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Shabat Shalom


Cuando quiera tu compañero
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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CUANDO QUIERA TU COMPAÑERO

Porque Iom Hakipurim no perdona los pecados entre un hombre y su compañero hasta que sea la voluntad del compañero, hasta que el compañero sienta que le están pidiendo perdón con sinceridad. Y no interesa si lo que le hicieron fue algo muy pequeño, o solamente unas palabras, el agresor debe bajar la cabeza y pedir perdón. Y si la primera vez que intenta pedir perdón no es recibido, tendrá que ir dos y tres veces, y siempre con un tono diferente (Jaie Adam, 144).

En el libro “Sheal Abija Veiaguedja” encontramos este relato:
Rabi David Bejar fue uno de los grandes sabios de su generación y vivió en Turquía. Para entender sobre su grandeza, debemos tener en cuenta que el “Noda Beiehuda”, que era sumamente estricto con todo el mundo, escribió alabanzas solamente sobre dos personas, sobre su yerno, rabi Iosef Hatzadik, de quien dijo que sus ojos estaban desparramados por todo el Talmud, y sobre él, sobre rabi David Bejar, al que alabó todavía más que a su yerno.


Ese día, se casaba uno de los hijos de rabi David en una ciudad muy lejana del lugar en que vivían. Unas horas antes de la “Jupa”, ya estaban viajando para no llegar tarde, en un carruaje arrastrado por varios caballos, como era la costumbre en esos tiempos. No sabían por qué motivo, pero con el transcurrir del viaje notaban que se iban retrasando. Rabi David miraba su reloj y veía que la hora de la Jupa se acercaba y todavía seguían muy lejos. Esto lo preocupaba, en especial porque pensaba que los invitados tendrían que esperar, y él era muy meticuloso en todo lo que tenía que ver con sus semejantes. No se permitía bajo ningún punto de vista, provocar un sufrimiento o pérdida a otra persona. Dejó pasar un tiempo más, y se dirigió al conductor del carruaje pidiéndole que por favor hiciera algo para apurar la marcha.

Pero fue inútil, seguían retrasándose. Pasó un tiempo más y rabi David perdió la paciencia cuando se dirigió al hombre en una forma despreciable para que intente acelerar el viaje. El conductor hizo lo más que pudo y finalmente llegaron a destino. Rabi David se apuró a descender, le pagó al hombre por el viaje y en pocos minutos tuvo lugar la Jupa.


Apenas finalizada la Jupa, Rabi David comenzó a buscar por todos lados al conductor del carruaje que los trajo hasta el lugar, pero sin éxito. A cada persona que se le cruzaba le preguntaba sobre el hombre y todos estaban muy extrañados sin conocer la razón de su interés, en el momento en que debía disfrutar de la alegría de la fiesta. Le preguntaban para qué lo necesitaba, pero no contestaba. Finalmente supo que había emprendido la vuelta, entonces, ordenó preparar de inmediato otro carruaje y salió detrás de él. La persecución duró unas pocas horas y cuando logró interceptarlo rabi David bajó de su carruaje y se paró frente al conductor del primer viaje.


-Perdoname, por favor, por lo que te dije, cuando te hable en una forma no correcta!
-En verdad, no tengo pensado perdonarte, dijo el conductor.
-¿Qué quiere decir eso? No ves que te estoy pidiendo disculpas. Estoy arrepentido de haberte dicho lo que te dije, aunque fue debido a que me sentí mal porque estábamos llegando tarde a un evento tan importante como el casamiento de nuestro hijo, y los invitados ya estaban esperando…
-De todas formas, no pienso perdonarte…
Rabi David no se dio por vencido, y ahora habló usando un tono más suave: estoy dispuesto a pagar por mi imprudencia, una suma importante, siempre y cuando estés dispuesto a perdonarme.
Pero el conductor seguía negándose.
-¿Qué es lo que querés, entonces, para perdonarme?
-Para que pueda perdonarte tendrás que entregarme la mitad de tu mundo venidero…
Rabi David no lo dudó: la mitad de mi mundo venidero es tuya, y así estoy perdonado…
El conductor del carruaje dio su conformidad y lo perdonó. En los escritos donde figura el relato comentan que esto fue una prueba para rabi David Bejar, para verificar si en verdad era tan cuidadoso en el honor de sus compañeros.

En el libro “Hameorot Haguedolim” podremos ver de qué forma consiguió el rab hagaon Israel Salanter ztz”l hacer las paces entre dos amigos que tenían una fuerte discusión.


Un día, entró a ver al rab un hombre con quejas dirigidas a un gran amigo, con el cual tenía un problema de dinero. El dice estar dispuesto a negociar pero su amigo quiere llevar el asunto hasta las últimas consecuencias, Din Tora incluido. Y como él sabe que debe pagar, tiene miedo de que el Din Tora lo deje en bancarrota, por eso vino a pedirle al rab para que interceda e intente convencer a su amigo de llegar a un arreglo conveniente para ambos, aconsejándose con el rab. Rabi Israel investigó la situación y le aseguró que intentaría intervenir en el pleito.


El segundo hombre en cuestión, tenía la costumbre de acercarse al rab en los días de Elul y Iamim Noraim. Rezaba donde el rab rezaba y escuchaba sus conferencias para mejorar sus cualidades. Cuando ese año, el hombre comienza su proceso de acercamiento a Rabi Israel, el rab no mencionó para nada el asunto y se portó con él con absoluta normalidad. En el día de Iom Hakipurim, más precisamente en el rezo de Neila, ese hombre acostumbraba ser el oficiante del Beit Hakneset. Ese año, rabi Israel se apuró considerablemente en su rezo de la Neila, algo para nada común en él, dio los tres pasos para atrás pero inclinándose un poco para quedar parado justo detrás del oficiante. Allí se quedó parado intentando escuchar atentamente los rezos en voz baja del oficiante, para saber por dónde iba, esperando el momento indicado para actuar…


Cuando el oficiante llegó al párrafo que dice “…diferenciaste al hombre…”, rabi Israel toma la mano del oficiante, y en voz baja le habla al oído: “¿y?, ¿por qué decís cosas que no cumplís?” (la intención de rabi Israel era hacerlo despertar en ese momento de tanta espiritualidad, que lo obligaría a actuar con tolerancia, cediendo y llegando a un arreglo para evitar peleas, en lugar de ponerse firme y llegar a un juicio, una de las causas que nos hacen penar por la destrucción de Ierushalaim).


El oficiante hizo señas que mostraban que no había entendido el mensaje, por lo tanto rabi Israel no tuvo más remedio que explicarle sus palabras. Al terminar, le sugirió que si no aceptaba negociar el pleito, mejor que no continúe con los rezos y se baje del lugar correspondiente al oficiante. Hizo una seña con la cabeza en modo de aceptación, y rabi Israel le permitió continuar con los rezos…

En el libro “Sheal Abija…”, el rab hagaon Shalom Shevadron ztz”l, cuenta sobre rabi Israel Salanter, algo que ocurrió en sus últimos días, cuando viajaba frecuentemente a alemania, para hablarle a la gente que se dejaba llevar tras la destructiva corriente de la reforma.


Rabi Eliezer Sholvitz, uno de sus jóvenes alumnos, viajaba con rabi Israel y nos atestigua sobre la meticulosidad de su rab en las relaciones con sus semejantes.


En uno de los viajes, se encontraban en la ciudad de berlin, y tuvieron que pasar allí Iom Hakipurim. Fueron juntos a rezar a uno de los grandes Batei Hakneset de la ciudad. Este Beit Hakneset tenía unos grandes portones que daban a los jardines que rodeaban todo el edificio. Estas puertas quedaban abiertas para que el lugar tenga la necesaria ventilación y se mantenga fresco, de forma que el ayuno sea más fácil de soportar debido al calor.


Antes del comienzo del rezo de Neila, rabi Eliezer tuvo la necesidad de salir un momento, y cuando volvió, ya todos estaban rezando. No quiso pasar entre la gente para no molestar, entonces, se paró al lado de uno de los portones y allí comenzó sus oraciones. Y allí estaba parado rezando, muy concentrado, cuando de pronto escucha que rabi Israel le está hablando al oído: Sos un ladrón, es increíble que en el momento más sublime de Iom Hakipurim le estés robando a la gente, allí parado estás limitando el paso del aire. La finalidad de que las puertas permanezcan abiertas es para que el salón se ventile, y vos estás allí parado reduciendo el espacio abierto!!!


Rabi Eliezer comprendió que en ese momento debía interrumpir sus rezos, incluso moverse del lugar, ya que si no lo hacía, Rabi Israel no permitiría que continuara con sus oraciones.

El Jafetz Jaim, también era muy estricto en las relaciones con sus semejantes. En Iom Hakipurim del año 5677, en una ciudad de rusia, reunió a todos sus alumnos antes de comenzar el rezo de Neila y les habló sobre la prohibición de robar: seguramente, en nuestra relación con el Bore Olam hemos logrado el arrepentimiento. El problema resulta ser grave con nuestros compañeros, ya que Iom Hakipurim no perdona hasta que lo desee nuestro compañero. Y puede ser que alguno haya tomado un préstamo y olvidó pagarlo. ¿Cómo podemos decir que estamos “limpios”? Por eso, cada uno debe comprometerse ahora, a que después revisará sus anotaciones y si encuentra algo sin pagar, lo pagará de inmediato, con este compromiso consideraremos cumplido el precepto…

Lekaj Tov.

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel z"l




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