Sabemos
que en el mundo de la medicina hay principios claros sobre la conformación
del interior del hombre, el estado de sus miembros, el ciclo de la sangre, del
azúcar etc. Cuando la persona va al médico, este último
no mira si lleva un traje bonito, al contrario, se lo hace quitar. Lo que mete
en la máquina es el cuerpo, a él es a quien hace una radiografía
y un análisis de sangre. A la máquina no se le puede engañar.
Según
lo que la radiografía muestra, se diagnostica la enfermedad y, de acuerdo
al diagnóstico, se administra la medicina apropiada. Cuanto más
certeros los diagnósticos del médico, más famoso se hace;
todos acuden a él y vuelven a su consulta. Esto es en lo que atañe
a los problemas físicos de la persona. En lo que se refiere a los espirituales,
desdichadamente, no ocurre lo mismo. En este último aspecto, hay mucha
gente que detesta los diagnósticos morales de sus enfermedades espirituales
y huye de la verdad como del fuego. Y si saben de alguien que
los conoce bien y sabe cuáles son sus debilidades, también de
él huyen como si les fuera la vida en ello.
Cuando
se trata de enfermedades físicas, la persona no toma en cuenta el dinero
ni el tiempo sino que está dispuesta a tomar el avión y volar
al otro lado del mundo para hacerse tratar por los médicos que pueden
diagnosticar su enfermedad y se lo agradecen. Con las enfermedades espirituales,
en cambio, sucede exactamente lo contrario, que el hombre huye al otro
lado del mundo para alejarse de quien sabe la verdad de sus carencias espirituales,
no vaya a ser que sepa hacer un diagnóstico exacto y le proponga alguna
curación mediante censuras y lecciones de ética.
Ese
es también uno de los motivos por los que la vida familiar se puede destruir
y llegar al divorcio; pues la persona no quiere seguir viviendo con alguien
que conoce sus defectos. Hay que tener en cuenta que esa persona vivió
con sus padres hasta que le llegó la edad de casarse y nunca le reprocharon
sus defectos; al contrario, lo animaron y apreciaron por su mucha "inteligencia"
cuando se rió y humilló al prójimo con los dardos de su
lengua hasta hacerle palidecer de vergüenza. Y ahora, de pronto, se encuentra
en un momento nuevo de la vida, viviendo con otra persona que se parece a él,
que mide ante él con un compás sus defectos que, por supuesto,
no le celebra y eso suponiendo que todo quede ahí...
El
ser humano es materia que hay que trabajar, oro mezclado con polvo de
tierra y barro que hay que limpiar en profundidad y constantemente
desde la juventud, hasta hacer de él oro pulido y purificado. Si los
padres no lograron hacerlo mientras su hijo estaba bajo su tutela y responsabilidad,
el propio hijo tendrá que empezar el trabajo inmediatamente después
de la boda, junto con su esposa. Tendrán que tratar de enmendarse el
uno al otro comprendiéndose mutuamente, corrigiéndose en tono
agradable y tranquilo. Así, al tratar de enmendar cada uno de los dos
los defectos del otro, conseguirán primero corregirse a sí mismos
y llegar a la plenitud.
El
reproche es como el bisturí del cirujano y no se puede utilizar en todos
los casos. Hay que cuidarse especialmente de intentar reprender a la persona
cuando está enfadada.
Hoy
en día, tenemos en las yeshivot directores espirituales y lecciones
de ética, y también en los colegios Beit Yaacov de niñas
se estudia ética, lo que tiene una gran influencia y utilidad. Todos
deben comprender al cónyuge y lo primero que hay que hacer es respetarse
mutuamente y comportarse el uno con el otro con cortesía y buena educación.
Cada uno de ellos debe tratar de enseñar al otro ya que de toda persona
se puede aprender, tal como está escrito explícitamente,
"De todo el que me enseñó aprendí."
Los
grandes médicos son los que tienen autoridad en el tema de la salud del
cuerpo. Son ellos quienes reciben al enfermo en sus laboratorios y examinan
en el microscopio los microbios de la enfermedad que hay en la sangre de la
persona. De hecho, deciden los fundamentos de la curación.
Y
si se produjera, D-s no lo quiera, un desastre que hiciera desaparecer sus laboratorios,
la Humanidad entera estaría en peligro. Lo mismo sucede con lo que atañe
a la salud del alma. Tuvimos grandes sabios, especialistas en las cuestiones
del alma ocupados en sus laboratorios espirituales, que vieron con claridad
la grandeza del alma del ser humano. Vino aquel gran desastre que fue el Holocausto
y arrancó de nuestro seno a seis millones de nuestros hermanos. A ellos,
a sus sabios y a sus "laboratorios". No nos queda sino cumplir el
precepto "el justo vivirá por su fe", es decir,
tener fe en que todas sus palabras son santas y en que los judíos son
santos y creer firmemente que el precepto de juzgar al otro favorablemente no
es hacerle un favor a nadie, sino una profunda verdad de la Tora.
Cuando
una persona juzga a otra favorablemente, con ello está juzgándose
favorablemente a sí misma, sus atributos, su nivel moral y todo su fundamento
espiritual.
Cuanto
más alabe a la otra, más señal muestra de que su propio
carácter y nobleza de espíritu son dignos de alabanza y lo que
ve en el prójimo es lo que hay en él mismo; y por el contrario,
todo el que critica a otro, critica los defectos que él mismo tiene.
Todavía no se ha visto que un manzano produzca ciruelas u otros frutos,
porque estos últimos dependen de la raíz del árbol.
Este
artículo esta tomado del Libro "Aura Hogareña" publicado
con la autorizacion del editor en español Rav Moshe Samsonowitz
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Nací en Janucá del año 1916 en el pueblo
de Assina/ Nissana cerca de Dubenka. En el pueblo no había más que diez familias
judías. Las dos ciudades más grandes de las cercanías eran Jelmo y Robashov,
en la provincia de Lublin. Debido a mi origen, en las yeshivot me llamaban
"der Dubenker".
Mis padres fueron Rab Shmuel y Tzipora (nacida Waikerman) Hertzman z"l. Mi
padre era "melamed" y enseñó a muchos niños en la ciudad de Tishevitz.
Estudié con "melamedim" en Nissena. Recuerdo sobre todo a Reb Moshe Ehrlich
que vivía en Dubenka. También estudié con Reb Libe Segal de la ciudad de Sparish.
Después proseguí mis estudios en las yeshivot Novordok de
Jelmo y Ichiutzmir y, más tarde, en la yeshivá de Karlin
en Lunentz, bajo la dirección de Rav Yosef Berkowitz. Asimismo, estudié con
el Rav Eljanan Wasserman en Baranowitz y
con el Rav Boruj Ber Lewovitz en Kamenitz. Tras un período
en la yeshivá Jajmei Lublin, me integré a la de Mir
y con ella, me radiqué en Shangai durante la Segunda guerra mundial
. En esa ciudad pasé a formar parte del círculo de allegados de mi
querido maestro, Rav Yejezkel Levenstein z"zl. Por misericordia
del Todopoderoso, sobreviví a la conflagración en Europa y me instalé en Estados
Unidos donde tuve el privilegio de enseñar a generaciones de estudiantes.
Deseo presentar una ofrenda ante Hashem, bendito sea, para su misericordia
con mis martirizados padres z"l así como con quienes se han encargado de imprimir
mis obras. Que el mérito del esfuerzo de estos últimos por diseminar valores
genuinamente judíos, acerque la Redención Final.
Rav Hertzman z"zl falleció sin dejar hijos, su pedido fue que si sus escritos aportaron algo de valor que estudien por su alma Mishnayot y que reciten los Salmos 16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 130, 150 y con el mérito de esto obtengan satisfacción de sus hijos, misericordia y éxito en cuanto deseen.
Le Ilui Nishmat, para el eterno recuerdo de Rav Eljanan ben Shmuel Hertzman.
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