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Vida judía


Debemos agradecer sin que nos pidan hacerlo
Por. Rav Salomón Michan



Prefacio

Debemos agradecer sin que nos pidan hacerlo

En una ocasión llegó el nieto de Rab Eliahu Lopian a su casa y le pidió un dulce a su abuela.

Por supuesto que la abuela le dio ese dulce y la madre del niño le dijo: ¡Dile gracias a tu abuela!

El niño le dijo: ¡Gracias abuela!

Vieron a Rab Eliahu Lopian dentro de su cuarto diciendo: ¡Uy! ¡Uy!

La gente no sabía qué quería o cuál era su intención.

Rab Eliahu Lopian les explicó: ¡Así nos pasa en la vida! ¡Hashem nos manda todo lo bueno en cada momento de nuestras vidas, y alguien nos debe decir que debemos agradecer en vez de nosotros mismos agradecer sin que nos digan!

Qué sucede en el cielo?

Soñé que iba al cielo y un ángel me daba un recorrido allá arriba.

Llegamos a un cuarto de trabajo donde había miles y miles de ángeles muy ocupados. “Esta es el área de Recibimiento, acá se reciben todas las peticiones que se le hacen a Hashem en los rezos.

“Miré esta sección y estaba abarrotada de ángeles clasificando y recibiendo peticiones de las personas de la Tierra.

Caminamos un poco más por un largo corredor hasta que llegamos a la segunda sección. “Esta es el área de paquetería y envío, desde acá se mandan a la Tierra todas las peticiones que pide la gente.

“De nuevo me percaté de todos los ángeles que se movían precipitadamente por el cuarto, ocupados enviando a cada quien lo que había solicitado.

Finalmente al final del corredor nos encontramos con un cuarto en el que había un solo ángel sin hacer casi absolutamente nada.”¿Qué sección es esta? “Me respondió el ángel casi con vergüenza: “Esta es la sección de agradecimientos, después de que las personas reciben sus peticiones muy pocas agradecen por ello”.

“Cómo puedo agradecer a Hashem? Pregunté” Simplemente di “gracias Hashem”

“¿Sobre qué debo agradecer?”

“Simple, si tienes comida en tu refrigerador, ropa para vestirte y un techo bajo el cual dormir, entonces eres más rico que el 75% de la población mundial.

Si tienes dinero en el banco o en tu cartera, o un poco de cambio en una alcancía, eres considerado dentro del 8% de los ricos del mundo.

Si pudiste leer este mensaje, formas parte del 0.1% de la gente que tiene esta oportunidad.

Si despertaste esta mañana con más salud que enfermedad, eres más bendito que aquellos que no sobrevivirán el día.

Si nunca has experimentado el temor de la batalla, la agonía de la tortura, hambre o la soledad de la prisión estas delante de 700 millones de personas en el mundo.

Si puedes asistir a un Bet Hakneset sin el temor de amenazas, arresto, tortura o muerte, eres envidiado, y más bendito, que más de tres billones de personas en el mundo.

Si tus padres siguen con vida, y aún casados, eres muy raro.

Si puedes mantener tu cabeza en alto y sonreír, no eres la regla, eres único para todos aquellos consumidos por la desesperación. “

“Bien, y ¿ahora qué? ¿Cómo puedo empezar?”

“Si estas leyendo este mensaje, acabas de recibir una doble bendición, que alguien te considera muy especial y que no formas parte de los dos billones de personas en el mundo que no pueden leer.”

 

 

Introducción

¿Qué es el agradecimiento?

Agradecimiento es un reconocimiento de estar recibiendo algo que no se merece y sentir la deuda de pagarle al dador con gratitud.

Mientras más uno sienta que lo que recibió de verdad le correspondía o se lo merecía, entonces menos siente la necesidad de agradecer.

Un trabajador no le debe a su jefe un “gracias” al recibir el pago predeterminado por su trabajo, pero sí recibe un bono no esperado, entonces un “gracias” sería muy apropiado.

Todos debemos agradecer

—En Tehilim dice así: Mizmor Letodá, Hariu LaHashem Kol Haaretz, “Salmo de agradecimiento: Canten jubilosos a D-os, habitantes de la tierra”.

Pregunta Rab Jaim Kanievsky:

¿Por qué David Hamelej nos obliga a todos a agradecer a D-os? Lo más correcto sería que quien tuvo algún problema o salió de alguna situación difícil o complicada, sea el que agradezca a D-os.

Contestó Rab Jaim Kanievsky con una historia real que ocurrió en Israel.

Una noche llegó una persona al Midrash (Casa de Estudio) para donar una pequeña Seudá (comida) en agradecimiento a que salvó la vida en un choque que sufrió en una calle de Israel.

Al otro día llegó otra persona con una nueva pequeña Seudá y todos pensaron que él también había salvado la vida en algún accidente que tuvo algún día.

Ésta dijo a los presentes:

—Yo no estoy agradeciendo por salvar la vida en algún accidente o en algún choque. Estoy agradeciendo a D-os por el hecho de que he pasado miles de veces por ese lugar donde chocó nuestro amigo, y a mí nunca me pasó absolutamente nada.

Es lo que dice Rab Jaim Kanievsky: todos debemos agradecer a D-os por todo lo que nos da, lo que nos quita, lo que no nos da y todo lo demás.

¿Cuándo Hashem espera que agradezcamos?

Nos dice la Torá: “Y será cuando entres a la tierra (de Israel)… y tomarás las primicias de los frutos que obtengas de tu tierra… e irás al lugar donde elegirá Hashem posar allá su nombre”.

La Torá en esta Perashá nos ordena sobre la Mitzvá de los Bicurim. Esta Mitzvá consiste en que cuando alguna persona tenga un campo en la tierra de Israel y empiece a producir frutos, las primicias de los siete frutos con los cuales fue alabada la tierra de Israel, deben ser colocados en una canasta para llevárselos al cohen al Bet Hamikdash y agradecerle a Hashem por los frutos que crecieron en su campo.

Para entender un poco a fondo esta Mitzvá, debemos pensar que esta persona que trae sus "Bicurím" al Bet Hamikdash, trabajó su campo durante mucho tiempo, se esforzó, aró, plantó y dedicó mucho de su tiempo para que al fin empiecen a aparecer los frutos.

Precisamente los "frutos" de su esfuerzo, en lugar de disfrutar orgullosamente de lo primero que produjo su tierra, lo aparta y lo designa para llevarlos personalmente al Bet Hamikdash para agradecerle a Boré Olam por lo que le mandó. Es decir, que esta persona entiende que plantar una semilla y que mágicamente salga un árbol es una maravilla de Hashem, y no solamente eso, sino que también es consciente de que si no hubiera sido por Hashem, nada hubiera sido posible, y es por eso que en el momento de traer los Bicurim lee la Perashá de "Aramí Obed Abí", recordando todo el favor que hizo Hashem desde Yaacob Abinu salvándolo de las manos de su suegro Labán, los milagros que le ocurrieron a Bené Israel en Egipto, hasta agradecer los favores tan grandes que hizo Hashem con su pueblo al otorgarles la Tierra de Israel dándoles la oportunidad a cada uno y uno de una forma particular de plantar sus campos y poder tener el mérito de reconocer y agradecer que si no fuera por Hashem no hubiera sido posible ver sus primeros frutos.

El mensaje que nos deja esta Mitzvá es, que a pesar de todo nuestro esfuerzo, nunca debemos olvidar quién está arriba nuestro y a quién le debemos todo lo que tenemos.

El peor enemigo del agradecimiento es la costumbre

Algo que nos provoca no agradecer o incluso ser mal agradecidos es, el hecho de acostumbrarnos a todo lo que tenemos.

En la Torá está escrito: “Ishamer Lejá Pen Tishkaj Et Hashem Elokeja”, “Cuídate de no olvidarte de Dios”.

Imaginemos que un padre le compra a su hijo una mansión hermosa. La adorno con los mejores lujos. Le compró el mejor coche. Lo caso con la mejor mujer. Le puso un excelente negocio para mantenerse, etc.

Al final después de darle todo, el padre le pide a su hijo: ¡Hijo, por favor no de olvides de mí!

El hijo le dice al padre: ¡Cómo es posible que me digas eso, es imposible que me olvide de ti!

Hashem nos dio una pareja, nos dio hijos, nos dio una casa, nos dio coche, nos da comida todos los días, nos da ropa, etc., etc., y el mismo Hashem nos pide en la Torá: “Cuídate de no olvidarte de Dios”.

Hashem nos quiere decir: ¡Yo sé que después de todo lo bueno que les he dado, ustedes se olvidarán de mí!

No caigamos en este error tan grave.

Agradeció a D-os por casar a sus hijos

Para agradecer a D-os no es necesario esperar que nos haga grandes milagros; basta con despertarnos por la mañana, abrir nuestros ojos, encontrarnos con nuestras piernas sanas, con nuestro corazón bombeando sangre a todo nuestro organismo, los pulmones y los riñones funcionando a plenitud.

Todo esto es suficiente para saltar de alegría y agradecer a nuestro Creador por hacernos un favor tan grande.

La siguiente historia sucedió en las inmediaciones del Kotel con el Rab Elimelej Firer como protagonista.

Este Rab es director de la organización Ezra Umarpe, que se ocupa de ayudar a personas con problemas de salud de toda índole, a quienes aconsejan y conectan con diversos especialistas, según sea necesario.

Por la función que cumple y el Kidush Hashem que hace, es alabado en todo el mundo.

Cabe destacar que esta persona no es doctor, pero por su gran interés en ayudar a la gente investigó y acumuló gran cantidad de conocimientos de medicina.

En cierta oportunidad, a la sede de la organización llegó un donante muy importante, y después de una entrevista conmovedora con Rab Firer, quien lo puso al tanto de las necesidades y angustias que padecían quienes lo consultaban a diario, decidieron viajar juntos al Kotel Hamaaraví para hacer Tefilá.

Así fue como llegaron al Kotel pasada la medianoche.

De repente escucharon voces y llantos desde algún lugar del Kotel.

Se acercaron al lugar de donde provenía la voz y se encuentran con un Yehudí de unos 55 años, quien estaba parado junto al Muro, con la cabeza apoyada sobre las piedras y llorando desconsoladamente.

Tan profundo era el sentimiento que transmitía con su llanto que conmovió a toda la gente que se encontraba en el lugar.

Cuando Rab Firer escucha a alguien llorar, no puede seguir con el orden del día, aun teniendo a su lado a un importante donante.

El Rabino se dirigió a éste y le dijo:

—No en vano D-os nos hizo llegar hasta aquí. Seguramente ha sido para que escuchemos el llanto de este hombre y lo ayudemos.

Hagamos un trato: yo voy a acercarme a él y me presentaré, y si necesita un consejo que tenga que ver con su salud o la de un ser querido, voy a ayudarle en todo lo que pueda.

Si, en cambio, me contesta que su problema es económico, entra usted en escena y le ofrece su ayuda.

De esta forma ambos se pusieron de acuerdo.

En primer lugar se acercó Rab Firer a la persona y palmeándole suavemente el hombro, se presentó y le ofreció su ayuda. Estaba dispuesto a conectarlo con los mejores médicos del mundo, si fuera necesario.

-No, no. No necesito ninguna ayuda de este tipo. Baruj Hashem, no tengo ningún problema de salud.

El Rab hizo una seña a su acompañante indicándole que era su turno de entrar en escena.

El donante se acercó prontamente y se ofreció a asistirlo económicamente en lo que necesitara.

Nuevamente la respuesta fue negativa:

—HaKadosh Baruj Hu me dio todo lo que necesito. Baruj Hashem, no me falta nada.

Los que conocen a Rab Firer saben que es difícil encontrarlo en un momento de indecisión, sin saber qué hacer, pero esta vez realmente estaba intrigado…

“No entiendo. ¿Por qué llora tanto, conmoviendo y alborotando a toda la gente que lo rodea?”, se preguntó.

Decidido a no quedarse con la incógnita, se acercó nuevamente para averiguar cuál era el problema que lo aquejaba.

Al ser interrogado el Yehudí, contestó:

—Le explicaré por qué lloro:

Anoche casé a mi hijo querido, al último de los doce que Hakadosh Baruj Hu me dio, y vine a agradecerle a Él por los grandes favores que hizo conmigo durante tantos años, hasta que tuve el Zejut (el mérito) de llevar a la Jupá (el palio nupcial) a mi último hijo…

Así como siempre había mostrado constancia en venir al Kotel y pedir delante de D-os que tuviera el Zejut de casar a mis hijos —siguió explicando este Yehudí—, de la misma forma, después de que todas mis Tefilot fueron recibidas con amor frente al Creador de Todo, y que gracias a ello esta noche pude casar a mi último hijo, no podía dejar de venir especialmente para agradecer por esto.

—¡No existe nada por lo que deje de venir al Kotel para agradecer!

—¡¿Acaso sólo cuando necesitamos salvación nos acercamos a pedir?! ¡¿Y después nos olvidamos?!

Esta persona tan especial terminó diciendo:

—¡¿Cómo puedo no llorar, cuando vengo a agradecer por favores tan grandes…?!

Así es un agradecimiento a D-os: sale directo del corazón, con el sentimiento que sólo un hijo puede expresar frente a su padre cuando reconoce los favores recibidos de Él.

Seguramente no es necesario realizar este agradecimiento en el Kotel, o después de casar a todos los hijos…

Todo Yehudí se puede parar frente a la pared de su casa o de donde se encuentre y agradecer a D-os por todo lo que hizo, lo que hace y lo que va a hacer por él durante el transcurso de su vida.

Este agradecimiento, además de ser en sí mismo una gran Mitzvá, produce una íntima unión entre la persona y el Creador que hace ingresar en su corazón una inmensa alegría.

Tehilim 100:1.

Debarim 8, 11.

Rab Nisim Yaguen.




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