Pésaj
es una época en que nos regocijamos de nuestra libertad llamándonos
"hombres libres". Sin embargo, el problema radica en saber realmente qué
significado damos a la palabra "libertad". En nuestro mundo actual, todos parecen
estar hablando de libertad. En la Unión Soviética, el pasatiempo nacional ya no
es beber vodka sino discutir el tema de la libertad. En el Medio Oriente, Abu
Mazen está siempre en primera plana quejándose de su falta de libertad. E incluso
en nuestro propio país, el mencionar la palabra "libertad" evoca un
fervor de tipo religioso. Ahora bien, nos preguntamos si todos ellos tienen el mismo concepto de
libertad.
La
respuesta es obviamente "No". La gente usa el término
"libertad" para apoyar cualquier causa por la que desean luchar. La
libertad de Abu Mazen es radicalmente distinta de la que se habla en
latinoamérica, y ambas difieren del "glasnost" soviético.
La gente emplea este concepto con
tanta
facilidad
porque en verdad sólo es un medio para lograr un fin, pero no una finalidad en sí. Es decir, la libertad es
sólo un instrumento para llegar a una meta final en la vida, y no una autopia máxima. La
libertad es un hermoso don que nos permite elegir nuestras propias creencias y estilo de
vida; pero nuestro verdadero desafío es escoger una vida y creencias adecuadas.
Es por ello que todos tenemos un concepto diferente de la palabra "libertad". Es
algo maravilloso pero tiene sus limitaciones. El relato siguiente ilustrará nuestro punto:
José
esperaba con ansias su libertad. Llevaba tres años en la cárcel, y ya había
debidamente pagado su deuda para con la sociedad por el crimen cometido. De
hecho, había
sido un
prisionero ideal durante todo ese tiempo; hacía todo su trabajo, obedecía a los guardias y era amable con
todos aquellos que pasaban por su camino. ¡Pero ahora había llegado su día de libertad! Le
costaba creerlo mientras cambiaba su ropa por un traje de civil. Había tantas cosas
emocionantes que iba poder hacer ahora que era un hombre libre; no hallaba la hora
de experimentarlas todas. Mientras esperaba que los burócratas pusieran sus papeles al
día, los minutos le parecían horas.
¡Por
fin se vio libre! Al salir de la cárcel se detuvo. Sintió el calor
del sol en su rostro y la tibia brisa en su cabello. ¡Qué maravilloso era estar nuevamente libre!
De repente. José comenzó a sentirse invadido por el pánico. ¿Qué haría con su libertad? No
tenía profesión y le sería casi imposible encontrar trabajo puesto que era un ex-prisionero.
No tenía dinero y hacía ya mucho tiempo que sus padres lo habían echado de casa.
Los sicólogos de la prisión lo habían preparado para esta transición fuera de los muros de
la cárcel, pero la realidad era abrumadora.
José
comenzó a desear la seguridad de la prisión. Allí no tenía elección
alguna. Sus días estaban estrictamente organizados del amanecer al atardecer. De hecho,
empezó a darse cuenta de cuánto le gustaba en verdad su vida en la cárcel, porque
allí no tenía la responsabilidad de moldear su propio estilo de vida. Se detuvo y
emprendió nuevamente el camino a la prisión. "¿Quién sabe?", pensó, "quizás me aceptarán
de vuelta".
Todos
nosotros nos enfrentamos con este dilema en la vida. Todos somos "hombres libres",
pero el asunto es saber qué hacer con nuestra libertad. ¿Qué tipo de vida
queremos
tener, qué
tipo de gente queremos ser? ¿Libres para ser qué?
Estas
son las preguntas que debe hacerse un judío en Pésaj. Para un judío, la
libertad no
justifica su
existencia, sino es el medio que se le ha dado para vivir una vida
adecuada. En
Pésaj,
profundizamos mucho más en el tema de la libertad que los estadistas de
los paíces que se “liberaron” del comunismo y los líderes árabes de nuestra generación. Para
nosotros, la libertad no es un fin en sí sino un instrumento que nos permite alcanzar algo
mucho más grandioso y elevado en la vida.
La matzá como símbolo de la libertad
Sin
embargo, parece más bien extraño que se nos pida comer matzá las noches
en que
celebramos
nuestra libertad. Este mandamiento tiene su origen en la Tora:
"A
los quince días de este mes (Nisán) se conmemora la fiesta de los ánimos al
Señor;
siete días
comeréis matzá" (Levítico 23:6).
De
hecho, la Tora se refiere a Pésaj como "la fiesta de la matzá",
implicando así que la matzá es en cierto modo un símbolo de libertad. Lo raro es
que en la Hagadá que leemos en Pésaj, se habla de la matzá como "el pan de la pobreza".
¡Para la mayoría de nosotros, "pobreza" y "libertad" son conceptos
opuestos, no sinónimos! Entonces, ¿por qué nos ordena nuestra Tora comer
"el pan de la pobreza" en una noche en que celebramos nuestra libertad? ¡A
primera vista la matzá no parece en absoluto ser un símbolo adecuado para representar nuestra
libertad!
El
Gran Maharal de Praga nos ofrece la explicación siguiente para dilucidar
el misterio
de la matzá.
Un pobre -explica el Maharal- no vive con la preocupación de posesiones físicas que limita a
la mayoría de la gente. Casi todos pasan gran parte de sus días calentándose los sesos
para ver cómo tener más cosas materiales.
No
les basta trabajar diez años para comprar una casa extravagante sino que
trabajan
diez años
más para adquirir un Mercedes Benz. Luego, diez años más para poder
viajar por el
mundo y
comprarse el último grito de la moda en las mejores casas de costura.
Después,
deben
trabajar veinte años más para ayudar a sus hijos a poseer esa misma casa,
el mismo
auto y el
mismo tipo de ropa. ¿Qué ha hecho la mayoría de esta gente al llegar al término de su vida? ¡Trabajar,
trabajar y trabajar! Dedican muy poco tiempo a otros fines como educar a sus hijos, mejorar su
relación matrimonial, aprender acerca del judaísmo o esforzarse por mejorar su carácter. Sin
embargo, si les hiciéramos la pregunta, nos contestarían que estas cosas espirituales son
sin duda mucho más importantes que las cosas materiales. Pero la gente se ha convertido en
esclava de sus
posesiones
materiales. Trabaja día y noche para acumular más cosas y estar a par de sus amigos. Después de
todo, ¿cómo puedo andar en un Peugeot cuando mis amigos andan en Mercedes Benz y
BMW?
Un
pobre, sin embargo, está libre de esta "competencia inexorable"
por bienes materiales. Como es pobre no aspira a todas estas cosas que nos mantienen
atados. Trabaja para sobrevivir, no para acumular un montón de •símbolos de
"status" materiales. No necesita una casa extravagante, ni
un Mercedes, ni ropa de alta costura. En cierto modo, ¡está verdaderamente libre!
Como no abriga la esperanza de obtener todas estas cosas materiales, el pobre
tiene tiempo para sus hijos, su esposa, para estudiar judaísmo y mejorar su carácter.
Es
por ello que la Tora eligió la matzá como símbolo de libertad.
Tratamos de librarnos del yugo de nuestras posesiones físicas y materiales. No
deseamos ser pobres, pero sí adoptar la actitud del pobre.
La pobreza no es una virtud, pero la
actitud
del pobre es
ejemplar, y eso deseamos lograr en Pésaj. Nuestra aspiración es librarnos del yugo de nuestros bienes
materiales y elevar nuestros valores espirituales y morales. Este es uno de los niveles de
libertad que anhelamos alcanzar en Pésaj. De hecho, en Pésaj nos planteamos una pregunta
que ha atormentado a muchos filósofos durante siglos, "¿Cuál es el propósito de la
existencia humana?"
¿Fuimos
acaso creados simplemente para "tener" o debemos más bien luchar para "ser"? En Pésaj
los judíos buscan una respuesta a esta pregunta.
Sin
embargo, existe un segundo nivel de libertad del cual debemos disfrutar para
completar nuestra experiencia de Pésaj, y también se simboliza con "el
pan del pueblo". Otra de las características del pobre, además de su despreocupación por
bienes materiales, es la humildad. Es humilde por naturaleza, porque no puede jactarse de su
casa, su auto o su trabajo. No es egocéntrico sino se fija más bien en todos aquellos que lo
rodean y son "más distinguidos" que él.
Piensen
sólo un minuto en cuánto se esfuerzan algunos por ser aceptados por la
sociedad. Están constantemente luchando por construirse una
autoimagen que todos envidiarán. Es por eso que la gente gasta tanto dinero en ropa fina y
cosméticos que mejorarán su apariencia. Inventan bromas inteligentes y se
preocupan de estar al tanto de los últimos chismes para ser el centro
de atención.
Es muy
triste seguir este camino. Aquel que construye su autoimagen sobre las
percepciones de los demás estará siempre asegurándose de que los otros aprueben
sus acciones. No estará nunca relajado, ni podrá ser "él mismo",
porque ésto no es socialmente aceptable. Esta persona terminará por estar siempre desilusionada
pues los demás no le darán nunca el crédito que merece.
Un
pobre, sin embargo, no se preocupa por ser socialmente aceptable. Su
humildad le
hace evitar
ser egocéntrico o llamar la atención. Puede relajarse y mostrar su propio
"yo", en vez de desestimarse para ganar la aprobación de los demás. Este es el
segundo nivel
de libertad
que esperamos alcanzar el Pésaj para librarnos de todo orgullo. Cuando una persona logra librarse de
su orgullo, comienza a ser creativa y productiva. Puede dejar de buscar seguridad en los
demás y ser sí mismo. Esta humildad también se simboliza con la matzá. La matzá es plana,
un pan sin levadura. Si se comparan dos panes, uno con y otro sin levadura, se verá que la
matzá es más baja y por lo tanto simboliza la humildad.
Nuestra
tradición judía nos provee gran cantidad de libros que ayudan a una persona a librarse del yugo de su
orgullo y posesiones materiales. Por ejemplo, "Deberes del corazón" (Jovot
Hal-levavot) del Rabino B'Jyá Eben Pakuda, "La senda de los justos" (Mesilat Yesharim) del Rabino
Moshé Chaim Luzzatto, y "Búsqueda de la verdad" (Mitjav M'Eliyahu) del Rabino Eliyahu
Dessier, y muchos más.
Si,
en Pésaj celebramos el hecho de ser "hombres libres". No nos
satisface sin embargo la libertad superficial de los “líderes” de nuestra
generación. Buscamos algo más profundo y luchamos por alcanzarlo, por "ser" en
todo su sentido, y no sólo "tener". Anhelamos "ser"
en toda su esencia y no ser simplemente "socialmente aceptables".
Pésaj es también una época en que
debemos pensar en todos aquellos que no tienen nuestra suerte. Muchos
judíos no tienen la misma libertad que nosotros para celebrar las festividades de Pésaj. Muchos
están aún atrapados en la Unión Soviética, Irán, Iraq, y en los países árabes. En Pésaj,
debemos rezar para que ellos también puedan estar libres y apreciar el ser "hombres
libres". Debemos sentir que su esclavitud es nuestra esclavitud, y que su dolor es nuestro
dolor. Al identificarnos tan estrechamente con nuestros hermanos en cautiverio, estoy seguro
de que nuestras oraciones serán escuchadas.