Cuando
pensamos en la palabra "oración", pensamos en nuestras necesidades y
peticiones, en una lista sin fin: "Cúrame", '"Ilumíname", "Dame
riquezas", "Dame Tu redención", "Glorifícame", "Dame
Tu perdón".
Quizás
tenemos un concepto errado de la oración. Cuando niños pedimos a D'os que
satisfaga nuestros deseos así como instamos a nuestros padres a llevarnos a
ciertos lugares y comprarnos juguetes: "¡Por favor, papá, llévame a...!, ¡Por
favor, mamá, cómprame ese...!, ¡Por favor, D's, dame este...! " Veamos qué
es y ha sido siempre la oración. Nos daremos cuenta entonces que el mandamiento
de orar no ha perdido vigencia todavía sino que, por el contrario, sentimos en
nuestros días, tal vez, mayor necesidad de sus beneficios que nunca.
¿QUE ES LA ORACIÓN?
La
oración no es una lista de peticiones. Es un proceso i ntrospectivo, una
clarificación, un proceso en el que uno va descubriendo cada vez más lo que es,
lo que debiera ser, y el modo de lograr esa transformación. La Tora expresa esta
mandamiento como un "servicio del corazón" (avodat halev) y no de la boca (Taanit2a).
Al
ir perfeccionándonos mediante la oración, logramos absorber la bendición del
Creador, pero el conquistar estas bendiciones dependerá de cada persona. Unos
pueden tener como destino el actuar como "tesoreros" de D's, o sea,
acumular riquezas y distribuirlas para causas nobles; otros, el de dar el ejemplo
de no corromperse con riquezas. Otros pueden tener como misión ser un modelo de
modestia. Meyer Amshel Rothschild llegó a ser rico porque su destino fue constituirse
en banquero de los monarcas y patrón de los pobres, y el Rabino Zusha de
Anipoli permaneció entre los menesterosos porque su misión era subsistir con un
mendrugo de pan y un plato de porotos, y él siempre dijo: "soy feliz"
¡porque no había pasado nunca un mal día en su vida! Todos ellos recitaron la
oración para prosperidad financiera en el "Shemoneh Esré" (oración
silenciosa, el más importante de nuestros rezos) y obtuvieron la mejor
respuesta que les correspondía.
La
sociedad moderna nos ha enseñado que la gente se "agota" si no se
detiene nunca para relajarse, compenetrarse y volver a adquirir fuerza
interior. ¿Qué nos hace pensar que podremos librar la guerra moral que D's nos
exige sin salimos de las trincheras para volver a adquirir una perspectiva
sobre el propósito y estrategia de la batalla? La oración nos da la oportunidad
de replegarnos sobre nosotros mismos y obtener así una mayor perspectiva sobre
el propósito de nuestras vidas.
FUNCIÓN DE LA ORACIÓN
La palabra hebrea para oración es “tefilá”, un término que nos permite
discernir mejor el concepto de plegaria según la Tora. La raíz de tefilá es "pilel" (juzgar, diferenciar,
clarificar, decidir). En la vida estamos constantemente separando la evidencia
del rumor, la opción válida de especulaciones sin fundamento, el hecho de la
fantasía. Este ejercicio, este juicio, se llama pelilá. La palabra pelilim se usa respecto de los
jueces que integran una corte rabínica. (Éxodo 21:22), ¿y cuál es la función
de una corte sino analizar la evidencia y tomar una decisión? Deducimos como
extensión lógica de pilel, la raíz pele que significa una clara separación
entre dos cosas. Por lo tanto, la oración es el anhelo del alma por definir qué
importa realmente e ignorar trivialidades que frecuentemente pasan por
esenciales (Sidur
Avodat HaLev).
La
gente siempre pone en duda la necesidad de orar, ¿no conoce D's acaso
nuestras necesidades sin tener que recordárselas?
Claro
que sí, y mejor que nosotros mismos. Si la oración sólo tuviese como propósito
informar a D's sobre nuestros deseos y carencias, no sería necesaria. Su
finalidad es elevar el nivel de aquellos que imploran, ayudándolos a desarrollar
verdaderas percepciones de la vida, para poder así merecer Su bendición.
Esta
es la función de la tefilá (oración); es un proceso en que se aprende a evaluar y a
tomar decisiones. El verbo hebreo para orar es hitpalel, una palabra refleja,
que indica que el sujeto actúa sobre sí mismo. La oración es un proceso de autoevaluación,
auto discernimiento; un proceso que nos permite retraernos del tumulto de la
vida hacia un pequeño rincón de verdad, y reforzar los lazos que nos unen al
propósito de la vida.
PETICIÓN DE D'S
El
Talmud nos cuenta que cuando el Rabino Yishmael Kohén Gadol, (Gran Sacerdote) estaba
en el Sanctosanctórum un Yom Klpur, D's le pidió una bendición. El Rabino le
contestó:
"Sea Voluntad delante de Ti, Señor, para que Tu
Misericordia conquiste Tu Ira y Tus Piedades prevalezcan sobre Tu justicia
estricta. Condúcete con Tus hijos con Misericordia y júzgalos con
indulgencia". (Berajot 7a)
Este
trozo es asombroso, tanto por lo que dice como por lo que no dice ¿Por qué necesitaba
D's la bendición del Rabino Yishmael?
¿Por
qué el Rabino Yishmael no obedeció y bendijo a D's? ¿Cómo la petición de que
D's trate a Israel con bondad puede conformar una bendición al Creador? ¿Qué
damos a D's cuando lo bendecimos?
Rashbá (Rabbí Shelomo Ben
Addéret)
(Teshuvot
5:51)
deriva de palabra "beraja" (bendición) de "bereja" (manantial). Un manantial
corre constantemente y sus aguas crecen. Cuando bendecimos a D's, estamos expresando
nuestra esperanza de continuar haciendo crecer algo, ¿pero qué cosa? D's mismo
es infinito, sin comienzo ni fin; no podemos y no nos atreveríamos ni siquiera
a sugerir que El pueda seguir creciendo.
Aunque
es cierto que el hombre no puede captar ni en lo más mínimo la esencia de D's,
podemos sin embargo percibirlo cuando se acerca a nosotros. Nuestra próspera
sociedad lo "ve" como el D's Beneficiente; el individuo acongojado
sufre con Su juicio; el erudito de la Tora se estremece con Su sabiduría. O el
hombre puede ser tan tonto como para pensar que el poder viene del cañón de un
fusil y la prosperidad de los filos de una segadora.
Cuando
rogamos por un "crecimiento" en D's, estamos implorando que se
acerque más a nosotros, que se nos revele. Estamos pidiéndole una mayor
Presencia en nuestro mundo, de tal manera que toda la humanidad pueda
reconocerlo. Es imposible bendecir a D's en el sentido de proporcionarle mayor
esencia puesto que El es Infinito. Pero, por otra parte, es factible que D's
tenga una mayor presencia en nuestro mundo y por lo tanto, que el hombre logre
conocerlo mejor. Y esta es la finalidad de nuestras plegarias. El grado de revelación
de D's en el universo depende de la capacidad espiritual de Israel de
recibiría. Cuando Israel estuvo en su apogeo, D's se reveló en el Monte Sinaí,
con un esplendor sin precedente; cuando Israel cayó en el exilio y en la
confusión espiritual, permaneció tan oculto que Israel se preguntó si aún
éramos la nación de D's. Oramos para que nuestro nivel espiritual se
eleve hasta alcanzar un grado en que merezcamos tener ante nosotros a D's con
todo Su poder y grandeza.
En este sentido, el Rabino Yishmael Kohén Gadol dio a D's su
bendición máxima. Tener éxito en nuestra oración es permitir a D's aproximarse más
a Israel. El Rabino Yishmael deseó que las plegarias tuviesen ese resultado - aumentar
la presencia de D's entre nosotros. Era entonces la bendición perfecta. (Néfesh Hajaim).
ORACIÓN HABLADA
Tefilá
es una función únicamente humana, porque combina la inteligencia e imaginación
del hombre con su habilidad para transformar conceptos en palabras. La
capacidad para poder emitir un habla inteligente distingue al hombre de los animales.
La Tora nos dice que D's introdujo un hálito de vida en Adán y el hombre se
convirtió en un ser viviente (Génesis 2:7). Onkelós -autor de la versión aramea
del Pentateuco- dice: el hombre se convirtió en un espíritu hablante. Onkelós parece igualar
el habla con la vida.
Puesto
que, como hemos visto anteriormente, la oración es el anhelo más profundo del
alma, debe expresarse de la forma más representativa para la mente humana por
medio del habla inteligente. El hecho de que tefilá requiera una clara
enunciación de la palabras se deriva de la oración de Janná -profetisa judía que
vivió hace 2879 años- (I Samuel 1:15). Los Sabios consideran su devoción y
la expresión de su aflicción como el compendio mismo de la grandeza de la
oración. Vaciaba su corazón en silencio, los demás no escuchaban su voz
pero sus labios se movían. Aprendimos de sus oraciones que el Shemoné Esré debe
decirse en silencio. Sin embargo, incluso la oración silenciosa debe ser hablada,
porque esto simboliza el mayor grado de elevación del alma humana (Netivot Olam).
Partiendo
del origen de Shemoné Esré podemos llegar a una gran conclusión sobre su
significado. No es una oración particularmente larga - sólo dieciocho
bendiciones en su formulación inicial más una que se agregó posteriormente - y
sólo unos cientos de palabras juntas. Tampoco es un tema misterioso; fue hecha
en un hebreo simple y rústico de manera que pudiese dominarse fácilmente su
contenido. Y sin embargo, el Shemoné Esré fue compuesto por uno de los cuerpos
rabínicos más ilustres de la historia, el Anshé Kenesset Haguedolá (los hombres de la Gran
Asamblea), S.IV A.E.C. que guió espiritualmente a Israel al inicio de la era
del Segundo Templo. Esta Asamblea estaba integrada por ciento veinte sabios,
incluyendo a muchos profetas. Israel poseía sin duda una gran cantidad de
buenos poetas y escritores. ¿No podía acaso habérsele pedido a alguno que
compusiese las oraciones necesarias? ¿Tenía acaso que asumir esta tarea el
máximo cuerpo religioso y legislativo de la nación?
Por
supuesto que sí. Cada sílaba y cada palabra tienen miles de efectos inimaginables.
Incluso las interpretaciones místicas de Rabbí Isaac Lurya Z"L
(ARIZ"L) -el Gran Cabalista, S. XVI, Safed- quien dio a conocer muchas de las
intenciones Cabalísticas que aparecen dentro del texto de la tefilá, apenas si logró captar
una ínfima parte de los tantos significados en que pensaron los Hombres de la
Gran Asamblea. Cada palabra del Shemoné Esré, es esencial, tanto por separado
como por dentro del contexto de la plegaria en sí. Su contenido era tan
profundo y sus efectos tan metafísicos y extraordinarios, que no podía atribuirse
a poetas sino sólo a profetas. Tratemos de comprender por qué.
LA LENGUA SAGRADA
El
hecho de que la oración sea "el habla del alma", que represente al
hombre en la cumbre de sus aspiraciones para elevarse a niveles mayores, nos
ayuda a comprender por qué el hebreo es la lengua de las plegarias. Es cierto
que los Sabios permiten que se rece en cualquier idioma (Sota 33a), pero no es algo generalizado,
ni iguala el hebreo, nuestra lengua sagrada, con otros idiomas. Las autoridades
Halájicas desaprueban la oración en otros idiomas (ver "Mishná Berurá" y "Aroj
Hashulján" a Oraj Jaim -Cap. 62 a 101). El Rambán -Rabbí Moshé Bar Najmán S. XII.
España- (Éxodo 30.13) muestra que el hebreo es la lengua que D's usó al crear el
universo y la lengua de la profecía. Es por ello, explica, que se la llama
nuestra Lengua Sagrada. Esto nos hace ver por qué los rezos adquieren mayor
santidad cuando se dicen en hebreo. Los comentaristas sostienen que ninguna traducción
puede captar todos los matices de la oración, ni las palabras proféticas de
D's, ni las composiciones sagradas de los Hombres de la Gran Asamblea y sus
grandes sucesores a través de los tiempos.
Pero
esto va aún más allá. Si uno reza en otro idioma no está cumpliendo con su obligación
a menos que comprenda lo que está diciendo; sin embargo, si ora en hebreo, está
cumpliendo con su obligación aunque no entienda las palabras (Ver Beur Halajá Oraj
Jaim 62).
¿Por qué? Lashón Hakodesh (la lengua sagrada) tiene virtudes
que trascienden el hecho de ser simplemente el lenguaje original de las
oraciones.
Al
referirse a la santidad original del Aleph-Bef (alfabeto hebreo) HaJyDa -siglas de Rabbí Jayyim
Yoseph David Azulay. S. XVI- responde a una pregunta que nos deja bastante perplejos.
¿Por qué debemos pronunciar las oraciones? ¿No sabe D's acaso qué hay en
nuestros corazones? ¿No sería mayor santificación de Su Nombre si El cumpliera
los deseos tácitos (no hablados) de los hombres? HaJyDa explicó que las
combinaciones de las letras -así como las formularon aquellos maestros que
compusieron las oraciones- tienen el poder de hacer surgir fuerzas que
sobrepasan nuestra imaginación. Así, pueden crearse nuevos alcances espirituales
por medio de la expresión verbal de los seres humanos. Para lograrlo debemos
articular las oraciones. ("Shem Hagedolim", artículo sobre el Rabino
Yitzjak de Ako).
Se
aplica la misma explicación al lenguaje de la oración. Los Hombres de la Gran
Asamblea tenían la habilidad y capacidad de combinar letras, versos e ideas de
tal forma que abrían las puertas del cielo. Su composición de la Tefilá es
equivalente a un acto de creación; es por eso que es tan importante no
desviarse de su lengua y de su formulación. Esto no tiene como intención
menoscabar la importancia de la comprensión y emoción que se experimenta en
esos momentos. Los mismos Sabios aprueban la oración en la lengua que uno
comprende, y es sin duda mucho más valiosa una oración bien entendida que una
plegaria en que se articulan sonidos sin entenderlos. Pero esto no disminuye en
absoluto la importancia de rezar en nuestra lengua sagrada; sólo recalca la
responsabilidad que tenemos de comprender las oraciones en su forma original
más sagrada.
ORACIÓN PLURAL
Cuando
el Rav Yishmael Kohén Gadol bendijo a D's, le pidió que todo el pueblo de
Israel gozara de Su misericordia.
La
naturaleza plural de su oración se refleja en todas nuestras súplicas,
principalmente en Shemoné Esré, en el que imploramos por todos y no sólo por el
individuo que reza y sus seres queridos.
Cuando
oramos en plural estamos en nuestro punto más sublime de oración porque sólo
rezando por el bien de Israel y del mundo entero podemos lograr plenamente que
D's otorgue Su beneficencia a toda Su creación. Incluso, cuando imploramos por
necesidades personales las incluimos dentro de una petición general.
Pueden
romperse nuestros corazones por enfermedad o pobreza, pero queremos que todo
Israel prospere y tenga buena salud. Y si debemos orar por nosotros, hagámoslo
con la esperanza de que nuestro beneficio servirá para engrandecer la Gloria
del creador, no la nuestra. Esto no significa que debamos menospreciar la
oración del individuo solitario que reza por su esposa, su hijo, sus cuentas o
por sí mismo. Alguien que está en los primeros peldaños de una escalera imaginaria
para llegar al cielo no debe sentirse avergonzado porque la meta parezca muy
lejana. Dejemos que se sienta más bien orgulloso y agradecido por haber cortado
los lazos del poder terrenal y por haber elevado sus miras.
¿Tiene
el hombre moderno menos necesidad de orar porque ha logrado controlar su medio
ambiente?
No, por el contrario. Debido a que se ha tornado tan poderoso, el hombre pierde
de vista el hecho de que la obtención de tanto poder obedece exclusivamente al
deseo de D's. La oración es un don de D's para ayudarnos a captar fragmentos de
verdad que nos permitan comprendernos y entender nuestro rol en el mundo, y así
posibilitar el cumplimiento de Su deseo de beneficiar al hombre. Bendigamos a
D's como lo hizo el Rav Yishmael Kohén Gadol, creando las condiciones que Le
permitan colmar a Sus criaturas de bendiciones.
El
primer paso para conocer a fondo la Tefilá es estudiarla y aprender el
significado de sus palabras. Una persona no debe sentirse avergonzada porque no
sabe reza como judío, pues siempre tiene la oportunidad de aprender a hacerlo.
Extraído de la revista El Kolel con permiso de su editor