Capítulo
6
Introducción
"Enseñaron
los Sabios mediante el lenguaje de la Mishná. Bendito
es quien los eligió a ellos y a sus enseñanzas".
La Torá sólo
será encontrada en quienes no posean malas características y
estén llenos de cualidades positivas e importantes. Esto
lo aprendemos del hecho de que los hijos de Israel antes de recibir la
Torá debieron lavar sus ropas para purificarse de la impureza y de
las suciedades que le impiden al alma comprender.
Los capítulos
anteriores a éste, están repletos de importantes lecciones que
acercan al alma a su Creador y la despiertan a Su servicio; y para que
la misericordia Divina se despierte por las personas santas, se acostumbró
comenzar a leer los Pirké Avot en los sábados anteriores a la
entrega de la Torá.
Este capítulo
habla solamente sobre el despertar a la Torá y el amor a ella. Y
a pesar de que en los cinco capítulos anteriores también encontramos
muchas enseñanzas relacionadas con esto, en este capítulo sólo
encontramos enseñanzas referidas a la Torá, para enseñarnos
que el despertar a la Torá y el amor a ella, es el objetivo primordial
de los capítulos anteriores, y a través de sus palabras nos
despertaremos para adquirir la Torá.
Este capítulo
es conocido con el nombre Kinián Torá (la adquisición
de la Torá) para enseñarte que si la persona se reviste de buenas
cualidades antes de entrar en el pacto de la Torá, ésta penetrará
como el agua dentro de sus entrañas, y el hombre que la estudie se
podrá dedicar a la Torá en el nivel más elevado. ¿De
dónde aprendemos esto? De la historia de Rabí Akivá. Cuando
la hija de Kalbá Sabúa vió a un hombre recatado y modesto
llamado Akivá, le dijo a él: "Yo me casaré contigo si tú
irás a estudiar Torá a la Ieshivá". Él
acepto, y por cuanto que antes de ir a estudiar Torá él estaba
colmado de buenas cualidades, al final llegó a ser el gran Rabí
Akivá. Y es por eso que este capítulo comienza con
una enseñanza de Rabí Meir, su alumno, como veremos a continuación
en la primer Baraitá.
(Basado en el comentario
del jasid Rabí Iosef Iabetz, 1441 - 1507)
Baraitá
1
"Rabí Meir
dice: Todo el que se dedica a la Torá por la Torá en sí,
es meritorio a muchas cosas y no sólo eso sino que se merece todo
el mundo; él es llamado amigo, amado, quien ama a D'os, quien ama
a los creados, quien alegra a D'os, quien alegra a los creados. (La
Torá) lo reviste de humildad y veneración, y le posibilita ser
justo, piadoso, recto y fiel. (La Torá) lo aleja del pecado
y lo acerca a los méritos. Y (las personas) se benefician
de él mediante su consejo e ingenio, su inteligencia y su fortaleza,
como está escrito: 'Yo (-dice la Torá-)
tengo el consejo, el ingenio; Yo soy la inteligencia y la fortaleza'
(Mishlé -Proverbios- 8:14). (La
Torá) le brinda el reinado, el gobierno y el entendimiento de la
ley. Los secretos de la Torá le son revelados y se convierte
en un manantial que fluye y en un río que no deja de brotar y correr. A
quien es recatado, paciente y perdona a quien lo avergüenza, (la
Torá) lo engrandece y lo eleva por sobre todas las cosas".
Generalmente nosotros
no prestamos atención a las cosas que hacemos y tampoco tenemos conciencia
del alcance que tienen nuestros pensamientos y nuestras acciones.
Aquí, Rabí
Meír nos enseña que a pesar de que la persona pueda creer que
al estudiar Torá y dedicarse a ella, se está preocupando sólo
por sí misma - y en especial sólo por su intelecto - en realidad,
esto es erróneo. La persona que estudia Torá no sólo
estudia la palabra de D'os sino que también se ocupa del mundo que
lo rodea, aún más de lo que otros piensan que ella se ocupa. Citaremos
un ejemplo solamente:
"Todo el que
se dedica a la Torá… él es llamado… quien ama
a los creados…". Por cuanto que
él está apegado a su Creador y no le da extrema importancia
a las cosas de este mundo, no siente en su interior celos de las cosas
buenas que pertenecen a su prójimo. Por consiguiente,
él ama a su prójimo porque no tiene ningún motivo para
odiarlo, puesto que así es la naturaleza del ser humano: el hombre
ama a sus semejantes si no está influenciado por los celos, el deseo
o la búsqueda de honor.
(Basado en el comentario
del jasid Rabí Iosef Iabetz, 1441 - 1507)
Baraitá
2
"Dijo Rabí
Iehoshúa Ben Leví: Todos los día una voz sale del monte
Jorev (Sinai) y proclama diciendo:
'Ay de las personas que desacatan la Torá', pues todo aquel que no
se dedica a la Torá frecuentemente es llamado 'amonestado', como
está escrito: 'un colgante de oro en la nariz de un cerdo es como
una bella mujer sin gracia' (Mishlé
-Proverbios- 11:22). Y también
está escrito: 'Y las tablas, obra de D'os son; y la escritura,
escritura de D'os es, grabada (jarut)sobre
las tablas' (Shemot -Éxodo- 32:16).
No leas 'grabada' (jarut) sino
'libertad' (jerut),
pues sólo es libre quien se dedica al estudio de la Torá. Y
todo aquel que se dedica a la Torá se eleva, como está escrito:
'Y desde Regalo hasta La Heredad de D'os, y desde la heredad de D'os
hasta Las Alturas' (Bamidvar -Números-
21:19)".
Y también
está escrito: 'Y las tablas, obra de D'os son; y la escritura,
escritura de D'os es, grabada (jarut)sobre
las tablas'. Cuando
la Torá relata cómo eran las tablas de piedra que contenían
los Diez Mandamientos, está escrito que la escritura estaba jarut
al halujot (grabada sobre las piedras), pero en el texto debería
estar escrito que la escritura estaba "jarut balujot" (grabada
en las piedras) y no jarut al halujot (grabada sobre las piedras). Además,
realmente es innecesaria esta información, pues de momento que las
tablas eran de piedra, es evidente que la escritura estaría tallada
sobre ellas.
Es por eso que
nuestra Mishná nos enseña que hay una doble intencionalidad
por parte de la Torá. Por un lado se nos quiere enseñar
que la escritura estaba tallada en las piedras, y por otro lado, se nos
quiere insinuar otro mensaje. Como es sabido, en el libro de
la Torá no están escritas las vocales; sólo las consonantes
aparecen en el texto. Es por eso que las letras J.R.U.T. de
la palabra jarut (grabada), pueden ser leídas también
como: jerut (libertad).
Dicen Nuestros
Sabios que no hay persona más libre que quien se dedica al estudio
de la Torá. En nuestra interpretación aprendemos
que, en algún aspecto, las letras de la Torá no estaban fijas
en el texto sino que la escritura estaba libre sobre las tablas, cosa
que va más allá de lo natural.
Sin embargo, esta
interpretación aparenta contradecir la realidad, pues alguien que
se dedica el estudio y cumplimiento de la Torá, no solamente tiene
obligaciones con su familia y con la sociedad, sino que también
tiene que rezar tres veces por día, cumplir el shabat, estudiar Torá
todos los días para saber cómo comportarse de acuerdo con ella,
y muchas otras cosas más.
Pero esto no es
exactamente así, pues los Sabios nos enseñan que a la persona
que se escape del yugo de la Torá le serán impuestos otros yugos,
como por ejemplo el esfuerzo que tendrá que hacer para obtener el
sustento para su familia. ¿Y todo por qué? Porque
él despreció a la Torá y demostró que se siente mejor
cuando se dedica a su trabajo.
El hombre fue traído
a esta tierra para esforzarse. Si tiene el mérito, se
esforzará en el estudio de la Torá, y si no lo tiene, deberá
esforzarse en cosas sin importancia, así como explica el Talmud en
el tratado de Sanhedrín (99b). Quien se dedique a la Torá
ganará, pues todo el beneficio de su esfuerzo será para él. En
realidad no será un yugo para él pues todo lo que hará,
lo hará para él. Pero quien no se dedique a la Torá,
deberá esforzarse inútilmente todos sus días para ganar
dinero. ¿Para qué? Para que después de
su muerte otros disfruten de él.
¿A quién se
asemeja quien se dedica a la Torá? A un rey que obliga
a su esclavo a contar monedas de oro todo el día, y por ese trabajo
le paga dándole las monedas de oro que contó. Pero
si el esclavo no querrá contar las monedas el rey lo castigará. En
definitiva, sabemos que todo lo que el esclavo trabajó fue solamente
para su beneficio, pues contó las monedas de oro que le pertenecían. Es
por eso que no deberíamos llamarlo esclavo sino hombre libre.
(Basado en Rabí
Jaim de Voloshin, 1749 - 1821, en su comentario "Ruaj Jaim")
Baraitá
3
"Quien aprende
de su prójimo un capítulo o una leo un versículo o una
palabra o incluso una sola letra debe comportarse con él con respeto,
pues así encontramos respecto de David el rey de Israel, que a pesar
de que estudió de Ajitófel solamente dos cosas lo llamó
su maestro, su señor, su allegado, como está escrito: 'Y
tú eres mi íntimo, mi señor y mi allegado' (Tehilim
- Salmos - 55:14). Y con más
razón en otros casos: si David el rey de Israel, sólo aprendió
de Ajitófel dos cosas y a pesar de eso lo llama su maestro, su señor
y su allegado, quien aprende de su prójimo un capítulo o una
ley o un versículo o una palabra o incluso una sola letra, con mucha
más razón debe brindarle honor! No existe más honor que
la Torá, como está escrito: 'El honor es heredado por los
sabios' (Mishlé - Proverbios -
3:35); y también está escrito:
'Bondad heredarán quienes tiene plenitud' (Mishlé
28:10); y no hay bondad excepto la Torá,
como está escrito: 'Pues una buena enseñanza les he dado
a ustedes; Mi Torá no abandonen' (Mishlé
4:2)".
Debemos comprender
por qué el autor de esta Baraitá no dijo que quien le enseña
a su prójimo algo debe ser honrado, sino que hizo depender el honor
y la honra del maestro del aprendizaje del alumno, diciendo que en caso
de que el alumno haya aprendido algo de ese maestro entonces él debe
honrarlo. Además, tampoco está claro por qué dijo: "Quien
aprende de su prójimo…" y no "Quien aprende de su maestro…".
La respuesta a
la primer pregunta es que hay veces en las que las personas escuchan de
alguien alguna clase sobre un tema determinado, pero basados en el contenido
de esa clase deducen alguna nueva y buena enseñanza que ese maestro
no tuvo la intención de decir, a pesar de que podríamos pensar
que el maestro también tuvo la intención de enseñar eso.
Es por eso que aquí el Taná (autor de la Baraitá) nos enseña
que a pesar de que en este hipotético caso descripto habría
un alumno sin un maestro respecto de este aprendizaje en cuestión,
de todas formas por cuanto que aprendimos algo de esa persona debemos
respetarla.
Además, el
Taná nos enseña que no sólo debemos respetar a personas
más sabias y grandes que nosotros, sino también a personas simples
e iguales a nosotros y es por eso que escribió "Quien aprende
de su prójimo" y no "quien aprende de su maestro".
(Basado en el comentario
"Midrash Jajamim" de Rabí Moshé Jaim Kleinman)
Baraitá
4
"Así es
el camino de la Torá: pan con sal comerás, agua en pequeña
cantidad beberás, sobre el piso dormirás, una vida de sufrimiento
vivirás y a la Torá te dedicarás, y si tú haces esto,
'feliz eres, y será el bien para ti' (Tehilim -Salmos-
128:2), 'feliz eres'
- en este mundo, 'y será el bien para ti' - en el mundo venidero.
No busques grandeza para ti y no procures más honor del que te corresponde
por tu erudición. Y no desees la mesa de los reyes, pues tu mesa
y tu corona es más grande que la de ellos, y tu Empleador es fiel
para retribuirte el pago por tus acciones".
Aparentemente,
no es lógico lo que está escrito aquí. Si la persona seguirá
el camino de la Torá cumpliendo al pie de la letra todos los detalles
mencionados a continuación, ¿cómo puede ser que él sea
feliz en este mundo?
La respuesta es
que aquí la Baraitá no le está hablando a las personas
pudientes que disponen con facilidad de todas las cosas aquí mencionadas,
sino que se está dirigiendo a los pobres y les dice que incluso si
su situación económica no les permite más, no deben abstenerse
de estudiar la Torá ya que si ellos hacen esto, finalmente la estudiarán
con riqueza, como estudiamos dos capítulos atrás: "Rabí
Iojanán dice: Todo el que cumple la Torá con pobreza, al final
la cumplirá con riqueza, mas todo el que no la cumpla con riqueza,
al final la transgredirá con pobreza" (4:11).
(Basado en el comentario
de Rashí - Rabí Shelomó Itzjaki, 1040 - 1105)
Baraitá
5
"La Torá
es más grande que el sacerdocio y la realeza, pues la realeza se
adquiere mediante treinta requisitos y el sacerdocio mediante veinticuatro,
mas la Torá se adquiere mediante cuarenta y ocho cosas, y ellas son:
(1) mediante el estudio, (2) escuchando efectivamente, (3) vocalizando
lo que se estudia, (4) entendiendo mediante el corazón, (5) sintiendo
miedo, (6) sintiendo temor reverencial, (7) siendo humilde, (8) estando
alegre, (9) mediante la pureza, (10) mediante el trato con los Sabios,
(11) mediante un trabajo con los amigos, (12) estudiando con los alumnos,
(13) siendo tranquilo y asentado, (14) estudiando las Escrituras y la
Mishná, (15) minimizando el dormir, (16) limitando las actividades
comerciales, (17) limitando la conversación, (18) disminuyendo la
risa, (19) limitando los placeres, (20) limitando las relaciones íntimas,
(21) retardando nuestro enojo, (22) teniendo un buen corazón, (23)
creyendo en las palabras de los Sabios, (24) aceptando los sufrimientos,
(25) conociendo nuestro lugar, (26) siendo feliz con lo que tenemos, (27)
evitando ser arrogante, (28) limitándose en las cosas que le son
permitidas, (29) siendo amado, (30) amando a D'os, (31) amando a las creaturas,
(32) amando la reprimenda, (33) amando la rectitud, (34) alejándose
del honor, (35) no siendo arrogante en el estudio, (36) no disfrutando
al tomar decisiones legales, (37) siendo solidario con los demás,
(38) juzgando al prójimo para bien, (39) encaminando al prójimo
hacia la verdad, (40) encaminando al prójimo hacia la paz, (41) asentando
el estudio, (42) preguntando puntualmente y respondiendo específicamente,
(43) aprendiendo del maestro y acrecentando el estudio personal, (44)
estudiando para enseñar, (45) estudiando para hacer, (46) haciendo
a su maestro más sabio, (47) ordenando los conceptos que ha estudiado,
(48) citando las enseñanzas recordando quién la ha enseñado.
He aquí que has aprendido que quien cita las enseñanzas que
escuchó recordando el nombre de quien la ha dicho trae la redención
al mundo, como está escrito: 'Y dijo Ester al rey en nombre de
Mordejai' (Ester 2:2)".
"La Torá
es más grande que el sacerdocio y la realeza, pues la realeza se
adquiere mediante treinta requisitos y el sacerdocio mediante veinticuatro,
mas la Torá se adquiere mediante cuarenta y ocho cosas". Debemos
entender por qué al referirse a la Torá la Baraitá dijo
que ella se adquiere mediante 48 cosas, pero respecto del sacerdocio
y la realeza dijo que se adquieren mediante 30 ó 24 requisitos.
La respuesta es
que la Baraitá nos quiso enseñar dos aspectos de la grandeza
de la Torá - que encuentra por sobre el sacerdocio y la realeza:
por un lado, respecto de la cantidad de requerimientos que se necesitan
para adquirir cada una de ellas, y por otro lado, respecto de la calidad
de los requerimientos que se necesitan para adquirir cada una de ellas.
La explicación
de esto es que el sacerdocio y la realeza se adquieren mediante requisitos
(maalot), mas la Torá se adquiere mediante cosas
(devarim) y la diferencia esencial entre estos dos conceptos es
que los requisitos son requerimientos o derechos que tienen relación
con la importancia y el poder solamente y son cosas externas a la persona,
pues ellas no se obtienen mediante el esfuerzo. Por ejemplo, sólo
quien posea oro y plata, esclavos y siervas, campos y viñedos, será
digno de considerarse parte de la realeza.
Pero esto no es
así con la Torá, pues las cuarenta y ocho cosas mediante las
cuales ella se adquiere no son externas a la persona sino que le pertenecen
totalmente a él, pues él se esforzó mucho en hacerlas para
incorporarlas a su alma, y por eso es que esas cosas no son llamadas maalot,
pues los caminos para adquirir la Torá no tienen relación con
la importancia y el poder, sino todo lo contrario, solamente con la humildad
y el recato.
(Basado en el libro
"Midrash Shemuel" de Rabí Shemuel de Uceda, 1538 - 1602)
Baraitá
6
"Grandiosa es
la Torá, porque le da vida a aquellos que la cumplen, tanto en este
mundo como en el Venidero, como está escrito: 'Pues vida son (las
palabras de la Torá) para
quienes las encuentran, y curación para toda su carne'
(Mishlé -Proverbios- 4:22);
y dice: '(La Torá)
será medicina para tu cuerpo y curación para tus huesos'
(Mishlé 3:8);
y dice: 'Ella es un árbol de vida para los que se aferran a ely
quienes la sustentan son felices' (Mishlé
3:18); y dice: 'Pues (las
palabras de la Torá) son una bella
guirnalda para tu cabeza y collares para tu cuello' (Mishlé
1:9); y dice: '(La
Torá) será en tu cabeza una
bella guirnalda; una corona de gloria te protegerá' (Mishlé
4:9); y dice: 'Prolongación de días
a su derecha, y a su izquierda riqueza y honor' (Mishlé
3:16); y dice: '(Las
palabras de la Torá) te otorgarán
largos días y años de vida y paz' (Mishlé
3:2)".
La Torá es
una gran cosa. Cuando uno estudia Torá, recibe recompensa en el Mundo
Venidero, lo cual representa su capital. El interés que recibe de
ese capital lo mantiene con vida en este mundo, como está escrito:
"[Las palabras de la Torá]
son vida para el que las encuentra y curación para todo su cuerpo"
(Proverbios 4:22).
La Torá también
te dará vida en el Mundo Venidero, como está escrito, "Es
un árbol de vida para aquellos que se aferran a ella y todo aquel
que la sostiene es afortunado" (Proverbios 3:18). La Torá será
como un árbol de vida en el Mundo Venidero para aquellos que hacen
el esfuerzo de estudiarla y entenderla, así como para aquellos que
hacen el esfuerzo de ayudar materialmente a los que la estudian, sosteniéndolos.
Tal vez la persona
se cuestione diciendo: "Si estudio Torá tendré vida en ambos
mundos pero no obtendré riquezas y honor". A esto el sabio nos responde
que la Torá será para ti una grata compañía y una
corona de gloria te protegerá. Además de darte vida y riquezas,
la Torá te dará una corona de honor. Serás honrado y respetado
entre las personas. Sin embargo, debes saber que todos estos beneficios
sólo vendrán si estudias Torá sin intereses de por medio.
El sabio concluye
diciendo que cuando una persona estudia Torá para cumplir con la
Voluntad del Creador no sólo obtendrá vida, riqueza y respeto,
sino también paz y tranquilidad, como está escrito: "pues
largos días, y años de vida y paz te incrementarán [las
palabras de la Torá]"
(Proverbios 3:2).
(Basado en el comentario
"Meam Loez" de Rabí Itzjak Magriso, s. XVIII)
Baraitá
7
"Rabí Shimón
Ben Iehudá dijo en nombre de Rabí Shimón Bar Iojái:
La belleza, la fuerza, la riqueza, el honor, la sabiduría, la ancianidad
y la vejez, y los hijos - son buenos para los justos y buenos para el
mundo; como está escrito: 'Una corona de gloria es la ancianidad;
será encontrada en el camino de los justos' (Mishlé
-Proverbios- 16:31); y dice:
'La corona de los ancianos son los nietos, y la gloria de los hijos
son sus padres' (Mishlé 17:6);
y dice: 'La gloria de los jóvenes es su fuerza y el esplendor
de los ancianos es su vejez' (Mishlé
20:19); y dice: 'La luna se confundirá
y el sol de avergonzará pues D'os reinará en el monte de Tzión
y en Ierushalaim, y delante de sus ancianos habrá honor' |