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Minisite sobre Elul y los Yamim noraim


Soy judío y permaneceré judío mientras viva
Por. Rab Nissim Behar z"l



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EL EPISODIO DEL RAV AMNON

 

En el siglo XI vivía en la ciudad de Magunsia (Meintz) el gran Sabio Rabí Amnon, personalidad de gran valor, que era amado y considerado tanto por los judíos como por los no-judíos.

 

Aún el duque de Messe, gobernador del país, lo estimaba y respetaba a causa de su inteligencia y gran sabiduría y frecuentemente le invitaba a su palacio para pedirle consejos en asuntos de estado.

 

El Rav Amnon nunca aceptaba remuneración alguna por los servicios que rendía. Solo utilizaba sus contactos y su influencia para solicitar del duque una mejora en la situación de los judíos y eventualmente la anulación de decretos contra ellos .El duque no rehusaba a su pedido y los judíos vivían en ese país en condiciones relativamente buenas.

 

Sin embargo, los consejeros del duque veían con mal ojo y con envidia los honores y el respeto de que gozaba el Rav Amnon. El más envidioso de todos era el asistente personal del duque, que buscó desprestigiar al Rav Amnon a sus ojos. Un día le dijo al duque:

"Excelencia, ¿por qué no persuade usted. al Rabino Amnon de hacerse cristiano como nosotros? Los honores y los favores de que goza en su palacio podrían muy bien persuadirlo a dejar su religión y adoptar la nuestra"

 

El duque aceptó la idea y convocó al Rav Amnon a su palacio. Se dirigió a él en estos términos:

"Mi querido amigo, Rabino Amnon, conozco su lealtad y aprecio los importantes servicios que Ud. ha rendido a nuestro país durante muchos años, con espíritu de abnegación y dedicación. Ahora le quiero pedir un favor personal. Conviértase a nuestra religión y será Ud. colmado de honores y de riqueza, y llegará a ser el hombre más importante del estado".

 

El Rabino palideció y durante un largo rato no pudo contestar. Al final se recuperó y respondió:

"Excelencia, he sido durante mucho tiempo su fiel servidor, y el hecho de ser yo judío no acarreó ningún perjuicio al reinado. Al contrario, mi religión me ordena dedicarme en cuerpo y alma al país donde vivo. Estoy dispuesto a sacrificarle toda mi fortuna e incluso a entregar mi vida. Sin embargo existe una cosa que no puedo abandonar: mi fe. Estoy atado a mi religión y a la religión de mis antepasados por un pacto de alianza, y jamás podré separarme de ella".

 

"Escuche, Rabino, le dijo el duque, tiene Ud. dos alternativas: convertirse al cristianismo o atenerse a las consecuencias que acarrearán su rechazo".

 

Desconcertado, pidió el Rav Amnon al duque le concediera tres días de reflexión. El Rav volvió a su casa con el corazón quebrantado y durante tres días permaneció en ayunas y en rogativas a D-s. Decidió no ir a ver al duque.

 

Al pasar el plazo de tres días sin que se presentara el Rabino, el duque se enojó mucho con él y ordenó que lo trajesen atado con cadenas. Este había cambiado tanto durante estos tres días, que el duque tuvo dificultad en reconocerle. Sin embargo, descartó todo sentimiento de simpatía y se dirigió a él con mucha dureza:

 

"Seguramente, después que tuviste la osadía de desobedecerme, estarás decidido a convertirte".

 

— "No, Excelencia, contestó el Rav Amnon con valentía. Mi respuesta es que soy judío y permaneceré judío mientras viva".

 

Aumentó el furor del duque quien le dijo:

"Ya no se trata ahora de tu conversión, sino de tu desobediencia a mi orden de presentarte con tu respuesta. Recibirás el castigo que mereces: Tus piernas que rehusaron venir ante mí serán cortadas".

 

La sentencia fue ejecutada y el Rav Amnon fue llevado a su casa con las piernas amputadas. Era el día de Rosh Hashana.

 

Esta trágica noticia se propagó a toda la ciudad. Este día de Juicio fue un día de consternación y angustia general.

 

A pesar de sus terribles sufrimientos, pidió el Rav Amnon que le llevaran a la sinagoga. A su demanda le colocaron frente al Aron Ha-kodesh. Toda la asistencia, hombres, mujeres y niños lloraba de dolor y emoción al ver la agonía de su querido Rabino.

 

En el momento en que el Hazan se preparaba a recitar la oración del Musaf, el Rav Amnon le pidió que se detuviera. Un gran silencio reinó en la sinagoga y entonces entonó el Rav Amnon la oración: "Untane Tokef".

Con la voz quebrantada por el dolor y el sufrimiento Rav Amnon dijo:

"Relataremos con firmeza la santidad de este día, porque él es impresionante y terrible.

En él Tu reinado será enaltecido, Tu trono será firme con amabilidad y Tu Te sentarás sobre él en la verdad.

Es cierto que Tu eres el único juez, Quien, prueba, sabe, y es testigo.

Quien escribe y sella, (recuenta y calcula), Quien se acuerda de todo lo que estaba olvidado.

Se abrirá el libro de las Crónicas y de él se leerá, y la firma de todos los hombres está en él.

Y el gran shofar se hará sonar y una voz melancólica y suave se hará escuchar.

Ángeles acelerarán, y el temblor y el terror los alcanzará - y ellos dirán: 'He aquí el Día del Juicio, para reunir las huestes celestiales, para el juicio! "- Porque no pueden justificarse ante Tus ojos en el juicio.

Toda la humanidad va a pasar delante de ti como miembros de la manada.

Como un pastor pastoreando a su rebaño, las ovejas pasan por debajo de su báculo, así pasaran, se contarán, y calcularán y se considerarán las almas de todos los vivientes, y serán fijadas sus necesidades y escribirás su veredicto"

Al llegar a las palabras: "Él es nuestro D-s, nuestro único D-s", las pronunció en voz alta, con sus últimas fuerzas y súbitamente desapareció de la sinagoga sin que nadie le viera más.

 

Tres días después de su desaparición, vino en sueños al Rav KIonimos ben Meshulam y les enseñó el texto completo del poema "Untane Tokef" pidiendo que se propagara en toda la diáspora.

 

Las palabras del esta horación continúan hasta llegar a la declaración “Uteshuva, Utefila, Utzedaka Maavirin et roa hagezeira” Y el arrepetimiento, Y las plegarias, Y la caridad, eliminarán el mal decreto.

 

El Shofar

El mes de Tishri trae bajo sus alas los siguientes regalos para toda la casa de Israel: el Shofar, la Teshuva, el perdón, la pureza, la fe y la alegría.

 

El objetivo de esos regalos es el de despertar el corazón de cada judío, y procurarle la fuerza de santificarse y de fortificarse.

 

Ellos son los ramos del árbol que el mes de Tishri plantó en nosotros para que gocemos de sus frutos. Si quieres, tú también puedes beneficiarte con ellos. Pero si deseas que estas frutas se maduren, has de arraigar el árbol en tu corazón.

 

El Shofar derroca la ilusión de que dependemos del materialismo, y nos hace sentir la base espiritual de nuestra vida, apela a nuestra conciencia judía e inspira nuestro deseo de servir a D-s.

Los diez días de penitencia nos guían al verdadero camino: al santo día de Kipur, día que nos da la fuerza de romper con el pasado, y mediante e! perdón y la expiación, nos abre un nuevo campo de vida pura, sana, clara y segura.

El Shofar es el más precioso aporte de Rosh Hashana. Así como D-s reunió a Israel alrededor del Monte Sinaí con la voz del Shofar, en el futuro D-s reunirá a los exiliados con la voz del Shofar; así como la voz del Shofar proclama la libertad de todo esclavo judío y el retorno de los campos a sus dueños, así nos llama la voz del Shofar en el mes de Tishri. Es el llamamiento de D-s para que retornemos a Él, liberándonos de la esclavitud del materialismo. Él llama a los alejados y a los extraviados para que recuperen su identidad: es un llamamiento a toda persona sensata, para que se eleven a un gra

do de verdadera felicidad, fruto del esfuerzo moral y espiritual.

 

¡Hijo de Israel! escucha bien la voz del Shofar, que viene a cambiar toda la conducta de tu vida: tus pensamientos, tus sentimientos, tus actos, tu modo de hablar, en todo lo que transgreden al orden de D-s. Es tu deber luchar con toda tu fuerza, para transformar todas tus relaciones materiales y sociales. El Shofar te procura la fuerza y el deseo de dedicarte en cuerpo y alma al servicio de D-s. Solamente Él, que conoce todos los pensamientos de la persona, recibirá entonces tu sincera Teshuva y serás inscrito en el libro de vida, que sea la memoria de Rav Amnon Bendita y sus méritos nos amparen. Amen.

 

Extraído y adaptado del libro "Los días solemnes de Rosh HaShaná y Yom Kipur" con la autorización de la família del autor




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