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Vida judía


¡Cuente hasta 10!
Por. Dr. Eduardo Cohen



Aprendiendo a manejar los agravios

¿Escuchaste lo que te dijo?...

¿No vas a contestar?....

¿Con quien cree usted que está hablando?...

¿Le suena conocido? ¡Seguro que si! Lamentablemente son frases de uso corriente, y por cierto cada vez más corrientes ! Y ya no solo fuera del ámbito hogareño (la calle es una selva… solemos decir) sino también con nuestros mas cercanos y queridos. Y así estamos.

Recuerdo haber escuchado del empleado administrativo de una dependencia municipal, de esos que tienen que lidiar a menudo con las urgencias y las quejas de los que están largas horas parados en las agobiantes y molestas colas, tan comunes en nuestro medio, decir…” no hay nada mas desagradable que tratar con personas…” (acompañada la expresión de un suspiro de larga duración…) Pero ¿por qué tendría que ser así? Tratar con seres creados a la Divina Imagen y Semejanza del Creador, debería ser una experiencia reconfortante y placentera y sin embargo… es una situación de alto riesgo donde nos solemos exponer a los agravios, el mal trato y la falta de respeto.

Para que un casamiento sea legalmente convalidado, la jueza de turno debe escuchar 2 “ si, quiero”, si uno de los contrayentes dice “no”, no hay unión posible; igual en las disputas, para que nazca una situación de disputa necesitamos que hayan 2 que quieran pelear, con uno no alcanza. Si uno declina su actitud, no hay “guerra”. Entonces, en las relaciones interpersonales, si bien no esta en mis manos evitar los agravios hacia mi persona, si lo esta moderar mis reacciones, medir mis respuestas y así evitar que la chispa -¡que yo no encendí!- se transforme en un incendio forestal de proporciones inusitadas.

La Torá nos habla en términos muy duros de lo grave de las disputas y de las ofensas verbales, siendo sus secuelas peores que la del daño físico, cuyo dolor se atenúa rápidamente (a lo sumo 2 o 3 puntos de sutura…), en cambio los agravios verbales y las expresiones insultantes perduran en nuestra memoria por decenios, la vergüenza sufrida no nos abandona y nos mortifica por mucho tiempo.

El Talmud pondera reiteradamente a las personas que tienen la fortaleza moral de mantener el silencio y no contestar los agravios…” aquellos que no devuelven el insulto cuando son insultados y no responden cuando son humillados, que sirven a Di-s con alegría y se regocijan aun en el sufrimiento, son comparados con el Sol cuando brilla en todo su esplendor” ( Shabat 88 b)

¿Difícil? ¡Si!, no imposible. No fue entregada la Torá sino para personas de carne y hueso , como usted y Yo, no para ángeles. Es de entender entonces que este nivel requerido esta a nuestro alcance, de lo contrario no se nos seria exigido. Si anhelamos el autocontrol, será imperioso entonces bucear en los motivos ocultos que yacen tras nuestros “estallidos” de ira, de esos de los que siempre nos arrepentimos apenas pasan (como un chico que rompe un vidrio con su pelota de fútbol… pide perdón… lo perdonan… pero, el vidrio esta roto,¿no?), que “hay” en el agravio que desencadena mi reacción y porque es tan difícil mantener el silencio (¡ojo! Que este silencio sea por el Shalom y no para enfurecer mas con nuestra indiferencia al agresor de turno…).

El Rab Jaim P.Scheimberg ZZ”L, Quien fue el Rosh haieshiba de Torá Or nos dice “la hipersensibilidad es la causa principal de los problemas de la gente, ya que los incita a guardar rencor y a vengarse”.  Hay personas de ego muy frágil y sensible, que fácilmente se ofenden, de esas con las que uno debe medir cada palabra que usa para que no sea tomada a mal, que buscan permanentemente una reparación “ad integrum” de su honor mancillado. A ellos le cabe la famosa frase del Maguid de Dubno “si la persona tomara real conciencia de la temporalidad de su existencia y de lo efímero de su paso por este mundo, dejaría de luchar por su ego y de atormentarse por los insultos” Somos tan importantes realmente? Hay una técnica que nos va a ayudar a tomar real dimensión de  lo que hablamos. Imaginase, usted esta parado en el patio de su casa,  a un observador externo ubicado en su terraza le vamos a preguntar que nos haga una estimación de su altura, desde su ubicación nos dirá con seguridad… 1,70-1,80m aproximadamente y tendrá una gran chance de acierto. Subámoslo  a un 10mo. piso y reformulémosle la pregunta… ya no se va a animar a opinar “ lo veo como un soldadito de juguete “nos dirá, ahora llevémoslo al piso 50 de algún edificio de Manhattan, usted ya es solo un punto apenas divisible para sus ojos. ¿Y desde un Boeing 747? usted ya no existe -¡no se enoje, es una forma de decir, aunque algunos egos son tan grandes que aun así se siguen viendo!.

Desde la perspectiva de nuestro Sistema Solar, el planeta que nos cobija es apenas una arveja flotando en el cosmos, y si nos alejamos aun mas… la Tierra es apenas un partícula de polvo cósmico vagando en el espacio interestelar… Perdón,  me olvide de ¿usted...Donde quedó?  ¡Ah, ya lo veo, es esa millonésima de milímetro que esta parado aun en el patio de su casa! Y seguro que peleando con alguien! ¿Vio que no es tan importante? O por lo menos, menos de lo que usted se creía, ¿y… encima se ofende?

No es tan terrible ser ofendido. Es nuestra actitud hacia el agravio lo que magnifica el problema. Un consejo sabio... NO debemos añadir nuestros pensamientos torturantes al ya torturante recuerdo del insulto recibido (¡Me avergonzó. No soy nada, no valgo nada, por eso todos me maltratan…!). Cuando logramos poner a la ofensa en el real lugar que le corresponde, duele mucho menos. Cuenta de un chico, de esos que suelen ser el blanco permanente de los chistes, que un día logro armar con mucho esfuerzo un gran castillo de arena. Sus amigos, en la mayoría mas grandes que el, no tuvieron mejor idea que grabar sus suelas en la hermosa construcción, en medio del llanto desolado del niño. Cuenta él, hoy un hombre adulto… en ese momento pensé... Ya me voy a vengar de todos ellos, yo también voy a ser grande y fuerte, y ese día… Paso el tiempo, nos hicimos padres de familia, maduramos, cada uno tiene su ocupación a pesar de lo cual, cada tanto nos vemos y nos visitamos... ¿Creen Ustedes que la ansia de venganza perdura en mi? Obvio que no, el tiempo hizo su trabajo, y aquel dolor es hoy para mí solo el recuerdo de una travesura infantil. Así debe ser nuestra postura con respecto a los agravios. Cuando tomo real dimensión de mi misión en este mundo, del arduo trabajo que tengo por delante y de lo que el Creador, Bendito Sea Su Nombre, reclamara de mí si lo dejo inconcluso, difícilmente me queden tiempo y ganas para defender mi sagrado ego y gastar fuerzas en contestar las ofensas. ¿Querés pelear? ¡Vení mañana! Hoy no tengo tiempo…

El Rab Abraham Twersky, shlita, nos revela un aspecto oculto en nuestra forma de enfrentar las ofensas y en como asumirlas. “ Cierta vez recibí una frenética llamada telefónica de un paciente alcohólica a la cual estaba tratando. Llevaba varios meses de sobriedad y estaba muy conforme con esto. Pero su marido seguía maltratándola, diciéndole que era incompetente como esposa, como mujer, como madre. La mujer lloraba amargamente mientras me decía que no podía tolerar ese ultraje. Logre calmarla. Le pedí que me escuche atentamente y le dije… la cicatriz que surca su mejilla es horrible. La aturdida mujer me contesto... perdón , ¿que dijo usted? usted me oyó bien, continué, la cicatriz es muy fea!... Me dijo, no comprendo Dr., ¡no tengo ninguna cicatriz! Vea, le dije, a pesar de que hice un acusación desdeñosa contra usted, no se inmuto, simplemente pensó que me había equivocado de paciente. En forma similar, cuando su esposo le dice que es usted un fracaso como esposa y como madre, igual debería sorprenderse y decirle... ¡te has equivocado de persona! Si usted se ofende y se siente lastimada es porque el ha puesto el dedo en la llaga, usted esta abrigando sentimientos de incompetencia como madre y como esposa y lo que hizo su esposo, fue solo recordárselo, usted se daño, no el a usted. Las opiniones hirientes son siempre irritantes, pero si usted esta seguro que son infundadas, no se sentirá profundamente afectado.

¿Y si es cierta? Aquí podré sacar provecho de un aspecto positivo de las ofensas. Si logro controlar mi reacción, podré evaluar que hay de cierto en ella y utilizarla para crecer. (critica constructiva que le dicen)

Mantener el silencio es difícil cuando nos sentimos agraviados. Pero que buscamos al contestar?... básicamente 2 cosas, “ devolver la gentileza” y dejar a buen resguardo nuestra imagen (más si fue una situación pública) . Con respecto al primer punto, estaremos avivando el fuego sin saber a ciencia cierta hasta donde llegara el incendio. Un hombre sabio dijo una vez “nadie me ha insultado jamás  mas de una vez, ya que la primera vez que lo hizo, permanecí en silencio y no conteste. El hecho de ignorar el insulto me asegura que la persona no habrá de repetirlo” (Las puertas de la felicidad. Rab Pliskin, pag 395).

Con respecto a mi imagen, no debo preocuparme, ya que es sabido que el que inicia una  disputa es mal mirado por los espectadores ocasionales, ya que fue el responsable de crear un clima bélico que a nadie le gusta respirar, por lo que el que permanece en silencio, es alabado por traer calma o por intentarlo, al menos.

El silencio que promulgamos no se apoya en debilidad sino en fortaleza. Se debe tener una gran entereza para dominarse en un momento así. Cuentan del Jazon Ish, ZZ”L,  que iba una vez caminando por el bosque con un discípulo, cuando unos niños no judíos los siguieron profiriendo palabras hirientes contra el tzadik. Su alumno no resistió y se dio vuelta para devolver los insultos. El Jazon Ish, lo amonesto diciéndole “un Ben Torá no reacciona así” Y, ¿cómo tendría que reaccionar un Ben Torá? pregunto el talmid…  “Un Ben Torá no reacciona” concluyo el Gadol.

Vivimos en un mundo convulsionado. Como dijimos al inicio de este articulo, los agravios y las palabras burdas ya no son patrimonio exclusivo del mundo de la calle, lamentablemente. Debemos trabajar sobre nuestras midot –nuestras virtudes-, tomar el ejemplo de los Guedolim y estar preparados para saber como reaccionar ante la próxima disputa, que puede ser hoy mismo.

Si usted tiene insomnio, no caiga en el mundo de los ansiolíticos-hipnóticos (trapax, lexotanil y derivados). Tenemos una solución  más efectiva, económica y sin efectos colaterales. Después del  Shema Israel que decimos con el pijama puesto,  diga “ Yo perdono a todos lo que me han hecho  daño y que nadie sea castigado por mi culpa” Lo va a encontrar en cualquier sidur.

Le auguramos el más dulce de los sueños.

 




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