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Vida judía


Conviviendo en família
Por. Rav Elchanán Hertzman Z



Las personas que no se sienten cómodas con el trato y la proximidad del otro porque a este no le gusta la familia de la que pro

Las personas que no se sienten cómodas con el trato y la proximidad del otro porque a este no le gusta la familia de la que proviene el otro o el otro no soporta la forma de actuar del uno, se parecen a un alimento en el que se quieren mezclar ingredientes que no pueden mezclarse y, por lo tanto, no se puede cocinar con ellos un plato digno de ese nombre.

 

La sociedad se compara a un guiso; cada cual tiene que aportar a él parte de su gusto y de su aroma. Y la Tora es el fuego que lo cocina y lo convierte en un manjar apropiado y dulce para todo paladar judío.

 

Lo mismo sucede con la vida familiar. Las dos partes tienen que mezclarse y fundirse y cada uno de ellos ha de aportar su sabor a la vida conjunta y al objetivo que ambos persiguen de construir una familia.

 

Desdichadamente, se dan muchos casos de padres que miman a sus hijos inculcándoles una especie de idea de su propia superioridad frente a los demás, con lo que éstos acaban por convencerse de que en verdad son más guapos y más listos. Es un tipo de sentimiento muy fácil de adquirir y de acostumbrarse a él, pero muy difícil de extirpar y desarraigar. Cuanto mayor se hace el niño, más crece junto con él su sentido de la superioridad; cuando llega el momento, es difícil encontrarle esposa porque necesitaría una especie de creatura nueva especialmente creada para él en los seis primeros días de la Creación, que se parezca él y haya crecido en una casa igual que la suya con padres parecidos a los suyos, con las mismas alabanzas edulcoloradas desde la cuna hasta llegar al palio nupcial.

 

Cuando por fin encuentre una compañera, su vida con ella estará llena de amarguras a no ser que ella posea un carácter muy especial, esté dotada de virtudes excelsas y sepa comportarse con él con infinita paciencia.

 

En todo conflicto y discusión, triunfa siempre aquél que es más fuerte y más agresivo. Pero en la vida familiar, entre marido y mujer, las cosas suceden de otra forma. Justamente el que hace como si no oyera los insultos y cierra los ojos a los ataques y defectos de la otra parte, es quien al final sale vencedor. El que se esfuerza por mantener la paz y el respeto en el hogar, es el que merece alabanza y aprecio. Con cada nuevo niño que llega al mundo, se acentúa el cariño y la casa se convierte en un nido de tranquilidad y felicidad.

 

Las riñas sólo pueden prolongarse si las dos partes se involucran en ellas y ambos siguen agregando argumentos. Pero si uno de los dos se aguanta y guarda silencio sin tomar nota cuidadosa de los defectos del otro y no pasa el tiempo trayendo a colación sus fracasos y las palabras que dijo y no debería haber pronunciado, entonces las discusiones no pueden seguir creciendo y se van calmando. En esos momentos, responder es como echar gasolina al fuego y callar, como echarle agua.

 

El cónyuge termina por apreciar su paciencia y su silencio, y empieza a dirigirse a él con cortesía, al principio sin exteriorizarlo y después también reflejándolo en su relación hacia él. Hasta que llega el día en que le dice: "te felicito y quiero que sepas que aprecio tus cualidades. ('D-s acepta los caminos del hombre' etc.). Yo no podría tener tanta paciencia ni aguantar aunque fuera un rato en compañía de un loco como yo". Esto, puede decirlo en broma, insinuarlo o expresarlo por medio de un silencio más elocuente que las palabras. Porque una persona tiene que ser muy grande para reconocer la verdad. Aunque no lo queramos, vivimos en un mundo de falsedad y toda manifestación de la verdad, sea cual fuere, es de por sí un anuncio de paz. Tal como está escrito: "amen la verdad y la paz".

 

Cualquier persona tiene defectos y cuando se esfuerza por corregirse, sirve de ejemplo a los demás para que hagan otro tanto. Esa es la forma apropiada de enseñar a otro cómo comportarse y llevar a otros a que se enmienden, y no por medio de críticas humillantes que pueden estimular los malos rasgos de carácter y estropear en lugar de arreglar.

 

Biografía del autor:

Nací en Janucá del año 1916 en el pueblo de Assina/ Nissana cerca de Dubenka. En el pueblo no había más que diez familias judías. Las dos ciudades más grandes de las cercanías eran Jelmo y Robashov, en la provincia de Lublin. Debido a mi origen, en las yeshivot me llamaban "der Dubenker".

Mis padres fueron Rab Shmuel y Tzipora (nacida Waikerman) Hertzman z"l. Mi padre era "melamed" y enseñó a muchos niños en la ciudad de Tishevitz.

Estudié con "melamedim" en Nissena. Recuerdo sobre todo a Reb Moshe Ehrlich que vivía en Dubenka. También estudié con Reb Libe Segal de la ciudad de Sparish. Después proseguí mis estudios en las yeshivot Novordok de Jelmo y Ichiutzmir y, más tarde, en la yeshivá de Karlin en Lunentz, bajo la dirección de Rav Yosef Berkowitz. Asimismo, estudié con el Rav Eljanan Wasserman en Baranowitz y con el Rav Boruj Ber Lewovitz en Kamenitz. Tras un período en la yeshivá Jajmei Lublin, me integré a la de Mir y con ella, me radiqué en Shangai durante la Segunda guerra mundial . En esa ciudad pasé a formar parte del círculo de allegados de mi querido maestro, Rav Yejezkel Levenstein z"zl. Por misericordia del Todopoderoso, sobreviví a la conflagración en Europa y me instalé en Estados Unidos donde tuve el privilegio de enseñar a generaciones de estudiantes.

Deseo presentar una ofrenda ante Hashem, bendito sea, para su misericordia con mis martirizados padres z"l así como con quienes se han encargado de imprimir mis obras. Que el mérito del esfuerzo de estos últimos por diseminar valores genuinamente judíos, acerque la Redención Final.

Rav Hertzman z"zl falleció sin dejar hijos, su pedido fue que si sus escritos aportaron algo de valor que estudien por su alma Mishnayot y que reciten los Salmos 16, 32, 41, 42, 59, 77, 90, 105, 130, 150 y con el mérito de esto obtengan satisfacción de sus hijos, misericordia y éxito en cuanto deseen.

Le Ilui Nishmat, para el eterno recuerdo de Rav Eljanan ben Shmuel Hertzman.





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