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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Matot-Mase
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

BS"D

 

LO PRIMERO ES LO PRIMERO

¿SIEMPRE?

“Construiremos cercos para nuestro ganado

y ciudades para nuestros niños…”

(Bamidvar 32,16)

¡Cuántas plegarias recitó Moshe Rabenu!, para tener el mérito de entrar a la tierra de Israel.

¡Quinientas quince oraciones!, como la suma de las letras de la palabra “Vaetjanan” (Devarim Raba 11,10).

Y nuestros sabios se preguntan: ¿acaso quería entrar a la tierra de Israel para comer de sus frutos?, ¿necesitaba eso? (Sota 14a) ¿Para eso tenía que hacer tanto ruido, que se escuche en todos los mundos?

Y respondieron que Moshe Rabenu sabía sobre la santidad de la tierra, lo elevada (en categoría) y lo maravillosa. Sabía que cuando cumplimos un precepto aquí, en la tierra de Israel, en nuestra tierra sagrada, se considera como cumplido en el Palacio del Rey, y la importancia de este precepto, su recompensa y su magnitud, se multiplica varias veces comparado con un precepto cumplido fuera de esta tierra (de la misma forma que un pecado que se comete en la tierra, se considerará como realizado delante del Rey, y su gravedad también se multiplica).

Aparte de todo esto, todo iehudi que vive en la tierra de Israel, cumple un precepto positivo (habitar este suelo) en cada momento, en cada paso, en cada respiración. Y para ejemplificarlo, se puede comparar al “sentarse en la Suca” (Ramban, Minian Hamitzvot). Entonces cada uno de los habitantes de la tierra de Israel debe estar siempre alegre, amando esta tierra, ya que continuamente está cumpliendo los preceptos de Hashem.

Y veamos qué sorprendente: se presentan los hijos de Gad y Reuben, y renuncian, por su propia voluntad, a su herencia en la tierra de Israel. Con todas las ventajas que hemos visto que tiene el habitar esta tierra, ¿cómo se les puede ocurrir renunciar a este privilegio?

La respuesta: porque ellos tienen… ¡vacas y cabras!

Renuncian a toda esta espiritualidad, por un poco de… pasto…

Moshe Rabenu sabía que él no entraría a la tierra de Israel. Lo deseaba con todo su corazón, con toda su alma. Le pidió a Hashem, hasta que el Bore Olam le dijo ¡basta! Y dice el Midrash que Hashem dijo “basta”, porque si Moshe rezaba una oración más, finalmente Hakadosh Baruj Hu lo perdonaría y podría entrar. Pero, cuando Hashem dijo “basta”, Moshe no continuó…

¿Qué puede sentir Moshe en el momento en que las dos tribus renuncian a su herencia en la tierra de Israel? El, que tanto desea entrar, frente a los que renuncian a vivir en ella.

¿Y qué les contesta? Nada, simplemente acepta el pedido (desde luego, con la condición de que ellos salgan junto con sus hermanos a conquistar la tierra de Israel).

¿Por qué? ¿Por qué no les dice nada? Ningún reproche, ninguna explicación sobre la importancia de la tierra y lo necesario, lo bueno y gratificante que es habitar en ella.

Explica rabenu Seforno ztz”l: ¡para no entrar en discusiones!

Pero tal vez no sería una discusión sino una simple explicación. Y ellos no eran seres primitivos, podían entender lo que se les está explicando…

Y suponiendo que se produzca una discusión, ¿acaso no vale la pena entrar en una discusión por un momento para inculcar en ellos una espiritualidad, un sentimiento por la tierra de Israel, que tendrá influencia desde esa generación en adelante?

No, la respuesta es única.

Moshe Rabenu sabía y entendía, que también una discusión durante un corto tiempo, podría producir grandes daños, y la espiritualidad de las futuras generaciones no podría curarlos ni corregirlos…

¡Cuánto necesitamos nosotros escaparnos de cualquier posibilidad de discusión!!!

Además, no tenemos idea de lo grande que era la “generación del desierto”, la “generación del entendimiento”. En especial, después de estar durante cuarenta años aprendiendo Tora, junto al “padre de los profetas”. Todos los integrantes del pueblo de Israel corrían a estudiar la Tora junto a su maestro: Moshe Rabenu.

Con toda esta inteligencia, con toda esta preparación, con toda esta espiritualidad, se acercan los hijos de Gad y Reuben, y le piden a Moshe: tenemos mucho ganado, y Guilad es una tierra con praderas, tierra de pastoreo. Construiremos cercos para nuestro ganado y ciudades para nuestros niños. Y más tarde, cuando nuestros hermanos salgan a conquistar la tierra, iremos con ellos y los acompañaremos hasta sacar de allí a todos los pueblos que Hashem nos ordene quitar de la tierra, para heredarla.

Moshe Rabenu aceptó, y les dijo: construirán ciudades para vuestros hijos y cercos para las ovejas, y lo que salga de sus bocas, harán.

Moshe Rabenu cambió el orden de la frase. Ellos comenzaron hablando del ganado, estaban más preocupados por el dinero que por sus hijos e hijas. En cambio, Moshe les dijo: no es así, muestren que lo principal es principal y que lo secundario viene después. Primero construirán ciudades para vuestros hijos, ya que los hijos son mucho más importantes que el dinero o el ganado. Después, cuando hayan resuelto lo primordial, la crianza y la educación de los hijos, podrán ocuparse de construir cercos para el ganado (Rashi).

Y nosotros estamos aquí, parados, observando, y nos preguntamos: ¿es posible? ¿Es posible que un hombre piense en su dinero antes que en sus hijos? Sabemos que no existe un tesoro más preciado que los hijos, y que todo nuestro esfuerzo lo realizamos para ellos, para que no les falte ninguna cosa…

La respuesta: y sí. Seguro que es así. Y también podemos hacer un examen sobre nosotros y preguntar cuánto tiempo de nuestra vida, en el orden del día, lo dedicamos a nuestros negocios, a nuestro trabajo para conseguir el sustento, y cuánto tiempo invertimos y santificamos para la atención de nuestros hijos e hijas. Para nuestra casa, para nuestra familia… ¿Acaso no hacemos secundario a lo principal y principal a lo secundario?

A veces no hay alternativa, nuestros niños necesitan, en primera medida, alimentarse, para crecer sanamente. También necesitan vestimenta, y demás cosas. Y para eso, a veces necesitamos trabajar demasiado. El dinero no alcanza y hay que conseguirlo de todas formas. Pero eso no es lo esencial, muchas veces es preferible que falte algo material a cambio de esa espiritualidad única y absolutamente necesaria.

Esto duele, en general, durante los días de la semana, pero, al menos en Shabat Kodesh, cuando no nos ocupamos del dinero, santifiquemos la atención de la familia. Y cuando llega la época de las vacaciones, tratemos de darle a la familia todo lo que esté a nuestro alcance, en especial, una atención completa.

Traducido del libro Maian Hashavua

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

 

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

 

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 

 




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