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Shabat Shalom


Nueva La Hoja Parashat Jukat
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

 

LA FUERZA DE UN NIÑO

“para santificarme…”

(Bamidvar 20,12)

 

Todo iehudi, de cualquier edad y en cualquier situación, puede santificar al Creador del Mundo. De esa forma provocará en el mundo, un aumento en el Honor al Cielo.

Esto lo podemos aprender de una carta que recibimos de un hombre sabio, gran estudioso de la Tora, que vive en uno de los barrios de Ierushalaim. El nos atestigua sobre la pureza y la santidad de los niños de Israel, y la fuerte voluntad que tienen para acercarse a Hakadosh Baruj Hu y santificar Su Nombre.

Así nos escribió este Talmid Jajam:

Hashem nos bendijo con una gran familia, y como es sabido por todos los padres, no todos los hijos son iguales, en todo sentido de la palabra, en capacidad, en inteligencia, en ganas de aprender, en su relación con hermanos y compañeros. En fin, voy a referirme a un punto en especial, en la diferencia que tienen para captar o entender lo que se les dice…

Entre mis hijos hay uno, que yo no lo hubiera encuadrado como que es duro para entender, pero está claro que comparado con sus hermanos, no tiene la misma capacidad de aprendizaje. Nosotros, como padres, nos esforzamos, y le damos una atención especial, y sabemos cuándo entiende y cuándo no entiende, y calculamos la dosis exacta para alentar o para incentivarlo, de modo que entienda mejor. Y a veces sabemos que debemos hacer lo contrario.

El problema está en sus hermanos, tanto con los más grandes y más con los menores. Ellos no pueden entender el significado y la importancia del problema, y muchas veces sale de ellos una burla. Y aunque no lo hagan con mal corazón, a veces sucede cuando hay un cambio de opiniones en la mesa de Shabat, y él no capta de inmediato de qué estamos hablando. Ellos se dirigen a él, espontáneamente, de una forma nada agradable, avergonzándolo.

Y lo mismo ocurre fuera de la mesa, en un momento en que parte de la familia está reunida, o simplemente durante un cambio de palabras entre hermanos, como suele pasar en cualquier casa de Israel, donde los hermanos están jugando o conversando. Hablando entre ellos, si él no entiende algo durante la conversación, la respuesta natural que obtiene es “eres un tonto”, “contigo no se puede hablar de ningún tema”, o alguna otra respuesta del mismo estilo.

Podemos agregar, que también en el “Jeider”, el niño debe soportar una buena porción de burlas de sus compañeros, que se ríen de él cuando no entiende algo que se explica en clase, y hace preguntas que para ellos están fuera de lugar, o no tan inteligentes.

Si en casa la situación es así, podremos imaginar que en la escuela las burlas y los desprecios se multiplican…

Cabe destacar, que el niño nunca contesta a las burlas ni a los apodos con los cuales lo desprecian, y sigue siempre adelante como si nada hubiera ocurrido. De ahí vemos que tiene un alma pura, noble, ¡que Hashem lo guarde! Y también nosotros, como padres, nos sentimos agradecidos por su buena reacción.

Y resulta, que en los últimos meses, continúa diciendo el Talmid Jajam en su carta, noté que cada vez que al niño lo avergüenzan, el mueve los labios como diciendo algo en voz baja. Intenté escuchar lo que decía, pero no lo conseguí, lo hacía de forma que nadie pueda escucharlo, y no pude entender ni siquiera una palabra.

Al principio no me di cuenta de que eso lo decía, exclusivamente, después de cada agresión. Pero cuando lo comprobé, mi curiosidad creció, y decidí preguntarle qué era lo que murmuraba.

Y el niño me contestó, y de su respuesta pude aprender en qué maravillosa categoría espiritual se encontraba mi hijo. Es necesario recordar que se trata de un niño de solamente nueve años, por eso mi gran asombro al descubrir tanta espiritualidad.

La primera enseñanza que debemos tomar, todos los padres, que está prohibido despreciar a ninguno de sus niños, también cuando nos parezca que no tiene las mismas condiciones que los demás. Seguramente, que si vemos algo inferior en alguna de sus condiciones, Hakadosh Baruj Hu le dará algo mayor en otras, para que pueda elevarse por sí mismo hasta la cima, no menos que otros niños con otras aptitudes. Y esto que parece tan complicado de entender, resulta más que sencillo.

El niño me contó, con su lenguaje natural, hasta infantil, que estando en el Beit Hakneset, se encontró frente al libro “Alenu Leshabeaj”, y al abrirlo encontró una enseñanza del Maran hagaon rabi Jaim Kanievsky Shlita. El escribió que cuando alguien se burla de un iehudi, o lo trata con desprecio, y el iehudi no contesta, se hace un gran beneficio. Al no contestar entra en el grupo de los que “son agredidos y no responden”, y ese momento resulta propicio para pedir una bendición.

Y también porque entendí la profundidad del asunto, y supe (gracias a mi experiencia personal), que esta persona que se pone fuerte y no enfrenta a sus agresores, tendrá un gran mérito. Desde luego comprendí que hacer esto es muy difícil, por eso entendí que la bendición que sale de la boca de esa persona tendrá una gran fuerza.

De pronto, me sentí tan dichoso y feliz… me sentí tan afortunado, por tener en mi mano una fuerza tan grande, que no cualquier persona puede tener… Yo tenía en mi mano la posibilidad y el mérito, gracias a las burlas, de utilizar un arma muy poderosa.

Cada vez que alguien me dice alguna cosa y yo no le contesto, entro en ese grupo de gente, y puedo bendecir a toda persona que necesite algún tipo de salvación…

Cuando llegué a esta conclusión, entró en mi corazón un fuego sagrado, y la gran voluntad de que mi bendición sirva para ayudar a la gente en problemas. De seguro que ninguna persona se iba a acercar a mí para pedirme una bendición, pero yo podía hacer mi parte sin la necesidad de que nadie se acerque a mí, y también sin que nadie se entere de que yo estoy dando mi bendición…

Así comencé a buscar todos los anuncios de los Batei Kenesiot donde se pide por gente enferma, o en los diarios, y yo pronuncio sus nombres con mi boca, cada vez que alguien se burla de mí. Y sigo mi costumbre de no contestar, y yo le pido a Hashem Itbaraj que tenga piedad de esos enfermos…

Puedo atestiguar, sigue diciendo la carta del Talmid Jajam, que cuando escuché todas estas palabras de mi hijo, pensé que me iba a desmayar… Y si alguna vez no lo valoré como debía, pensando que no captaba con rapidez lo que le enseñaban en clase, ahora debo reconocer que tengo que multiplicar varias veces mi valoración…

A mi parecer, vale la pena difundir estas palabras, para enseñarlas a todos los sectores, a todas las corrientes de pensamiento de nuestro pueblo. Todos deben saber que cada iehudi viene al mundo con una misión especial, con un alma cuyas características están dadas por Hakadosh Baruj Hu, y a nosotros nos cuesta tanto entender. Y si cada uno logra cumplir esos objetivos, tratando de enaltecer y santificar el Nombre de Hashem, todo nuestro mundo será distinto, tendrá una razón más para que la vida se vea de otro color.

 

Traducido del libro Barji Nafshi.

 

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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