los defectos particulares pasan tan desapercibidos
que es como si no existieran, y todos tuvieran buen olor: algunos por su veneración
a D'os, otros por su rectitud, otros por su amor al pueblo de Israel, otros
por su caridad y otros por su estudio de Torá.
Una minjá (ofrenda)
no podía ser ofrecida en el Templo de Jerusalem por dos personas, sin
embargo la congregación sí debía ofrecer menajot, puesto
que la comunidad en su totalidad es considerada como si fuera un solo individuo,
ya que en una comunidad todo individuo está interrelacionado con su prójimo
sirviéndolo y ayudándolo, así como en el cuerpo humano
cada miembro está relacionado con el otro, sirviendo al todo, en función
de un objetivo común dictado por el cerebro.
Ahora podremos comprender mejor
las palabras del profeta Ieshaiahu:
"No sigan trayendo ofrenda
vana,
incienso abominable es para Mí"
(1:13)
D'os se quejó en contra
del pueblo de Israel y les pidió que no sigan trayendo su ofrenda, ya
que por cuanto que ellos perdieron ese nivel de unión que antes poseían,
queriendo tragar cada uno a su prójimo, cada uno se separó, yéndose
por su lado, y por eso dice: "No sigan trayendo ofrenda vana, incienso
abominable es para Mí". En un incienso en el cual cada uno de
sus componentes recibe la fragancia de su prójimo, también la
jelvená tiene un aroma agradable, pero cuando cada uno de los componentes
de ese mismo incienso está separado de los demás, ese incienso
es abominable, así como lo es la jelvená, que por sí misma
tiene feo olor.
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