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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Bo
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

GRACIAS POQUITAS GRACIAS

“...con los zapatos en sus pies...”

(Shemot 12,11)

A veces, nosotros nos detenemos a ver el comportamiento de gente, que aparentemente, nos parece gente simple, y alguna de esas veces llegamos a pensar que no tienen nada de inteligencia, por lo tanto, nos parece que no tenemos nada que aprender de ellos. De todas formas, nosotros debemos saber, que si Hakadosh Baruj Hu nos puso delante, nos hizo ver el comportamiento de esta persona, seguramente habrá algo importante para aprender.

Una vez, viajando desde Ramat Gan hacia Bnei Brak, muy temprano, en la mañana, descubrí que había un hombre sentado en uno de los tantos asientos que hay en la calle, y en su rostro se notaba un gran sufrimiento, aparentemente, había algo que lo estaba atormentando.

De pronto, el hombre toma el cordón de uno de sus zapatos, y después de romperlo con mucha bronca, lo arrojó al suelo. Después hizo lo mismo con el zapato... y siguió sentado en el asiento, encorvado y con cara de enojado.

Estaba seguro que este hombre necesitaba ayuda, pero, en un principio, no quise detenerme para ayudarlo. Finalmente, a pesar de mis temores, me detuve a preguntarle, y cuando estuve ya muy cerca le pregunté en qué podía ayudarlo.

El hombre, al igual que una persona que despierta después de una pesadilla, me miró y me dijo: si usted quiere ayudarme, entonces, maldígalo...

No es nuestra costumbre maldecir, le dije, pero tal vez sea de utilidad que me digas a quién quieres maldecir...

Me lo señaló y me dijo: quiero que maldigas a este cordón, al cordón de mi zapato.

¿Qué es lo que te hizo el cordón?, le pregunté.

Después supe, que todas las mañanas, este hombre hacía un recorrido de varios kilómetros, por los alrededores de su casa. Y hoy, en la mitad de su maratón, uno de los cordones de sus zapatos se desató. Intentó volver a atarlo, y no lo consiguió, hasta que el plástico que está en cada extremo del cordón (para cerrar el cordón y que no se deshaga) se rompió. Y así se dio por terminado el ejercicio de ese día.

No pudo contenerse, y con toda su furia, rompió el cordón y el zapato.

Y en ese momento, yo me encontré con él.

Al estar presente en un espectáculo tan desagradable, intenté explicarle con tranquilidad, que lo ocurrido no era una tragedia, y que resultaba penoso enojarse por cosas sin importancia. Pero para mí, personalmente, esto me aportó una gran enseñanza. Si pensamos y logramos encontrar el mensaje de este relato, podremos fortalecernos en la forma en que agradecemos al Bore Olam.

Nosotros estamos acostumbrados a agradecer a Hakadosh Baruj Hu sólo por las “cosas grandes” que El hace por nosotros. Agradecemos a las cosas que vemos que son un verdadero milagro. Desde luego que esto es absolutamente necesario, y debemos agradecer permanentemente a Hashem Itbaraj, y alabarlo por todo lo bueno que nos da. Pero está prohibido olvidar las “pequeñas cosas”, y también debemos agradecer por las cosas cotidianas, aunque a veces podamos pensar que podríamos arreglarnos perfectamente sin ellas.

Veamos que ninguna persona puede llegar a pensar que el atarse los cordones del zapato se clasifica como algo grande, y acaso, ¿alguno de nosotros agradeció a Hakadosh Baruj Hu el habernos regalado la capacidad de poder atarnos los cordones del zapato?

Aquí estamos frente a un hombre, al que un pequeño inconveniente como el atar el cordón de un zapato, lo alteró tanto hasta dejarlo fuera de control. Debemos recordar, que la bendición de la mañana, “Sheasa Li Kol Tzorki”, que hizo para mí todas mis necesidades, está orientada hacia los zapatos, y de acuerdo a nuestro relato entendemos, que si hasta hoy pensamos que debíamos agradecer sólo por los zapatos, ahora aprendimos que también hay que agradecer por los cordones de los zapatos.

Y no sólo por el cordón, sino también por el plástico que cierra cada extremo...

Traducido del libro Barji Nafshi.

Y si queremos podemos seguir y la lista resulta interminable… Sólo pensar en nuestras bendiciones de la mañana. En el libro del rab hagaon Shimshon David Pinkus ztz”l, “Sidur Tefila”, podemos encontrar que las bendiciones que recitamos todas las mañanas se refieren exclusivamente a cosas materiales.

Generalmente las leemos como “loritos”, sin prestar atención, pero podemos ver que allí agradecemos por abrir los ojos, porque tenemos prendas para vestirnos, porque podemos pararnos y erguir nuestro cuerpo, porque caminamos, porque Hashem nos dio entendimiento, etc., etc., todas cosas que damos por entendido que nos corresponden, pero yo pregunto, ¿quién dijo que mañana por la mañana debo levantarme?, ¿quién dijo que mañana por la mañana podremos abrir los ojos? Hashem decretó, tratemos de ser agradecidos por la bondad de sus decretos…

 

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra ז”ל

 

 

 

¡CUIDADO! AMIGO SE ACERCA 

“...y me bendecirán también a mí”

(Shemot 12,32)

Malditos serán los malvados. El faraón se bañaba todos los días con la sangre de los bebés de los hebreos intentando así curarse de su lepra.

Ciento cincuenta bebés de Israel por la mañana, y ciento cincuenta bebés por la noche (Shemot Raba 1,34). ¡Cuántos iehudim murieron por los trabajos forzados que el faraón exigía! ¡Cuántos niños fueron ahogados por sus decretos! ¡Cuántos castigos recibieron nuestros padres cuando no pudieron completar el trabajo de cada día! Endureció su corazón. Y su propio pueblo recibió castigos y sufrimientos por su propia negligencia. Malvado, un monstruo hecho a semejanza de otro monstruo... y su altura alcanzaba sólo el medio metro. Un enanito diabólico, con la figura de un monstruo, como las palabras de la Guemara (Moed Katan 18): cuanto más pequeño, más grande era su soberbia, hasta decir: ¿Quién es Hashem, para que escuche su voz?

Y Hakadosh Baruj Hu tiene el remedio adecuado y probado para preguntas como éstas. Un hombre estaba frente al justo, el Baal “Iesod Haavoda” Mislonin ztz”l, y conversaba con él diciéndole que tenía muchas dudas sobre la fe, que no lo dejaban tranquilo.

El justo le contestó: tú no eres el primero al que le pasa esto. También el faraón tenía dudas y preguntó: ¿quién es Hashem?, y tuvo su respuesta... a los golpes, con las plagas. Sobre cada pregunta, un golpe, otra pregunta, otro golpe, hasta recibir las respuestas a todas sus dudas...

¡Cuántos golpes hemos recibido en los últimos tiempos! Tanto grupal, como individualmente. ¿Cuándo comprenderemos que estos golpes se deben al debilitamiento de nuestra fe? ¿Cuándo diremos: basta, ya sabemos que se trata del Dedo de Hashem!?

El malvado faraón recibió muchos golpes, uno tras otro, hasta que entendió el mensaje. Y a la fuerza lo entendió, corrió en la mitad de la noche buscando la casa de Moshe Rabenu, y le dijo: “levántense y salgan de entre mi pueblo... vayan y sirvan a Hashem”, pero al decir esto no estaba todavía conforme, y debió agregar: “y me bendecirán también a mí”.

Preguntó el rab “Torat Jajam” ztz”l: ¿por qué “también” a mí? Y contesta con las palabras del Midrash, que cuando el faraón envía al pueblo, los bendice: ¡vayan en paz, salgan en paz! (Shemot Raba 20,10), por eso pide que él también sea bendecido de la misma forma que él bendice al pueblo, de todo corazón!

¡Qué vergüenza, qué descarado! Imaginemos a un jefe del ejército alemán de la segunda guerra, encargado en el campamento de exterminio de Auschwitz, que golpeaba a la gente hasta matarla, que colgaba personas, abusaba de ellas, asesinaba, etc. etc. Ahora, cuando terminó de hacer todo esto, cuando termina la guerra, corre a abrir las puertas del campamento y deja en libertad a los detenidos y les dice: “y me bendecirán también a mí”... piensen bien de mí y devuélvanme la bendición, de la misma forma en que yo los bendigo al salir de mi infierno... ¿qué le podemos contestar? Lo menos que podemos hacer es colgarlo de la plaza de la ciudad donde él mismo colgó a tantas personas...

Hay una regla que siempre se cumple: el no iehudi no puede bendecir al iehudi con el corazón. Es una ley conocida, que Esav odia a Iaacov. Y Iaacov deberá endurecer su cuello para recibir el beso de Esav, lo deberá convertir de antemano en un cuello de mármol, esperando una mordida en lugar de un beso...

Y hay algo más: rabenu Harambam z”l escribió en una carta a su hijo, que el faraón es el ejemplo del ietzer hara, del instinto malo. El ietzer hara es la fuente de los deseos y las pasiones materiales y más de una vez se disfraza de un amigo o de un ser querido. Nos sugiere que debemos dejar un poco la Tora por cuestiones de salud o descanso, ventilarnos un poquito por caminos no del todo recomendables. Nos dice que es como cumplir con un precepto, el hablar maledicencia sobre fulano, y en otros casos que es una obligación despertar una pelea entre dos personas, y que está prohibido, perdonar o dejar pasar, porque si hacemos eso, pueden pensar que somos tontos. El nos quiere hacer “cumplir” muchos preceptos, pero nosotros debemos saber, que así como el faraón siguió siendo siempre el faraón, igualmente el ietzer hara siguió siendo ietzer hara. Los escritos lo llaman “odiado” (Mishle 25,21) y cuando está disfrazado de amigo, es doblemente peligroso.

Nosotros no precisamos ni las bendiciones ni los consejos, no del ietzer hara ni tampoco del faraón. Nos alcanza con las bendiciones y consejos de Moshe Rabenu y del Ietzer Hatov.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

Leiluy Nishmat 

León Ben Ezra ז”ל




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