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Shabat Shalom


La nueva hoja Rosh Hashana
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

ALGO TERRIBLE OCURRIO EN PARIS

El gaon rabi Iosef Mashash ztz”l Mitelmesan nos contó algo increíble que ocurrió en los tiempos de rabenu Iejiel Miparis ztz”l, que lo contó en nombre de nuestros sabios, los Baale Hatosafot.

En el barrio, muy cerca uno del otro, tenían sus negocios dos orfebres, que recibían todos los trabajos que se hacían sobre oro, de toda la ciudad. Iaacov Abudraham y Naftali Azaria, eran sus nombres.

En la víspera de Rosh Hashana, los dos estaban allí, en el Beit Hakneset, y le pidieron a Hakadosh Baruj Hu que les informe, en sueños, cuáles serían sus ganancias que el Cielo decretó para ellos en ese año. Porque todos sabemos, que las ganancias de cada persona son establecidas desde Rosh Hashana hasta el próximo Rosh Hashana, como escribieron en la Guemara, nuestros grandes sabios, de bendita memoria (Beitza 16b).

Las oraciones de los dos, fueron recibidas desde el Cielo, y en la noche de Rosh Hashana, los dos hombres soñaron. A Iaacov le mostraron que ganaría doscientas monedas de oro y a Naftali, que sus ganancias ascenderían a ciento cincuenta monedas de oro. Por la mañana, los dos fueron y le contaron lo que soñaron a rabenu Iejiel, que les aconsejó, a cada uno por separado, que anoten en un cuaderno, todos los ingresos de dinero que tuvieran durante el año, para poder comprobar si los sueños eran verdaderos o no.

Así hicieron, anotaron cada venta…

Cierto día, hubo una pelea entre ellos, por una mercadería que habían comprado en sociedad, para venderla.

Iaacov sostenía: nos asociamos y concordamos en que cada uno de nosotros llevaría la mitad de la ganancia.

En cambio, Naftali aseguraba: no es así, yo invertí las dos terceras partes del capital, con lo que me corresponden las dos terceras partes de la ganancia…

Y los dos se presentaron a un Din Tora, frente a rabenu Iejiel.

Rabenu Iejiel les preguntó: ¿en manos de quién está la mercadería o la ganancia?

En mis manos, contestó Iaacov.

¿Tienen ustedes testigos o un contrato sobre el reparto de las ganancias?

No, no tenemos nada.

Y así fue la disposición del rab: en un caso como éste, Iaacov es el que tiene el dinero en su poder, es, digamos, el que lo posee, por lo tanto, si Naftali quiere quitarle su parte, tendrá que traer pruebas que demuestren que el dinero le pertenece. Si no tiene pruebas, Iaacov puede hacer una promesa o juramento, que las condiciones son las que él ha expuesto, y llevarse la mitad de las ganancias.

Dijo Iaacov: yo sé que lo que dije es la verdad, que esas fueron nuestras condiciones, pero, hacer una promesa, no quiero.

Y Iaacov se quedó con la tercera parte de las ganancias y renunció a llevarse la parte que a él le correspondía, en otras palabras, toda la pelea era por la suma de diez monedas de oro, que pasaron a los ingresos de Naftali.

El año siguió su curso, y los dos artesanos siguieron anotando sus ganancias. En la víspera de Rosh Hashana, los dos se presentaron frente a rabenu Iejiel con sus cuadernos en los que anotaron las ganancias de todo el año.

Iaacov traía una cuenta de ciento ochenta y nueve monedas de oro, once monedas menos de las que había visto que ganaría en su sueño. Y Naftali, sumó ciento sesenta y una monedas, once más de las que soñó.

Rabenu Iejiel estudió los números y llegó a la siguiente conclusión, diciéndole a Naftali: ahora se ha descubierto la verdad sobre la pelea que ambos tuvieron hace unos meses. Y lo justo habría sido que cada uno se hubiera llevado la mitad de las ganancias, y no como hicieron, que tú te llevaste las dos terceras partes.

Pero la diferencia fue de diez monedas de oro, en cambio aquí vemos que la diferencia es de once monedas, ¿por qué el rab quiere poner esto como prueba?, se quejó Naftali.

Tuve que pagarle una moneda al “Sofer”, que escribió la demanda para presentar frente a Rabenu, agregó Iaacov.

Rabenu Iejiel les dijo a ambos que había una sola forma de terminar todo este asunto en paz. Naftali debería entregarle a Iaacov las once monedas de oro de diferencia y de esa manera, Iaacov habría obtenido durante todo el año doscientas monedas (ciento ochenta y nueve más once) y Naftali habría ganado ciento cincuenta (ciento sesenta y uno menos once), tal cual como ambos habían soñado hacía un año!!!

Pero Naftali, no acepto el consejo del rab, y dijo que eso no era justo, son solamente sueños, y usando los sueños no se le puede quitar dinero a una persona ni tampoco aumentarle, como está escrito en la Guemara, no exclusivamente en asuntos de dinero (Guitin 52b).

Iaacov, no quiso seguir discutiendo sobre el asunto, se puso su saco sobre los hombros y volvió a su negocio, que estaba lleno de compradores. Y hasta el mediodía, en que cerró su negocio, tuvo ganancias por once monedas de oro!!!

Y también Naftali volvió a su negocio, pero estuvo sentado todo el día y no entró ningún cliente. Cerró, y comenzó el camino de regreso a su casa. En su camino, pasó por el mercado y al lado del mercado había un negocio que vendía artículos de vidrio. Tropezó con la base de la estantería y se cayó, y con él cayó toda la estantería y se rompieron todos los artículos de vidrio. El también se lastimó con los pedacitos de vidrio que estaban por todas partes. El dueño del negocio se enfureció y comenzó a golpearlo, a pesar de que estaba sangrando por las lastimaduras que le causaron los vidrios rotos.

Ahora, Naftalí, en el piso, tenía golpes en la parte del cuerpo que miraba hacia arriba, y lastimaduras en la parte que miraba hacia abajo, que estaba apoyada sobre los vidrios rotos. El dueño del negocio lo llevó delante de un juez para que decida si Naftali debía pagar el daño que provocó su tropiezo. El juez envió una persona al negocio para determinar el monto del daño, que volvió en unos momentos y le ordenaron a Naftali pagar once monedas de oro!!!

Siguió pasando el tiempo, el sol se puso, y el día se santificó. En la casa de Naftali, los miembros de la familia estaban muy nerviosos, había llegado la hora del encendido de velas y Naftali todavía no había llegado. Algo muy extraño.

Ya era demasiado tarde, y todos salieron a buscarlo. Primero fueron a su negocio… estaba cerrado. El segundo lugar posible, el Beit Hakneset… tampoco estaba allí.

Después de buscarlo durante más de una hora, finalmente apareció, golpeado y lastimado. Contó todo lo que le sucedió en ese día y terminó diciendo que ahora sabe cuán grande es la supervisión que hace el Bore Baruj Hu, sobre cada uno de nosotros.

Rezó las oraciones de la noche de fiesta, y fue a la casa del rab para pedirle perdón. El rab le pidió que lo mejor sería disculparse ante su compañero Iaacov, y esta vez, escuchó al rab, y cumplió con lo que el rab le ordenó.

Iaacov, como no podía ser de otra forma, lo perdonó con todo su corazón, y el rab contó todo lo ocurrido a todo el público, sin dar nombres, por supuesto, en su pequeña conferencia dictada antes del toque del Shofar.

Además de saber que nuestras ganancias fueron establecidas un año atrás. Todo está demasiado tranquilo. También sabemos que la resolución que se dicta en Rosh Hashana depende exclusivamente de nosotros.

La Tefila (oraciones), la Teshuva (arrepentimiento) y los Maasim Tovim (buenas acciones) pueden eliminar cualquier decreto no bueno.

Intentemos acercarnos a nuestro Creador, rezar y que nuestros rezos salgan de las profundidades del corazón, y nos haremos merecedores de muchas cosas buenas.

Traducido del libro Maian Hamoed.

Leiluy Nishma 

Lea (Luisa) Bat Sabri Halea Hashalom

 

 

 

 




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