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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Ekev
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



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בס"ד

TIEMPO DE EXAMEN

 “Y las enseñarás a tus hijos y hablarás de ellas…”

(Devarim 11,19)

 

En nuestra perasha está dicho “hablarás de ellas”. Porque cuando le enseñamos a nuestros niños, la enseñanza se realiza hablando, y hablando también enseñamos a hablar. Y, ¿qué es lo que dice la gente? El niño habla fuera de la casa exclusivamente lo que escucha en la casa.

Esto se puede comparar con un árbol joven. Todo tiempo que fue un blando arbusto, antes de que su tronco se ensanche y se ponga duro, era posible enderezarlo. Pero, cuando ya creció, cuando ya se ha formado ese tronco, en caso de que haya crecido torcido, si intentamos enderezarlo, lo más probable es que se rompa…

Esto es lo que dijo David Hamelej Alav Hashalom: “nuestros hijos son como arbustos que están creciendo, mientras son jóvenes” (Tehilim 144,12), y el Malbim explica como ya lo hemos dicho: las plantas blandas pueden enderezarse, y así, bien encaminadas, crecerán embelleciendo todo su alrededor: si enseñas al pequeño de acuerdo a su edad e inteligencia, también cuando crezca no se desviará del camino.

Pero vale la pena detenernos un momento y analizar la comparación de los pequeños con un árbol en pleno crecimiento, especialmente cuando vemos que el arbolito comienza a crecer torcido y pretendemos enderezarlo.

¿Qué hacemos en ese caso?

Le atamos al tronco una vara de madera derecha.

¿Cuál es el diámetro de esta vara?

Eso no es pregunta. El ancho de la vara depende del tamaño del arbolito y de la fuerza que hace falta para mantenerlo derecho.

Cuando estamos haciendo crecer un arbusto que trepa sobre paredes o algo similar, puede ser suficiente con un hilo fuerte, sin que sea necesaria una vara de madera.

Si hablamos ahora de un pequeño árbol, alcanzará con un trozo de caña. Pero cuando las ramas que crecen ya son robustas, deberemos colocar una madera más gruesa, para que no se doble y mantenga derecho el futuro árbol.

¿Qué queremos decir con esto?

Desde luego, los árboles son nuestros hijos, y la madera que los mantiene derechos es la enseñanza que les brindamos, y no sólo hablamos de las escuelas, nuestras casas pueden ser tanto o más importantes que la escuela.

¿Y cuánto debemos educar a nuestros hijos?

En otros tiempos, cuando el pueblo de Israel se conducía por caminos “derechos”, cuando todos los miembros de la comunidad estaban unidos alrededor del Beit Hakneset y del Beit Hamidrash, cuando en el ambiente se respiraba Santidad y pureza, alcanzaba con cumplir esta orden: “y las enseñarás a tus hijos”, esto quiere decir que el padre transmitía la tradición, la herencia, a sus hijos.

Aunque es obligatorio aclarar que la educación y el estudio no finalizan jamás. Siempre recibimos educación, siempre aprendemos. ¿Quién es el sabio? El que aprende de todas las personas, con lo que vemos, que permanentemente seguimos aprendiendo del entorno, tanto lo que debemos hacer como lo que no debemos hacer.

Y esta educación, nos preparará para poder seguir estudiando y seguir en un estado de elevación espiritual constante. Hasta los ciento veinte años, con la Ayuda de Hashem. Ya que esa es la característica del hombre que estudia Tora. ¿Hasta cuándo debe estudiarla? Toda la vida. Y el estudiante será llamado “Talmid Jajam” o “alumno sabio”, porque será sabio al estudiar mucho, pero durante toda la vida, también será alumno, para hacernos saber que siempre tiene que aprender algo, no podemos decir qué, pero esta es la realidad: el sabio, seguirá estudiando, porque en cada avance en su estudio, sabrá que tiene mucho más por aprender.

Mencionamos la situación en otros tiempos, ahora volvamos a nuestro tiempo.

Hoy en día, se respira un aire permisivo y que empuja hacia la libertad, o el libertinaje. La sociedad nos dice que nada está prohibido, ¿por qué nos causamos sufrimientos?, ¿por qué nos hacemos tanto daño, privándonos del placer? Fuera los prejuicios, disfrutemos la vida… Así, el entorno nos empuja a alejarnos de la Tora.

Los medios nos empujan a dejar nuestra constancia, a dejar de ser tan “antiguos”, a comprar millones de cosas que no necesitamos, sólo porque “el otro” la tiene. Así impurifican nuestro cerebro, y esa impurificación llega al corazón.

Y si hablamos de la calle, necesitamos vivir en un barrio donde todos sean como nosotros, respetuosos de la Tora, para no tener que cerrar los ojos ante la falta de recato. Y a veces, lamentablemente, muchos de nuestros vecinos y amigos, tampoco cuidan el recato como a nosotros nos gustaría, con lo que también, rodeado de los “nuestros”, los ojos y la mente están en peligro.

Lo peor, que todo lo que hasta hace poco tiempo fue prohibido, hoy ya no lo es tanto, hasta el punto que la costumbre, lo hace permitido, y el descenso espiritual se agudiza.

El recato, cuando se cuida, resulta ser un escudo que nos salva de muchos peligros, pero cuando está tan descuidado como hoy, es un arma letal en nuestra contra, que nos rodea, que ataca ojos, oídos y una vez que entra en nuestras vidas, no sabemos qué hacer para erradicarlo.

Si queremos, de todas formas, hacer crecer “flores”, un bello árbol, que no crezca torcido y que tampoco se tuerza en el futuro, hace falta una buena enseñanza, tanto en la casa como en la escuela. Esta es la única forma de protegernos de esas armas que nos atacan constantemente. Enseñarles a nuestros hijos buenas cualidades, que sepan honrar a sus padres y su herencia, y que vivan junto a sus raíces, que puedan sentirlas, palparlas, que sientan que la vida depende de continuar con el camino de los padres y sus antecesores, que siempre siguieron el camino de sus padres, abuelos…, hasta llegar a Abraham Avinu.

Y hoy más que nunca, hoy que estamos a un paso de la Salvación, es el momento, es la hora de la prueba, del examen para cada uno de nosotros.

Escuchamos en nombre del rebe Mipshisja ztz”l: en una contienda de box, un segundo antes de la campanada que anuncia el comienzo de la pelea, el entrenador se acerca a su pupilo, un joven novato que está temblando de miedo, y le grita al oído: recuerda y no lo olvides. Tú darás golpes y recibirás golpes, pero lo que es importante y marca el resultado es quién dará el último golpe, el golpe que incline la balanza…

El gaon, rabi Iehuda Tzadka ztz”l, recordaba siempre este ejemplo y lo relacionaba con el primer versículo de nuestra perasha: “y será que cuando escuchen…”. Aquí hay dos lenguajes mezclados: el “cuando” marca una interrupción y a veces, el fin. Pero el “y será” es una expresión de alegría. Moshe Rabenu le dice al pueblo de Israel:

Queridos hijos, por delante tenemos un camino largo, muy largo, de más de tres mil años: tiempo de jueces y reyes, días del Beit Hamikdash, primero y segundo, más tarde, Tanaim y Emoraim, Rabanim, Gueonim, Rishonim y Ajaronim.

En todas esas épocas, a pesar de los decretos y las discriminaciones que tuvimos que soportar, el pueblo permaneció unido y apegado a nuestra fe en Hakadosh Baruj Hu, cuidando la Tora y cumpliendo los preceptos. Con sacrificio, “rompiéndonos el alma”, acercándonos continuamente a nuestro Creador.

Dichoso el pueblo que lo espera, dichoso el pueblo que tiene a Hashem por D-s.

Así pasó una época tras otra, y ya se escuchan los “pasos” del Mashiaj. Todas las señales que Jazal describieron como preludio a su llegada, pasan delante de nuestros ojos. Y justamente, en un tiempo tan importante como éste, se afloja el cuidado de la Tora y los preceptos, en una parte considerable de nuestro pueblo.

¿Cómo recibiremos al Mashiaj, cuando llegue para salvarnos?

Por eso dijo Moshe Rabenu: “y será”. Estas son palabras de alegría. Y continuó diciendo: “cuando escuchen”. Sólo si ustedes escuchan, y cuidan la Tora, y cumplen los preceptos, también en el fin, también al final de los días, en nuestro tiempo!!!

¡Qué maravilloso el ejemplo del Midrash!

Un hombre va a golpear a su sirviente, y le dice: recibirás diez golpes. Lo golpea una vez y le dice: recibirás otros nueve golpes. Y así fue contando hasta diez, y al terminar, el sirviente se levantó y se fue, porque sabía cuántos golpes iba a recibir.

Estamos en las puertas de la Gueula. Nuestros rabanim nos dicen que la persona que afine su oído podrá escuchar cómo el Mashiaj se acerca. Hagamos el esfuerzo y preparémonos para este gran momento, y nos haremos merecedores de todas las bendiciones que están escritas en nuestra perasha.

Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

Leiluy Nishmat

 

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu  Aleha Hashalom




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