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Vida judía


¡La verdadera Venganza!
Por. Malka Wyzanski



Pasabamos por su casa cada Shabat en el regreso desde el shul. Su casa se distinguía de las otras por el patio descuidado, el montón de bolsas las cajas y la pintura marrón pelandose en su exterior. En la entrada había un coche que nunca se movía, el auto estaba lleno hasta el borde con pertenencias personales. De vez en cuando lo veíamos pasar en otro auto decrépito de color oliva.

Era un hombre delgado, de edad avanzada, con ojos azules brillantes, que parecían pertenecer a una persona mucho más joven. No nos llamaba la atención, salvo por lo excéntrico y solitario.

Un día lo vimos en el parque local. Indiferente a los niños que jugaban, se dirigió directamente a las barras de la trepadora. Nosotros y todos los presentes lo miramos con asombro. Agarro las barras con sus brazos y los músculos se le abultaron. ¡Torciendo su torso con agilidad inusual, dio vuelta su cuerpo entero en un salto mortal completo! Para un hombre de su edad, pensábamos que al menos tenía ochenta años, ¡actuaba como un verdadero acróbata! Continuó con unas cuantas acrobacias, una mas asombrosa que la otra, y luego se fue. Así no mas, sin tener en cuenta el revuelo que había causado. Los niños lo observaban con asombro mientras él se alejaba, dejando atrás el rastro de polvo de su viejo coche. Sorprendidos, se detuvieron un momento, se encogieron de hombros y siguieron jugando.

Y entonces, por casualidad, descubrimos que el extraño era judío, un fenómeno que ni siquiera habíamos considerado. Era un superviviente del Holocausto, un viudo, cuyos dos hijos ya habían crecido, se habían casado y alejado de la casa. Estaba solo, pero el hecho no parecía molestarlo.

¡Ni siquiera lo intentes…! le confesó su vecino. "Una vez le enviamos un Mishloaj Manot para Purim y no lo aceptó. Prefiere la privacidad. Es un verdadero recluso. Lo llamamos el ermitaño.

Pero al menos lo intentamos. Pobre hombre. Siempre solo. ¿Cómo podríamos ignorarlo?

Una mañana de Shabat, lo encontramos nuevamente en nuestro camino a casa desde el shul. Traté de empezar una conversación con el. "Shabat Shalom, le dije gentilmente.

El "ermitaño" pareció sorprendido por mi saludo judío, pero devolvió la cordialidad cortésmente, "Gut Shabbos", respondió con un grueso acento yiddish.

Le extendí la mano, "Mi nombre es Yisroel Yaakov Sommers. Vivo a dos cuadras de aquí. ¿Cuál es su nombre?"

"Yitzchok Gold", dijo con una sonrisa tímida. Parecía incómodo y ansioso por terminar la conversación.

No lo dejaría ir. -¿Siempre vivíiste en este barrio?

-No -respondió él. Me mudé de Filadelfia hace veinticinco años. Pero desde entonces estoy aquí.

"¿De dónde eres originalmente?", Pregunté.

-De Polonia -dijo-. "Una pequeña ciudad en Polonia, no lo conocerías." Y luego agregó, ”Lo siento, debo irme. Gut Shabbos.”

Después de este encuentro lo volvimos a buscarlo y en ocasiones nos topábamos con él. Descubrimos que había sufrido un terrible trauma al presenciar la destrucción de toda su ciudad por la “maquinaria del terror nazi”. Él, solo, un muchacho de apenas nueve años, se había escondido bajo el heno de un granero mientras fue testigo del tiroteo y asesinato de cada miembro de su familia y sus vecinos. En la quietud de la noche salió de su escondite para encontrarse de con una ciudad fantasma desolada y masacrada.

Físicamente Yitzchok había sido el único superviviente. Mental y emocionalmente, la historia fue completamente diferente. Se las arregló para esconderse en el bosque y se convirtió en miembro de un grupo de partisanos judíos durante los años que duró la guerra, sin embargo, la escena y los sonidos de este terrible día quedarían grabados en su memoria, sin darle descanso ni respiro.

"Dime", me preguntó. "¿Por qué en las yeshivot emplean trabajadores polacos como conserjes? ¿Y por qué las amas de casa judías toman a las “Polaks” como trabajadoras de la limpieza, no se dan cuenta de que los polacos son los más grandes antisemitas? Sin ellos, los alemanes no podrían habernos hecho lo que nos hicieron. "Era una pregunta que sabía no podía responderle. Era una pregunta que sentí que incomodaba a Yitzchok terriblemente.

"Sabes," comentaba, con los ojos ardiendo. "Hoy hay un movimiento entero que niega que el Holocausto haya ocurrido. ¿Puedes imaginarlo? ¿Decir que los judíos inventaron toda esta historia? ¡Que es una gran mentira! "Sacudía la cabeza con tristeza en este último comentario.

 En Purim nos acordamos de él y le enviamos un Mishloaj Manot. No nos abrió su puerta, así que el paquete quedó afuera. Para nuestra decepción, nos dimos cuenta de que quedó en el mismo lugar la semana entera, y finalmente lo retiramos.

Invitamos a Yitzchok a nuestro Seder de Pesaj. Él sonrió con una sonrisa triste, pero declinó la invitación avergonzado. En erev Shavuot mi esposa le envió un cheesecake. Para nuestro deleite, esta vez lo aceptó! Pensamos que quizás con este avance, ahora podíamos conseguir que Yitzchok sea nuestro huésped.

¡No hubo tal suerte!

Cuando nuestro hijo mayor hizo su Bar Mitzvah, le enviamos a Yitzjak una invitación, esperando que él comprendiera nuestro deseo de contar con su presencia. Pero en su lugar le envió a nuestro hijo un regalo de Bar Mitzva. En nuestro buzón colocó la respuesta negativa en la tarjeta de devolución junto con un mensaje de mazal tov y un cheque de cincuenta dólares. Por supuesto nuestro Moishe, le envió unas palabra de agradecimiento. Esperábamos que comprendiera que no nos habíamos interesado en su regalo ¡sino en él!

Al día siguiente, en nuestro camino a casa desde el Shul, nos detuvimos en la casa de Yitzchok. Nos abrió la puerta. "Por favor," le supliqué. "Dénos el placer de su compañía en nuestra mesa de Sukot”.

Su respuesta fue instantánea. "Lo siento." Dijo. "No puedo hoy."

"Por favor… si usted no viene decepcionará a mi familia. Les prometí que vendría -le dije.

"Lo siento mucho." Repitió. "No puedo."

¡Gut Yom Tov!, entra por favor -le dije.

El anciano sobreviviente del holocausto, Yitzchok Gold. ¡Había llegado!

-Bienvenido - le dijimos, con palabras de aliento de mi esposa y de mis hijos. -Usted, señor Gold, no es una carga. Es sinceramente nuestro placer y privilegio tenerle en nuestra mesa. Por favor le insistimos, quédese con nosotros. "

De repente, se apartó. "No puedo." Dijo. "Los recuerdos son demasiado vivos. No puedo olvidar lo que pasó. Ahora estoy solo. Y el mundo quiere olvidar.

Yitzchok me miró, digiriendo lentamente lo que le había dicho. Entonces miró a cada miembro de mi familia sentados alrededor de la mesa.

"Creo que debo irme ahora", dijo mientras se levantaba de su asiento. "Pero, con su permiso, creo que me gustaría volver mañana".

Se detuvo un momento, y volvió a mirar a cada individuo sentado alrededor de la mesa antes de continuar. "Sabes que estás en lo cierto. Esta es la verdadera venganza. ¡Verdadera, verdadera, exacta venganza!

Con esto, Yitzchok Gold salió - para regresar ... ¡para regresar con su venganza!

 




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