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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Tazría
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

ELIAHU HANAVI LLORO

“Y en el octavo día le harás el Brit Mila”

(Vaikra 12,3)

 

Esta ley, ya le fue dada a Abraham Avinu (Bereshit 17,12). Entonces, ¿qué viene a agregarnos otra vez en nuestra perasha?: en el octavo día…, aunque sea en Shabat (Shabat 132a).

Y el Midrash nos trae un ejemplo: dos ministros se presentaron frente al rey, y nosotros no sabemos cuál de los dos es más importante. Pero cuando vemos que uno le ofrece al otro adelantarse, entendemos que el que se adelanta es más grande que el que quedó atrás.

Así, sabemos que el Shabat tiene un “peso” equivalente a toda la Tora (Ierushalmi, Berajot 1,5), y el Brit Mila es muy grande, porque fue atado a la Tora con trece pactos (Nedarim 31a). Y nosotros no sabemos quién es más importante. Cuando vemos que el Brit Mila “empuja” al Shabat (o sea que hacemos Brit Mila en Shabat), sabemos que el Brit Mila es más importante…

Estudiamos, entonces, que el Shabat es nuestro testimonio, que Hakadosh Baruj Hu creó los cielos y la tierra. El Brit Mila es la señal que dice que somos sus servidores, firmado y sellado. Y debemos saber que no alcanza con reconocer que Hashem creó el mundo, sino que es absolutamente necesario ser sus siervos, que cuidan sus preceptos, ya que para eso estamos en este mundo.

Ocurrió que una mujer que no cumplía con la Tora, llamó a un Mohel, llamado rabi Abraham, para que vaya a su casa y le haga el Brit Mila a su hijo.

El Mohel llegó a la casa, golpeó la puerta y le preguntó a la dueña de casa dónde iba a realizarse el Brit Mila. Para su sorpresa, la mujer le dijo: aquí, en mi casa.

El Mohel entró y comprobó que la casa estaba vacía. No había nadie. Su asombro aumentaba. La mujer, al ver el rostro del Mohel, le explicó que ellos no eran religiosos, y a decir verdad, jamás habían pensado, ni ella ni su esposo, hacerles el Brit Mila a sus hijos. Estaban tan lejos del cumplimiento de la Tora, y hasta podían autocalificarse como “anti religiosos”.

Pero, alguien los aconsejó: si no le hacen el Brit Mila a los hijos, cuando crezcan, ellos se verán “diferentes”. Al crecer sentirán vergüenza de ser distintos a sus amigos. Por eso decidimos llamarlo…

El Mohel estaba más sorprendido. Ella le dijo que su marido se había ido a trabajar. Y ella también debía irse. Por lo que ella sabía, se trataba de una pequeña operación, así que no era necesaria su presencia. La niñera debía llegar en la próxima media hora…

El bebé dormía profundamente. Tenía dos meses, y se llamaba Iuval. En unos minutos la madre se fue, y el Mohel quedó solo con el pequeño Iuval.

Un Brit Mila en una casa vacía, ¿quién escuchó algo así? Pero rabi Abraham no perdió el tiempo. Sabía que debía apurarse antes de que alguien se arrepienta. Ordenó todos los instrumentos para realizar el Brit. Se preparó mentalmente. Un bebé de dos meses necesita un trato especial, no es lo mismo que un recién nacido. Lo despertó con delicadeza y lo preparó para el Brit.

Rabi Abraham sería el Mohel y también el “Sandak”. Realizó el Brit en forma muy profesional. Se honró a sí mismo con las bendiciones, y cuando llegó el momento de nombrar al bebé, lo llamó Iuval, como lo llamaron los padres.

El bebé empezó a llorar. Acarició al bebé, lo bendijo, y esperaba que pronto llegue la niñera. Por algún motivo, la niñera se atrasaba, y el Mohel comenzó a perder la paciencia. Miraba el reloj una y otra vez. Nada. La casa estaba desierta. Y lo peor, no sabía a quién llamar…

Ahora el bebé lloraba de hambre. Rabi Abraham fue a la cocina y no encontró comida para bebés. Intentaba calmar al bebé, pero lo único que lo calmaría sería algo para comer. Rabi Abraham también estalló en llanto. El lloraba por el bebé y por su situación indefinida, además de la realidad de la desconexión de los padres con nuestro Creador. Lloraba por esos padres que no vivían como iehudim. Lloraba y lloraba pidiendo piedad por este niño, que a pesar de vivir en una casa “anti religiosa”, tenga el mérito de crecer en Tora…

Y llegó la niñera, que se asustó al ver a un hombre mayor, junto al bebé, y los dos llorando. Ella se disculpó por la tardanza, que fue de una hora y media. El le explicó quién era, y se despidió…

Pasaron trece años, y para ese entonces, rabi Abraham ya era un Mohel renombrado y exitoso. Un día, suena el teléfono y una señora pide por él. Le dice el nombre y le pregunta si la recuerda. En un primer momento, no recordó, y pidió que lo ayude a recordar. Ella le contó que trece años atrás él fue llamado para hacer el Brit Mila de Iuval. Enseguida rabi Abraham recordó, un Brit Mila así no se puede olvidar…

El Mohel preguntó cómo estaba el muchacho y la mujer le dijo que justamente ese era el motivo del llamado. ¿Acaso pasó algo?, preguntó.

Hay problemas, contestó la mujer, pero no lo que usted piensa. Ella le pidió que vuelva a visitar su casa, después de trece años.

El Mohel sentía cierta responsabilidad, por haber sido el ejecutor del Brit Mila, y decidió aceptar la invitación. Una casa de millonarios en materialidad pero pobres de espíritu.

La mujer le habló del hijo, que en los últimos tiempos había cambiado mucho. No quería ir a la escuela porque allí le enseñaban tonterías. ¡El quiere ser religioso! ¿Cómo puede ser que nuestro hijo, criado en este ambiente, de repente quiera esto?

La madre le contó que ya pelearon con él, pero cuanto más pelean, más se afirma en su postura. Además, le exige a sus padres que cuiden el Shabat, que coman Kasher, y quiere ingresar a estudiar en una Ieshiva.

Ya lo han llevado a psicólogos y psiquiatras, y todos confirman que está completamente normal, y que esa es su voluntad, ser religioso.

Todos nos han aconsejado a no  pelear con él. Nosotros amamos a nuestro hijo, por eso usted está ahora aquí. Porque usted es la única persona religiosa con la que hemos tenido contacto…

Rabi Abraham le preguntó por qué lo habían elegido a él como Mohel.

Porque usted es el primero en la agenda telefónica, su nombre comienza con “alef”.

Rabi Abraham se encargó del niño, lo hizo ingresar en una Ieshiva, y al poco tiempo, Iuval demostró sus condiciones. Su constancia y empuje lo convirtieron en pocos años en un gran Talmid Jajam.

Un día rabi Abraham se encontró con un rab “mekubal” (estudioso de Kabala). Le preguntó cómo podía ser que un niño criado en una casa “vacía”, se haya convertido en un gran sabio. El rab le preguntó qué ocurrió el día del Brit Mila. Y el Mohel le contó todo, hasta que ambos, él y el bebé, quedaron llorando solos.

No estaban solos, dijo el rab. Eliahu Hanavi también estaba allí, y cuando los dos lloraron, Eliahu Hanavi también lloró. Eso quedó muy marcado en el Cielo, y debes saber que una oración con llanto en el momento del Brit Mila puede provocar grandes cosas…

 

Traducido del libro Emuna Shlomo.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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