- “¡A
mí no me gustan los autos rojos!”.
- “Pero el auto se lo compró tu hermano” - me dice
mi madre – “acaso no vas a aceptar su elección”.
- “No, no me gusta, y se acabó”.
- “Piénsalo bien. A veces hay que hacer concesiones. Es
tu hermano y tienes que vivir con él”.
- “Sí, es cierto, a veces hay que hacerlo pero…”.
¿Qué
es una concesión? ¿Cuándo debemos ceder y cuándo
no?
Imaginemos el siguiente ejemplo:
Una señora entra en un negocio de zapatos. Después
de elegir el modelo que más le gusta, le pide al vendedor que
le dé un número 38. Unos minutos más tarde vuelve
el hombre con dos pares: un par número 40 y el otro número
37.
- “Perdón, pero... esto no es lo que le pedí”
– le dice la señora sorprendida.
- “¡Señora, no sea fanática! Es el mismo zapato
– le responde el vendedor.
- “¡No soy fanática! Simplemente... el número
38 es el que me calza bien – le responde la indignada señora.
¿Podemos
decir en este caso que la señora debería haber cedido?
Ciertamente no. Ella no es una fanática, pues
otro número de zapato no le calzará adecuadamente. Un
par le quedará chico y el otro muy grande.
Ahora bien, y si el zapato que le trajo el vendedor no era del mismo
color que ella pidió, a pesar de que el número era el
correcto, ¿qué debería haber hecho la señora?
Pensar si existía la posibilidad de combinarlo con algunas de
sus prendas de vestir. La posibilidad de la elección existe cuando
delante nuestro se presenta una situación en la cual las opciones
pueden llegar a ser compatibles con nuestra realidad.
En nuestras vidas, frecuentemente tenemos que tomar
decisiones, y no siempre son cosas fáciles de decidir. A veces
debemos ser estrictos y otras veces podemos ser flexibles. ¿De
qué depende esta decisión?
En primer lugar, debemos entender que en el medio social
en el cual nos movemos hay ciertos valores esenciales que tenemos que
respetar y que no podemos cambiar. También existen leyes que
el país en el que vivimos ha legislado para ayudar a la convivencia
entre los ciudadanos, y hay patrones de comportamiento que fueron preestablecidos
para mantener la paz y la armonía en el lugar.
¿Qué pasaría si se me ocurre cambiar
el orden de los estacionamientos del vecindario? Seguramente algunos
de los vecinos se enojarán conmigo. ¿Y si se me ocurre
lavar los autos que están en el estacionamiento sin cobrar nada
por ello? Seguramente los vecinos me darán un premio por la amabilidad.
Pero esto no es una concesión. Esto es una buena acción
con el prójimo.
Volvamos a nuestro caso del auto rojo. La madre entra
al cuarto de uno de los hermanos y le cuenta que el otro compró
un auto en una liquidación y lo pagó muy barato. ¿Ustedes
creen que al escuchar esto el segundo hermano se quejará del
color? Probablemente no. Muchas veces la reacción depende de
la manera en la cual nos informaron la noticia.
Una de las más grandes virtudes es saber cómo
evitar conflictos, o por lo menos, saber cómo solucionarlos de
manera tal que las partes en conflicto queden satisfechas. La clave
para que esto sea posible es decir siempre las cosas en forma clara,
y además tener en mente que en caso de necesidad, debemos hacer
concesiones para que ambas partes lleguen a un acuerdo quedando satisfechas
con el resultado.
La Mishná en Pirké Avot nos enseña
acerca de la virtud de la concesión.
Dice la Mishná: “…que seas de los alumnos de Aharón
el Cohen; ama la paz y persigue la paz; ama a las personas y acércalas
a la Torá” ( Pirké Avot 1-12).
Rashi explica lo siguiente: Cuando Aharón veía
a dos personas peleando, se acercaba a cada una y le decía: “Debes
saber que el otro ha venido delante mío y me ha pedido que me
acercara a ti y te hablara sobre él, y te pidiera disculpas en
su nombre por lo sucedido. Él te esperará aquí
hasta que lo perdones”. De esta manera; Aharón lograba
hacer la paz entre ellos.
Sin embargo, esta Mishná nos enseña que
no sólo debemos amar la paz, sino que debemos perseguirla. Debemos
buscar la forma de llegar a un acuerdo antes de transformar la situación
en un pleito. Debemos ser pacientes y agradables. Debemos buscar siempre
la verdad y la justicia. Debemos saber ceder y evitar las discusiones.
Debemos aprender a hablar de manera tal que otros no se sientan insultados.
Debemos aprender a trabajar honradamente para no dañar a otros.
Debemos perseguir la justicia para llegar a obtener la paz.
En estos días que anteceden a Rosh HaShaná,
tenemos la posibilidad de arreglar nuestras discrepancias, terminar
con los rencores y perdonar a nuestro prójimo. ¡Tomemos
la decisión y hagámoslo!
Si queremos ser perdonados tenemos que aprender a perdonar,
así como está escrito en la Mishná: “Rabi
Janiná ben Dozá dice: ‘...Todo aquel que es agradable
con las creaciones, es amado por el Todopoderoso; y todo aquel que no
lo es, no es amado por el Todopoderoso’.
Rashi comenta esta Mishná diciendo: “Todo aquel que es
amado aquí abajo, seguro que es amado arriba. Aquel que hace
la voluntad del Todopoderoso en este mundo, es aceptado por el Creador”
( Pirké Avot 3-10).
“Aquel que hace la paz en las alturas,
hará la paz sobre nosotros y sobre todo Israel”.
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