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Vida judía


El potencial que tenemos dentro
Por. Rav Salomón Michan



Cada uno de nosotros, tenemos un gran potencial dentro, que debemos explotarlo al máximo. Hashem conoce ese potencial y él nos pide que lo aprovechemos al máximo que podamos.

 

Uno mismo puede llegar a ser Elihau Hanabí:

Escuché de Rab Tzbi Rotberg una gran historia, que de ella, podemos aprender un gran mensaje en la vida para cada uno y uno de nosotros.

Cuentan que un hombre muy rico, alumno de un gran Rab, fue a visitarlo y le platicó que él lo tenía todo en su vida: éxito, dinero, familia, etc., pero le faltaba una sola cosa, que nunca había podido llegar a eso: ver a Elihau Hanabí.

El Rab al escuchar esto, lo despojó de ahí, ya que lo que estaba pidiendo, era algo ilógico que nadie le pudiera dar.

El hombre rico, seguía insistiéndole al Rab, pero el Rab siempre trataba de evadirlo, ya que no quería desanimarlo que nunca iba a poder ver a Elihau Hanabí.

Tras tanto insistir, el Rab le dijo que si quería encontrar a Elihau Hanabí, tenía que ir a casa de una viuda muy pobre que tenía varios hijos y quedarse ahí durante todo Rosh Hashaná. El hombre aceptó y cumplió la condición del Rab, que tenía que llevar mucha comida, ya que la viuda no tenía ni que darle de comer a sus hijos.

Cuando llegó el hombre rico a casa de la señora viuda, tocó la puerta para que lo reciban. Cuando la señora abrió, el hombre le pidió si podía quedarse en su casa durante todo Rosh Hashaná; la señora le dijo que con todo gusto, sólo que ella no tenía dinero ni para alimentar a sus hijos. El hombre la tranquilizó y le explicó que el llevaba mucha comida para varios días y para toda la familia. La señora se alegró mucho y lo invitó a su casa a pasar Rosh Hashaná.

Pasaban los días de Rosh Hashaná y el hombre buscaba y buscaba a Elihau Hanabí, pero no lo encontraba; hasta que acabó Rosh Hashaná y muy deprimido, regreso a su ciudad, para reclamarle al Rab que no había encontrado a Elihau Hanabí.

Cuando llegó el hombre con su Rab, le reclamó mucho, ya que lo había llevado tan lejos, lejos de su familia y en Rosh Hashaná.

El Rab le dijo: ahora sí te voy a decir donde encontrar a Elihau Hanabí. Ve a la casa de la misma señora, antes de Kipur y ahí seguramente lo veras.

El hombre volvió a prepararse para su camino, igualmente con mucha comida, ya que es una Mitzvá comer todo el día antes de empezar el ayuno de Kipur.

Al llegar a la casa de la señora viuda, escuchó por la ventana muchos llantos, que eran de todos los hijos de la señora, pidiéndole comida a su madre, ya que tenían mucha hambre y no tenían que comer.

El hombre estaba escuchando todo y esperando entrar a la casa para ver a Elihau Hanabí; hasta que la señora viuda dijo lo siguiente: “hijos, no se preocupen, vamos a hacer Tefilá, para que Hashem nos vuelva a mandar a Elihau Hanabí con comida”.

El hombre escuchó esto y se dio cuenta quien era él.

Muchas veces no nos damos cuenta quiénes somos, y qué podemos hacer con el potencial que tenemos dentro.          

La única manera de llegar a nuestro potencial, es esforzándose:

Rabí Eliezer Ben Horkenus, fue uno de los más grandes sabios que tuvo el pueblo de Israel en todas las épocas.            

Cuando era joven, jamás había podido estudiar nada de Torá. Ni siquiera sabía decir el “Shemá Israel”, el “Birkat Hamazón”, ni ningún otro rezo.

El era un joven grande y fuerte, y todos los días salía a arar los campos de su padre.

Sus hermanos araban la tierra de la planicie, donde ésta era llana y blanda, mientras que él lo hacía en la montaña donde ésta era dura y rocosa.

Un día, Eliezer se sentó en su casa y se puso a llorar.

Vino su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Es acaso porque tus hermanos aran la tierra blanda mientras que tú aras la rocosa que es más difícil de arar? No llores Eliezer, a partir de ahora tu también vas a arar la tierra llana.

Eliezer comenzó a arar en la planicie, sin embargo, cuando llegaba a su casa, lloraba. Se sorprendió su padre y le preguntó: ¿Por qué lloras Eliezer? ¿Acaso es porque te di para que trabajes en la planicie? Le dijo Eliezer: No. Le preguntó entonces su papá: ¿Y entonces por qué lloras? Eliezer le dijo: lloro porque quiero estudiar Torá; si puedo arar tierra rocosa, de seguro que tengo fuerzas suficientes para también estudiar Torá.

Se rió su padre de él y le dijo: ¿Quieres estudiar Torá? ¿Un muchacho grande como tú quiere estudiar Torá? Tú ya podrías casarte. Cuando tengas hijos, llévalos a ellos al colegio para que allí estudien Torá.

Lo miro seriamente Eliézer y le dijo: ¡Me iré a Yerushalaim y estudiaré allí Torá con Rabí Yojanan Ben Zakai!

Se enojó con él su padre y enojado le dijo: tienes que arar absolutamente todo este campo.  Hasta que no termines no recibirás nada de comida.

Horkenus pensó lo siguiente: Mi hijo Eliezer trabajará tan duramente la tierra que finalmente se olvidará de sus deseos de estudiar Torá.

Sin embargo, Eliezer se levanto temprano y aró todo aquel campo. Cuando termino de arar no se fue a su casa para pedir comida, sino que sin esperar ni un minuto más, se dirigió caminando hacia la ciudad de Yerushalaim. En el camino no tenía lo que comer, ni tampoco dinero para comprar comida. Cada vez que sentía hambre, se ponía tierra en su boca y la masticaba, para así evitar sentir tanta hambre. Llegó finalmente a Yerushalaim y entró en el Bet Midrash donde Rabí Yojanan Ben Zakai enseñaba a sus alumnos.  Se sentó Eliezer en un costado y escuchó. Sin embargo, no entendía nada de lo que hablaban, pues hasta ahora nunca había estudiado Torá. Comenzó entonces a llorar. Al verlo Rabí Yojanan Ben Zakai se acerco a él y le preguntó: ¿Por qué lloras hijo mío?

Eliezer le contestó: lloró porque quiero estudiar Torá y entender como el resto de los alumnos entiende.

Percibió Rabí Yojanan Ben Zakai que él ya era un muchacho grande y no un niño que comenzaba a estudiar, y entonces le preguntó: ¿Acaso hasta ahora nunca has estudiado la Torá?

Nunca estudie hasta ahora absolutamente nada de Torá, le contestó Eliezer.

Entonces, le dijo Rabí Yojanan Ben Zakai,  te enseñare el “Shemá Israel”, el “Birkat Hamazón” y la Tefilá. Le enseño Rabí Yojanan Ben Zakai y Eliezer aprendió con gran ahínco todo lo que él le enseñaba, repasándolo varias veces hasta haberlo aprendido correctamente.        

Luego le enseño Rabí Yojanan Ben Zakai más palabras de la sabiduría de la Torá, repasando Eliezer todo lo que estudiaba hasta que lo sabía a la perfección. 

¿Y quién le dio de comer a Eliezer? Nadie le dio de comer, y el mismo se había olvidado de que tenía hambre, de tanto que le gustaba estudiar Torá. Así pasaron ocho días.

A causa del hambre y de la tierra que había comido, comenzó a salir un desagradable olor de boca de Eliezar. Cuando Rabí Yojanan Ben Zakai percibió aquello, se dio cuenta que eso se debía a que hacía mucho tiempo que no entraba nada en su boca.

Se dirigió entonces a Eliezer y le dijo: Eliezer, ¿has comido hoy? Se avergonzó Eliezer que ya hacia ocho días que no comía nada, y por vergüenza calló.

Le insinuó Rabí Yojanan Ben Zakai a dos de sus alumnos que vayan en silencio a la casa donde Eliezer dormía por la noche y que le pregunten a la dueña de casa si le dieron allí de comer.

Fueron hasta allí y le preguntaron a la dueña de casa si su amigo Eliezer había comido allí.

Ella les dijo: no, pensé que comía con Rabí Yojanan Ben Zakai. Sin embargo, me fijé que saco algo de una bolsa y lo masticó. Quizás allí hay comida. Abrieron la bolsa y vieron que allí había solamente tierra.

Regresaron al Bet Midrash y le contaron esto a Rabí Yojanan Ben Zakai, quien inmediatamente llamó a Eliezer y le dijo: Eliezer hijo mío, así como salió mal olor de tu boca por no haber comido ocho días, que así te hagas un buen nombre que sea mencionado por boca de todas las personas, pues ciertamente te has de transformar en un gran sabio. A partir de ahora siempre habrás de comer en mi mesa.     

Se quedó Eliezer con Rabí Yojanan Ben Zakai estudiando Torá día y noche, hasta que logró transformarse en un gran sabio del pueblo de Israel.

Todos tenemos un gran potencial dentro de nosotros que debemos aprovecharlo, y que mejor que aprovecharlo en la Torá.

El Netzib de Volojin, hizo una fiesta al acabar su libro Emek Shehelá:

El Rab Naftali Tzvi Iehudá Berlín, mejor conocido como el Netzib de Volojin, fue el Rosh Yeshibá de la afamada casa de estudios de Volojin,

El día que culminó de escribir uno de sus libros, al que tituló Emek Shehelá, [1] hizo una fiesta a la que invitó a los alumnos mayores de la Yeshibá y a varios conocidos.

En el transcurso de la reunión y de la comida que allí se sirvió, uno de los invitados le preguntó, ¿acaso por escribir un libro hay que hacer una reunión como esta? ¿Qué necesidad hay? (de la pregunta se puede concluir que no era algo normal, a diferencia de hoy que sí vemos se realizan eventos de presentación).

El Rab le respondió con el siguiente relato:

Cuando yo era tan solo un niño de doce años, no tenía muchas ganas de seguir estudiando Torá.

En vano fueron todos los esfuerzos de mis padres, para que cambie mi actitud. Al principio pensaron que cambiando de Moré, la cosa mejoraría, pero no fue así. Aún contratando Morim, maestros con una vasta experiencia, no tenía ganas de estudiar.

Un día de esos, estando yo en mí cuarto, escuché como mi papá le dice a mi mamá:

La verdad es que ya no se que hacer. He cambiado de Moré y buscado incentivar a nuestro hijo Naftali para que se siente a estudiar, y no hay mejora.

¿Qué te parece si vemos como contratar a alguien que le enseñe un oficio? Algo tiene que hacer en la vida. No creo que esta situación se pueda revertir…

Al escuchar esta conversación, me asusté de verdad. En aquel entonces que un niño trabaje no estaba bien visto. Por lo que corrí a la cocina, donde ellos estaban hablando y entre lágrimas le dije a mi papá:

Papá, por favor, dame otra oportunidad, te prometo que estudiaré, te lo prometo de verdad… ¡Y comencé a estudiar de verdad…!

Ahora bien, imagínense ¿Qué hubiera sucedido si no hubiera roto en llanto y hubiese dejado todo como hasta ese momento? Seguramente hubiera aprendido un oficio. Sería seguro un observante de la Torá, no sería un ladrón ni nada parecido. Rezaría tres veces por día como corresponde. Asistiría a una clase de Torá mínimo una hora diaria. Así seria mi vida dentro de la Torá, como un comerciante o profesional, correcto.

Pero, acaso algún día hubiera pensado que al llegar al cielo después de 120 años, allí me van a preguntar: Sr. Naftali, usted en vida fue un muy buen sastre, correcto y honesto; pero… ¿sabe usted que poseía el potencial para escribir un libro de Torá que se estudiaría en todas las Yeshibot del mundo?, (y también sabemos que escribió muchos libros mas, como ser el comentario sobre el Jumash, los cinco libros de la Torá) ¿Qué hubiera respondido? ¡El reclamo sería muy grande!

Y bueno, ahora que empecé a estudiar y escribí este mi primer libro, ¿acaso no voy a festejar? ¡Al menos ya tengo lo que responder en el cielo! [2]

Ponerse metas en la vida:

Cuando una persona se propone una meta en la vida para cumplirla a largo plazo, normalmente pasan dos cosas.

    1. Logra su meta.
    2. Llega cerca de su meta.

Pero sobrepasar su meta, pocas y raras veces se ven.

Dicen los Jajamim: todos tenemos la obligación de pensar: ¿Cuándo llegarán mi actos, a los actos de mis padres? [3]

Esto no es ninguna exageración, sino una realidad. Todos debemos tener objetivos y aspiraciones para llegar a la categoría de Abraham Abinu, de Yosef Hatzadik, de Moshé Rabenu, etc.

Dicen en nombre de Rab Jaim Shuelebitz, Rosh Yeshibat Mir, que en una ocasión dijo lo siguiente:

“Si una persona se esfuerza tanto en la vida para llegar a ser como el Gaón de Vilna; en el Shamaim le van a reclamar y le van a preguntar: ¿por qué no quisiste ser más grande que el Gaón de Vilna…? cualquier persona debe tener esa aspiración, ser más que el Gaón de Vilna. [4]

Conocemos la frase: “El que quiere, puede” y por supuesto, “El que quiere crecer en Torá, Hashem lo ayuda”, así como está escrito en la Guemará: “En el camino que la persona quiere ir, lo encaminan del cielo”. [5]

El Álbum de estampas de Rab Mordejay Gifter:

Desde pequeños debemos ponernos metas grandes, para llegar a cumplirlas, así como paso con Rab Mordejay Gifter:

Hace varios años, hubo una época que en América se coleccionaban fotos de Jajamim y se colocaban en un álbum.

Había un niño llamado Mordejay Gifter, que tenía su álbum y lo empezó a llenar. Lo más extraño, fue que de todo el álbum, dejó intencionadamente un espacio vacío sin ninguna fotografía.

Los padres de este niño, tomaron el álbum de su hijo, y vieron que en lugar de poner alguna fotografía de algún Jajam en ese espacio, había una nota escrita por su hijo que decía: “Mordejay: si estudias bien y te esfuerzas en el estudio de la Torá, estarás dentro de éste álbum, de lo contrario, estarás fuera de él”

Este pensamiento de ese niño tan pequeño, fue lo que lo impulsó y le dio la fuerza para ser le que fue: “un gran Rab reconocido en el mundo de la Torá”. [6]

Que Hashem nos ayude a tener aspiraciones de ser grandes en la Torá, explotar nuestro gran potencial que tenemos dentro y podamos cumplir con la volunta de Hashem, Amén.


[1] Es un libro que se estudia en todas las Yeshibot del mundo hoy en día.

[2] Leído en libro de Rab Shalom Shbadron.

[3] Elihau Rabá 23.

[4] Netibé Or hoja 503, Rab Nisim Yaguen.

[5] Guemará en Macot.

[6] Alenu Leshabeaj Bereshit hoja 118.




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