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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Matot
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

 

HAY QUE PAGAR TODAS LAS DEUDAS

“y Moshe les dio a los hijos de Reuben, Gad

y a la mitad de la tribu de Menashe”

(Bamidvar 32,33)

 

Cuando Israel conquista las tierras de Sijon y Og, vinieron los hijos de Gad y Reuben para pedirle esas tierras, porque tenían mucho ganado.

Moshe Rabenu les condicionó la entrega: ellos deberían ser los primeros en salir a la guerra para la conquista de la tierra de Israel. Y escribió el Netziv Mivoloshin ztz”l (Haemek Dabar, Devarim 3,16), que Moshe, por propia voluntad, le pidió a la tribu de Menashe que acepten dividirse y quedar una mitad del otro lado del Iarden. Porque los hijos de Menashe eran estudiantes de Tora y eran necesarios para las tribus de Reuben y Gad, para enseñarles y dirigirlos. Y esta fue una enseñanza para todas las generaciones, dice el rab hagaon Iaacov Galinsky ztz”l, preocuparse por vivir en un lugar con Tora. Por eso prohibieron (Ketuvot 111a) salir de Babel hacia otras tierras, porque allí había Ieshivot en las que siempre se estudiaba (Rashi).

Es necesario entender, ¿por qué Moshe le pidió a la tribu de Menashe (en la que había grandes jajamim), y no le pidió eso mismo a la tribu de Issajar, que estudiaban la Tora mientras Zevulun salía a comerciar?, ¿o a la tribu de Iehuda, que eran expertos en Halaja?

Jazal contestaron las preguntas y veremos la profundidad de su visión…

Cuando le preguntamos a un niño del Talmud Tora, ¿por qué los hermanos de Iosef rasgaron sus vestiduras?, seguramente podrá contestarnos y dirá: Menashe corría detrás de ellos, por la órden de Iosef, su padre, porque habían encontrado la copa de Iosef en el bolso de Biniamin. Volvieron a la casa de Iosef como ladrones, y ya no hace falta explicar por qué rompieron sus vestiduras…

Pero el Midrash (Bereshit Raba 92,8) dice que las tribus provocaron que sus padres rompan sus ropas. Ya que cuando vieron la prenda a rayas de colores de Iosef, ensangrentada, ellos también tuvieron que desgarrar sus prendas. Ojo por ojo…

Pasaron doscientos cincuenta años, los hijos de Gad y Reuben reciben su herencia del otro lado del Iarden. Se asocia con ellos la mitad de la tribu de Menashe. De todas las tribus, sólo esta tribu se dividió, una mitad de un lado del Iarden, y la otra mitad del otro lado. ¿Por qué?, porque Menashe fue el que provocó que las tribus desgarren sus ropas, entonces él mismo tuvo que abrirse, o separarse (Baale Hatosafot, Bereshit 44,13).

Sobre cosas parecidas, el Jafetz Jaim acostumbraba a decir: había dos hombres ignorantes que se confundieron al tratar de entender un versículo del libro de Tehilim. El primero decía: mira lo que está escrito aquí: ¡Hashem cuida a todos sus queridos y a los malvados! ¿Es posible?

Y el segundo: yo también encontré un versículo que no entiendo: ¡A todos sus queridos y a los malvados exterminará!, lo leo, lo leo y no consigo entenderlo… ¿Juntará a los justos y a los malvados para castigarlos?

Y no comprendieron que los dos hablaban del mismo versículo, pero no lo tomaron desde el principio hasta el final. El primero olvidó una palabra al final y el segundo omitió una al principio.

Así, cuando nosotros queremos ver cómo el Bore se comporta con sus creaciones, hay que buscar desde el principio hasta el final, y se aclararán todas las dudas.

Contaba el Jafetz Jaim, que cuando estudiaba en un pueblo llamado Aishishuk, el decreto de los “cantones” estaba todavía en pie…

¿Cuál era el decreto? Los integrantes de la comunidad debían cubrir los faltantes en el resto del pueblo. En otras palabras, supongamos que un hombre, cercano al alcalde, fue detenido violando la ley. En principio, lo condenan a veinticinco años de prisión y a realizar trabajos forzados. La comunidad deberá rescatar a ese hombre a cualquier precio, y si no lo hacen, los policías tienen derecho a cobrar “multas”.

El encargado de la ciudad, era un hombre con mucha soberbia, y fue informado que su único hijo fue detenido en infracción, estaba robando algo cuando lo descubrieron los policías…

Lo llevaron a un cuarto en el edificio de la prisión. El alcalde viajaba hacia allí con rapidez. Al llegar escuchaba el llanto de un niño, era su hijo… Traigan a mi hijo, ordenó…

El policía no mostraba síntomas de apresuramiento…

¿Cuánto quieres? ¿Diez rublos, cincuenta o cien?

Veamos, ese es el lenguaje que ellos entienden…

El policía dijo: mira, yo no tengo permiso para liberar a ninguno de los presos. Mañana vendrán a buscar “la cantidad” de presos que ellos tienen en sus informes, y yo debo entregarlos a todos. No puede faltar ninguno…

La señal era muy clara, el policía debía entregar un número, no importaba quién sea. Y todo a cambio de cien rublos, desde luego…, agregó el policía.

El alcalde procedió a hacer algo nada lindo. En el medio de la noche entró al Beit Hamidrash y se encontró con un muchacho que estaba sumergido en su estudio, a la luz de una vela. Lo envolvió en una manta y se lo llevó por la fuerza, entregándolo al policía, con el agregado de cien rublos…

En todo el pueblo se escuchaba el ruido de la tragedia. Todos gritaban por la desaparición del muchacho. Pero, está escrito, que los últimos sufrimientos hacen olvidar a los primeros, y la vida sigue su curso. Pero el Jafetz Jaim no olvidó…

El alcalde puso a su hijo a trabajar con él, era su mano derecha. Un día le dio una cantidad importante de dinero para que vaya a los campos cercanos a comprar un pequeño rebaño de terneros, que al crecer serían destinados a la Shejita. El camino lo llevó a cruzar una zona que estaba llena de mosquitos. Uno de ellos estaba infectado y transmitía el virus de la viruela negra, una enfermedad mortal y muy contagiosa…

Y el mosquito picó al hijo del alcalde, y la enfermedad comenzó a trabajar por dentro. El muchacho compró los terneros y comenzó el viaje de regreso. La enfermedad se declaró y todo su cuerpo se llenó de puntos negros, sus fuerzas lo abandonaron y cayó al costado del camino.

Pasó por allí mucha gente, que al ver un muchacho que se consumía con los dolores, se detenían para tratar de ayudarlo. Se acercaban, pero al ver los síntomas de esa enfermedad, se escapaban…

Hasta el servicio fúnebre quiso ayudarlo, y llevarlo a su última morada, pero cuando veían esos puntos negros, no se atrevían a tocarlo.

Le contaron al padre, que con mucho dolor y sin alternativa, cargó el cuerpo del muchacho sobre sus hombros. Cavó la tumba, lo enterró y cubrió la fosa. Todos se habían alejado, temían contagiarse.

Concluyó el Jafetz Jaim: todo el mundo sintió lástima y se apiadaron de él. Pero, yo sé por qué pasó todo esto. Este hombre pensó en salvar a su hijo a cuenta de otros, pensó que podría escapar del castigo. Pero Hakadosh Baruj Hu se cobró con su hijo, y con sus propias manos tuvo que enterrarlo…

Aquí queda claro, hay justicia, y las leyes de Hashem muestran que hay verdad, y que se paga el pecado con la misma moneda… Por eso debemos saber cómo actuar, con rectitud. No pensar que mi pago lo podrán hacer otras personas más tarde, ya que así, yo debería pagar las deudas que otros dejaron.

Lo mejor, no ser la causa de generar estas deudas que deberán pagarse sí o sí…

 

 

Traducido del libro Vehigadta.

 

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa  Aleha Hashalom




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