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Shabat Shalom


La Hoja Nueva -Bamidbar
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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B"H

LA SALVACION LLEGA
¡NO ME DEJEN ATRAS!

“…el candelabro para iluminar y sus velas...”

(Bamidvar 1,2)

Veamos lo que tenemos justamente detrás de nuestras paredes, o de nuestras espaldas… El Mashiaj está a punto de llegar, muy pronto, y nos traerá un gran regalo, a cada uno de nosotros.

“Y de pronto llegará al Altar, justamente Quien estaban reclamando, el Angel del Pacto que ustedes querían, vean, ya llega” (Malaji 3,1). Pero la continuación de los versículos no es tan agradable: “y quién es el que vemos ahí parado, porque quema como el fuego!!!”

Cuando nosotros estamos parados frente a una persona justa, estamos casi derretidos, cuando estamos parados frente al “Gadol Hador”, el rab más importante de la generación, estamos temblando, ¿cómo debería ser nuestra reacción al estar parados frente al Mashiaj? Abramos los ojos, por favor, y saquemos la confusión que hay en nuestras almas, que perfora nuestras almas, y ya está mencionado en libro de Ieshaia (11,4), que terminará la tranquilidad en la tierra, y morirá el malvado…

Pero tenemos un punto a nuestro favor. Si podríamos asimilar o tomar para nosotros, sólo una parte de todo este ruido, si lográramos acercarnos a toda esta Salvación, seríamos los socios en toda esta alegría. Esto sería de gran ayuda para todos…

¿Y cómo podemos conseguir esto?
El Or Hajaim Hakadosh ztz”l, cuando comenta el versículo de Shemot (27,20), nos revela el secreto, que la Salvación llegará por el mérito de Moshe Rabenu: Moshe no querrá redimir a un pueblo que se aparte de la Tora. Así de simple, y sin vueltas.

Y si hace falta se puede aclarar todavía más: todo hombre que ingresa a un curso de Tora, toda mujer que envía a su marido a una clase de Tora, los padres que anotan a sus hijos en una escuela donde enseñan Tora de la forma que corresponde, todos ellos están acercando la Salvación. Que llegará muy pronto, y todos podremos alegrarnos en la que será nuestra verdadera alegría…, ¿por qué decimos así? Porque nos alegramos de muchas formas, con muchas cosas, pero con nuestra propia alegría, será algo muy especial…

El gaon Maran Hajida ztz”l, encontró en nuestra perasha una relación con lo que estamos mencionando: el candelabro que ilumina y sus velas... El candelabro lo relacionamos con la Luz de la Tora, y el mérito del estudio nos revelará las luces de la Salvación.

Por eso nosotros debemos recordar y tener bien presente. No podemos acercar luces extrañas que solamente quieren torcer nuestro camino del verdadero rumbo de la Tora y del temor a Hashem, para llevarnos, lo alenu, por un mal camino que únicamente reconoceremos como malo y amargo una vez que ya estemos muy sumergidos en él. Que no se cumpla jamás en nosotros lo que decimos en nuestra confesión: que nunca nos apartemos de tus preceptos y tus juicios, hasta que dejen de tener valor para nosotros…

Contaba el rab hagaon Iaacov Galinsky Shlita: esto ocurrió exactamente antes de comenzar la segunda guerra mundial. Alemania llamaba a la guerra, y esto acababa con las ilusiones de cualquier persona, nadie podía suponer que podría conseguir algo proyectado, nadie podía pensar que podrían seguir en paz. Los tanques alemanes estaban frente a los límites de lo que era Polonia, y no había ninguna fuerza que se atreviera a detenerlos.

Desde Alemania, las autoridades de entonces ordenaban apresar a la gente y apoderarse de sus propiedades, muebles e inmuebles, casas, tierras, todo. El Rosh Haieshiva, rabi Abraham Iafen ztz”l, recuerda que el edificio de la Ieshivat Novardok, en Bialistok, no había sido hasta entonces escriturado, con lo cual corría un gran peligro de ser expropiado. La escrituración era muy costosa, y, desde luego, se trataba de una suma que no estaba al alcance de la Ieshiva, pero mejor conseguir esa suma a no perder el edificio. Habría que apurarse, mientras todavía se pueda. El antisemitismo se había apoderado de todo el país, le querían sacar a los iehudim todas sus riquezas, y la guerra era una buena excusa para conseguir ese propósito.

El Rosh Haieshiva se acercó a mí y me dijo: tú eres un hombre de baja estatura, hasta pueden confundirte con un niño, nadie se va a fijar en ti ni nadie pretenderá hacerte mal. Toma los documentos y el dinero, y viaja a Varsovia para escriturar el edificio a nombre de la Ieshiva.

Como era de suponer, no recibí dinero para el viaje, sólo para la escrituración, el viaje corría por mi cuenta y para ello debería hacer uso de mi Confianza en Hashem.

Llegué a la estación del tren, estaba repleta de soldados que viajaban al frente de guerra. Averigüé cuánto costaba el pasaje hasta Varsovia en tercera clase, la clase económica, y conseguí el dinero gracias a los buenos iehudim que encontré por allí, todos con mucho miedo por lo que estaba por acontecer. Me acerqué a la ventanilla y pedí: por favor, un boleto para Varsovia…

Y la señora que estaba del otro lado de la ventanilla me dijo: ¿acaso no sabes que la segunda y tercera clase están repletas de soldados que viajan para defender nuestra tierra? Solamente hay lugar en primera clase, y el pasaje cuesta cuatro veces más…

El tiempo volaba y el tren ya estaba a punto de partir. Dije: muy bien, quiero un pasaje sólo hasta la primera parada del tren. Y cuando llegue allí, veré cómo puedo conseguir más dinero para continuar…

Por primera vez en mi vida, viajaba en primera clase… Alfombras de pared a pared (ojo, estamos hablando de la primera clase hace 75 años), sillones acolchados muy cómodos, y toda clase de accesorios por demás innecesarios: auriculares con botones para elegir distintas estaciones de radio y muchas otras cosas más. Me senté y comencé a estudiar de un libro. Frente a mí, estaba sentado un hombre, no iehudi, con los auriculares en sus oídos, y sus ojos perdidos en cualquier parte. Seguramente, estaba escuchando los noticieros en estos momentos de tanta inseguridad…

En el vagón pegado al nuestro, había muchísima gente. No entraba un alfiler. Todos juntos estaban cantando una canción, sin instrumentos, una canción sobre el país, sobre la valentía de su gente, para subir la moral de los soldados y por qué no, de todos… Los soldados necesitaban mucho ánimo, ya que el miedo los dominaba, ante la idea de luchar contra el famoso y poderoso ejército alemán.

Y nuestro vagón quedó vacío, todos se acercaron lo más posible al contiguo, para cantar y fortalecerse. Sólo quedé yo, y también mi compañero, sentado frente a mí, con sus auriculares en la sien.

Entró el guarda, el que revisa los boletos al vagón y nos vio allí a los dos: ¿qué están haciendo ustedes aquí?, nos preguntó, todos están en el otro vagón.

Mi compañero se sacó los auriculares y le preguntó: ¿qué dices?, ¿puedes repetirme?
En el vagón de al lado están “cantando a capela”, volvió a decir el guarda.
Con desprecio, el hombre contestó: yo estoy escuchando a la orquesta sinfónica de París y tú quieres convencerme para que me levante de mi cómodo sillón para ir y amontonarme para escuchar un canto a capela… Y volvió a colocar los auriculares en su lugar.

Pasó cerca de una hora hasta que el tren detuvo su marcha. La guerra comenzó y el viaje terminó, el tren no seguiría su camino y los soldados habían salvado sus vidas, ya que si habrían estado en el frente de combate, ya no estarían entre nosotros. Bajé del tren y tomé otro de regreso a la Ieshiva…

¿Ya estás de regreso?, me preguntó el Rosh Haieshiva.
Y le conté lo que sucedió y que no pude llegar a Varsovia. Pero el viaje no fue en vano, escuché palabras que me enseñaron buenas cualidades.
¿Una charla de reproche, de quién?
De un no iehudi, contesté, esperando que el rab piense que no estaba muy seguro de lo que le decía.

Y le conté sobre el hombre con sus auriculares: el escuchaba la orquesta sinfónica de París, algo elaborado y hermoso, ¿cómo le iban a proponer escuchar unos “gritos” desafinados de la multitud en su lugar?

¿Hay algo para comparar? Podemos apreciar los preceptos de Hashem y sus juicios, hay algo para escuchar, es una dulce melodía, la Voz de la Tora, que nos acerca más y más a la Salvación… ¿hay alguna otra cosa que tenga valor?


Traducido del libro Vehigadta – Leiamim Hanoraim.

Leiluy Nishmat

León Ben Ezra z"l





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