HACER
O NO HACER
THAT`S THE QUESTION
“...y
comerán el Man... para que sepan...” (Devarim
8,3)
La forma correcta de alcanzar la verdadera integridad, para quien se considere
“temeroso de Hashem”, dice el Saba Minovardok
ztz”l, en su libro “Madregat Haadam”, se
basa en la plena confianza en Hakadosh Baruj Hu, sin buscar causas, sin buscar
explicaciones. Tampoco debemos tratar de aumentar esfuerzos en nuestros emprendimientos,
sabemos que Hashem, después de nuestro primer empujón, se encargará
del resto.
El “Ialkut Shimoni” nos cuenta (aparece también
en Rashi, perashat Beshalaj 16,32): El profeta Irmiahu le pregunta al pueblo
de Israel: ¿por qué ustedes no se ocupan de estudiar Tora? Y
le contestan con una pregunta: Y si estudiamos, ¿cómo haremos
para traer el sustento a nuestras casas?
En ese momento Irmiahu les muestra el “Man” que comieron los iehudim
en el desierto y les dice: Ustedes pueden “ver” la obra de Hashem,
no decimos que escucharon, decimos que vieron, éste fue el sustento
de nuestros antepasados que se ocuparon de estudiar Tora, por eso, si ustedes
se ocupan de la Tora, Hakadosh Baruj Hu se ocupará también del
sustento de sus familias. Y no tiene que ser necesariamente con el Man, ya
que “Hashem tiene muchos enviados” (la intención de la
palabra “enviados” es enseñarnos que son muchas las formas
en que Hakadosh Baruj Hu puede hacernos llegar sus bendiciones) para sustentar
a los que cumplen Su Voluntad.
Esto nos hace ver que Hashem tiene prioridad en ocuparse del sustento de los
que estudian Su Tora y cumplen Sus Preceptos, en ellos vuelca todo su favor
para preparar sus necesidades de una forma oculta, sin ninguna colaboración,
sin ningún esfuerzo de la persona a la cual va dirigida la entrega.
Esta puede ser la causa por la cual el Man llegaba al pueblo de Israel en
forma “milagrosa”, ya que a toda cosa a la cual el hombre puede
encontrarle una explicación lógica (¿?), aunque esta
explicación sea por demás alejada de la realidad, su mente inclina
la relación de esta aparición a esa causa. Por eso, Hakadosh
Baruj Hu, con su bondad, hizo descender el Man de forma que nadie pueda encontrar
una causa, algo absolutamente incomprensible para todos, para que nadie pueda
pensar que tiene ni siquiera la mínima parte de su esfuerzo en el descenso
del Man, que proviente pura y exclusivamente de la bondad infinita del Bore
Olam. Y Hakadosh Baruj Hu nos quiere enseñar, para todas las generaciones,
que El mismo se ocupa del sustento de todas sus creaciones, sin ninguna participación
externa.
El camino para alcanzar la plena confianza, es saber que: “de la forma
en que nosotros medimos (juzgamos a nuestros semejantes), así Hashem
nos juzgará...” Y también está escrito que “Hashem
es nuestra sombra”, como podemos ver en el Rambam (leyes de Shemita
y Iovel), el Ramban (Vaikra 26,11) y en el “Jovot Halevavot” (cap.5,
Shaar Habitajon).
Muy interesante es lo que nos agrega el Rabenu Iona ztz”l
en su Shaare Teshuva: tener confianza en el Bore Olam es
uno de los preceptos que nos ordena la Tora!!!, y nos dice más: el
concepto de confianza nace en nuestro intelecto, y nos trae el ejemplo de
una persona que “deposita” su confianza en su amigo y le expresa
que confía única y exclusivamente en él, que sólo
él está capacitado para ayudarlo y ocuparse de lo que le falta.
Este amigo, al darse por enterado que nadie más que él puede
ayudar a su compañero, se ocupará, seguramente, de proveerlo
de todo lo que necesite, de acuerdo a sus posibilidades. Y aunque tenga muchos
pensamientos y cálculos, todos ellos correctos, que le permitan escaparse
de tan delicada misión, al final de cuentas, como sabe que su amigo
confía únicamente en él y espera “todo” de
él y nada de los demás, no tendrá más remedio
que ayudarlo como pueda, aunque sus posibilidades efectivas sean limitadas
y aunque su conocimiento sobre las necesidades de su amigo (cómo y
cuánto) no sean suficientes...
Para nuestro Bore Olam es todo más fácil, ya que sabe exactamente
cuáles son nuestras necesidades, cómo y cuánto darnos,
y tiene toda la fuerza, todas las posibilidades, para darnos lo que El quiera,
además de su grandísima piedad y misericordia hacia nosotros.
Por eso, ¿nos hacen falta más información para saber
en Quién confiar? Podemos estar tranquilos y confiar en Hakadosh Baruj
Hu sin preguntas... sin pensar en que nosotros “podemos”, nosotros
“hicimos esto con nuestro esfuerzo, con nuestras manos”, como
dice el rab hagaon Israel Misalant ztz”l que el
que aumenta en esfuerzos entra en la categoría de los renegados,
Hashem nos guarde, ya que suponen que gracias a su inteligencia, picardía
o fuerza, pudieron llevar adelante el emprendimiento.
Y se entiende, y es perfectamente lógico, que la persona que disminuye
en esfuerzos o cálculos, aunque sea apenas un poco menos, para no darse
lugar a pensar que gracias a él consigue sus logros, esta persona cumple
el precepto de “confiar en Hashem”.
Y, en verdad, no existe otro camino, no hay en quién confiar salvo
en Hakadosh Baruj Hu, ya que sólo El, y hasta más que nosotros
mismos, sabe cuál es nuestra “verdadera” necesidad.
Solamente el Bore Olam puede satisfacer nuestros pedidos, porque El sabe qué
darnos y qué no darnos. Nuestros pedidos pueden no ser correctos, y
Hashem nos dará lo que sabe que será adecuado para nosotros...
Una santa obligación recae sobre cada uno de nosotros, esforzarnos
por alcanzar la confianza en Hashem, que es la base de toda la Tora, como
explica el “Rosh” en el “Orjot
Jaim”, que de esta cualidad dependen todas nuestras situaciones.
Por eso, los que vuelquen toda su confianza en el Creador se harán
merecedores de la “Ayuda Celestial” que está preparada
para ellos, los que verdaderamente confíen en Hashem. Para que no queden
dudas: si nos sacrificamos para ser de los que “confían”
en Hakadosh Baruj Hu, con seguridad recibiremos Su Ayuda, y tendremos el gran
mérito de ser contados entre los que tienen esta cualidad tan buena.
* * *
En el libro sobre la vida del rab hagaon Jaim Mivoloshin ztz”l,
“Abi Haieshivot”, leemos que el rab dirigía
un grupo “elegido” que se ocupaba de estudiar como alcanzar la
máxima confianza en el Bore Olam.
Los cursos los dictaba en horas de la madrugada y en ellos se planteaban situaciones
reales donde los alumnos eran examinados permanentemente. Estas situaciones
dejaban una importante enseñanza sobre la conducción y supervisación
que Hashem ejerce sobre cada uno de nosotros. Entre estas cosas había
algunas que parecían ocultas y otras muy reveladas, otras más
parecían alejadas de toda comprensión. Esta dinámica
convirtió a sus alumnos en personas expertas que ante cualquier circunstancia
sabían dónde estaba la “mano” de Hakadosh Baruj
Hu, algo no tan sabido o nada sabido para nosotros.
Para rabi Jaim, el enseñar era un arte, y por sobre todo, además
de ser un muy buen artesano, era un hombre santo y puro, justo, digno de que
el mundo se mantenga solamente gracias a él. Lo que podía ver
y entender el más “pequeño” de sus alumnos, no puede
alcanzar ni comprender la persona más grande de nuestra generación,
lamentablemente, generación carente de fe y sumergida en la oscuridad...
Eran
aproximadamente las dos de la madrugada, y el rab Jaim estaba dando su charla
como de costumbre a su “grupo selecto” que buscaba llegar a la
plena confianza en Hakadosh Baruj Hu. De pronto interrumpe el estudio y pregunta
qué hora es. Sorprendentemente, nadie contesta a su pregunta.
En esos días, en especial para los jóvenes, tener un reloj era
un lujo, no una necesidad. Y, entre los alumnos que estudiaban a esa hora
con el rab, alumnos “elegidos” de la ieshiva, no había
ninguno que tuviera un reloj. Entonces, rabi Jaim salió del tema y
volvió a sus asuntos sobre el cambio de las cualidades, que estaba
tratando, del tema de la hora pasó al estudio sobre la confianza...
Queridos alumnos, veo que todavía no llegamos a la plena confianza
en Hashem, ¿saben por qué les digo así?
Porque si estaríamos en el nivel correcto, Hakadosh Baruj Hu ya nos
habría provisto de un reloj, y no sólo de un reloj común,
también un reloj de oro..., y continuó rabi Jaim con su conferencia...
La noche seguía su curso y también la charla de rabi Jaim, hasta
que entró un soldado ruso al Beit Hamidrash. Miró a un lado
y a otro, y se dirigió con paso firme hacia el rab. -Yo soy un iehudi
y vivo en la ciudad que está aquí al lado, en la ciudad de Lodz,
contó el soldado, fui llamado al ejército del reino, y mi papá,
un hombre muy adinerado, sobornó al médico principal para que
sea exceptuado de dicha obligación. Estábamos tan confiados
y seguros del convenio entre mi padre y el doctor, que hasta acepté
ir solo a la revisación médica, como aconsejó el doctor...,
y así fue, que sin ninguna compañía fui a buscar mi certificado
de libertad. Tanta era mi seguridad, que ni siquiera me cambié de ropa,
fui a la revisación con las ropas que acostumbraba vestir siempre,
ropas finas y lujosas, en lugar de cambiarme y ponerme ropas comunes. Y finalmente
tuve una sorpresa... Llegó mi turno, y el médico se equivocó
y liberó a otro en mi lugar. Y entré como todos en al ejército
real... Mientras tanto, pasaron unas semanas, y soy el único iehudi
del campamento, y tengo mucho miedo de que me roben mi preciado reloj, un
reloj de oro puro. Por eso, ahora que salí del campamento por unas
horas, salí de la ciudad buscando un lugar, alguien, y veo que del
Cielo me hicieron ver las luces que están encendidas aquí, en
el Beit Hamidrash, y entré... Busqué al rab, al que le pido
que cuide, por favor, mi querido reloj...
Rab Jaim quedó más que asombrado, primero, por el aspecto del
soldado y segundo por lo disparatado del relato, pero nunca mostró
una cara no buena hacia él. Solamente le aclaró, que no podía
cuidar su reloj, ya que su casa estaba siempre abierta, por eso no quería
correr el peligro, de comprometerse a algo que no podría cumplir, no
tenía la posibilidad de cuidar bien el reloj.
El soldado pensó un breve instante y dijo: rabi, yo te doy el reloj
de regalo, no tenés la necesidad de cuidarlo para mí, es tuyo...
Prefiero regalárselo a un rab iehudi, antes de que me lo roben otras
personas.
Rabi Jaim no quería recibirlo, pero el muchacho se lo dio y desapareció.
Rabi Jaim corrió a buscarlo pero no lo pudo alcanzar...
Y concluyó el rab su conferencia: ustedes escucharon mis palabras al
comenzar la charla, donde dije que si hubiéramos tenido la suficiente
confianza, la confianza simple y verdadera, Hakadosh Baruj Hu nos habría
enviado un reloj desde el cielo, y no un reloj común y corriente, hasta
un reloj hecho de oro. Vemos, Baruj Hashem, que hemos aprobado el examen...
La confianza opera tanto en personas importantes como en las comunes. Así
decía el Gaon de Vilna: no pensemos que la confianza
es parte del que es justo y temeroso de Hashem. También el iehudi que
pecó y se arrepintió puede estar seguro que Hakadosh Baruj Hu
se ocupará de él. El Tehilim dice: “todos
los que se apoyen en El”!