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Para reflexionar


El soborno permitido



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El soborno permitido.

El Rey Shlomo en el libro de Mishlé -Proverbios 24:23- dice:

También estos dichos son para (*ser considerados por) los sabios: Mostrar favoritismo en el juicio no es bueno.

En general el Rey Shlomo habla en Mishle para la gente común, no para los sabios; trata de enseñar a la gente y a los jóvenes, que no tienen tanta experiencia. Sin embargo en estos versículos les habla a los Jajamim, a los  sabios, a los jueces como dice en la Torá:

..."ya que el soborno enceguece los ojos de los sabios y deteriora las palabras de los justos" (Devarim 16:19)

Cuando la Torá le enseñó a los jueces de qué manera deben actuar,  les indicó que tenían que juzgar a todas las personas por igual, sin recibir sobornos. Pero la Torá no nos dijo el castigo que recibiría el juez de no actuar correctamente.

Sin embargo Shlomo en Mishlé 24:25 nos indica cuál es el castigo:

El que dijere al malvado: tu eres recto, los pueblos lo maldecirán, y le detestarán las naciones; mas con los que lo reprendieren serán placenteros, y una gran bendición recaerá sobre ellos.

Y esto es porque si la persona juzga a favor a alguien que es culpable, éste va a seguir actuando de la misma manera,  está torciendo la realidad, y por eso será maldecido, y será alejado de la propia sociedad.

En el judaísmo la justicia ocupa un lugar muy importante. Dios habita en la justicia, que es como Su Trono Celestial. Y aquel que juzga mal, está sacudiendo ese Trono.

Desde el momento en que el juez recibe un soborno, su corazón se inclina para el lado de la persona de quien lo recibió, y va a tratar de comprender su lado mas que el otro.

Un gran sabio del Talmud llamado Shmuel, pasaba por un puente. Era un señor mayor, y una persona que lo vio le extendió su mano para ayudarle a pasar. Al final resultó que este hombre había venido para ser juzgado por el tribunal que precedía Shmuel. El le dijo que no va poder juzgarlo, puesto que sintió que con la ayuda que se le prestó recibió un soborno, y no aceptó participar del juicio.

Ameimar era un gran juez. Una vez se le acercó una persona y le sacó una pluma que se le había caído sobre la cabeza. El le agradeció, mientras que esta persona  le cuenta que está esperando para que le juzguen. Ameimar le contestó, que por el favor recibido, ya no podía juzgarlo.

En un pueblito de Europa vivía un gran sabio al que todos le conocían. El secretario del Rav vino y le dijo que afuera estaban los dos grandes ricos de la ciudad, los que mantenían el Beit Hakneset. El Rav les dijo que esperen y después de una hora los hizo pasar. Los ricos estaban ofendidos. Cuando finalmente entraron, el Rav tenía el rostro cubierto con un talit, y los trató duramente. Cuando terminó de dar su veredicto, les preguntó si estaban de acuerdo con el. Ellos le respondieron que sí, y en ese momento el Rav se quitó el Talit, les sonrió y los saludó convidándolos con un café. Le preguntaron al Rav, porqué este cambio de actitud.- Les contestó que cuando vinieron a pedir que los juzgue, los trató cómo a dos malvados, no podía hacer diferencias entre ellos. Pero ahora que ya recibieron el veredicto, los trata como dos tzadikim (justos).

Rabi Ismael estudiaba Torá todo el día y tenía empleados que trabajaban por él. Uno de ellos, ganaba un porcentaje sobre la producción, y una vez por semana venía a lo del Rav con una canasta llena de frutas, esto sucedía generalmente los días viernes.

Una vez sucedió que el empleado llegó el día jueves, y le cuenta que como tenía un juicio hoy en la ciudad, aprovecho el viaje y le trajo un día ante los frutos. El Rav le dijo: lo siento mucho, pero yo no podré juzgarte. Y llamó a dos personas para que lo juzgan en su lugar. Cuando volvió a su casa, se quedó pensando que si el hombre declaraba de tal manera, tendría éxito en el juicio. En seguida reflexionó, si en este caso, en que ni siquiera es un soborno, porque los frutos le pertenecían a él, estaba considerandolo a su favor, cuanto mas debe cuidarse un un juez que verdaderamente recibió soborno.

Desde el momento que nacemos, hasta que abandonamos este mundo, uno es juez de sus propias acciones, pensamientos y palabras.

Todos sabemos que en el mundo hay cosas que debemos hacer y cosas que no hay que hacer. Y uno tiene que juzgar en cada momento si lo que va a hacer es positivo o negativo. Aveces nos es mucho más cómodo hacer tal cosa, pero sin embargo viene la Torá y me dice:  ¡te dí un código de leyes para que sepas cómo actuar! Mis deseos, mi comodidad, es mi soborno, y no me permite ser objetivo en lo que digo y hago. La actitud correcta es actuar de acuerdo al Libro de la ley, aunque no me sea cómodo.

Una persona que quiere vivir con la verdad, puede seguir con sus comodidades, siempre que no sea a costa de otros, que no dañen al prójimo.

Hasta ahora hemos hablado del soborno negativo, pero hay un soborno positivo, que es conveniente hacerlo: este concepto lo trae el midrash en Tehilim: (dice el Rey David*) permite que mi sentencia venga de Tu presencia, que escuches la plegaria, que Tú veas la parte positiva. Tu eres el juez, el que me puede juzgar. Di-s le contesta: y entonces para que hicimos  el Sanhedrin (el tribunal supremo), porqué quieres que Yo te juzgue. David le contesta que en la Torá está prohibido recibir sobornos, y yo soy el rey, y los jueces se sentirían sobornados por mi, pero tú, Dios, si puede recibir soborno.

Parecería de este dialogo que David esta culpando a Dios ¿acaso Dios puede recibir sobornos? En el libro de Proverbios el rey Shlomo dice: soborno Dios tomó del lecho del malvado, para inclinar la sentencia, el soborno de los malvados, es el arrepentimiento, y Dios recibe ese soborno inclinando la justicia a su favor. El soborno que la persona hace son las buenas acciones .

En un juicio normal, cuando una persona mata a alguien, si se presentara el culpable delante del juez y le digiera: lo siento, a pesar de que el juez recibiría su arrepentimiento, igualmente sería juzgado, sin embargo¡Dios no actúa así!

El tiempo para sobornar a Dios, está limitado a la vida de la persona en este mundo. Después ya no hay más oportunidades. Éste es el soborno permitido, y el que se espera de las personas. Las mitzvot y las buenas acciones son el soborno que Dios espera de nosotros.

Daremos otro ejemplo de soborno de am Israel:

La Meguilat Ester nos relata como una mujer judía, Esther, llegó a ser la reina. El rey Ajashverosh tenía un ministro llamado Amán. Por medio de un edicto real, fue ordenado que todas las personas del reino debían arrodillarse delante de el, sin embargo Mordejai se atrevió a negarse, él era judío y no se podía arrodillar. Aman se enojó mucho, y quiso vengarse escribiendo un decreto de muerte para él y  todos los judíos.

La Meguila relata que Aman en una cita con el rey le dice lo siguiente: hay una nación dispersa en todas las naciones, de una religión diferente, y no te conviene dejarlos así”.

Raba en el Talmud dice, que no había un hombre que sabía difamar tanto como Aman. El utilizó todo el antisemitismo posible para lograr su causa. Así como sus descendientes siguen haciendo hasta ahora.

Nuestros Jajamim nos enseñan qiue Ajashverosh tenía miedo de meterse con el Dios de los judíos pero Aman lo convence diciendo que no debe temer, porque estos judíos, los del reino están durmiendo y no cumplen con la voluntad de Dios. ¡Por eso podemos  ir en contra de ellos!

(Es interesante mencionar que este argumento tan antiguo se repite hasta hoy en día. donde vayas y hay judíos, y los antisemitas hablan de ellos en una forma despectiva así como se habla hoy de los judíos observantesmira, están en todos lados. se reproducen un montón son unos vagos que no trabajan no te conviene el contacto con ellos, etc.)

Volvioendo a nuestro tema, Aman le dice al rey: Estoy dispuesto a pagarte dinero para exterminarlos y que redacten una ley para matarlos. Es un soborno que quiería darle al rey, porque el rey tenía miedo de hacerlo por si solo. Al final Ajashverosh acepta, aunque no recibe el dinero. Hace miles de años que ya estaba revelado que iba a venir un malvado que iba a sacar dinero de sus bolsillos para obtener el derecho de aniquilar a los judíos, sin embargo "Dios antepuso la cura a la enfermedad".

Nos relata la Torá que 600,000 almas salieron de Egipto. La Torá nos relata que para contar el pueblo, cada persona tenía que dar medio Shékel, y el total recaudado era donado para el Beit Hamikdash. Este es nuestro soborno a HaShem, para que Dios nos salve por el mérito de esta tzdaka. Dios nos ordenó en la Torá: antes de que Aman saque ese dinero para sobornar al rey, anticipasen ustedes.

(Esto se encuentra en la Prashat Shekalim, el dinero se donaba en Rosh jodesh Adar, que se anticipa a Purim) Todos donaban lo mismo, todos daban medio shekel porque todos son iguales ante Dios, No hay enteros, somos siempre medios, siempre necesitamos del prójimo para completarnos, siempre hay lugar para mejorar y hasta el día de hoy cada yehudi da medio Shékel en recuerdo a este evento.

Sobornemoslo" con el estudio de la Torá, Tzadaka  y buenas acciones.

Adaptado de una clase dictada por el Rav Shaul Maleh, Jerusalem

(*) nota agregada por el editor




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