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TESHUBA: El arrepentimiento y la condición humana
Por. Rabino Iosef Bitton



TESHUBA: El arrepentimiento y la condición humana
En su formidable libro Menorat haMaor, que es un clásico de la literatura rabínica Sefaradí, el Rab Isaac Abohab (siglo XIV, no se sabe con exactitud las fechas de su nacimiento y muerte) presenta en su quinta sección, volumen 2, página 663 de la edición del Nefesh Yehudá, la Mitsvá de Teshubá, el arrepentimiento.   

En primer lugar el Rab Abohab explica que de acuerdo a nuestros rabinos la idea del arrepentimiento es imprescindible para la existencia y la continuidad de la humanidad, tanto en el plano Divino como en el plano social.  Esto se basa en la noción de que el hombre, por naturaleza, es falible.  Fuimos dotados por Dios de libre albedrío, y no podemos evitar equivocarnos. A veces actuamos bien, a veces mal. A veces decimos la verdad, a veces mentimos. A veces causamos daño a otra persona sin querer, y a veces intencionalmente.  Si no existiera la posibilidad del arrepentimiento, si cada acción equivocada que comentemos llevará irreversiblemente a sus consecuencias, la vida sería insostenible.  

Pensemos los que pasaría en el plano de nuestra relación con el Creador si  cada vez que cometiéramos un pecado hacia Él fuésemos condenados a desaparecer… Y lo que más,  si no existiera un margen de posibilidad de arrepentimiento entre la transgresión y el castigo, si cada vez que comentemos un error somos automáticamente castigados, nos comportaríamos como robots, y sería imposible mantener nuestro libre albedrío (elegir actuar bien o mal)  que es esencial para nuestro crecimiento espiritual y para nuestra relación con Dios.   La Teshubá es el margen de reflexión que HaShem concibió entre el error cometido y el castigo que merecemos por ese error. Ese tiempo es el que debemos usar para admitir el error, arrepentirnos y enmendar nuestras acciones.

En el plano social ocurre algo parecido con la Teshubá (y es más fácil de comprender).  Imaginemos una sociedad donde no existe el perdón. Y en la que cada error cometido significa la ruptura irreversible de nuestra relación con otra persona. Imaginemos la ausencia de Teshubá/perdón entre padres e hijos, marido y mujer, amigos, colegas, etc.  La vida, tal como la conocemos, seria insostenible.  Es la potencialidad del arrepentimiento lo que lleva a la posibilidad del “perdón” entre seres humanos.   Claro que, tal como lo explica el Rab Abohab un poco más adelante, el “perdón”, tanto en el plano divino como en el humano, depende de la seriedad del error cometido: hay faltas perdonables y otras que son irreversibles.  Hay faltas involuntarias y otras hechas con premeditación, etc.

El Rab Abohab, citando un famoso Midrash, dice que la Teshubá es un elemento fundacional en la sociedad humana.  Ese Midrash dice que el Creador  מחריט לפניו את כל העולם ולא היה עומד  (con mis propias palabras) “concebía mundos sin Teshubá y esos mundos no eran sostenibles”. Entonces creo nuestro mundo, con la posibilidad de Teshubá.

Algo más sobre esta idea tan profunda del Rab Abohab.
Cuando el Midrash dice que “el mundo” no sería sostenible sin Teshubá no se refiere al mundo “natural”, se refiere exclusivamente a la civilización humana.   De hecho, en la naturaleza, digamos en el reino animal, no existe la Teshubá. Las criaturas  NO-humanas no pueden elegir actuar “bien” o “mal”, actual necesariamente por instinto. Los animales pueden engañar, guiados por su instinto para cazar o sobrevivir, pero no pueden mentir con conciencia o con maldad. Cuando no existe el libre albedrío, no cabe el concepto de Teshubá.  En el mundo “natural” no hay marcha atrás. La naturaleza se rige por las irreversibles leyes de la causa y el efecto. No hay un tiempo de espacio de reflexión entre acción y consecuencia.  Un tumor no se arrepiente. Y una vez que que Sócrates bebe la cicuta, el arrepentimiento de sus victimarios no puede detener los efectos del veneno, este sigue su curso “natural”.   Sólo en un mundo con conciencia, la raza humana, existe la posibilidad de reflexión y arrepentimiento.

Todo esto nos debe ayudar a entender (y valorar!) menos superficialmente la lo que es la Teshubá. Al igual que el libre albedrío o la conciencia, la posibilidad de corregir lo que hicimos mal, es un elemento “sobrenatural", un regalo del Creador para la humanidad.

TESHUBA y teología comparada
Continuamos con el análisis del Rab Abohab sobre el concepto de Teshubá.  Ayer analizamos el primer párrafo de la pagina 663. Veamos ahora el segundo párrafo, que en mi opinión, es extraordinario en cuanto a lo inusual del tema que desarrolla.

El Rab Abohab dice que el arrepentimiento, en el judaísmo, es accesible y sencillo (המצוה הזאת קרובה וקלה אצל בעלי התורה). Luego, el Rab Abohab se refiere al cristianismo. No olvidemos que este autor vive en España, en el siglo XIV, y es al final de este siglo (1391) cuando los progroms contra los judíos y todo el movimiento para convertirlos, alcanza su máxima crueldad e intensidad.  No se puede descartar entonces que esta breve descripción haya sido escrita también para combatir los esfuerzos proselitistas de la iglesia en esos tiempos.  

El Rab Abohab describe muy brevemente la idea católica-romana de la auto flagelación, la mortificación de la carne, la peregrinación, etc. como la forma de purificarse y redimirse de los pecados cometidos. Es interesante destacar que ese breve párrafo fue eliminado por la censura eclesiástica,  que no toleraba la minima mención critica de algún elemento cristiano, y sobrevivió gracias a que el libro Menorat haMaor llegó a las comunidades judías del Yemen, país musulmán, y se convirtió allí en un libro de estudio fundamental.
Luego de mencionar la doctrina cristiana del arrepentimiento,  el Rab Abohab explica que la Teshubá, el arrepentimiento en el judaísmo, no requiere la auto-flagelación o la búsqueda activa del sufrimiento o dolor corporal.  La Teshubá se lleva a cabo “con el corazón y con la boca”.  

CON EL CORAZON

En hebreo bíblico y rabínico cuando hablamos del corazón, nos referimos a los sentimientos y a la inteligencia emocional. La Teshubá se hace entonces con el corazón, reconociendo nuestros errores y despertando en nosotros mismos el sentimiento de arrepentimiento y la vergüenza de haber actuado mal.  La Teshubá no es una simple confesión mecánica y fría. Tiene que estar acompañada de sentimientos sinceros de contrición.

CON NUESTRA BOCA.
Esto significa, con nuestras palabras. En primer lugar está el Viduy, la confesión de nuestras transgresiones. Esta confesión no se hace en un confesionario, frente a otra persona, sino en la estricta privacidad, frente a Dios. No obstante, la confesión debe ser “oral” y no “mental”.  Las palabras que expresamos para mencionar las malas acciones que cometimos deben ser articuladas, en un susurro que podamos escuchar pero que no pueda ser oido por otras personas.  Obviamente, las palabras son también el medio que utilizamos en en nuestra Tefilá, cuando rezamos a HaShem y le pedimos perdón.  Finalmente,  en el proceso de Teshubá también usamos palabras para disculparnos y pedir perdón a las personas que dañamos o hayamos ofendido.  

Debarim capítulo 30: (11) Este mandamiento que hoy te ordeno cumplir [es decir, la Teshubá] , no es demasiado difícil para ti, ni se halla lejos de ti. (12) No está en el cielo, como para que digas: “¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá, para que lo entendamos y lo cumplamos?” (13)Tampoco está al otro lado del mar, como para que digas: “¿Quién cruzará el mar por nosotros, y nos lo traerá, para que lo escuchemos y lo cumplamos?”

(14) En realidad, este [mandamiento] está muy cerca de ti: está en tu boca y en tu corazón, para que tu lo cumplas.”

Finalmente, el Rab Abohab explica que si bien la Teshubá consiste en lo que hacemos con nuestra palabra y con nuestros sentimientos, hay una condición sin a qua non para que la Teshubá sea aceptada (ותלה הענין שיהיו פיו ולבבו שוין כשישוב מחטאו):  La boca y el corazón deben estar en sintonía. Es decir, nuestras palabras de arrepentimiento deben ser consistentes con nuestros sentimientos. Cuando pedimos perdón a HaShem y a quienes ofendimos,   debemos decir lo que sentimos y sentir lo que decimos. Con sinceridad y sin hipocresía.

Yosef Bitton
rabbibitton@yahoo.com

Sitio web: www.halaja.org

 




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