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Sucot


Que hay derás de las cuatro especies
Por. Rav Haim Yehuda Israel



En la fiesta de Sucot tenemos dos mitzvot especiales, una es la Suca, en la cual debemos habitar tal como vivimos el resto del año en nuestras casas, y la otra es la mitzva de las cuatro especies, que generalizamos con el nombre de Lulav por dos razones, una porque debemos tomar las cuatro especies juntas, y por eso un solo nombre general. ¿Y por qué el  Lulav y no el  de otra especie como el Etrog? La razón es porque el Lulav al ser el más largo es el más notorio.

Un detalle importante de esta mitzva de tomar el Lulav, es que este mismo, la  rama de palma, junto con las 3 ramas de mirto y las 2 ramas de sauce, deben estar amarradas juntas, como si fueran una sola rama, y la mitzva se cumple cuando tomamos este “ramo” y lo unimos en nuestra manos con el etrog.

La pregunta que nos haremos, es ¿por qué hay que juntarlos, y por qué no amarramos directamente los cuatro?

La verdad es que la razón es muy profunda, y me tomaría realmente mucho tiempo y espacio poder explicarla, pero les daré una breve explicación, un poco más sencilla, para poder comprender la esencia de esta halaja.

Primero debemos recordar que el Lulav representa la columna vertebral de la persona, que el mirto representa los ojos, el sauce representa los labios y por último el etrog representa al corazón.

También debemos saber que el lulav, no sólo es la columna vertebral, sino que también incluye la cabeza; más específicamente el cerebro y la médula cerebral que esta dentro de la columna, que es la parte más importante del hombre. La razón por la cual toda la columna no esta el la parte superior del hombre es porque nosotros caminamos erguidos, que es algo “artificial” o distinto en nuestra condición animal. Sólo porque tenemos un alma  sofisticada es que estamos erguidos, por lo cual el lulav representa la parte más elevada del hombre, y esta es otra razón por la cual a todo el ramo de las tres especies lo llamamos Lulav.

Las tres ramas de mirto, representan a los ojos que son aparentemente dos, pero realmente tenemos un tercer ojo, sólo que este es más espiritual que los otros dos, y con el vemos la parte espiritual del mundo. Por lo cual a un mirto que no tiene tres hojas creciendo del tallo al mismo nivel, se la llama adas shote, (Shote significa débil mentalmente), ya que no tiene el tercer ojo en funcionamiento y el que sólo ve este mundo de forma material es un shote, ¡un tonto o un débil mental!

El sauce, (la hoja) que representa a los labios, es el más difícil de cuidar para que no se seque, o que no se llene de hongos durante los siete días del sucot. La razón de esto es porque casi todos pecamos hablando mal de los otros.

El etrog que representa el corazón, realmente representa todo nuestro sistema sensitivo que incluye nuestro instintos y nuestros deseos, y es por esto que en el resto de las especies, es suficiente con que sean kasher, en cambio en el etrog, la exigencia es mayor, no sólo debe ser kasher, sino que además debe ser bello, ya que el instinto es el que me hace buscar las cosas bellas está en el corazón.

Me imagino que ya se dieron cuenta de que las tres primeras especies, el lulav, el mirto y el sauce, representan a miembros que están en nuestra cabeza, que es la parte superior del cuerpo, y que de acuerdo a los grandes sabios, la única razón de su existencia es para que conozcamos a HASHEM, ya que para vivir, (también los animales y las plantas viven), pero estos tres organos son los que usamos para nuestros rezos, que son la conexión que tenemos con HASHEM. Por ello debemos presentarlos unidos desde antes que comencemos con la mitzva. Pero el corazón, que esta más abajo que la cabeza y representa a nuestros sentidos, en forma natural no debe estar amarrado haciendo un todo con las otras especies, la razón por la cual durante la mitzva si tememos que unir el etrog con el Lulav, es porque el trabajo del ser humano en la vida es subordinar el corazón a la cabeza, y para que sepamos que si no los estamos unificando en cada instante, entonces el corazón se escapa por si solo; es como un animal que en el momento que  le soltamos las cuerdas, hace lo que el quiere. Lo mismo nuestros pasa con nuestros sentidos y deseos, deben siempre estar completamente subordinados al trabajo divino.

Jag Sameaj




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