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Dijo
Rabi Yaacov Yosef de Polnae: El mayor de los placeres es la unión.
¿Y
por qué esto es así?
Porque Hashem
es el orígen de todo el placer y toda la plenitud que hay en el mundo,
y como Hashem es Uno y todo proviene de su total y absoluta unidad, de momento
que experimentamos una situación genuina de unión, experimentamos
la sensación de estar unidos con nuestro origen divino, "lugar"
donde podemos encontrar el máximo nivel de placer y de plenitud.
Y es menester
comprender, que Hashem creó al mundo desde la Unidad a la multplicidad,
para que nosotros devolvamos al mundo de la multiplicidad a la unidad (pues
antes de la Creación del mundo, no existía nada fuera de la luz
única y simple de Hashem, la cual colmaba a toda la realidad).
¿Y
por qué Hashem hizo que esto sea de esta manera?
Porque Hashem
creó el mundo para darle placer a sus criaturas, y es a través
del trabajo de regenerar la unión en todas las dimensiones de la realidad,
lo cual es imprescindible para regenerar también la unión con
Hashem, que nos es dable de alcanzar el máximo nivel de placer que somos
capaces, motivo por el cual Hashem creó Su mundo ...
Y al hacerlo,
colmamos nuestra propia vida de la verdadera, genuina y esencial plenitud que
todos aspiramos; pudiendo comprender cabalmente las sabias palabras de Rabi
Yaacov Yosef de Polnae, quien expresó que el máximo de los placeres
existentes es justamente la unión ...
Cabe sin embargo por último
mencionar, que para que la unión sea verdadera y provechosa, deberá
de ser recreada en armonía con las leyes establecidas por Hashem, pues
una unión mal hecha habrá de derivar indefectíblemente en
disgregación (mientras que una separación en el momento indicado,
puede conducir a la más sagrada, intensa y elevada unión ...)
Dijo un
sabio: La ganacia del fracaso es el aprendizaje ...
Es decir,
también si el individuo siente que eventualmente fracasó en sus
objetivos, aún así debe de preguntarse cuál es el aprendizaje
que debe de extraer de su supuesto fracaso; pues toda situación de pérdida
o fracaso, incluye indefectíblemente una ganancia.
Y si la
persona puede extraer una enseñanza y un mensaje de aquello en lo cual
supuestamente fracasó, en realidad espiritualmente lo que tuvo no fue
un "fracaso", pues el fracaso fue el medio que le sirvió a
posteriori, para obtener una ganancia que quizás fue mucho más
grande que aquello que en apariencia, supuestamente "perdió"...
Además,
muchas veces lo que aparentó ser un fracaso, es aquello que conduce a
un éxito mucho más grande aún, siendo el "fracaso"
únicamente la "estrecha puerta de apertura", hacia la cual
se ingresó al "gran éxito" que había en el interior...
Y a modo de ejemplo, si una persona es despedida de un trabajo donde gana veinte
mil dólares por mes, para después ser contratada para otro lugar
donde gana cuarenta mil dólares por mes, lo que en apariencia pareció
muy malo, fue en realidad muy bueno; siendo esto aplicable a cualquier otro
ámbito de la realidad, pudiendo existir obviamente otro tipo de beneficios,
aún a costa de supuestas "pérdidas materiales"....
Y la persona que mira la vida desde esta perspectiva, en realidad realmente
nunca "fracasa", pues todo "fracaso" no es más que
una oportunidad de mejoría y de crecimiento, para poder llegar a un éxito
mayor...
Sea la voluntad de Hashem, que no necesitemos sentir la desagradable
sensación de que eventualmente fracasamos, para así recapacitar
y corregir aquello que debemos de corregir, haciendo las cosas positivamente
a través del camino del estudio y de la conciencia, actuando en armonía
con las leyes de Hashem y sintiéndonos felices, plenos y satisfechos...
Dijo un
sabio: Cuando menos damos las cosas por obvias, más agradecidos
estamos y más felices somos.
Y en este sentido, el Judaísmo es un sistema espiritual que contribuye
de manera sumamente útil a lograr este objetivo.
¿Por qué?
Porque el Judaísmo nos insta a agradecer constantemente por todo lo que
tenemos, desde que nos levantamos por la mañana diciendo el "Modé
Aní" para agradecerle a
Hashem que nos restituyó la vida con compasión y hasta cada cosa
que ingerímos (¡kasher!) durante el día, y cada buen aroma
que tenemos el mérito de poder oler, previo a lo cual decimos específicamente
la bendición que corresponde ...
Y todo esto
es posible, también en mérito a algo sumamente importante que
nos brinda el Judaísmo, que es el entrenamiento permanente de nuestra
conciencia para evitar que la más mínima acción pase desapercibida.
¿Y
cómo el Judaísmo hace posible este entrenamiento de la conciencia?
Basicamente
en tres ámbitos principales: en el rezo, en el estudio y en el cumplimiento
de los preceptos.
¿Y
por qué entrenamos nuestras conciencias a través de ello?
Porque para
rezar y que el rezo merezca realmente llamarse como tal, es imprescindible que
estemos conscientes y que pongamos intención en el contenido y el sentido
de las palabras que decimos.
Porque para
estudiar, y que el estudio merezca llamarse como tal, es imprescindible que
nos concentremos en el contenido de lo que estamos estudiando, para lo cual
también el Judaísmo también desarrollo toda una dinámica
particular de análisis, preguntas y respuestas, que ayuda a mantener
despiertas nuestras conciencias.
Por último,
porque para cumplir con un precepto y que eso se llame que lo cumplimos, es
imprescindible que pongamos al menos el mínimo de intención que
una acción determinada fue hecha con el objetivo que la misma sea para
cumplir el precepto ... (a excepción de la Tzdaká, que Hashem
la contabiliza en el cielo, también si se nos calló dinero del
bolsillo y un pobre lo tomó ...).
Y
como el secreto de la felicidad es tener un corazón agradecido, cuanto
más nos entrenemos en agradecerle a Hashem por cada porción de
bien que tengamos el privilegio de poder disfrutar, más felices habremos
de ser, y mayor será también la felicidad que tengamos el mérito
de poder proporcionar y eventualmente "contagiar" ...
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