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Shabat Shalom


No. 260-Shelaj Leja-2
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



UNA CUESTION DE HONOR

Una cuestión de honor

 

“…todos ellos se contaban entre los hombres, entre los principales de los hijos de Israel…” (Bamidvar 13,3)

 

 

Toda vez que en la Tora se menciona la palabra “hombre” (en nuestro caso “hombres”) es para darle más valor a esa persona, y en ese momento todos eran hombres aptos, correctos (Rashi).

 

Entonces, vemos que eran personas muy importantes, y más al ver que estaban agrupados junto con Iehoshua y Caleb... El Ramban nos agrega que el orden en que se enumeran no corresponde a la importancia de cada tribu sino a las virtudes de cada uno de ellos, ya que eran príncipes de las tribus, pero aunque podamos pensar que todos estaban a la misma altura, vemos que había diferencias entre ellos, tanto en edad como en sabiduría, y los versículos anteponen y dan los honores de ser los primeros a los que sobresalen por su inteligencia, sin importar a que tribu pertenecían...

 

Los versículos los califican como “hombres” (importantes) y aptos para la misión encomendada, y encontramos entre ellos a Caleb, en el tercer lugar y a Iehoshua, en la quinta posición. El versículo agrega que son las “cabezas” de los hijos de Israel, lo que se debe entender tal cual como está escrito, los hombres más grandes e importantes de la generación del desierto, la generación que tuvo el mérito que no tuvieron otras generaciones, la generación que recibió la Tora directamente de Hakadosh Baruj Hu.

 

Y nos corresponde intentar comprender como en tan corto tiempo, los hombres que acabaron de recibir la Tora, pudieron descender espiritualmente como en caída libre, en tan solo cuarenta días. Esos “hombres” que son llamados así para resaltar su condición de grandes personas, y entre ellos tan grandes como Iehoshua, el futuro maestro y conductor del pueblo de Israel, pasan de la categoría espiritual más alta hasta caer en la más baja mediocridad, hablando mal de la tierra de Israel, y convenciendo al pueblo de que las promesas de Hakadosh Baruj Hu son falsas, lo alenu...

 

Y no sólo eso, sino que renegaron a todo cuando dijeron: ...no podremos contra el pueblo porque es más fuerte... (la explicación común de la Tora indica allí que el pueblo que habita la tierra es más fuerte que el pueblo de Israel, pero Jazal nos explican en el tratado de Sota, hoja 35 y según las palabras de Rashi, que los espías tuvieron la intención de decir que ese pueblo era más fuerte que Hashem, jas veshalom).

 

¿Cómo explicar semejante descenso en sólo cuarenta días?, pregunta el rab hagaon Jaim Shmuelevich ztz”l.

Encontramos algo que nos puede ayudar a comprender esto en el libro “Mesilat Iesharim” (final del cap. 11), donde habla sobre lo inconveniente que resulta el deseo de honores, y como puede provocar que personas buenas caigan en sus redes y “desaparezcan” del mundo. Así escribe el Ramjal, el rab hagaon Moshe Jaim Luzato ztz”l: el deseo de honor fue lo que provocó, de acuerdo a la opinión de Jazal (Zohar Hakadosh sobre las palabras “todos hombres”), que los espías hablaran mal de la tierra de Israel, causando la muerte de ellos y de toda esa generación, a consecuencia del miedo de perder parte de sus poderes al ingresar a la tierra de Israel, al dejar de ser príncipes al entrar a la Tierra, siendo reemplazados por otros hombres...

 

Jazal nos han revelado el secreto, la carrera en busca del poder, del honor, el miedo a “perder posiciones”, a ser reemplazados por otros y quedar un poco más abajo, puede provocar la ejecución de un plan para convencer a todo un pueblo de que no es conveniente, ahora, entrar a la tierra de Israel, hablando mal de la tierra, y haciendo creer al pueblo que los habitantes de la tierra son tan fuertes, incluso, jas veshalom, más fuertes que el mismo Hakadosh Baruj Hu.

 

Porque el deseo del honor es un veneno, y el correr detrás de él, inclusive para personas tan importantes e inteligentes, los hace caer hasta el punto de renegar a su creencia, como nos dice el Pirke Avot (cap.4 Mishna 21), que el honor es una de las cosas que sacan a la persona del mundo...

 

Y encontramos algo todavía más grave, todo el miedo que tenían de poder ser reemplazados por otras personas, que dejarían de ser príncipes, ¿a qué se refiere? No estamos hablando aquí del príncipe de la tribu, ya que según el Baal Haturim estos príncipes no eran la persona más relevante de cada tribu, como está escrito ...cabezas de los hijos de Israel, y la palabra “hema”, en hebreo, tiene el valor numérico de cincuenta, que nos enseña que eran los encargados, los responsables de ocuparse de cincuenta personas, o sea, que había en el pueblo de Israel, seis mil encargados de “cien” y seicientos encargados de “mil” que estaban en una categoría más alta que ellos, y otros doce mil encargados de “cincuenta” que tenían la misma importancia que ellos, con lo que vemos, que estaban muy lejos de ser “la persona importante de la tribu”, y no podemos comprender cómo pudieron hacer semejante cosa, para mantener la categoría de seguir siendo encargados de “cincuenta”.

 

No se trata aquí de una gran pérdida de honor sino de la pequeña posibilidad de una insignificante disminución, a cambio de provocar que el pueblo de Israel no ingrese a su tierra sagrada en su debido momento.

 

Aprendimos que en el momento que la persona siente miedo a ser “tocada” hasta en lo más mínimo, pierde el control de su ser y se convierte en una aplanadora que destroza todo lo que se interpone en su camino para conservar su supuesta importancia, dejando de lado cualquier virtud o cualquier comportamiento que lo describa como una persona. Lo vemos en los espías, el miedo terrible de ser despojados del título de encargados de “cincuenta”, algo en realidad no tan importante, pero por no dejar ese lugar eran capaces de cualquier cosa. Y lo vemos todos los días en cualquier situación cuando una persona alcanza a ocupar determinada posición, siempre y cuando no sea el último escalón, enseguida aparece el miedo de que alguien lo pueda empujar más abajo. Y ese miedo obliga a la persona a crear defensas innecesarias, todo por culpa de ese deseo de proclamar “miren, estoy más arriba”.

 

Esta sensación, la necesidad de honores, resulta ser una cualidad desagradable además de ser en extremo peligrosa.

 

Pero, la búsqueda de honores se torna peligrosa solamente cuando se genera por el exagerado amor propio y por el gran deseo de honores. Hay una posibilidad de encontrar también algo bueno cuando una persona busque conseguir honores pero no por amor propio, sino por algún otro motivo, entonces, la búsqueda puede ser digna y hasta necesaria, como cuando buscamos honrar a nuestros semejantes, y podemos decir que cumplimos con un gran precepto, en el cual no existe ninguna prohibición.

 

Veamos por ejemplo, el caso que aparece en el libro de Shoftim (cap.11). Allí tenemos a Iftaj Haguiladi, en el momento en que se desencadena la guerra entre Amon y el pueblo de Israel. Los ancianos de Israel fueron hasta Guilad y le piden a Iftaj que se ponga al frente del ejército en la lucha con Amon. Iftaj les pone una condición para asumir el cargo, ser considerado la “cabeza”, el principal del pueblo de Israel.

 

Después está escrito que Iftaj le habló y le contó todas estas palabras al Bore Olam en Mitzpe, y Rashi explica: “todas estas palabras”, la condición que pidió a los ancianos de Israel, o sea, el pedido de ser considerado como el principal del pueblo de Israel, y entonces sí pelearía con Amon.

 

Aquí estamos frente a un claro pedido de honores: “yo seré el principal para ustedes”. Pero Rashi nos aclara que quien piense así se equivoca, ya que nadie puede llegar a ser tan sinvergüenza, ni la persona que se encuentre en la situación más desesperante, como para pedir honores delante de todo el mundo, y menos entonces, uno de los jueces del pueblo de Israel.

 

Además de realizar el pedido ante los ancianos del pueblo, después habla con Hakadosh Baruj Hu y repite todas sus palabras, como atestiguando la condición para ir al frente en la guerra.

 

Con total seguridad, Iftaj no corre detrás de los honores, sino que entiende que para poder vencer en la guerra, necesita que los soldados crean, valoren la capacidad de quien los lleva al frente, para que su moral esté en constante aumento, un factor determinante en cualquier emprendimiento. Para esto, Iftaj necesita que se lo considere el conductor del pueblo, un conductor con poder, para transmitirlo a sus soldados.

 

Esta era la pura intención de Iftaj, con lo que vemos que a veces, la búsqueda de honores es sana y necesaria. Por eso hasta pudo hablar sobre su pedido con Hashem, sabiendo que su pedido no era para su propio provecho sino a favor del pueblo, algo que está por encima de las cualidades normales de las personas.

 

En el caso de Shimshon Haguibor el versículo dice: …y Shimshon llamó a Hashem y le dijo… recordame, por favor, dame fuerzas, por favor, esta vez… y será una venganza por mis dos ojos contra los pilishtim (Shoftim, cap.16). Y Rashi explica: “recordame, por favor”, que Hashem recuerde los veinte años que Shimshon juzgó al pueblo de Israel y jamás le pidió a alguien que le mueva su bastón de un lado a otro. Una venganza, porque el premio debido al segundo ojo Shimshon lo quiere guardar para sí mismo, para el Olam Haba.

 

Y con esta venganza, Shimshon mató más personas en un instante que las que mató durante toda la vida, y todo esto gracias al mérito de no haber pedido jamás, a ninguno de los integrantes del pueblo de Israel, que le mueva el bastón de un lado a otro, ya que si hubiera hecho este pedido aunque tan solo sea una vez, no tendrían ningún valor sus ruegos para pedir venganza, ya que habría utilizado (o comido) el premio, como escuchamos en nombre del rab hagaon Israel Salanter ztz”l, que este mundo es un “hotel de lujo”, extremadamente caro, y que todo provecho que sacamos de él lo tenemos que pagar con valores que hubiéramos podido utilizar en el mundo venidero…

 

Y surge la pregunta: después de que Shimshon juzgó al pueblo durante veinte años, no cabe duda que fue honrado durante todo ese tiempo con los honores que un juez merece, con lo que “sintió” y recibió honores muchas veces, y mucho más de lo que puede significar pedir que le muevan el bastón de un lugar a otro, entonces, ¿cómo puede alabarse a sí mismo argumentando que no se adjudicó honores a cuenta del pueblo de Israel?

 

Así contestamos la pregunta, Shimshon alcanzó la cualidad de “igualdad”, y de todos los honores con que fue honrado, no tomó ningún provecho, como si en su lugar hubiera sido honrada otra persona, con lo que encontramos que en los veinte años durante los que juzgó a Israel no se permitió hacer uso del honor.

 

Y todos nosotros podemos llegar a esta categoría. Mientras todo el mundo corre detrás del honor, detrás del nombre y del poder, podemos mantener un perfil bajo para no enfermarnos, para no sentir necesidad de honores.

 

Dijo Moshe Rabenu: no tomé de ellos ni siquiera un burro… (Bamidvar 16,16), y Rashi explica: cuando viajé desde midian hacia egipto, subí a mi esposa y a mi hijo sobre el burro, y yo debía haberme subido al burro, y no lo hice…

 

Así como podemos llegar a esto, también debemos intentarlo con todas nuestras fuerzas, sin dejarnos deslumbrar por el falso brillo de los honores, buscando que el honor sea para nuestros semejantes.

 

Sabiendo, que a pesar que la búsqueda del honor resulte ser algo despreciable, hasta sin medida, esto es así cuando lo buscamos para nosotros, pero cuando resulta ser para los demás, estamos obligados a intentar encontrarlo por todos los caminos, poniendo todo nuestro esfuerzo…

 

Sijot Musar.

 

 

 

Leiluy Nishmat  Harav Hagaon Moshe Shlomo Halevi ben David  זצ"ל

 

 

 

 

 

 

 

 




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