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Shabat Shalom


No. 252-Tazría-Metzora-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



HOY…: CUENTITOS

HOY…:  CUENTITOS

 

Relatos Aburridos Sobre Gente Antigua De Costumbres Muy Extrañas…

 

Los alumnos de rabi Akiva murieron porque no se rendían honores los unos a los otros como era debido. Pero ojo, lo que nosotros debemos saber es que no eran personas como nosotros ni nada parecido. Eran verdaderos "monstruos", cada uno de ellos, santos en una medida inimaginable, y cuando decimos que no se rendían honores estamos hablando de un pecado pequeño al extremo…

 

Algo que nosotros podemos rescatar de esta afirmación: la corrección de nuestras cualidades y las relaciones entre las personas no son una cosa reservada para fanáticos o para gente que quiere ser más estricta que otra, tampoco forma parte del embellecimiento de un precepto, sino que es un precepto que es la base de nuestra vida.

 

En nuestra sagrada Tora encontramos varias veces la obligación de respetar y honrar debidamente a otras personas, como por ejemplo: honrar a nuestros padres, honrar a las personas que dedican su vida al estudio de la Tora, honrar al rab de quien aprendemos Tora, etc. Y, desde luego, existe el precepto de honrar y respetar a toda persona, sean estudiosos o no, sean grandes o sean pequeños, o sea, tanto ancianos como niños pequeños…

 

Hay una regla muy común y generalizada en el mundo que nos rodea: cualquier persona que se distingue o se eleva en determinada rama de la ciencia, deporte o profesión, suele menospreciar a sus colegas que están por debajo de su categoría, es como que ahora estoy libre de rendir honores ya que soy un ente superior. Nuestros sabios, los grandes jajamim, gente extraña, por cierto, no se comportaron nunca de esa forma, sino al contrario, cuanto más grandes son en Tora, muestran a todos la necesidad y la obligación de honrar a toda persona, y podemos escribir y escribir sobre ellos, sobre el respeto que guardan hacia todo integrante del pueblo de Israel.

 

Una persona contaba, que su padre era compañero de estudio del Staipeler, y en una ocasión, discutieron fuertemente sobre una ley que estudiaban. El Staipeler supuso que, en medio de la discusión, había ofendido a su compañero, por eso, se avergonzó frente a él y pidió sus disculpas. Extrañado, le aseguró que en ningún momento se sintió ofendido, que había sido una discusión normal entre distintas posturas de nuestros jajamim, pero que si deseaba su perdón, él lo perdonaba con todo su corazón. Sin embargo, el Staipeler no se quedó conforme y, desde ese momento comenzó a rendirle grandes honores, y cada vez que veía que él llegaba al lugar donde el Staipeler se encontraba, se levantaba, salía a recibirlo y lo hacía sentar en un lugar reservado para personas importantes…

 

En la casa del Jafetz Jaim contrataron una persona para realizar las labores domésticas. Antes de comenzar su trabajo el Jafetz Jaim le dijo: debés saber que aquí el trabajo es mayor que en otras casas. Entran y salen personas durante todo el día. Y esto te lo digo desde ahora para que no pienses que nos estamos aprovechando de tu trabajo. Por supuesto que el salario también es mayor que el que ofrecen en otras casas… A pesar de todo lo que ya le había dicho, cuando llegaron los días de "Iamim Noraim", el Jafetz Jaim le ofreció sus disculpas, ya que podía haber sucedido que en algún momento el Jafetz Jaim no se condujo con el honor que correspondía…

 

Una noche, en la puerta de la casa del rab Jaim MiBrisk apareció un invitado inesperado. El hombre se disculpó al enterarse que interrumpió el estudio del rab. Sencillamente no sabía, dijo, que esta era la casa del rab, llegué muy tarde a la ciudad y buscaba un lugar donde dormir, y la única luz encendida que encontré en la ciudad fue aquí… El rab lo recibió con una sonrisa y le ofreció algo para tomar. Al rato le sirvió la cena y cuando el rab se prestaba a extenderle la cama para que se acueste a dormir, el invitado pretendió evitar la molestia del rab y él mismo extender la cama, lo que provocó el enojo del rab, que insistió en prepararle la cama…

Por la mañana, fueron juntos al Beit Hakneset para rezar. Se trataba de un día en que se leía la Tora, y en ese Beit Hakneset acostumbraban honrar a la gente que llegaba invitada. El rab Jaim se acercó al encargado de invitar a la Tora y le dijo: yo sé que acostumbramos llamar a los invitados pero hoy, en especial, quiero que honren a mi invitado con el "agve" (levantar el Sefer Tora). Cuando el hombre se disponía a levantar el Sefer Tora, el rab Jaim se paró a su lado y le dijo: no te molestes ni te esfuerces, yo puedo levantar el Sefer Tora en tu lugar!

-¿Acaso es una molestia? Es un honor para mí levantar el Sefer Tora, estoy cumpliendo un precepto y quiero y puedo hacerlo por mí mismo!

Dijo el rab Jaim: entonces, ¿por qué ayer no querías permitirme extender la cama? Se trataba de un importante precepto y yo quería cumplirlo!!!

 

No solamente respetaban nuestros jajamim a las personas mayores, también cuando se trataba de niños, el respeto, el trato amable, siempre estaba presente. Cuando el Staipeler enviudó, uno de sus nietos siempre dormía en su casa, para acompañarlo…

Ocurrió un día que el Staipeler tenía un invitado en su casa. Ese día, le pidió a su nieto permiso para que el invitado duerma en la cama en la que su nieto solía dormir. Seguro que en este caso no existía la pregunta o la duda de una posibilidad de robo, ya que la cama pertenecía al rab y no a su nieto, pero, como normalmente era el niño el que ocupaba la cama, le pareció al Staipeler que sería apropiado pedirle permiso…

 

Hay un relato conocido, que está guardado en el "cofre de los recuerdos" de un muchacho, cuando se realizó la fiesta de su "Bar Mitzva". Ese día, el muchacho recibió una visita inesperada en su fiesta, todos los invitados se pusieron de pie cuando ingresó al salón el Staipeler, y la sorpresa fue mayor cuando el rab se acercó al muchacho y todos escucharon su pedido de disculpas. Después se supo lo que había sucedido hacía varios años: en los días de Iamim Noraim, el rab ve al niño, con un gran libro delante, aparentemente una Guemara, que el niño leía durante el transcurso de los rezos. El rab, enojado, se acercó al niño, y lo retó, diciéndole que no era correcto estudiar Guemara durante la Tefila. Ya estando al lado del niño, el Staipeler descubrió su error, no era una Guemara sino un Sidur extremadamente grande. Y, por supuesto, el rab se disculpó ante el niño.

Más tarde, el rab analizó lo que dice la ley: un niño no puede recibir disculpas de acuerdo a la Tora, por lo tanto, el rab se encargó de averiguar y recordar la fecha del Bar Mitzva del niño, para que, cuando el niño se convirtiera en adulto, pudiera recibir sus disculpas como ordena nuestra Ley.

 

El rab hagaon Iejezkel Abramsky ztz"l, contó que en una oportunidad pellizcó el cachete de un niño como muestra de cariño. Su rab, el gaon rabi Jaim MiBrisk ztz"l vio el hecho y le llamó la atención: ¿por qué hacés sufrir al niño?, le preguntó, aunque sabemos que fue cariñosamente al niño le duele y no podrá perdonarte…

 

Aquí podemos preguntar: ¿qué necesidad vieron nuestros jajamim de honrar a los niños pequeños? Normalmente, podemos pensar que el respeto está reservado para personas mayores y además, "honorables".

La respuesta nos la da el Rosh Ieshivat "Or Israel", el rab hagaon Iaacov Noiman ztz"l, que en su juventud vio al Mashguiaj de la Ieshivat Lomza, el rab hagaon Moshe Rozenstein ztz"l, estudiando con un niño pequeño. El rab Noiman pensó, que se trataba de un niño "especial", seguramente proveniente de una familia distinguida o el hijo de “alguien”, no cualquiera podía sentarse a estudiar con el Mashguiaj de la Ieshiva…

Cuando el rab Noiman vio que terminaron de estudiar se acercó al Mashguiaj para preguntarle hijo de quién era el niño. El Mashguiaj le contestó: ¿acaso no sabés? Es uno de los hijos de Hakadosh Baruj Hu!!!

 

De aquí aprendí, dijo el rab Noiman, con qué perspectiva un rab debe mirar a cada uno de sus alumnos, ver a cada uno como hijo de Hakadosh Baruj Hu, y así se comportó en adelante el rab Noiman con todos sus alumnos, dándoles el trato que merece todo hijo del Bore Olam.

 

Y así nosotros podemos aprender cómo tratar a todo niño y a toda persona. Todos somos hijos de Hakadosh Baruj Hu, todos somos hijos con "ventaja", con "protección". Y así como nosotros somos hijos de Hashem y merecemos ser honrados, también la persona que tenemos enfrente merece el mismo honor, es otro hijo del Bore Olam, otro hermano nuestro…

 

Y esta es la base de las palabras que nuestros jajamim estudiaron en el tratado de "Avot": ¿quién es el honorable? el que brinda honores a todas las criaturas. Y, ¿por qué todas las criaturas merecen el honor? Simplemente porque todos son hijos de Hakadosh Baruj Hu. Y cuando nosotros brindamos el honor como corresponde, nos hacemos también merecedores del honor. Y siguiendo la misma línea de pensamiento podemos explicar la continuación de la Mishna: "porque honraré a quien me dé honores…". Hakadosh Baruj Hu dice que quien brinde honores al Bore Olam, también recibirá honores. Y estas palabras deben ser explicadas, en la primera parte de la Mishna se habla de los honores entre las personas, y el versículo que viene a justificar la sentencia se refiere al honor que hay que brindarle a Hakadosh Baruj Hu.

 

No hay ninguna contradicción en las dos partes de la Mishna. Cuando le damos honores a una persona, esos honores tienen también otro Destinatario: el Bore Olam, que es Su Padre. Ya dijimos que todos somos hijos de Hashem. Por eso el versículo es por demás apropiado. Así dice Hakadosh Baruj Hu: si vos le das honores a Mi Hijo, también me estás dando honores a Mí, por eso Yo voy a brindarte Mi Honor!

 

La Tora ordena, en el caso que el Beit Din decretaba la muerte de una persona, que esta persona debía ser enterrada el mismo día de su muerte, ¿por qué?, porque era considerado como una maldición que el cuerpo permaneciera sin su debido entierro, y Rashi explicaba que era un "desprecio para el Rey", porque esta persona fue creada a semejanza del Bore Olam, además de que cada iehudi es considerado como un hijo. Y esto se compara a dos hermanos gemelos, idénticos en su fisonomía, uno de ellos era el rey y el otro fue atrapado robando y fue colgado. Toda persona que veía al ladrón "colgado" decía: miren, colgaron al rey. Otro ejemplo en el cual vemos nuestra obligación de honrar a todo iehudi, creado a semejanza de Hashem.

 

Hay quienes explican otra Mishna del tratado de Avot: "no desprecies a ninguna persona", porque ves en ella un defecto. ¿Cuántas veces se nos hace difícil o imposible respetar a una persona en la cual encontramos un defecto que "nos molesta"? Pensemos si esto es justo o no. ¿Podemos descalificar a una persona por algo "pequeño" que no nos agrada?

Es nuestra obligación superar este terrible defecto y hacer sentir bien a nuestros semejantes rindiendo honores a toda persona. Esta puede ser una buena preparación para llegar más fuertes a Matan Tora.

 

 

 

Lekaj Tov.

 

 

Leiluy Nishmat  Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David  זצ"ל

 

 

 




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