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Vida judía


Paz interior
Por. Dr. Eduardo Cohen



Paz Interior

 

Los últimos siglos trajeron aparejados grandes avances tecnológicos. Desde los notables logros en el campo de la medicina hasta las maravillas de los sistemas de comunicación. Hoy en día, las noticias recorren el orbe en cuestión de se­gundos y queramos o no, estamos al tanto de todo lo que ocurre, con todo lo bueno y no tan bueno que esto implica. Vemos el kotel en vivo, podemos dialogar con personas cautivas en las profundidades de la tierra y comprar un auto último modelo sin movernos de nuestra oficina.

Sin embargo, el mayor confort no ha redundado en una mayor sensación de plenitud y paz interior. Pareciera ser que el hombre se obstina en buscar algo, en un lugar donde ese "algo" no se encuentra. Y lo más sorprendente, es que lejos de reorientar su búsqueda, se empe­cina en el mismo camino, tropezando una y otra vez con el mismo obstáculo. Ya el RAMJAL, el Rab Moshe Jaim Luzzato, quien vivió en Italia hace 250 años, nos habla de esta "ceguera espiritual", que iguala al hombre creado a imagen y semejanza de su Creador, a las formas primitivas de vida. Una situación lamentable que trunca todo el propósito de la creación.

Pero hay algo más sorprendente aun. La debacle moral y la estrepitosa pérdida de valores que vemos en nuestra generación (una especie de Sodoma siglo XXI) debería haber abierto nuestros ojos hacia la utilidad de una vida más espiritual. El contraste y a polarización son tan evidentes, que aún nos pre­guntamos cómo es posible que haya gente que siga corriendo tras las ilusiones de un mundo material y hedonista. Basta comparar cómo son nuestros días y los de ellos, nuestras casas y las de ellos, nuestros hijos y los de ellos, nuestro nivel de stress y el de ellos, nuestra frecuencia de depresión, angustias y ataques de pánico y la de ellos. Este simple análisis comparativo debería sobrar para reorientar la búsqueda de esta generación confundida. Sin embargo, insólitamente no alcanza. La ceguera a la que se refirió el RAMJAL hace dos siglos atrás, continúa vigente.

Como un oasis, como un remanso espiritual, así son las palabras y los consejos de nuestros Sabios, personas terrenales como nosotros, mortales igual que nosotros, pero que fueron capaces de ver la verdad oculta tras el espeso manto de mentira que nos confunde día a día. Y ellos sacian nuestra sed de logro con algunos consejos prácticos que nos permiten alcanzar esta   tan ansiada paz interior, menujat nefesh.

Empecemos por derrumbar mitos. Cuando nos encontramos con estos señores, especímenes raros, que traslucen tranquilidad y paz interior con su mirada calma y su forma de hablar pausada, y que son capaces de auto-controlarse aun en los momentos de extrema tensión, y que son buscados y admirados por el entorno, tendemos a caer en el error de pensar que esta envidiable cualidad es la consecuencia lógica de una vida con todas las cosas en orden (salud, familia, sustento, amigos, etc.).

Es decir, es fácil adquirir paz interior cuando todo me cierra y todo está en su correcto lugar. Nada más erróneo que esto.

Dice el Midrash que cuando Bore OLam creó al hombre, "anheló" una criatura capaz de llevar a cabo el propósito de la Creación. Pasaron muchas generaciones para que este anhelo se viera concretado. Dice el Midrash que una persona pequeña en estatura, pero gigante en su dimensión espiritual logró colmar este anhelo Divino. David, Rey de Israel, de cuyo linaje vendría el Mesías. Él y no otro. Pero, ¿qué tenia de especial David?

Condenado a morir en el parto (Adam le regaló 70 años de sus 1000) acusado de hijo ilegitimo y recluido en una cueva muchos años, fue el único que se animó a enfrentar a Goliat el filisteo en un duelo desigual, perseguido por el Rey Shaul y más tarde ya siendo Rey de Israel, por su propio hijo Avshalom para ser matado, no tuvo un solo día de su reinado sin guerras, fue acusado falsamente de pecar con Batsheva (el Talmud aclara que quien dice que David pecó está en un error). Una vida muy difícil sin dudas.

¡Quién con más derecho que David para revolcarse en el fango de la depresión, tener 2 hs. de psicoterapia por día y vaciar cajas de ansiolíticos y antidepresivos!! Sin embargo, David se levantaba a la medianoche para componer los salmos más hermosos de alabanza y agradecimiento al Creador, los Tehilim, que leemos a diario y que fueron compuestos en momentos de máxima alegría y emoción. ¿Por quién? ¿Por alguien que recibió una herencia multimillonaria? ¿Por alguien que derrochaba salud y belleza física? ¿Por alguien que tenía sus cosas en "orden"? No. Exactamente al revés. David completó la obra de la Creación, simplemente porque fue capaz de sostener un estado de alegría, confianza y paz interior en medio de las turbulencias de una vida plagada de sinsabores. ¡Maravilloso!

Primer consejo entonces, la tranquilidad no depende de tener las cosas en orden como habíamos supuesto, no está la jojmá (sapiencia) en resolver los problemas sino en saber convivir con ellos. Sólo en un momento de la vida, experimentamos la sensación sublime de Adam en el paraíso terrenal. Siendo bebés, con el pañal seco, la pancita llena y acunados en brazos de mama. Luego de ese momento idílico e irrepetible, nunca más volveremos a tener las cosas en orden. Cuando solucionamos un problema, el próximo espera a la vuelta de la esquina. ¡Festejemos! ¡Estamos vivos! Los que abandonaron este mundo son los que ya no enfrentan desafíos (por lo menos aquí abajo...).

En conclusión, esta persona que trasunta tranquilidad y sonríe fácilmente, quizá tenga muchos más problemas que nosotros, simplemente que sabe convivir con ellos.

Un segundo consejo. Vamos a aprenderlo de una historia real. Esta historia la cuenta un psicólogo muy famoso, un tal Victor Frankl, quien vivió el horror de los campos de exterminio durante el holocausto nazi. Cuenta el Sr. Frankl, que el campo que le había tocado, fue azotado por una epidemia de tifus con un gran índice de mortandad. Muchos morían a diario a consecuencia de ello. La desnutrición y el hacinamiento hacían estragos. Una noche se le acercó un señor que sabía que el Sr. Frankl era psicólogo y le consultó por un sueño. Este buen hombre había soñado 3 noches consecutivas que en noventa días llegarían las tropas aliadas para sacarlos del cautiverio. ¡Vamos a volver a casa! exclamaba ilusionado. ¿No es así, Sr. Frankl? El profesión asintió con la cabeza, pero íntimamente pensó que no era más que un sueño reflejo de un anhelo muy grande de salir de ese infierno. Pasaron las semanas Toda la barraca caía presa de tifus menos ese hombre. Como por arte de magia había adquirido una fortaleza inexplicable. ¡Vamos a volver a casa! Exclamaba. Y contaba los días que faltaban  para ello. Cuando faltaba una semana para cumplir el plazo de los noventa días del sueño, con las tropa aliadas muy lejos aún de Berlín, con la evidencia cada vez más clara de que no había sido más que un  hermoso sueño, este hombre cayó en  cama. Dos semanas después del plazo soñado, murió de tifus; como uno más entre tantos. Nadie lo percibió Sólo el Sr. Frankl entendió el profundo mensaje que escondía su muerte. ¿Cómo pudo sobrevivir tanto? Nuestro amigo tenía una meta por la cual vivir Una fecha para perseguir. Un objetivo para el cual levantarse todos los días. METAS. Saber para qué vivimos y porqué vivimos. Como alguien dijo alguna vez que "el que tiene un motivo para vivir, puede soportar cualquier vivir".

El Rab Abraham Twersky escribe que el principal! motivo de consulta en pacientes de tercera edad, es el no encontrar un motivo a sus vidas; la sensación devastadora de mirar hacia atrás y ver que recorrimos un camino sin sentido y sin propósito. Sin metas.

Escriben sobre el Rebe de Koznitz, que siendo pequeño era muy enfermo y de salud muy frágil, al punto que los médicos le auguraron una vida no muy larga. Sin embargo, llegó a vivir casi 90 años. En su ancianidad le preguntaron a qué se debía el milagro, y el Rebe contestó: "Siempre perseguí metas en mi vida". El judaismo nos llena de metas y motivos para vivir. Cada día es un desafío para lograr espiritualidad. Cada instante es una oportunidad única para descubrir a mi Creador tras el manto de mentiras que la sociedad se empecina en tenderme. Cada día es una oportunidad para educar a mis hijos a ser personas comprometidas con nuestro legado milenario y a través de ellos, educar a las futuras generaciones. El "hoy" se llama "presente" justamente por esto. Porque es un presente, un regalo único para perfeccionarnos. Y sepamos que, una meta material no se llama "meta" en lo que se refiere a brindar sentido a nuestras vidas. Simplemente porque las metas materiales dan alegría sólo cuando se alcanzan (y aun así efímera) en cambio perseguir metas espirituales nos llenan de paz interior y sensación de plenitud aunque nunca las alcancemos (Y así es. Quien dice haber alcanzado la espiritualidad es básicamente alguien muy lejano de serlo!!)

(este mundo es un Olam Hanisionot, un lugar al cual llegamos para enfrentar desafíos) y enfoquemos nuestros días tras objetivos espirituales. Llenemos nuestras vidas de contenido, tracémonos metas lógicas y trabajemos por ellas. Lentamente veremos cómo la espesa niebla de confusión que envuelve al mundo de la calle se irá disipando ante nuestros ojos. Vamos a contarnos entre los escasos afortunados capaces de ver la verdad en este mundo. Nuestras vidas serán trascendentes. Nuestra sonrisa más franca y fácil. ¿Abandonaremos los ansiolíticos? No aún. Pero será un buen comienzo.




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