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Shabat Shalom


No. 344-Shmot-4
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס”ד

LA TORA Y YO

Y Moshe creció, y anduvo entre sus hermanos y vio su sufrimiento (Shemot 2,11)                         

Una de las cuarenta y ocho cosas con las que se puede “adquirir” la Tora es sentir el sufrimiento del compañero. Y esto no es solamente una cualidad, sino justamente una de las cuarenta y ocho cosas con las que la Tora puede llegar a ser NUESTRA. Sentir el sufrimiento del compañero, no solamente asociarnos en el sufrimiento, sino sentirlo, hacerlo nuestro, sufrir el mismo sufrimiento que él sufre!

Y a no extrañarse con la forma en que repetimos el concepto, hace falta hacerlo llegar a nuestro corazón, y al decirlo, pensamos que nosotros hacemos así, cuando en verdad no pasa de ser un simple pensamiento con muy poca voluntad para llevarlo a cabo.

La idea es, bajar la carga que aprieta o que le pesa a mi compañero y ponerla sobre nuestros hombros, y esto no es sólo una preparación para recibir la Tora, sino que es uno de los “contratos” con que la Tora es adquirida.

Está escrito en el Midrash, perashat Bamidvar: si una persona no se considera a sí misma tan carente de valor como un desierto, nunca podrá adquirir la sabiduría de la Tora, por eso está escrito: en el desierto de Sinai.

Mi querido yerno, dice el rab hagaon Iaacov Noiman ztz”l, el rab hagaon Iosef Rozovsky ztz”l, esclareció estos conceptos de acuerdo a lo que dijeron Jazal en el Pirke Avot:

La humildad, el amor hacia las creaciones, y el sentir el sufrimiento de nuestro compañero, son algunas de las cualidades con las que adquirimos la Tora. ¿Por qué? Porque las cualidades contrarias a éstas son: el orgullo, el no sentir el sufrimiento de nuestros compañeros, y el no amar a nuestros semejantes, que son el producto de un hombre que se cree autosuficiente, piensa que él mismo es su propia adquisición. Su “yo” es su gran compra, por eso, cuando siente que le tocan su “yo” en lo más mínimo, reacciona violentamente, su honor está en juego, y puede destruir el mundo por lo que le hacen, ya que le están tocando sus más preciadas posesiones…

De la misma forma, es muy difícil para esta persona amar a otras personas o sentir el sufrimiento de ellas, ya que todo su pensamiento se centra en él, lo que no le da lugar ni tiempo para pensar en nadie más. Imposible pensar que esta persona pueda cumplir uno de los preceptos más importantes en nuestra relación con nuestros semejantes: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”, y ya mencionamos las palabras del Midrash: todo el que no se anula, todo el que no se convierte en algo carente de valor como el desierto…, el hombre debe convertirse en un bien sin dueño, anular su identidad, como medio para conseguir las buenas cualidades con las que podemos adquirir la Tora.

Vemos entonces que, si un hombre piensa que él es el único que existe en el mundo y que todos los que lo rodean no son absolutamente nada, nunca podrá hacerse merecedor de la Tora.

Nuestra sagrada Tora hace una primera “descripción” de Moshe Rabenu: y vio el sufrimiento. Escribió Rashi: puso sus ojos y su corazón y sufrió por el sufrimiento de sus hermanos. Y el Midrash, en esta perasha pregunta: ¿qué significa ver el sufrimiento? Veía a sus hermanos y lloraba, diciendo: ¡Cómo me lastima verlos sufrir! Si tendría que morir para salvarlos, estoy dispuesto, ya que no existe un trabajo más duro que el trabajo con barro. Y pasaba entre ellos y le “ponía el hombro” a cada uno, ayudándolos con sus trabajos.

Moshe Rabenu, creció en el palacio del rey, y, desde luego, no le faltaba nada, hablando de las cosas materiales. Pero no podía sentarse tranquilo y en silencio cuando veía que sus hermanos eran golpeados, y lloraban. Se asociaba activamente con ellos, salía del palacio para ayudarlos, alentarlos, con su corazón...

Y puso su vida en peligro matando al egipcio cuando lo vio golpeando a uno de sus hermanos iehudim. Y no solamente se preocupaba por salvar a sus hermanos iehudim de los golpes de los egipcios, también salvaba a un iehudi que sufría a causa de otro iehudi, como cuando dijo al malvado: ¿por qué le hacés daño a tu compañero? Y si esto ya es algo grande, podemos ver cosas más grandes todavía en Moshe Rabenu. Ya fuera de su pueblo, cuando ve personas extrañas que se están peleando, o que algunos “fuertes” le hacen daño a otros más débiles, esto tampoco lo puede soportar.

Porque en Moshe Rabenu lo importante no era quién peleaba o quién dañaba ni quién terminaba golpeado o dañado. Moshe Rabenu no toleraba que hubiera peleas o daños en el mundo, y así salvó a las hijas de Itro de las garras de los pastores malvados que las molestaban. Esta era la gran virtud de Moshe Rabenu, y lo que le dio el mérito inigualable para recibir la Tora de Hakadosh Baruj Hu, para ser el portador que la transmita al pueblo de Israel y convertirse en el conductor de nuestro pueblo!

Otro punto maravilloso podemos ver en el acto donde Moshe salva a las hijas de Itro.

Un hombre que llega de otra tierra y no tiene en este nuevo lugar ninguna persona conocida ni cercana, la primera cosa que debe hacer cuando llega es tratar de conocer a la gente, y hablando con ellos conseguir que alguien le ofrezca un lugar en su casa. Vemos que Moshe Rabenu llega a las tierras de midian escapando de la espada del faraón de egipto, razón adicional para buscar que alguien lo oculte dentro de su casa, sin embargo, cuando tiene la gran oportunidad de que alguien lo ayude, después de que salvó a las hijas de Itro, que además era una gran autoridad en midian, con lo que podría ayudarlo todavía más, nuestro Moshe Rabenu no quiere tener ningún provecho de sus buenas acciones y desaparece...

Y seguro que sería bien recibido en la casa de Itro, ya que él mismo pregunta después, ¿dónde está el hombre que las ayudó?, ¿cómo dejaron que se vaya sin entrar a nuestra casa a comer pan? Pero Moshe, después de hacer un favor tan grande, desapareció de la vista de todos, como si no hubiera hecho nada. No quería cobrarse el premio por la buena acción, y las hijas de Itro tuvieron que buscarlo y esforzarse hasta que pudieron encontrarlo...

Esta gran cualidad, “llevar la carga con su compañero”, le dio a Moshe Rabenu la más grande de las recompensas, gracias a esto el pueblo de Israel recibió la Tora de las manos de Moshe, y hasta la Tora se llamó con su nombre, como encontramos escrito en muchos lugares: “Torat Moshe”, o, específicamente: “Zijro Torat Moshe Abdi” (Malaji 3,22).

Con David Hamelej encontramos también algo parecido. Cuando habla sobre las personas que lo odiaban y lo perseguían se refiere de esta forma: cuando ellos se enferman visto ropas de duelo y hago ayunos para que tengan curación, algo asombroso, llorar y preocuparse por la enfermedad de sus enemigos, buscar la curación por medio de duelo y ayunos, así el rey David se hizo merecedor de la Tora, y sus salmos, el Sefer Tehilim, está considerado como uno los de más importancia entre nuestros libros sagrados...

Y nosotros también queremos tener el mérito de adquirir la Tora, ¿entonces? Lo primero que debemos hacer es conseguir esa hermosa cualidad: llevar la carga de nuestro compañero, y cada uno de nosotros podemos hacer una pequeña revisión y preguntarnos cuánto sufrimos (si es que sufrimos algo), y no hablamos en el caso más complicado, como el de David Hamelej que sufre con el sufrimiento de su enemigo cuando está enfermo, por ejemplo (esa es la escala máxima). Simplemente queremos saber cuánto sufrimos acompañando al sufrimiento de una persona querida si, lo alenu, está enferma. Queremos saber si ahora vestiremos prendas de duelo, ayunando para pedir por su curación, como David Hamelej hacía con sus enemigos. Si nosotros no estamos dispuestos a hacer algo así, podemos entender qué lejos estamos de nuestra sagrada Tora, ya que no alcanza con saber de memoria todo el Talmud Babli o el Ierushalmi, Midrashim, legisladores, Rishonim y Ajaronim, si una persona sabría todo esto de memoria, todavía no quiere decir que tiene un bien en su poder llamado Tora. De la misma forma que un empleado que trabaja en los depósitos de su patrón, que sabe al detalle sobre cada una de las mercaderías que posee el dueño del lugar, dónde está cada cosa, qué cantidad tiene, qué producto le falta, en fin, aunque sepa todo lo que existe allí, no podemos decir que ésta sea su propiedad, de la misma forma, una persona que sepa toda la Tora, pero le faltan las cuarenta y ocho cosas con las que la Tora se adquiere, todo lo que sabe no lo ayudará y no decimos que la Tora está en su poder, no decimos que la Tora es de él aunque la sepa de memoria…

Las cuarenta y ocho cosas con las que se adquiere la Tora no están un libro para aprender de memoria, son cualidades imprescindibles para que podamos llamarnos hombres de bien. Así podremos decir que la Tora es nuestra Tora, porque logramos tener una conexión con Hakadosh Baruj Hu, como está escrito en el Zohar Hakadosh: el Bore Olam, la Tora y el pueblo de Israel son una misma cosa!

Darje Musar. 

Leiluy Nishmat Harav Guilad Hacohen ben Shmuel זצ”ל




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