TIEMPO DE HACER PAQUETES
Sabemos, que cuando
un pueblo decide enfrentarse con otro en una guerra, antes de que la intención
se haga pública, ya hubo un gran estudio logístico, sobre las posibilidades
de éxito, sobre la capacidad de defensa del ahora enemigo, la estrategia que
se va a utilizar, en fin, antes de demostrar las intenciones de guerra, el
agresor hizo todos sus cálculos y ya sabe como se va a desenvolver en su guerra...
El “Jovat Halebabot”,
cuando se refiere a la lucha entre dos ejércitos, le agrega un adjetivo especial:
esta es la guerra “pequeña”. El calificativo de guerra “grande” lo reserva
para nuestra guerra contra el ietzer hara. Entonces, si para la pequeña guerra
hacen falta preparativos, conocer al enemigo, programar tácticas, etc., pensemos
qué podemos necesitar para nuestra grande y permanente guerra contra
el ietzer...
Esav le da el gran
consejo a Iaacov, no vamos a pelear, podemos vivir juntos, y este es, sin
dudas, el consejo del ietzer. La invitación de Esav, la vida en sociedad,
es un peligro para la vida espiritual de la casa de Iaacov. Hay lugar para
pensar, que frente al peligro inminente, también existe la esperanza de que
Iaacov y sus hijos puedan, con su ejemplo, “dar vuelta” a Esav y a su gente,
comprometerlos a un cambio positivo. Pero, esta posibilidad ya fue rechazada
por Sara Imenu, cuando le dijo a Abraham que era necesario “deshacerse” de
Ishmael, porque sería una mala influencia para Itzjak, aunque no había ninguna
duda de que Itzjak tenía la fuerza suficiente para ser un muy buen ejemplo
para que haya una transformación en Ishmael. Allí, Hakadosh Baruj Hu le ordena
a Abraham Avinu que escuche la voz de Sara y no dude en desterrar a Ishmael,
como una demostración para todas las próximas generaciones que cuando hay
un peligro espiritual, no busquemos algo positivo que equilibre la balanza,
es mejor no arriesgarnos...
Entonces, Iaacov está
frente a la pregunta, ¿cómo responder al consejo de Esav? Puede darle la “cachetada”
y decirle terminantemente que la vida en común no está en sus pensamientos,
o, puede “enredarlo”, eludirlo con una respuesta confusa, digamos, empaquetarlo,
para no contradecirlo directamente. Este tipo de dudas vuelve y se repite
continuamente en nuestra lucha contra el ietzer. Y siempre, en ese momento
surge el interrogante: plantear una “guerra abierta” o engañarlo, dando vueltas
y envolverlo alrededor de su propio consejo.
Tomemos como ejemplo
el ietzer que viene a molestarnos cuando queremos sentarnos a estudiar, puede
venir de muchas formas, una de ellas, hacernos sentir débiles o cansados.
Ahora podemos ponernos “fuertes” y encarando una guerra frontal tomar la decisión:
¿quién dijo que estoy cansado? Me propuse estudiar una hora, y voy a estudiar
una hora, nadie me lo va a impedir! Esta gran
fuerza de voluntad no es una garantía de éxito, pueden pasar dos minutos y
toda la fuerza se puede ir muy lejos...
Puede resultar mejor
proponernos lo siguiente: estoy tan cansado que no voy a poder estudiar una
hora, me conformo con estudiar solamente diez minutos y después irme a descansar...
Después de los diez minutos, puede ser que recobremos la fuerza y podamos
seguir estudiando hasta cumplir nuestro propósito, y si no, repetimos el mismo
sistema, intentemos estudiar otros diez minutos...
Otro ejemplo: en un
grupo de amistades, descubrimos que uno de nuestros amigos tiene cualidades
no buenas, y que finalmente, de tanto escucharlo no será bueno tampoco para
el resto del grupo, por consiguiente, necesitamos alejarnos de su compañía.
¿Cómo hacerlo? Podemos decirle “abiertamente” que no queremos relacionarnos
más con él, o sería mejor buscar la forma, usando la inteligencia, con rodeos,
y hacer que él mismo se aleje del grupo.
Parecería más
efectivo el primer método, que sepa, sin dudas, que su amistad no nos interesa.
Aunque el método es directo trae muchos peligros: antes que nada, no siempre
tenemos la fuerza suficiente para enfrentar abiertamente semejante situación,
lo que puede hacernos caer muy fácilmente. Además, el enfrentamiento directo,
pone en alerta a nuestro adversario. El amigo del cual queremos desprendernos
puede intentar convencernos de que estamos equivocados al pensar así de él, o
que se va a proponer cambiar sus cualidades o cualquier otra excusa para
hacernos cambiar de idea.
Iaacov Avinu elige
el segundo método para responder a la propuesta de Esav, hacer un lindo
“paquete”. No le dice que no está de acuerdo con la idea de que vivan juntos,
Iaacov le hace entender que está pensando seriamente en esa posibilidad, le
dice: adelantate en el camino, no te detengas por mí, yo no puedo ir muy
rápido debido a los niños (Esav estaba con un ejército entrenado y Iaacov
tenía que andar más despacio, porque viajaba con la familia, con los niños
pequeños y con todas sus pertenencias), nos encontraremos más adelante...
Iaacov le dice a Esav
que no pretende retrasarlo, viajando a su ritmo, que es lento, ya se encontrarán
más tarde, en el destino, ¿qué intención tienen las palabras de Iaacov? Nos
encontraremos más adelante, en los días del Mashiaj!!! (Rashi).
El mismo sistema utiliza
Iaacov, el rodeo, cuando tiene que explicarle a Rajel y Lea, en la perasha
Vaietze, que Hashem le ordenó que deben volver a
su tierra. Iaacov comienza con una larga introducción donde les explica que
abandonar la casa del padre no representará ninguna pérdida para ellas. Y
tanto Rajel como Lea entendieron y aceptaron las palabras de Hakadosh Baruj
Hu, después de que Iaacov les demostró que el padre no las trataba de la manera
que un padre debe tratar a sus hijas. Y los jajamim que explican la Tora para
enseñarnos buenas cualidades resaltan que Iaacov y sus esposas utilizaron
este camino, reconocer como eran “maltratados” en la casa de Laban para que
la prueba, que las mujeres abandonen su familia, sea menos dolorosa, que la
lucha contra el ietzer sea lo menos frontal posible. Al saber que no existe
ninguna pérdida en la partida, no hace falta luchar contra el ietzer para
cumplir la palabra del Bore Olam.
Nuestros padres nos
enseñaron la teoría, como prepararnos en el enfrentamiento con el ietzer,
el Jafetz Jaim, en su libro “Ahavat Jesed”, nos lleva la teoría
a la práctica y nos muestra, por ejemplo, como podemos buscar el incentivo
para poder estudiar Tora:
Siempre, dice en nombre
de un sabio, debemos imaginarnos tres cosas:
1) que no me queda
más de un día de vida.
2) Que quiero estudiar
solamente una hoja de la Guemara o un capítulo de las Mishnaiot, y no más.
3) Que soy el único
en el mundo que en este momento está estudiando Tora, con lo que la continuidad
del mundo depende sólo de mí.
Estos razonamientos,
lograrán, con seguridad, ayudarnos en el cumplimiento de los preceptos y en
el estudio de la Tora. Pensar que sólo nos queda un día de vida, provocará
que intentemos, con todas nuestras fuerzas, llegar a nuestro objetivo, y no
postergarlo para “mañana” (esta es una gran táctica en la lucha contra el
ietzer, ya que mientras pensemos que tenemos mucho tiempo para estudiar y
cumplir preceptos, estamos más propensos a caer en sus engaños. Porque el
ietzer siempre viene a decirnos “mañana”, que nos sobran días y años, no necesitamos
apurarnos. Por eso, el pensar que no existe el mañana, que hay que pensar
en ahora, es una manera de evitar el enfrentamiento con el ietzer, ya que
mañana no habrá tiempo).
El segundo pensamiento,
el limitar nuestro estudio a una hoja o a un capítulo, nos compara con una
persona haragana. Ahora, el ietzer no puede venir a decirnos que lo que deseamos
estudiar es demasiado y no podremos lograrlo, y tampoco nos importará si nos
dice que nunca alcanzaremos a estudiar todo el Talmud, o ni siquiera un tratado.
Al proponernos estudiar menos, le sacamos al ietzer la posibilidad de luchar
en contra.
Y el tercero, resulta
ser una afirmación fulminante contra el ietzer, que puede decirnos que seguro
que no soy el único que en este momento cumple un precepto o estudia Tora.
Pero lo que sí puedo decir, es que, si es un momento de equilibrio mundial,
con igual cantidad de preceptos que de pecados, mi precepto será el que incline
la balanza...
Porque cuando el mundo
está equilibrado, con igual cantidad de preceptos que de pecados, un solo
precepto inclinará la balanza para que el mundo se mantenga o, lo alenu, un
pecado la inclinará para el otro lado. Por eso, pensaré, como dicen los jajamim,
que por mí el mundo fue creado...
Todo esto, prosigue
el Jafetz Jaim, lo encontramos en el primer párrafo del Keriat Shema:
“Amarás a Hashem, Tu D-s, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo
tu dinero”. ¿Y cómo podemos conseguir cumplir con esta orden tan amplia?
“Y serán estas palabras...”, solamente estas pocas palabras
de las que me estoy ocupando ahora, un estudio corto. “...las que Yo te
ordeno...” Hashem me lo ordena solamente a mí, porque en este momento,
en el mundo de Hakadosh Baruj Hu soy yo el único que puede inclinar la balanza.
¿Y cuándo?, “...hoy”, Hashem me ordena hacerlo hoy, ahora, porque es
el único día que tengo para servir al Bore Olam y estudiar Tora. “Sobre
tu corazón”, estas tres bases se deben grabar en nuestro corazón para
siempre, y así triunfaremos...
* * *
El rab hagaon Iaacov
Israel Kanievsky ztz”l, el Staipeler, tuvo que enrolarse, en su
juventud, en el ejército ruso. Durante las noches, cuando el frío era terrible,
cumplían guardias en las que usaban abrigos especiales contra el frío, y,
el que terminaba su guardia, le pasaba el abrigo al que ahora ingresaba. El
que no utilizaba ese abrigo durante su tiempo de guardia, corría el peligro
de morir congelado.
En una ocasión, en
la que el Staipeler ingresaba a su guardia, en la noche de Shabat, el soldado
que debía entregarle el abrigo lo dejó colgado de un árbol. Rabi Iaacov pensó
que al sacarlo podría profanar el Shabat, que estaba prohibido descolgar algo
de una rama del árbol. Aunque, en verdad, se trataba de un caso en que la
vida corría peligro. El rab, pensó allí, que seguro que podía estar cinco
minutos sin el abrigo y eso no se llamaría estar en peligro de vida, evitando
la duda de profanar el Shabat. Pasaron los cinco minutos, y, viendo que la
situación era soportable, estiró otros cinco minutos, y así siguió estirando
hasta que terminó la guardia, sin sentir la mínima necesidad de usar el abrigo!!!
Algo similar contó
uno de sus nietos. Cuando ya estaba muy anciano, los médicos le prohibieron
completar el ayuno del diecisiete de Tamuz, argumentando que su cuerpo se
debilitaría demasiado. El rab, dijo que si esa era la razón, solamente ayunaría
hasta las diez de la mañana. Cuando llegó esa hora dijo sentirse muy fuerte
y pidió seguir hasta el mediodía. Al mediodía, otra vez, alargó un poco más
y finalmente completó el ayuno.
Este es el mejor
sistema contra el ietzer. No a la lucha frontal, sino engañarlo con sus propios
engaños. Mostrarle como que aceptamos sus consejos, pero que los vamos a
utilizar no ahora mismo sino un “poquito” más adelante, y de ninguna forma
anular sus palabras. Sigamos el camino de nuestros padres, con la ayuda de
Hashem Itbaraj.
Lekaj Tov.
Leiluy Nishmat Harabanit
Shifra bat R. Biniamin
ע"ה