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EL
TESORO “PESADO”
Issajar, como un burro con
huesos fuertes...
(Bereshit
49,14)
Como un burro
con buenos huesos, que lleva la carga de la Tora como el burro fuerte al que le
colocan encima una pesada carga. Y anda de día y de noche, porque no tiene un
lugar fijo para descansar, por eso, descansa con su carga a cuestas, en los
límites de las ciudades (Rashi).
El Jafetz
Jaim, escribió en su libro “Shem Olam”, algunos consejos prácticos
para nuestro estudio de la
Tora, que los aprendemos de la bendición que Iaacov Avinu le da
a su hijo Issajar.
Encontramos
aquí, la forma en la que se debe conducir un estudioso de la Tora, que tiene la obligación
de estudiar tanto de día como de noche, sin preocuparse ni por descansar ni por
los placeres del mundo material.
Este Talmid
Jajam, puede descansar “un poquito” cuando termina de estudiar un tratado de
la Guemara, y,
como es la costumbre, hará una fiesta para honrar a la Tora. Y ahora, ya está preparado para
retornar y comenzar a estudiar otro nuevo tratado, estudiando de día y de noche,
de la misma forma que el burro se comporta con su carga, que hasta duerme con
ella.
Y esto es lo que
dijeron Jazal (Tratado de Avoda Zara, hoja 5): la persona debe poner
siempre las palabras de Tora sobre sí mismo, igual que el toro hace con el
arado, igual que el burro con su carga. El toro fue creado para arar la tierra,
arrastrar el arado. Esta parece ser la condición, ya que mientras arrastra el
arado, también se va alimentando, comiendo de los pastizales, y esta tierra
después brindará sus frutos. Es una condición recíproca, el hombre hace trabajar
al toro y mientras trabaja, cobra su salario, comiendo. El resultado de esta
combinación son los frutos que la tierra dará más tarde.
La misión del
burro es transportar la cosecha después de que creció y fue extraída de la tierra. Y así, salvando las
diferencias, debemos ocuparnos del estudio de la Tora. Primero hay que
“ocuparse”, esforzándonos para comprender las palabras de la Tora. Más tarde, cuando
las cosas ya están más claras, llegó el momento de trabajar con
la Tora, y hacer
que esas palabras lleguen al corazón, como decimos todos los días en el Keriat
Shema, ¿y esto para qué?, ya nos advierte la Tora que si no hacemos así corremos el
riesgo de que, lo alenu, estas palabras se escapen de nuestros corazones, por
eso, repasando y volviendo a estudiar, además de aprender cada vez más, no
corremos el peligro de olvidar...
¿Y por qué los
jajamim acentuaron el “poner siempre” las palabras de Tora en nuestro corazón?
Para que no pensemos que esto debemos estudiar y esto no, porque puede ser que
este tema ya lo estudió otra gente, más sabia que nosotros, entonces, ¿para qué
tengo que estudiar también esto? No digamos así, dijeron Jazal que un
bebé sigue chupando del pecho de su madre siempre que sienta el gusto de la
leche, aunque casi no le quede leche a la madre, mientras el bebé siente el
gusto, sigue chupando, y así es con las palabras de Tora. Cada uno de nosotros
tiene la Torat
Jaim, en algún rincón, en nuestro interior, como está escrito
en el “Tana Debe Eliahu”, que cada iehudi tiene preparada su parte. Por eso este
“siempre” tan remarcado nos indica que nuestra obligación está en cada parte de
la Tora, como si
nunca haya sido estudiada, y en el momento de estudiarla y comprenderla, gracias
a nuestro estudio, florecerá, como la tierra que fue arada y trabajada por
primera vez.
La bendición para Issajar continúa, hablando del
descanso y de la pesada carga que lleva. Y preguntamos, ¿cuál es la carga tan
pesada para los que estudiamos la
Tora? La
Tora es dulce como la miel, ¿puede ser una carga pesada? El
Jafetz Jaim nos trae un ejemplo sobre esta pregunta, y cuenta sobre un hombre
rico, vendedor de piedras preciosas, que viaja hacia una tierra lejana para
comprar su mercadería.
Llevó gran
cantidad de dinero para hacer sus compras, y tenía separada una parte que estaba
destinada al viaje de ida y vuelta. Llegó a destino y usó todo el dinero que
trajo invirtiendo en piedras preciosas, y sólo le quedó el dinero destinado para
el viaje de vuelta.
Ya estaba
emprendiendo el regreso, cuando lo intercepta uno de los vendedores del mercado
para ofrecerle un gran negocio. Le explica que está muy necesitado de dinero,
por lo que le ofrece unas piedras magníficas a un precio increíble, es la gran
oportunidad para concretar el mejor negocio de su viaje.
Pero nuestro
comerciante ya usó todo su dinero, y le explica que ya no le queda dinero para
hacer más compras. El vendedor le pide que aunque no pueda comprar las piedras,
que al menos las vea, para entender de lo que estaban hablando, así comprobaría
que nunca en la vida había visto piedras semejantes...
Y efectivamente,
al ver las piedras, el hombre quedó maravillado, las piedras eran muy valiosas,
y el vendedor, por su necesidad las vendía a un precio muy
bajo.
Ahora estaba
confundido, por un lado era una tontería desperdiciar este negocio, pero, por el
otro, si le compraba las piedras, ¿cómo haría para solventar los gastos del
viaje de regreso? Después de pensar un rato, llegó a la conclusión de que era
imposible dejar pasar la oportunidad, y con el viaje se podía arreglar con
algunas “privaciones”, que de todos modos serían
temporarias.
Usó el noventa
por ciento del dinero destinado al viaje para las piedras, y sacó un boleto
“clase turista”, en lugar de su acostumbrada “primera clase”. Cuando llegaron al
primer lugar de descanso, no alquiló una pieza en el hotel de lujo ni tampoco
encargó los manjares de siempre. Durmió en las habitaciones destinadas a la
gente pobre y comió con ellos. En una de las paradas, se encontró con un amigo
que le preguntó: ¿sos vos?, ¿vos sos el hombre millonario que yo
conozco?
-Sí, soy yo,
contestó. -Entonces, ¿qué hacés entre la gente pobre?
Vos sabés muy
bien cuánto puede sacrificarse un hombre para ganar unos pocos pesos. Ahora,
todo el sufrimiento que estoy pasando, me permitirá ganar varios millones. Y le
contó el negocio que pudo concretar con la plata destinada al viaje de regreso.
Al finalizar el relato le mostró las piedras, y al verlas dijo: puede ser,
realmente puedo entender que la compra era obligatoria, lo que no puedo entender
es cómo podés soportar estas terribles penurias, cómo podés viajar en esta forma
tan incómoda!
-En verdad, contestó el vendedor,
por momentos tengo esos pensamientos, pero recupero la alegría abriendo la caja
y observando las piedras...
Lo mismo ocurre
con nosotros cuando nos resignamos a determinados, digamos “placeres” de este
mundo para conseguir más Tora y más buenas acciones, que son las piedras
preciosas más grandes y valiosas que podemos encontrar aquí. Y sobre esto ya
está escrito en el Pirke Avot: así es el camino de la Tora..., donde quiere enseñarnos
cómo conducirnos en estos días contados en el Olam Haze, en la forma más
sencilla posible en cuanto a comida, bebida y vivienda, de acuerdo a la
importancia que merecen.
Así, estaremos
en condiciones de adquirir nuestra parte de Tora, que será mejor que
cualquier bien material. Y a cambio de ese posible sufrimiento en el Olam Haze,
conseguiremos satisfacciones y placeres que perdurarán
eternamente.
Y aunque podemos
asegurar que el alma, tan espiritual, acepta plenamente este gran negocio, ya
que en un tiempo corto (para el alma) la mercadería adquirida fue comprada a un
precio muy bajo, de todas formas, nuestra parte material, no del alma sino
nuestro pensamiento natural, se opone a este tipo de negocios que demandan
sacrificios por adelantado.
Para inclinar la
balanza hay que pensar y mucho en lo que el esfuerzo para conseguir Tora y
buenas acciones sirve tanto para el alma como para vencer al instinto del mal.
Así lograremos que este esfuerzo no sea una carga, como dice el versículo:
veremos el descanso que es bueno, ese es el Gan Eden que nos espera, en premio a
nuestro esfuerzo.
Lekaj Tov.
Leiluy
Nishmat Alberto Abraham ben Amalia
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