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Shabat Shalom


PERASHAT VAERA-17
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס”ד

NO OLVIDAR LA LLAVE

“Y también Yo escuché los gemidos de los hijos de Israel… y recordé Mi Pacto” (Shemot 6,5)

De acuerdo a Rabenu Seforno, existen tres causas que provocaron la Salvación para que los hijos de Israel salieran de Egipto: la primera “el mérito de sus padres”, Abraham, Itzjak y Iaacov. La segunda “el pacto de los padres”, cuando Hakadosh Baruj Hu le aseguró a Abraham Avinu, en el pacto de Ben Havetarim, y el versículo afirma “y Yo también haré cumplir Mi Pacto y les entregaré la tierra de Knaan”. La tercera: “y Yo también escuché los gemidos de los hijos de Israel, esclavizados por los egipcios, y recordé Mi Pacto”.

La pregunta es, si existe el mérito de los padres y hay una garantía con el pacto de Ben Havetarim, ¿para qué necesitamos la tercera causa?, ¿para qué hacen falta las lamentaciones de los hijos de Israel y la Tefila (oración) desde la profundidad del corazón?

Explica el Seforno, dado que los iehudim estaban sumergidos en cuarenta y nueve grados de impureza, estaban tan lejos de poder pensar o imaginar en la posibilidad de una Salvación y ser llamados “Pueblo de Hashem”. Y para poder palpar cuán alejados estaban de una situación que podríamos llamar normal, veamos lo que los Angeles le dijeron a Hashem, a modo de acusación, en el momento de la partición del mar: “ellos son idólatras (los egipcios) y ellos son idólatras (los iehudim)”. En esta situación, también siendo salvados no podrían recibir la Tora ni ingresar a la sagrada tierra de Israel. El acercamiento y la elevación se lograrían solamente con un grito y con la Tefila que se desprende del sufrimiento. Unicamente así serían dignos y Hashem podría recordar Su Pacto, como está escrito: “y vio (Hashem) el sufrimiento, al escuchar las lamentaciones, y recordó Su Pacto” (Tehilim 106,44-45).

Vemos que a pesar de los grandes méritos, sin la “llave” que es la Tefila, no alcanzan ni los méritos ni todas las bondades…

Se entenderá con el ejemplo de un turista que hizo un viaje para instalarse en un hotel de lujo, y después de varias horas de viaje llegó a su destino. El pago de la estadía se hizo por anticipado, todo estaba preparado y ordenado hasta el detalle más pequeño. Hasta la llave del cuarto el hombre la recibió por correo.

El viaje resultó ser muy cansador, y el turista quería recostarse un poco, entrar al cuarto y ponerse cómodo, pero cuando llegó frente a la puerta de su cuarto, se puso la mano sobre su cabeza al recordar que no sabía en qué lugar, de los tantos en los que había estado, olvidó la llave de su cuarto.

De pronto, vio una llave tirada en el piso. Probó su suerte, y para su alegría, la llave entró en el agujero de la puerta, aunque no consiguió hacerla girar. Se le ocurrió que podía “pulir” con mucha fuerza los dientes de la llave, y en efecto, después de luchar con la llave unos minutos consiguió hacer girar la llave y entrar a su lugar de descanso…

Exactamente de la misma forma funciona la llave de la Tefila (oración). La Tefila es la llave que abre las puertas de todos los mundos, y también cuando se decreta sobre el hombre una cuota importante de abundancia espiritual y material, si el hombre no tiene las llaves, que son la Tefila y los pedidos, entonces no se hará merecedor de dicha abundancia.

Pero a veces, también una Tefila simple no es suficiente, hay veces que hacen falta gemidos y gritos: ¡Hashem, sálvame! “Yo escuché los gemidos de los hijos de Israel”, como la llave que necesita pulir sus dientes para que abra la puerta, también la Tefila necesita perforar los cielos…

Una costumbre muy extraña y misteriosa tenía el Baal Shem Tov. De vez en cuando, a la salida del Shabat, emprendía un viaje a determinado lugar, llevando con él a un grupo de sus alumnos, que no sabían ni la causa ni la finalidad del viaje. El cochero estaba siempre listo y a disposición, de día y de noche, al sonido de la voz del Baal Shem Tov, tanto sea una noche con tormentas de nieve o un día de calor abrasador.

Una noche, a la salida del Shabat, el Baal Shem Tov ordenó a sus alumnos que se preparen para viajar con él. Después de un largo viaje, llegaron a la casa de un iehudi, un hombre de campo. Al ver a los distinguidos visitantes que llegaban a las puertas de su humilde casa, se iluminó el rostro del campesino. Era un iehudi piadoso, temeroso de Hashem, pero por cuanto que vivía en un lugar tan apartado, no era tan común que recibiera invitados iehudim.

El hombre se apresuró para servirles una mesa para la comida “Melave Malka”, la cuarta comida que acostumbramos comer a la salida del Shabat. Pero debido a su extrema pobreza, lo único que estaba al alcance de su mano eran unas pocas sobras de las comidas de Shabat.

Para la sorpresa de todos, el Baal Shem Tov se dirigió al dueño de casa y le habló de una forma no muy cordial: “¿Esto es todo? ¡No es suficiente! Es necesario traer más comida…” Los alumnos no podían creer lo que veían, pero conocían muy bien a su maestro, y sabían…, sabían muy bien que había algo detrás de todo esto…

Confundido, el anfitrión entró a la cocina y buscó, pero no encontró más alimentos para llevar a la mesa. Volvió con las manos vacías. El pobre hombre no sabía qué hacer, cómo explicarle al Baal Shem Tov que no tenía más comida. Con mucho sufrimiento se apartó hacia una de las esquinas de la casa y empezó a llorar y a rezar desde la profundidad de su corazón: ¡Señor del Mundo! Necesito algo que poder darles a mis invitados…

A finalizar la pobre comida, el Baal Shem Tov y sus alumnos agradecieron la hospitalidad del campesino y emprendieron su camino de regreso.

Al año siguiente, el Baal Shem Tov volvió a la misma casa, y qué grande fue la sorpresa al descubrir que de la terrible pobreza del campesino, la casa se convirtió en un palacio grande y hermoso, con jardines en todo su alrededor, y en su interior muebles muy valiosos, en fin, el mismo hombre pobre del año pasado, ahora estaba rodeado de grandes lujos.

El hombre corrió a recibirlos y los agasajó con una gran comida de honor, con todos los manjares. Durante la comida, les contó que la visita del año anterior llenó su casa de bendición, exactamente en esos mismos días, el éxito llegó a sus ocupaciones y se dio vuelta la rueda para el bien.

Cuando volvían, los alumnos le pidieron a su maestro que revele el secreto que llevaba guardado. “Sepan”, dijo el Baal Shem Tov, desde el Cielo siempre quisieron darle más bendición y abundancia a este iehudi, pero él siempre se conformaba con lo que tenía y no rezaba para pedir más…

Hacía falta que pida un poco más de Tefila para recibir toda la bendición que ustedes vieron. Y fue por eso que lo presioné para que traiga más alimentos. Así fue que elevó su oración y su suerte cambió.

Traducido del libro Otzaroteinu.

 

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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