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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva - Vaera-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

UN MOMENTO ESPECIAL

“y los salvé” (Shemot 6,6)

 

Antes de los Iamim Hanoraim, el rab hagaon Itzjak Zilverstein Shlita contó sobre algo que sucedió en Rosh Hashana, en los días de la “Shoa” (el Holocausto). Con este relato podemos estudiar una regla general muy conocida, también cuando tenemos una espada bien filosa apoyada en nuestro cuello: que nunca podemos desesperar y siempre debemos conservar la fe en que llegará la Piedad de Hashem.

A mediados del año 5767 muere en Ierushalaim un iehudi Talmid Jajam, y durante los siete días de luto los descendientes contaron los hechos del padre. Este iehudi se casó todavía viviendo en Polonia, y después de su casamiento se sentó a estudiar todo el día en un Beit Hamidrash. En los días de la segunda guerra mundial, los nazis, “Imaj Shemam Vezijram”, tomaron la ciudad donde vivía, justo durante el festejo de Rosh Hashana.

Nuestro iehudi, que todavía no sabía sobre la invasión a la ciudad, volvió a su casa después de la oración de Musaf, vestido con su “Kitel” y con el Majzor (el Sidur de las fiestas) en su mano.

Cuando llegó a la puerta del edificio donde vivía, pasó por el lugar un oficial alemán con el arma en su mano. Y al ver al Talmid Jajam coronado con sus vestimentas festivas, se le encendió el deseo de matar...

El nazi ya tenía su arma preparada para dispararle al iehudi, y de pronto se escucha un terrible grito proveniente del segundo piso del edificio. El oficial levantó la vista, y vio a un hombre que con la mano sobre el cuello le hace una señal, como que le va a cortar el cuello...

¿Quién era este hombre?

Un no iehudi, vecino del Talmid Jajam, que no precisamente amaba a su vecino iehudi, sino todo lo contrario, había adquirido un terrible odio contra su vecino, y no solamente ahora, cuando los nazis dominaban el lugar, también en épocas normales. Siempre intentó dañarlo o hacerlo sufrir usando cualquier método a su alcance.

El Talmid Jajam, por su parte, siempre lo miraba de buena forma, y jamás le contestaba de la misma manera con la que su vecino lo atacaba. En fin, santificaba el Nombre del Hashem de una manera maravillosa...

Y si así se comportaba con él en los tiempos normales, podemos imaginar, que cuando se declaró la guerra, este vecino no iehudi hacía todo lo posible para hacer caer al Talmid Jajam y entregarlo en manos de los nazis. Y justo ahora, vio que era la mejor de las oportunidades, cuando el oficial nazi se encontraba abajo, y el iehudi llegaba de las oraciones vestido con el “Kitel”...

Con la seña que el vecino hizo sobre su cuello, intentó indicarle al oficial alemán que corte el cuello de ese iehudi, Hashem nos salve. El también gritó, desde arriba, unas cuantas palabras en idioma polaco, diciendo “de una vez, corta el cuello de este iehudi”.

Pero, solamente habían pasado una o dos horas desde que el Talmid Jajam estuvo parado recitando sus oraciones, donde dentro de otras cosas dijo: “y le darás validez a la Santidad del día”, etc., “quién vivirá y quién morirá”, y Hakadosh Baruj Hu le mostrará, de inmediato, que no caben dudas, la vida y la muerte están en Sus Manos. Y si Hashem no decretó sobre él la muerte... entonces ¡él no morirá!

El oficial nazi no entendía el idioma polaco, solamente hablaba y comprendía el alemán, por eso, no pudo entender ni una palabra ni media palabra de lo que el vecino gritó en su idioma, y cuando el vecino gritó desde arriba, el oficial le preguntó al iehudi que tenía delante, qué fue lo que dijo su vecino que estaba arriba...

Y el Talmid Jajam, pensó, y lo primero que pasó por su cabeza, fue lo que dijo: él me hizo a mí esa señal diciéndome que yo te corte el cuello...

El nazi, al escuchar eso, se llenó de furia, y su arma que ya estaba preparada para dispararle al iehudi, cambió repentinamente de dirección hacia el vecino no iehudi, y lo mató de un solo disparo.

Y el Talmid Jajam salvó su vida...

Ahora podemos explicar las palabras de nuestros sabios, de bendita memoria: aunque una espada filosa esté apoyada sobre el cuello del hombre, nunca debe abandonar la posibilidad de pedir la Piedad de Hashem, también cuando estamos hablando de días donde prevalece el juicio y la justicia.

Algunas veces, el hombre siente que a causa de las acciones y los pecados que hizo durante todo el año que pasó, está como si fuera con una filosa espada apoyada sobre su cuello, o sea, como diciendo que no tiene ninguna esperanza de alcanzar el arrepentimiento y conseguir el perdón de Hakadosh Baruj Hu. Le parece que no vale la pena malgastar el tiempo buscando la forma de alcanzar una Teshuva imposible...

Vienen nuestros sabios, y le dicen al hombre, si fuera como tú dices, si realmente tus palabras fueran ciertas, que en verdad te encuentras en la situación de la espada filosa sobre tu cuello, recuerda entonces lo que nosotros vamos a decirte... nunca pierdas la esperanza y no dejes de pedir la Piedad de Hashem. Este es el momento de pararte delante de tu Creador, recitar tus oraciones con toda tu concentración y fortalecerte en los caminos del arrepentimiento, y ¡Hashem te salvará!

 

 

Traducido del libro Barji Nafshi.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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