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Vida judía


Todo lo que hace Hashem es para bien
Por. Rav Salomón Michan



Todo lo que hace Hashem es para bien:

Debemos saber que no existe el mal en el mundo; incluso que algo parezca malo, realmente no lo es y algún día nos daremos cuenta que era para nuestro bien.

La enseñanza del agricultor:

El Gaón Rabí Eljanán Wasserman, Z”L, fue uno de los más grandes personajes de su época. Después de fundar yeshibot, enseñar Torá a miles de alumnos y mostrar sus extraordinarias cualidades, las garras asesinas nazis profanaron su cuerpo, aunque su corazón sigue latiendo en cada uno de nosotros.

Según un testigo presencial, éstas fueron sus últimas palabras, antes de que su alma se elevara a las alturas. Le preguntaron por qué Hashem estaba haciendo esto con su pueblo. El Gaón respondió con un mashal:

Una vez, una persona que nada sabía de agricultura fue al campo y preguntó a un campesino cómo era todo el proceso hasta que el pan llega a la mesa. El agricultor lo llevó al campo y le preguntó qué veía. El visitante respondió: “Veo un campo muy verde y hermoso”.

De repente, el agricultor se puso a arar la tierra y el hombre le dijo:

¿Por qué destruiste toda la vegetación del hermoso campo? “Ten paciencia y verás”, le respondió el agricultor.

Y qué grande fue su sorpresa al ver que el agricultor “echaba a perder” otra vez algo tan valioso: tomó la bolsa y arrojó todas las semillas a los surcos de la tierra, para luego enterrarlas.

“¿Te volviste loco?”, le gritó el visitante. “Antes destruiste toda la tierra, y ahora tiras todas las semillas que tienes”. “Ten paciencia y verás”, le respondió el campesino.

Pasó un tiempo y el campesino llevó nuevamente al campo a su invitado y le mostró la siembra. “Tengo que reconocer que tuviste razón: dejaste el campo mejor que antes. Ahora me doy cuenta de por qué hiciste lo que hiciste.”

El campesino tomó las semillas y las colocó en un molino por el otro lado apareció la harina.

“¿Qué hiciste? ¡Todas las semillas que juntaste, las hiciste polvo!” A lo que recibió como respuesta: “Ten paciencia, ya verás”.

Cuando el visitante vio que el agricultor mezcló la harina con agua, se tomó la cabeza, mientras decía para sí: “¿Qué querrá hacer éste ahora, con esa pasta blanca?” Pero al ver que esa “pasta blanca” tomó una forma agradable en las manos del campesino, se calmó.

Sin embargo, la calma no le duró mucho: todas esas formas armoniosas fueron a parar al horno.

“Ya no me queda ninguna duda de que has perdido la razón”, exclamó el visitante. Tanto trabajo te costó conseguir lo que tenías, ¡y ahora lo estás quemando con tus propias manos!

Una carcajada salió de la boca del campesino, mientras le decía:

“¿No te dije que debías tener paciencia y esperar?”

“¿Más todavía?”, repetía una y otra vez el visitante. “¡Pero si ya está todo perdido!”

Pasó un rato nada más, y el campesino sacó del horno unos panes calientes y dorados y los puso frente a él, en la mesa. Y mientras le cortaba un pedazo y se lo daba para comer, le decía: “Ahora, ¿ya entiendes todo?”

Rabí Eljanán Wasserman, Z”L, concluyó diciendo a los que lo escuchaban:

“Hashem, nuestro Creador, es el agricultor y nosotros, los humanos, somos los visitantes ignorantes de una vida que no entendemos ni conocemos. No tenemos ni la más mínima idea de cuál va a ser el resultado de todas las acciones de Hashem, y cada cosa que pasa pensamos que no tiene lógica, porque la medimos con nuestra propia vara. Pero cuando se termine “Su trabajo”, recién vamos a entender por qué Hashem hizo todo lo que hizo. Tenemos que tener Emuná y paciencia”, – concluyó el Gaón sus palabras – “al final, sabremos el porqué de las cosas, aunque éstas aparezcan como ilógicas o terribles. Porque, ¡todo lo que hace Hashem es para bien![1]

Aunque puede ser amargo, pero no es malo:

El Jafetz Jaim solía decir: “Es prohibido decir que existe el mal, aunque es permitido decir que esto es amargo”.

¿Por qué al Yetzer Hará se le conoce como Yetzer Hará?

La Emuná dice, que todo lo que hace Hashem es para nuestro bien y la persona debe tener esa Emuná completa.

Preguntó Rab Shalom Arush: ¿Por qué al Yetzer Hará se le conoce como Yetzer Hará?

La respuesta es la siguiente: Ya que él nos hace pensar que existe el mal. Y al Yetzer Hatob se le conoce así, ya que nos hace pensar que sólo existe el bien.

¡Y por supuesto que el Yetzer Hatob está en lo correcto!

 

Le pusieron injertos en la mano para que en el futuro le crezcan pelos y se salve.

En una ciudad alemana, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, un prestigiado panadero Yehudí horneaba su pan con mucho esmero. Tenía dos hijos pequeños, un niño y una niña, y vivían felices. En una ocasión, que nadie sepa, su hijo, que lo había acompañado al trabajo, se acercó demasiado al horno, puso su mano cerca del fuego y se quemó la mano. Sufrió lesiones de tercer grado.

Entre gran dolor y gritos, fue llevado por su padre al hospital. Una vez allí, los médicos tuvieron que quitarle la piel quemada y tomar piel fresca de su muslo, e injertarla en la palma de su mano.

Con el tiempo, que cura todas las heridas, su mano cicatrizó. Sin embargo, ya que la piel para el injerto fue tomada de un lugar en el que crece vello, este muchachito, ya en su juventud, escondía su mano para que no se le viera el vello.

No entendía por qué Hashem le había hecho esto. ―¿Por qué no tomaron piel de otro lado?, se preguntaba.

Estalló la guerra y las cosas empeoraron para los judíos. Repentinamente, el panadero fue despojado de todo y llevado, junto con su esposa, a su destino final.

Los dos niños pudieron esconderse en un sótano, y el jovencito se prometió no dejar nunca a su hermana. Solía salir por las noches y recogía de la basura lo que podía; lo llevaba al sótano y así sobrevivían en una verdadero submundo de miseria.

Una noche, al regresar, vio a un comando de la policía de la Gestapo partir de la entrada del sótano. Corrió adentro y estaba vacío; ¡su hermanita no estaba! Comprendió que se la habían llevado.

No titubeó. Caminó sin parar hasta el cuartel central nazi (Imaj Shemam). Entró y empezó a gritar que le devolvieran a su hermana. ¡Era una muerte segura! Los alemanes, al verlo gritar y llorar de esa forma, empezaron a reír. Gozaban al ver cómo sufría el joven judío; mientras más, mejor.

El alboroto llamó la atención del jefe en turno. Salió y dijo —¡Callen al judío!

Pero las risas eran tantas que el mismo jefe sacó su pistola Luger 380 y se la puso al joven en la cabeza, advirtiéndole:

—Un grito más y te mato.

El joven calló. Prosiguió el nazi diciéndole:

—¿Sabes cuándo voy a devolverte a tu hermana y van a salir vivos de aquí? ¡Cuando te salgan pelos en la mano!

El jovencito Yehudí le preguntó:

—¿Me lo promete?

Riéndose, el nazi dijo:

—Te lo prometo.

Levantó su mano llena de pelos, la mostró a todos y el rostro del alemán se puso blanco.

—¡Es un signo del demonio! ¡Traigan a su hermana de inmediato! —gritó el oficial. Cuando cumplieron su orden, dijo al joven:

—Aquí está, como te lo prometí. Con el Satán no nos metemos.

Salieron caminando juntos los hermanos y entonces comprendió el muchacho el porqué del injerto y la grandeza de Hashem, lo salvaron.

 

Lo que no se tiene, también es Berajá:

Nos cuenta la Torá, que cuando Abraham ya era anciano, Hashem lo bendijo con “todo”, así como está escrito: “VeAbraham Ba Bayamim, VaHashem Beraj Et Abraham Bakol” – “Y Abraham vino con sus días y Hashem bendijo a Abraham con todo”.[2]

Pregunta el Ramban: ¿A qué se refiere la Torá, con que Hashem bendijo a Abraham con “todo”?

El Ramban tiene varias explicaciones y vamos a mencionar una:

Por cuanto que Abraham no tuvo “hijas”, esa es la Berajá. El Ramban explica que por cuanto que si hubiera tenido hijas, no las hubiera podido casar, sino sólo con gente de Kenaan y no eran propicios.

Podemos preguntar: ¿Esa es la Berajá que Hashem le mandó? Tal vez es algo bueno o un detalle que tuvo Abraham, pero ¿que esa haya sido la Berajá “con todo”?

Dicen los Jajamim, que incluso lo que uno no tiene, es Berajá.[3]

 

De sólo 1 hijo:

La Torá nos dice: Estos son los hijos de Binyamin para sus generaciones.[4]

Nos dice la Torá que Binyamin tuvo 10 hijos, y Dan únicamente tuvo 1 hijo que era sordo. Aunque esta era la “mala situación para Dan” y nunca nadie se hubiera imaginado una buena descendencia de él, después de un tiempo, la tribu de Dan fue mayor a la de Binyamin, incluso que empezó con 1 hijo sordo en vez de 10 hijos.

De aquí se aprende que Hashem puede mandarle el éxito incluso a la persona que sólo tiene 1 hijo sordo, más que a quien tiene 10 hijos.

Igualmente en la vida día con día.

Puede haber gente muy pobre que puede triunfar y está muy contento; y puede existir la gente rica y no feliz.[5]


[1] Or Eljajan.

[2] Bereshit 24, 1.

[3] Jajam Elihau Hilu.

[4] Bamidbar 26, 41.

[5] Jafetz Jaim.




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