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Shabat Shalom


La Nueva nueva hoja PERASHAT Behar-Bejukotai-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

 

EL HONOR DEL BEIT HAKNESET

“y sentirán temor por Mis Santuarios… (Vaikra 26,2)

 

Tiempos de sufrimiento para Iaacov, y esto no es algo nuevo. Sino que en todas las generaciones se levantan sobre nosotros para exterminarnos, y Hakadosh Baruj Hu nos salvó de sus manos.

¿Y qué podemos hacer?, está escrito en la Tora, y no hay ninguna cosa que no esté escrita en ella. Cuando Esav mostró su crueldad contra Iaacov y fue a su encuentro al frente de cuatrocientos guerreros, Iaacov Avinu utilizó tres consejos: la oración, los regalos y la guerra. Este fue el camino en el que se preparó Iaacov, así se defiende del acoso del enemigo.

¿Y qué vamos a decir? Los regalos y la guerra no son de los elementos que nosotros manejamos a diario, y además pueden ayudarnos pero no son las cosas que utilizan los simples ciudadanos. Sobre ellos deciden los que tienen “ventanas muy altas”, aparecen en el corazón de un rey o de un ministro. Ojalá que desde el Cielo sean bien conducidos y con un buen consejo para evitar en ellos decisiones equivocadas, ya que ellos tienen gran poder, y de estos errores ya estamos hartos, y decimos ¡basta!

En cambio, con la oración, estamos más en “onda”. Se puede decir que la tenemos en nuestra mano, en la mano de cada uno de nosotros. Pero, quién sabe, tal vez en el Cielo se ha presentado una queja, y nos están diciendo: si hubieran recitado vuestras oraciones con mayor concentración, con más temor, con más amor, habrían podido evitar todo tipo de sufrimientos…

Y en el primer lugar, cuando hablamos de la oración, debemos cuidarnos en honrar al Beit Hakneset, y por supuesto, también honrar a las oraciones.

El versículo está en nuestra perasha, y al final dice: “y sentirán temor por Mis Santuarios”. Es un precepto de la Tora para cumplir: sentir temor en el Beit Hamikdash, y el Beit Hakneset, que ha sido llamado “Mikdash Meat”, o pequeño Templo… Y sabemos que la Tora nos obliga a comportarnos con temor (Mishna Berura 151,1).

En una época en la que hubo bastantes revueltas, nuestros sabios hicieron depender los problemas a la falta de honor que era digno de dar a cada Beit Hakneset. Decenas de congregaciones desaparecieron, lo alenu… Y nuestros sabios estaban convencidos, de que el motivo fue no cuidar el honor de la Casa de Hashem, conversando en el momento de la oración o de la lectura de la Tora.

Uno de los hombres justos más grandes de la generación anterior, el rebe MiGur ztz”l, escritor del “Beit Israel”, dijo, que el terrible Holocausto no golpeó a las comunidades del este, ni tampoco a las comunidades del norte de Africa, a pesar de haber sido conquistadas por los alemanes. ¿Por qué? Porque se conducían con honores y con temor dentro del Beit Hakneset, y no conversaban en el momento de la oración.

También desde este punto de vista nosotros podemos cuidarnos y colocar una “corona” sobre nuestros santuarios y así evitar tantos sufrimientos. Cuando brindemos el honor que es digno de dar a un Beit Hakneset, a la Casa de Hashem, todos los acusadores se convertirán en nuestros defensores. Pero si despreciamos la oración, ¿cómo haremos para erradicar el mal que puede perseguirnos?…

Ahora, un relato conmovedor: cuando el gaon rabi Shaul Beraaj ztz”l fue nombrado rab en la ciudad de Carei, en Rumania, él enfatizó, como primera medida, el cuidado en la conducta dentro del Beit Hakneset.

Estableció que nadie podría invitar a un oficiante para las oraciones sin su autorización, para evitar que personas con la mente liviana se hagan cargo de las oraciones y transformen algo que debe estar envuelto en seriedad en un gran espectáculo, Jalila

Además, fue muy meticuloso en el cuidado del silencio, que nadie se ponga a conversar, y para eso, fijó su lugar en una posición alta donde pudiera divisar a cualquier persona que esté hablando…

Un día, el encargado del Beit Hakneset quiso invitar a un oficiante que no tenía, al parecer del rab, la cuota necesaria de temor a Hashem. El rab conversó durante largo rato con él, y no lo encontró adecuado para su Beit Hakneset.

El encargado estaba muy enojado. ¿Qué hizo? Organizó una comida, “Melave Malca”, a la salida del Shabat, y durante la comida hizo escuchar la armoniosa voz de ese oficiante para el deleite de todos los presentes. Cuando finalizó, el encargado lo llenó de alabanzas y dijo en voz alta: “todos sabemos por qué no tendremos el gusto de escuchar a este oficiante en nuestro Beit Hakneset”…

Por la mañana, le contaron al rab sobre la comida festiva y los diálogos que se desarrollaron allí. Entendió que sus seguidores y sus parientes tratarían de atacar al encargado, y les advirtió para que no hagan nada. Igualmente, corrió hacia el Beit Hakneset donde el encargado rezaba por las mañanas y encontró un grupo de estudiantes de la Ieshiva que esperaban al encargado a la salida del establecimiento para honrarlo con algunos golpes. El rab los alejó del lugar ordenándoles que vuelvan a sus estudios.

El encargado terminó sus oraciones y volvió a su casa sin saber que el rab lo había salvado de una gran paliza. En la casa encontró a su esposa con el hijo de ambos en sus brazos. En las hornallas de la cocina, la jarra con leche hirviendo, a punto de derramarse. La mujer le pidió al marido que saque la olla del fuego. Al sacarla, tropezó con la mano del bebé, y sin intención, volcó toda la leche hirviendo sobre el cuerpito del bebé. Ese mismo día se realizó el entierro del bebé. Toda la ciudad estaba conmocionada…

Cuando llegó el siguiente Shabat, el encargado regresó al Beit Hakneset, y recibió una Alia a la Tora. Después de recitar la segunda bendición, golpeó la mesa y dijo en voz alta: queridos amigos, fui muy desvergonzado frente a nuestro rab y eso me trajo un castigo terrible. Delante de toda la congregación yo quiero disculparme con el rab para que el honorable rab pueda perdonarme.

El rab, estaba parado allí, al costado del Sefer Tora, para cuidar el silencio durante las oraciones, en un lugar estratégico, desde el cual veía a todos. Nadie podía hablar durante las oraciones, y el rab, desde su posición, verificaba la situación en cada momento.

Cuando el oficiante terminó con su pedido, el rab contestó con la siguiente frase: ¿por qué el honorable encargado habla cuando está prohibido conversar?... Lo que usted quiera decir, lo puede decir después de las oraciones…

¡Hasta tal punto! Esto es sentir temor por sus santuarios.

Y nosotros debemos ser muy detallistas en este punto y cuidar al extremo el honor de cada Beit Hakneset y de cada Beit Hamidrash. Así nuestras oraciones serán recibidas con Voluntad, y todos los males desaparecerán de la vista, se endulzarán los decretos y todo el bien y el favor correrá detrás nuestro hasta alcanzarnos.

                Traducido del libro Maian Hashavua.

 

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom




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