בס"ד
PERASHAT MATOT-MASE
QUE EL MASHIAJ SE
LLEVE A LOS PIRATAS
Otro año, y otro año, y el Mashiaj no viene, el Beit
Hamikdash continua en ruinas, y nosotros volvemos a entrar en “duelo” en estas tres
semanas, en los días conocidos como “Ben Hametzarim”. Las costumbres del duelo
en estos días van en aumento. Desde el 17 de tamuz hasta el principio del mes
de “ab”, tenemos un duelo, al que podemos llamar “leve”. Desde “Rosh Jodesh” en
adelante (para los ashkenazim), o en la semana en que cae Tisha Beab (para los
sefaradim), el duelo se vuelve mayor. La víspera de Tisha Beab tiene leyes
particulares. Y el momento más grave es el día de Tisha Beab.
Las costumbres del duelo, quieren hacernos ver, o
sentir, por lo que ahora nos falta. Pero, en verdad, durante todo el año
tenemos preceptos "en recuerdo del jurban". Frente a la entrada de
nuestras casas dejamos un cuadrado de 60 cm. de lado sin revoque, en los
compromisos rompemos un plato, en los casamientos rompemos un vaso y ponemos
ceniza en la cabeza del novio, todo en recuerdo de nuestro Beit Hamikdash. Está
prohibido "llenar" nuestras bocas con risas, tampoco se puede cantar
mientras se toma vino, y otros preceptos que tienen todos en común disminuir
las alegrías, sabiendo que nuestro Beit Hamikdash todavía está en ruinas...
Podemos suponer que si hubiéramos vivido en la época
de la destrucción del Beit Hamikdash, nuestra "relación" con el
jurban sería totalmente distinta. Trae el Midrash, que cuando estaban destruyéndolo,
muchos de los Cohanim que lloraban allí se arrojaban al fuego. Y escuchamos en
nombre del rab hagaon Iejezkel Levinstein ztz"l, que decía que era muy
comprensible que los Cohanim se tiraran al fuego, lo que no se podía entender
era como había algunos que "no se tiraban"! Vemos entonces que quienes
"vivieron" la destrucción, quienes la vieron con sus ojos, tuvieron
un sufrimiento muy, pero muy profundo. Y con el paso de los años, se hace cada
vez más difícil sentir lo que sería digno sentir por Ierushalaim y el Beit
Hamikdash.
El "Ramó", cuenta en su libro "Torat Haola", que platon, el gran filósofo griego, fue
a Ierushalaim junto con nebucadnetzar. Después de la destrucción del Beit
Hamikdash, pasaron por entre las ruinas y vieron a Irmiahu Hanavi sentado,
llorando por la destrucción.
Platon se asombró: ¿cómo puede ser que vos, Irmiahu,
el gran sabio y profeta, llora por unas maderas y unas piedras? Y agregó otra
pregunta: ¿cuál es la finalidad del llanto, el Beit Hamikdash ya está
destruido, y no es digno de un sabio llorar por el pasado?
Irmiahu le contestó con una pregunta: ¿Acaso tienes
dudas filosóficas que ninguna persona pueda resolver? Parece que tu ciencia no
alcanza para comprender la gran sabiduría de la Tora. Pero vos hacés creer a
todo el mundo que tu ciencia es lo más grande, ¿cómo es posible que entonces
tengas dudas?
Desde luego, contestó, tengo muchísimas dudas que ni
yo ni nadie en el mundo puede contestar...
Vamos a ver, empezá a preguntar, inquirió Irmiahu, mostrame
tus dudas que estoy preparado para aclarártelas una por una!
Y como dijo, así fue. Platón preguntó e Irmiahu
contestó como si las preguntas no fueran preguntas. El gran filósofo quedó helado, y llegó a pensar que estaba parado
frente a un "extraterrestre", ya que de acuerdo a su sabiduría no había
persona que pudiera
contestar sus preguntas, entonces, por la deducción de un sabio, sin ninguna persona en el mundo podía
contestar sus preguntas, y el profeta contesó, entonces Irmiahu no podía ser
una persona...
Vos estás sorprendido por mis respuestas, pero más te
va a sorprender el saber que toda la sabiduría que te acabo de mostrar la
adquirí de estas maderas y piedras! Esto responde tu primera pregunta (por qué
lloro sobre maderas y piedras). A tu segunda pregunta, de como un sabio llora
por el pasado, no puedo contestarte porque no estás preparado para comprenderlo.
El Saba Mikelem agrega sobre la segunda pregunta, que es muy
sencilla su respuesta. Nosotros no lloramos por el pasado, lloramos por el
futuro, para que las puertas de las lágrimas no se cierren, y que por el mérito de éstas podamos ver
el Beit Hamikdash construido. Irmiahu no le contestó, porque este gran filósofo
griego nunca podrá entender esto. Por eso, dice el Saba, debemos
"despertarnos" y apreciar cuán grande es la santidad del alma de
un iehudi. Una cosa tan
simple que cualquier iehudi puede entender, para el más sabio de cualquier otro
pueblo resulta incomprensible, inalcanzable...
De todas formas, el llanto de Irmiahu, nos muestra el
sentimiento de la generación que "vivió" el jurban Beit Hamikdash. La
forma de vida mientras el Beit Hamikdash estaba en pie, y la tristeza del después,
era como decir "blanco y negro".
Esto también se reflejaba en la santidad, en la
pureza y en la calidad del estudio y del entendimiento de la Tora. Sobre esto está
escrito en la Meguilat Eja: "cuando vivimos gobernados por otros pueblos,
no hay Tora", mostrándonos que el entendimiento de la Tora se debilita, mientras
estamos viviendo en el destierro. Y este es el motivo por el cual, cuando
pedimos que se reconstruya el Beit Hamikdash, agregamos y pedimos tener nuestra
parte en la Tora, porque
una cosa depende de la otra: sheibane Beit Hamikdash bimera beiameinu...
veten jelkenu betorateja, que se construya el Beit Hamikdash y que Hakadosh Baruj Hu nos
entregue nuestra parte en Su Tora…
Y nuestra situación, lamentablemente, se compara con
la de los animales en el zoológico... Cuando "cazan" a un animal y lo
llevan al Zoo, este animal no piensa en otra cosa que escaparse, no puede
soportar la jaula, quiere su vida en libertad. Pero sus hijos, y las generaciones siguientes, que
nacieron "allí", y no sintieron jamás lo que es la libertad, no
piensan en escapar. Así también David Hamelej nos muestra esta situación en su
Mizmor: "ani abdeja ben amateja...", si yo fuera el esclavo que
vendieron, pensaría en escapar, ahora que soy la segunda generación de
esclavos, no hace falta atarme, no tengo intenciones de escapar...
Estos ejemplos nos muestran que estamos muy lejos de
sentir "algo" por el Beit Hamikdash, al menos si hubiéramos escuchado
de alguien que lo vivió, o de alguien que escuchó de alguien..., pero después
de un destierro de 2000 años...
El gaon hatzadik Eliahu Lupian ztz"l solía contar que en su
juventud había gente que iba a los Beit Haknesiot en estas semanas, a decir el Tikun
Jatzot, y ¿quiénes
iban?... todos, o casi todos! Se sentaban en la tierra y lloraban. Hoy puede ser que algunos elegidos estén preparados para sentarse y llorar
en Tisha Beab... Más años pasan, más difícil sentir...
Cuentan sobre rabi Najum Mishernobil, que recorría los pueblos tratando de
acercar a los iehudim al Todopoderoso. Un día, al llegar a una pequeña aldea,
se dirigió a una hostería familiar para pasar la noche que era propiedad de un
iehudi muy sencillo. En la mitad de la noche se despierta la señora del dueño y
le dice al marido: "andá rápido al cuarto del iehudi que llegó hoy, y
fijate qué le pasa. Escucho llantos que vienen de su pieza. Y nuestra obligación
es preocuparnos por la salud de nuestros hospedados, que están bajo nuestro
techo."
El hombre entró al cuarto de rabi Najum y lo vio
sentado en el suelo llorando. ¿qué le pasa, rabi iehudi?... Está todo bien, contestó rabi Najum, ¿sabés por qué
estoy llorando? Porque estoy diciendo el Tikun Jatzot.
En mi vida escuché semejante cosa, dijo el hostelero.
Rabi Najum le preguntó: ¿acaso no sabés que
nosotros teníamos el Beit Hamikdash, y que fue destruido?, ¿no sabés que desde
entonces estamos en el destierro y rodeados de sufrimientos? Por eso lloramos
por este destierro y rogamos por la pronta venida del Mashiaj. ¿O acaso tampoco
querés que venga el Mashiaj y que subamos todos a Ierushalaim?
Las últimas palabras ya molestaron un poquito al dueño
de casa, no entendía de lo que hablaba rabi Najum y se sintió avergonzado al no
saber nada: yo no sé si queremos subir a Ierushalaim, me aconsejaré con mi
esposa...
Fue y le contó todo a la esposa y ella le dijo: andá
y decile que nosotros nos quedaremos aquí, no podemos asociarnos en el viaje a
Ierushalaim, no tenemos con quien dejar a nuestras ovejas y gallinas...
Aparentemente, era tan sencillo este hombre, que no
sabía dar un paso sin preguntarle a su esposa. Cuando el hombre volvió con los
dichos de su señora, rabi Najum le preguntó, ¿y qué van a hacer si vienen
los piratas (que
abundaban en ese lugar) y les roban todas sus pertenencias?, ¿alquien puede
asegurarles que después de que ellos pasen por aquí ustedes queden con vida?...
El hombre, nuevamente sin respuestas, volvió a
pedirle permiso al rab para consultar la situación con su señora y ésta le mandó
a decir: si es así, que el Mashiaj se los lleve a los piratas a Ierushalaim,
y nosotros nos quedaremos acá...
Esto que parece cómico es por demás triste, porque
pone de manifiesto cuán lejos estamos de esperar al Mashiaj. Veámonos un poco
por dentro, y encontraremos que no somos mejores que el hombre del relato. ¿Acaso
nosotros esperamos en verdad la llegada del Mashiaj? Seguro, pero también
queremos que, mientras tanto, nuestra situación particular esté cada vez mejor.
Que nuestra vida espiritual sea "rica", que podamos crecer
espiritualmente y por supuesto, también materialmente. Queremos que no haya más
guerras. Queremos que no haya pobreza. Que tengamos salud... Pero como todo
esto que queremos, lo queremos aunque el Mashiaj no llegue, puede ser que nos
estemos conformando sólo con esto.
Entonces, ¿somos realmente diferentes a la pareja de
hoteleros? La esperanza en la venida del Mashiaj es fundamental para
poder ver el Beit Hamikdash reconstruido y para poder vivir una vida espiritual
totalmente opuesta a la nuestra.
Lekaj Tob.