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Torá y ciencia


Un regalo celestial
Por. Rav Yoel Schwartz



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LA TORA: UN REGALO CELESTIAL

Para la mente humana uno de los conceptos más difíciles de entender es sin duda el de Di-s hablando a Sus representantes elegidos y entregándoles el regalo de Su Tora. El sabio y poeta medieval Rav Yehuda Halevi, explica esta idea en su clásica obra "El Kuzari", en la cual el rey de una nación gentil —los Kázares— discute con un rabino judío los fundamentos de su fe. En el diálogo, el rey mismo declara:

"...Sin embargo, la mente humana no puede creer que Di-s sostuvo un intercambio con el hombre, excepto a través de un milagro que cambie la naturaleza misma de las cosas. Entonces reconoce que sólo Aquel que los creó a partir de la nada fue capaz de hacerlo. Esto debió haber tomado lugar en presencia de enormes multitudes, quienes Lo vieron nítidamente y no supieron de El meramente por relatos, leyendas y tradiciones. Más aún, en ese caso deben examinar cuidadosa y repetidamente el asunto, a fin de que ninguna sospecha de imaginación o de magia pueda entrar en sus mentes. Quizás entonces será posible que pueda aprehender este tema extraordinario, es decir, que el Creador de este mundo y del otro, de los Cielos y de las luminarias, pueda tener intercambio alguno con este insignificante pedazo de barro llamado "hombre", y hable con él y le satisfaga sus anhelos y deseos."

Así pues, es un punto cardinal de la fe que la Tora fue dada por Di-s, siguiendo la consecuencia lógica de que es improbable que Di-s haya creado al hombre y luego lo haya abandonado a su suerte sin proporcionarle directrices en el área más importante de su vida, es decir, la moral.

Puesto que el origen de la Tora es divino, estamos obligados a comprender de una forma especial cuál es Su contenido. En términos generales está escrita en forma de narrativa histórica, mas no está estructurada de acuerdo con secuencias precisas. Puesto que contiene material perteneciente al dominio de los pensamientos íntimos y al de relaciones personales entre sus protagonistas, no puede ser incluida bajo la denominación de documento histórico. Esto ha llevado a muchos estudiosos a considerarla una obra de carácter mítico, desligada de acontecimientos reales, mientras que otros, por el contrario se han empeñado en clasificarla como puramente histórica sin un contenido espiritual más elevado.

Ambos puntos de vista no alcanzan a penetrar hasta la esencia misma de la relación especial y única de la Tora con el desarrollo religioso predominante en la época en que fue escrita. Los descubrimientos arqueológicos modernos nos han ayudado a entender el mosaico de la vida religiosa antigua, rica en continuidad y a poner en relación con la Tora el arsenal de nuestros conocimientos de la vida general en la antigüedad en Medio Oriente, como ha sido expresado por el Profesor W. Albright, uno de los más destacados arqueólogos de nuestros días. Escribió:

"La tradición hebrea posee, en la clara descripción de sus fundamentos tribales y familiares, una ventaja sobre todas las demás tradiciones nacionales."

Y desde sus más tempranos orígenes hasta las vicisitudes de sus diferentes exilios, en vano se encontrará otra historia comparable a ésta en claridad. Más adelante afirma:

"Hasta hace muy poco, los historiadores consideraban el relato bíblico sobre las Tradiciones de los Patriarcas del Libro del Génesis como una falsa reconstrucción de los escritores hebreos de la época de la monarquía. Sin embargo, los descubrimientos de la última generación han alterado esta percepción".

A excepción de algunas fracciones de entre los más viejos investigadores, no hay un solo historiador que no se haya impresionado por los numerosos hallazgos que apoyan la estricta historicidad de las tradiciones de los antiguos.

El Doctor Yojanán Aharoni escribe en su monografía histórica sobre la Tierra de Israel lo siguiente:

"Los nuevos descubrimientos han transformado radicalmente el enfoque de los investigadores a la Biblia. Ahora ven un origen histórico desde el primer momento que incluye los orígenes del pueblo. La actitud de los científicos ha cambiado no sólo porque en el Ínterin se han hallado otras fuentes (históricas) más serias que describen los eventos mencionados en la Biblia desde la perspectiva de su participación en la vida del pueblo egipcio y de los primeros asirios y cananeos. Su actitud ha cambiado porque las Escrituras ya no existen en el vacío: hoy en día tenemos ya clara la imagen de asentamiento del mundo y de los países en los cuales estos eventos ocurrieron, sus costumbres y leyes tal y como son descritas en las Escrituras, los nombres y los lugares mencionados, que son sólo apropiados para la época en discusión. Ningún escritor o editor pudo haber sido capaz de ensamblar relatos como estos, cientos de años después de su acaecimiento, puesto que las condiciones y costumbres ya habían cambiado drásticamente para entonces. El fondo histórico, las condiciones y costumbres de vida son propias sólo del segundo milenio antes de la era común. No hay ningún científico serio que sea realmente capaz de argüir en este punto, es decir, que estas tradiciones fueron transmitidas de generación en generación hasta que tomaron su lugar en las Escrituras."

La revista "Newsweek" del veintiuno de septiembre de 1981 reseñó en sus páginas noticias de hallazgos de la ciudad de Ebla que nos ofrecen su cultura y nombres, tal como son presentados en la Biblia; particularmente se menciona a Eber, rey de Ebla (Eber fue un antepasado de Abraham mencionado en el Génesis);así mismo se dan otras interesantísimas informaciones sobre las circunstancias que rodearon a las primeras manifestaciones religiosas descritas en la Biblia.

El mundo de la naturaleza también abunda en pruebas de que la información dada en la Tora es de tal modo correcta que confirma su origen divino. Por ejemplo, La Ley Oral, coetánea con el Texto Bíblico, al discutir los signos de permisibilidad alimenticia de los peces (sólo aquellos que posean aletas y escamas están permitidos), afirma que todo pez que posea escamas también tiene aletas —lo que ha sido comprobado como científicamente exacto. El Talmud pregunta al respecto de esta asombrosa información: "¿Acaso era Moshé un pescador?" (para que fuera capaz de conocer todos estos detalles). Puesto que no lo era, la respuesta más obvia es que los conoció por revelación divina.

Nuestras tradiciones igualmente declaran que el hombre es, por naturaleza desde su creación, herbívoro; el permiso para consumir carne le fue dado sólo después del Diluvio. Una inspección de la estructura dental humana nos revela que es plana, más apropiada para la ingestión de vegetales que para la masticación de carne animal.

A fin de calcular el tiempo de las festividades y de diseñar el calendario religioso, un profundo conocimiento de astronomía y matemática era necesario, mayor que el que prevalecía hace miles de años. Esto indica que se contaba con una tradición al respecto que llenaba las deficiencias propias del conocimiento puramente humano de esa época, tradición cuyo origen provenía de la enseñanza otorgada directamente por Di-s mismo.

Desde los tiempos bíblicos, los eventos históricos han proporcionado abundantes ejemplos de fiel cumplimiento de las palabras de la Tora. Uno de ellos es que la Tierra de Israel fue prometida exclusivamente al pueblo judío, y desde su exilio, ninguna otra nación jamás se ha establecido en asentamiento permanente o de primer rango. Este fenómeno es una concreción de las proféticas palabras de Levítico 26:32: "Y Yo haré que la Tierra sea desolada, y destruya a vuestros enemigos que ahí habiten." El comentario bíblico Torat Cohanim comenta sobre el particular: "Esta es una buena medida para el pueblo judío", es decir, que ningún enemigo hallará jamás descanso o abundancia en la Tierra de Israel. El comentarista medieval Moshé ben Najmán (Najmánides) añade:

"Estas son buenas nuevas que deberían ser proclamadas donde se hallen los exiliados: que nuestra Tierra no acepta a nuestros enemigos". Y, de hecho, desde que la Tierra de Israel fue conquistada por los romanos, declinó progresivamente y ni ellos ni los bizantinos ni los árabes ni los mamelucos o los turcos, por no hablar de los ingleses, han tenido nunca éxito en hacer de ella algo más que una provincia desatendida, sin vitalidad o atracción propia. Sólo el tenaz sentimiento judío de concernencia a lo largo de todo este tiempo ha logrado convertirla de nuevo en un lugar digno de atención. Ni siquiera la economía interna ha prosperado nunca sin la ayuda de los judíos, como fue profetizado en Ezequiel 36:8 "Vosotras, montañas de Israel, alargad vuestras ramas y rendid vuestro fruto a MÍ pueblo, porque ellos están cerca de venir."

El señorío árabe sobre la Tierra de Israel anterior al reciente retorno de los asentamientos judíos, tiene una asombrosa explicación en la literatura mística del Zohar, en donde se interpretan los versículos 21-23 del capítulo 30 del Libro de Proverbios:

"Por tres cosas la tierra tiembla, y por cuatro no puede permanecer: por un siervo cuando reina; y un hombre vulgar cuando está saciado con comida; (por) una mujer odiada (por su esposo) mientras está casada, y una sierva que reemplaza a su patrona".

"Los hijos de Ishmael (es decir los árabes, descendientes de Hagar, la esposa de Abraham) tienen una parte en el mandamiento de la circuncisión y por lo tanto pueden gobernar la Tierra de Israel, pero puesto que este mandamiento carece de su auténtica cualidad cuando es cumplido por ellos, su posesión de la Tierra es sólo temporal y puede serles retirada cuando los verdaderos hijos regresen."

Comprobamos así que en el "temblar" del mundo actual a causa de las luchas por la Tierra de Israel, una de las profundas enseñanzas de la sabiduría mística de la Tora emerge inquietante ante nuestros ojos.

Biografía del autor:

El Rabino Yoel Shwartz es un estudioso y prolífico escritor ha publicado más de 200 libros. Estudió en las grandes Yeshivot de Poneviz y Mir. Tuvo el merito de estudiar con el famoso Rosh Yeshiva de Yeshivat Mir, el rabino Jaim Shmuelevitch zt "l. En la actualidad se desempeña como Ram en la Yeshiva Dvar Yerushalayim. El Rabino Schwartz también ha sido consejero espiritual y educador desde el inicio del programa de alumnos de Yeshiva que se enrolan en el Ejército de Israel. Participó en el proyecto de creación de un tribunal y de la infraestructura para Bnei Noaj. El Rabino Schwartz es también el Presidente de la Corte Suprema, Av Beit Din, de este Tribunal, el Tribunal Especial para Cuestiones Relativas Bnei Noaj, conocido en hebreo como Beit Din L'inyanei Bnei Noaj, o BDBN. Reside en Jerusalén con su esposa, hijos y nietos.




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