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Shabat Shalom


La Hoja Nueva - Toldot 1
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

ESQUIVANDO VALLAS ¡son gemelos!

“También será bendecido” (Bereshit 27,33)

Durante muchos años, Itzjak Avinu amó a Esav, pensando que era el hijo exitoso y dueño de la bendición, o sea, digno de recibir la bendición del padre. En sus faltas, el padre veía sólo virtudes: un hombre que habitaba el gran mundo, y con todo eso mantenía su simpleza, sabía cazar como nadie y también sabía hacer preguntas sobre las leyes, un hombre de campo que honraba a su padre.

Y de pronto, todo el edificio se derrumba, todo lo que tenía tanta fuerza se debilita. De pronto se aclara que en el Cielo hay un pensamiento diferente, y el camino va hacia otro lado. El hijo menor recibe las bendiciones y el mayor queda relegado para siempre. Y ahora el padre entiende que las preguntas sobre la Halaja eran solamente un engaño, y que en los campos hacía cosas que nadie podía creer, ya que cuando Esav entraba en un lugar, entraba junto con él el Gueinam, el infierno (Midrash Raba, Shir Hashirim 4,24).

Y cuando Itzjak Avinu comprende todo lo ocurrido, está escrito que Itzjak temió un temor muy grande (así está remarcado de tan grande que era su miedo), y dijeron nuestros sabios, de bendita memoria, que su miedo fue mayor que el que sintió cuando estaba sobre el Altar y Abraham Avinu estuvo a punto de degollarlo (Midrash Raba, Bereshit 67,2).

Allí, sobre el Altar, dijeron nuestros sabios que se abrieron frente a él todos los cielos, y que se pudo ver la verdad en todos los mundos. Allí, explica el gaon rabí Jaim Shmuelevich ztz”l, pudo ver con claridad cuál es la verdad.

Pero aquí, aquí el temor fue mucho más grande porque aquí pudo ver qué grande es la fuerza de la mentira. Que puede mostrarle una cara bonita, iluminando al hombre durante sesenta años y al final poder comprobar que estuvimos andando en un terrible engaño, y en el caso de Itzjak, que Esav lo estuvo “cazando” con su boca.

Y entonces, ¿qué hizo Itzjak? ¿Cómo se comporta un hombre santo y piadoso cuando descubre que vivió toda su vida engañado?, ¿acaso se pondrá furioso y comenzará a maldecir, Jalila? No, seguro que no, preguntará y averiguará, y así descubrirá que ese hijo también ha dejado de ser el primogénito, vendió su primogenitura, la despreció, despreció el servicio sagrado. Con justicia, el hijo menor recibió las bendiciones porque le correspondía…

¿Y ahora qué va a hacer? En lugar de criticar y castigar, intenta acercar: también tendrá su bendición, el hermano menor. Entiende Itzjak que así fueron las cosas arregladas en el Cielo, que así fue la Voluntad de Hashem Itbaraj, y no debe enfurecerse con un hombre. No con Esav, que hasta ese momento se había comportado bien con su padre. Ahora hace lo contrario, va y le regala su bendición. Y no castigar a Iaacov, que aparece en lugar de su hermano y tampoco a su esposa, porque Iaacov va enviado por ella.

En los “depósitos” de los grandes hombres no existe esa mercadería llamada “enojo”. Pero existen esos momentos especiales en los que, a pesar de que todo parece diferente e inexplicable, podemos aprender una lección. Ahora sabemos que el hijo menor es excelente y digno, tanto para la primogenitura como para el servicio a Hashem, que el padre puede enviarlo para convertirse en la base de la casa de Israel, cuando esté acompañado de las bendiciones del padre. Que Hakadosh Baruj Hu le dé Su Bendición… y que sea bendecido, y que sea una congregación de pueblos, y le dará la bendición de Abraham Avinu para él y para su descendencia… Y El, Iaacov, será la continuación de esta dinastía eterna y bendecida.

Y todo esto, por supuesto, tiene mucho que ver con nosotros. Sabemos que la Tora es tan amplia y sus leyes son tantas y tan variadas.

El gaon, rabi Iojanan Aibshitz ztz”l escribió, que si no estudiamos las leyes de Shabat con continuidad y en profundidad, podemos estar seguros de que caeremos en la profanación del Shabat! Y lo mismo con las leyes del Shemirat Halashon, el cuidado del habla, y en muchos otros asuntos. Y es sabido que la falta de conocimientos sobre una ley no me protege del castigo por no cumplir con ella, ¿por qué?, porque debía haber estudiado y no estudió (Baba Kama 92a), y el hacer algo sin darse cuenta, aunque sea por no estudiar, hace que sea considerado intencionalmente (Pirke Avot 4,16).

Y veamos, un hombre estudia, y descubre que una cosa que él acostumbraba hacer, supuestamente porque estaba permitida, en verdad, de acuerdo a la Halaja, está prohibido hacer. Vamos a aprender de Itzjak Avinu cómo debemos proceder: como primera medida, según la lógica, debe aparecer ese miedo tan grande. El miedo producto de no sentirnos cómodos con nuestra conducta, produce ahora el arrepentimiento a lo que hicimos y nos lleva a cambiar el rumbo. Me equivoqué, y ahora sé cuál es la verdad, y por esa verdad me conduciré desde este mismo momento.

Es sabido, que rabi Akiva fue pastor de ovejas hasta la edad de cuarenta años, y hasta entonces, tenía muchos prejuicios contra los sabios de esa época. A los cuarenta años comenzó a estudiar y con su luz iluminó el judaísmo. Y dijeron nuestros sabios: ocurrió con rabi Akiva que estaba sentado, estudiando con sus alumnos, y recordó lo que hizo en su juventud. ¿Cómo pasaron en vano cuarenta años de su vida? Y entonces, ¿qué?, ¿acaso comenzó a llorar y a lamentarse, a reprocharse y a renegar? Dijo: yo te agradezco, Hashem, mi D-s, que me has puesto a estudiar en un Beit Hamidrash. Lo que pasó antes, ya pasó, y desde ahora, todo está en su lugar.

Maian Hashavua.

 

¡SON GEMELOS!

“Y crecieron los muchachos”

(Bereshit 25,27

Explica Rashi: todo tiempo en el que eran pequeños, eran conocidas sus acciones, y ninguna persona podía determinar cuál era la naturaleza de cada uno, pero cuando cumplieron los trece años de edad, uno se fue hacia las casas de estudio y el otro se desvió hacia la idolatría.

El Ben Ish Jai nos trae un ejemplo: del nido de las águilas, cayó uno de los pichones a la tierra, al lugar donde pastoreaban las cabritas. El pichón de águila creció entre las pequeñas cabras y hasta se comportó como el resto de las cabras, hasta… hasta que le crecieron las alas, y comenzó a volar y se fue, hasta encontrarse con otras águilas, en su lugar natural. Pasaron unos días y el águila vio a una de las cabras con las que creció, y la reconoció. La cabra le dijo: ¿cómo estás, hermano águila, a dónde te has ido?, ¿por qué no has vuelto con nosotros?

El águila le contesta: es verdad, cuando fuimos pequeños anduvimos juntos, y casi no existía la diferencia entre nosotros. Pero ahora, hemos crecido, cada uno de nosotros tiene la característica propia de su especie, y no nos parecemos en nada.

Todo tiempo que Iaacov y Esav eran pequeños, crecieron en el mismo jeider junto a su rebe, su padre Itzjak, y casi no había diferencia entre ellos. Pero, los muchachos crecieron, ahora vemos la diferencia extrema: y Esav era un hombre que sabía cazar, un hombre de campo, y Iaacov un hombre sencillo, íntegro, que estaba sentado estudiando en las tiendas

Umatok Haor.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

León Ben Ezra




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