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Shabat Shalom


No. 332-Noaj-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

EL VALOR DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Dos personas están estudiando en el Beit Hakneset. Son días de vacaciones. Hace sólo dos o tres minutos que se puso el sol. Para aprovechar el tiempo entre el rezo de Minja y el de Arvit, estas dos personas se sentaron a estudiar juntas. Uno de los dos mira el reloj y ve que faltan apenas cinco minutos para comenzar Arvit, y se “muere” por ir a charlar con los amigos que van llegando para rezar, por eso le pide a su compañero que den por finalizado el estudio. Pero él le contesta que les falta solamente unas líneas para terminar de comprender el tema, que es una lástima dejar justo ahora teniendo todavía la posibilidad de estudiar hasta que comience Arvit. Pero esto no fue suficiente para convencerlo, el primero se levantó y se fue a charlar mientras que el segundo se quedó en su lugar hasta completar su estudio.

Segundo caso: a dos personas les solicitan donar una suma de dinero para cierta actividad de ayuda a gente necesitada. Los dos aceptaron, pero mientras que uno aceptó de inmediato, con alegría y voluntad, el otro esperó la respuesta del primero y recién después dio el visto bueno. El resultado fue óptimo, ya que los dos aportaron lo necesario y se pudo concretar el objetivo pero, mientras que el primero lo hizo con alegría, el segundo no mostraba síntomas de felicidad...

Tercer caso: dos muchachos viven en el mismo barrio. Sus madres le piden a cada uno ir al almacén a realizar una compra. La misma distancia al negocio, la misma cantidad de peso en los productos, hasta la predisposición de cada uno de ellos y la alegría por ayudar a sus madres era la misma. Una pequeña diferencia había: uno de ellos fue corriendo, sabiendo que el negocio estaba por cerrar, y llegó unos segundos antes que el otro...

Hay una cosa común en estos tres casos, una diferencia casi impalpable en la forma de cumplir el pedido para cada uno. Y es esta una diferencia a veces inapreciable en el cumplimiento de un precepto, el hacerlo con más o menos ganas, tanto que si preguntamos en la calle, la respuesta de la mayoría de la gente será la misma: por cuanto que el resultado está logrado, no hace ser tan meticulosos con detalles irrelevantes... Puede ser que el premio que reciba cada uno por hacer lo mismo con más o menos ganas sea un poco mayor o menor, pero no pasa de ahí...

Veamos ahora que piensa nuestra Tora al respecto...

En nuestra perasha tenemos otro caso en el que dos personas se asocian en la realización de una cosa. El versículo dice: “Vaikaj Shem Veiafet...”, Shem y Iafet tomaron una manta y cubrieron a su padre Noaj que estaba desnudo. El que es detallista puede ver que dice “Vaikaj” en singular, cuando fueron los dos, Shem y Iafet los que hicieron la tarea en conjunto, debería estar escrito tomaron en lugar de tomó!? Baruj Hashem que está Rashi para sacarnos la duda: está escrito tomó para enseñarnos que Shem corrió más que Iafet para cubrir a su padre!!!

Todo esto despierta una gran duda a nuestro proceder diario, ¿cuánto nosotros corremos para cumplir los preceptos? ¿Una cosa tan simple como cubrir a una persona con una manta puede tener tantas connotaciones? Seguro que lo que corrió Shem más que Iafet no es algo muy notorio, pero igualmente la Tora ve necesario “publicarlo” para que se sepa en todas las generaciones.

Nuestro asombro aumenta cuando continuamos viendo lo que dice Rashi, ya que nos muestra que la Tora le da mucho valor a esa diferencia tan sutil. Dice Rashi: Por esto (porque Shem corrió más) sus hijos merecieron cubrirse con el Talit de Tzitzit, y Iafet fue premiado con el poder enterrar a sus parientes!!! (como está escrito en el Profeta Iejezkel (cap. 39) que encontraron en la guerra de Gog Umagog lugar para enterrar). Ahora hay que aclarar varios puntos.

El rab hagaon Zalman Sorotzkin ztz”l en su libro “Oznaim Latora” dice que a los dos se los premió de acuerdo a lo que hicieron Mida Kenegued Mida. Los dos cubrieron a su padre y el premio para ambos está relacionado con la acción de cubrir. Y así Shem tuvo asegurado el precepto del Tzitzit, con lo cual sabe que siempre tendrá prendas a las cuales podrá ponerle los Tzitzit. Con la misma cualidad fue premiado Iafet para realizar los entierros, que no es nada menos que cubrir el cuerpo. La diferencia entre ambos: Shem que tuvo “espíritu viviente” (corrió) en el cumplimiento de su obligación, recibió una prenda que la usan las personas con vida, como es el precepto del Tzitzit, que es una obligación sólo para las personas con vida. En cambio, Iafet, que fue más atrás en el cumplimiento, fue premiado con cubrir los cuerpos con tierra, de los muertos que llevarían para enterrar...

Otra cosa para destacar es el momento en que se recibe la recompensa que también nos la marca el autor de “Oznaim Latora”: El tiempo que tuvo que esperar cada uno para recibir su premio. El precepto del Tzitzit se hizo saber de inmediato, como corriendo. Cuando los descendientes de Shem estuvieron parados en el monte Sinai, recibieron la obligación de usar Tzitzit incluida en los 613 preceptos de la Tora. Pero los hijos de Iafet, todavía no recibieron su premio, ya que la guerra de Gog Umagog será previa a la llegada del Mashiaj (Bimera Beiameinu, muy pronto, en nuestros días), y todavía la seguimos esperando. Hoy podemos decir que la diferencia entre ambos está por encima de los tres mil años!!!

Seguimos leyendo la perasha y encontramos otra diferencia pero ahora abismal entre el premio que recibió cada uno. Está escrito: “Iafet Elokim Leiefet Veishkon Beoale Shem...” (9,27), embellezca Hashem a Iafet y que habite en las tiendas de Shem, y Rashi nos explica que aunque Hashem haga a Iafet grande, ya que Coresh era descendiente de Iafet y construyó el Segundo Templo, con todo esto, la Divinidad de Hakadosh Baruj Hu no se posaría en el Segundo Templo. Y, ¿dónde sí se posó? En el primer Beit Hamikdash, en el Primer Templo que construyó Shelomo Hamelej, que era de los descendientes de Shem. Ahora no nos queda ninguna duda sobre la diferencia entre correr un poco o un poco más! Beit Hamikdash con la Divinidad presente a Beit Hamikdash sin la Divinidad presente. Y todo salió de una diferencia casi imperceptible, que Shem corrió más que Iafet!!!

Y vale la pena volver a resaltar que la diferencia fue tan pequeña que si una persona hubiera estado allí, parada al costado, mirando, no se hubiera percatado de ella.

Podríamos señalar que Shem corrió y se apuró, y que Iafet también hizo lo suyo, pero que Shem hizo un poco más que Iafet. Por este esfuerzo adicional Shem recibió tantas cosas más por encima de su hermano mayor, por eso decimos: ¡qué grande es la fuerza de una pequeña diferencia!

Ahora resulta que está de más analizar desde el punto de vista de la Tora los tres primeros casos con los que comenzamos. Un minuto más de estudio de Tora, o cumplir un precepto con alegría o apresurarnos a cumplirlo, no van a cambiar lo que acabamos de ver. Pero vemos cuánta es la diferencia entre lo que ve la mayoría de la gente a lo que puede ver una persona con el enfoque de la Tora, respecto a una diferencia que a la vista es tan pequeña!!

El Talmud, en el tratado de Baba Kama (38b) dice: Dijo rabi Jia bar Aba, dijo rabi Iojanan: Hakadosh Baruj Hu no le niega su premio a ninguna de sus creaciones, ni el premio que merecen unas simples palabras. La hija mayor de Lot, nombró a su hijo Moab (mi-ab, que viene del padre), con lo que publicó el pecado que hizo, que su hijo nació de la relación que tuvo con su propio padre. Hakadosh Baruj Hu le dijo a Moshe Rabenu: no sities al pueblo de Moab ni entres en guerra con ellos (guerra no, pero si tenés que pasar por sus tierras y provocarles alguna pérdida, podés pasar). La hija menor llamó a su hijo Ben-ami (el hijo de mi pueblo), y Hashem le dijo a Moshe que cuando se acerquen al pueblo de Amon no lo sitien ni le hagan guerra, ni pasen por su tierra. Todo porque la hija menor fue más recatada, no mostró su pecado, aunque la esencia del pecado de ambas fue la misma. Pero, vemos que la Tora no ve los dos pecados de la misma forma, el recato en el hablar de la segunda hija provocó resultados distintos.

Continua la Guemara hablando sobre las hijas de Lot: las dos tuvieron la misma buena intención en el momento de tener descendencia de su propio padre, pero, a pesar de que la mayor no fue recatada y mostró sus hechos, fue merecedora, por anticiparse a su hermana en la acción de recibir su premio cuatro generaciones antes que su hermana. Su anticipo fue de de sólo una noche, y el premio llegó cuatro generaciones antes. De Rut, la moabita, nacio Obed, Ishai, David y Shelomo. En cambio, de la hermana menor, que fue la madre de los amonitas, salió Naama, que fue la madre de Rejobam, el hijo de Shelomo. De acá vemos la fuerza que tiene el apresurarse a realizar un precepto, cosa que puede ser que no hubiéramos pensado jamás que tuviera tal envergadura.

Concluiremos con las palabras de Jazal: le preguntó Bar Hai Hai a Hilel: ¿qué quiere decir el profeta (Malaji 3), se sentarán y verán la diferencia entre el justo y el malvado, entre el que sirve al Bore Olam y el que no lo sirve..., aparentemente, el justo parece ser el que hace el Servicio al Creador y el malvado el que no hace el servicio. Contestó Hilel: no hay que hacer esa deducción, en la segunda comparación, de quien sirve y quien no sirve al Todopoderoso, nos referimos siempre a una persona justa y no a una malvada, pero no podemos comparar a quien estudia un fragmento de la Tora cien veces con el que la estudia ciento una... (Talmud Babli, tratado de Jaguiga, 9b). La Guemara nos viene a traer una novedad, que aunque muchas personas se hayan esforzado mucho y estudiaron algo cien veces, todavía no llegaron a la categoría de la persona que se esforzó un poco más y estudió una vez más. El que estudió cien veces más una se llama Servidor de Hashem y del que estudió solamente cien veces se dice que NO ES Servidor del Creador!!!

Vimos hasta ahora varios ejemplos que nos enseñan a valorar las pequeñas diferencias. Y no estamos hablando de quien no tenga ninguna predisposición al estudio de la Tora y al cumplimiento de los preceptos, sino de quien sí esta dispuesto, pero que no pone su corazón para llegar a la plenitud. Una persona está decidida a realizar lo que Hashem le pide, pero, lo que le sea más fácil, no quiere esforzarse demasiado, no quiere correr... Sepamos que lo principal en el servicio al Bore Olam son las ganas, el entusiasmo, el correr. Vimos que con un hecho simple podemos llegar a ser nombrados “servidores de Hakadosh Baruj Hu”...

El Rosh Ieshiva de Lomza, el rab hagaon Israel Meir Gordon ztz”l estaba de viaje en Londres. En esos días recibió una carta de su hija que estaba a punto de casarse y le contaba sobre una amiga que también estaba de novia. De pronto se desmayó...

Lo reanimaron y le contó a la gente que estaba ayudándolo que su hija le contaba sobre la necesidad de ayudar a una amiga suya. Esta chica estaba a unas pocas semanas de su casamiento, y la hija del rab se la encontró en la calle con una cara que no demostraba la alegría de los próximos acontecimientos...

La muchacha le explicó a su amiga que su padre se había comprometido a aportar para la pareja la suma de 500 dólares y ahora no tenía de dónde conseguirlos. Y esto podría provocar la anulación del casamiento. Por eso, escribió la hija del rab, después de conversar con mi novio, decidimos, querido padre, darle a ella la plata que vos te comprometiste a darnos para nuestro matrimonio, y nosotros intentaremos arreglarnos sin ese dinero... Allí fue cuando el rab se desmayó.

El asunto llegó a los oídos del Gran Rabino de Londres, el rab hagaon Abramsky ztz”l, y mostrando su buen corazón hacia estos novios, hizo saber al rab Gordon que se había hecho cargo de conseguir la suma requerida, para que no se rompa el compromiso que estaba en curso. El rab Abramsky casi inmediatamente se presentó frente al rab Gordon con el dinero en sus manos. Con el mismo apresuramiento informó que ahora mismo se dirigiría al correo para que la plata llegue a destino. El rab Gordon intentó impedirle ir al correo, no hacía falta que se ocupe hasta el último detalle, pero el rab Abramsky no aceptó, él mismo quería enviar la carta...

Y la causa de esta decisión la relacionó con algo que escuchó en nombre del Jafetz Jaim, sobre la esposa del Gaon de Vilna y una amiga, que se pusieron de acuerdo entre las dos para que cuando una de las dos muera, le cuente a la otra qué pasa en el Cielo.

Cuando le llegó el turno a la primera de ellas, en el día de los Sheloshim, a los 30 días después del fallecimiento, cumplió con su pacto y le contó a su amiga: puede ser que te acuerdes que en una oportunidad en que estábamos juntando dinero para gente necesitada, comenzamos a correr para alcanzar a una persona que suponíamos que se estaba por ir y que no podríamos hablarle. Esa persona nos vio y nos hizo una seña con la mano para que no sigamos corriendo, que nos esperaría. Bueno, también ese movimiento de la mano está escrito en el cielo como una buena acción...

Si es así, concluyó el rab Abramsky, que una cosa tan simple y sin importancia como el mover una mano, suma, tiene valor, en el cielo, y se cuenta como el cumplimiento de un precepto, es mi voluntad enviar por mis propios medios esta carta.

Intentemos nosotros rescatar algo de todas estas cosas tan pequeñas, pensar en cada buena acción, tanto grande como pequeña, todo vale, todo se cuenta, todo suma, y hagámoslo con alegría, con entusiasmo y en forma completa, sin desvalorar pequeñas diferencias.

Lekaj Tob.

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ"ל




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