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Shabat Shalom


La Nueva Hoja Nueva -PERASHAT BAMIDVAR
Por. Adaptación Rav Gabriel Guiber



בס"ד

ESTOS CABALLOS SI PUDIERON

“cada hombre según su campamento” (Bamidvar 1,52)

La forma de unión y hermandad más grande se puede ver cuando cada hombre permanece en su campamento, pero, además, valora, rinde honores y regala amabilidad y cariño hacia sus compañeros de los otros campamentos.

¡Qué grande es la fuerza de la hermandad en el pueblo judío!

Nuestros sabios nos han enseñado en el Midrash todo lo que se puede conseguir con la hermandad y con el acercamiento de los corazones, cosas que no se pueden conseguir con otras cualidades espirituales. No caben dudas, con el compañerismo se puede vencer al enemigo que se para enfrente, tanto desde fuera como desde dentro…

Escuchamos un ejemplo maravilloso que contó el rab Bunim Mipshisja, con respecto a una pregunta que le hicieron: ¿quién triunfó en la guerra entre el general Napoleón y el emperador de Rusia?

El rab Mipshisja contestó: ¿con qué se puede comparar esto? Con un poderoso millonario, muy honorable que vivía en la ciudad. Entre sus posesiones, muchas propiedades, campos, viñedos, ovejas y vacas. Tenía un cariño especial hacia sus caballos, los que compraba donde los encontrara, inclusive en el otro extremo del mundo.

Un día, informó a sus sirvientes que tenía la intención de recorrer sus propiedades a lo largo y ancho del país. Con ese fin, ordenó preparar su majestuoso carruaje, que sería arrastrado por seis de sus mejores caballos.

Los sirvientes prepararon el carruaje y se dispusieron a elegir los caballos. En primer lugar, estaba el caballo árabe, el más querido entre todos. A continuación, el caballo belga, fuerte como ninguno. El tercero, el caballo persa, cuarto el inglés, quinto el holandés, y sexto, un caballo de linaje que compró en España.

Todos los intentos por sacar el carruaje del barro fueron vanos…

Cuando el millonario vio esto tan increíble para él, llamó al campesino y le pidió que vuelva para ayudarlo a sacar su carruaje del barro.

El campesino volvió, pero al llegar junto al carruaje, estudió la situación para ver cómo ayudar al hombre en pena.

¿Y qué fue lo que pidió el campesino para sacar el carruaje del barro?

Le dijo al millonario: pídale a su cochero que libere a los seis caballos que arrastran su carruaje. En su lugar, el campesino pondría a sus dos débiles caballos: ellos sacarían el carruaje del barro…

Ahora el millonario estaba más sorprendido. ¿Esos dos caballos demacrados podrían hacer lo que no lograron hacer sus seis fuertes caballos? Pero, no tenía otra alternativa, debía de seguir las instrucciones del campesino…

Soltaron a los seis caballos del carruaje, y ataron a los dos caballos del campesino. Este se sentó en el lugar del conductor, sopló un silbido agudo, y los caballos empezaron a moverse, sacando al carruaje del barro y llevándolo a un sector más firme…

El millonario y sus sirvientes no podían creer lo que sus ojos estaban viendo. Lo primero que hizo fue acercarse al campesino y pedirle una explicación. ¿Acaso había empleado la brujería?

Contestó el hombre de campo: aquí no hay brujería, sino cosas simples, que conllevan una gran enseñanza.

-No tengo dudas, mi señor, que sus caballos son los mejores del mundo, pero tienen una gran falencia. ¿Cuál? Que toda la grandeza de cada uno de los caballos se manifiesta solamente cuando el caballo está solo. Usted debe saber, que cada uno de sus inmejorables caballos odia a su compañero con un odio de muerte. Cada uno de ellos nació en un extremo opuesto del mundo, y el único deseo que tienen es ver la caída de su compañero. Por eso, honorable señor, cuando sus seis caballos quedaron empantanados en el barro, cada uno pensó en sí mismo, y no en el compañero, por eso, sus fuerzas no se suman…

En cambio, de mi lado, continuó el campesino, los dos caballos nacieron juntos, crecieron juntos, comieron del mismo recipiente. Cuando sujeté los dos caballos a su carruaje, ellos se ayudaron mutuamente, y sacaron el carruaje del barro sin problemas…


El rab Bunim Mipshisja concluyó su ejemplo y dijo: la respuesta a la pregunta sobre quién ganó la guerra, Napoleón o el emperador ruso, está supeditada a que Napoleón hizo ingresar a las filas de su ejército soldados de todas las naciones: franceses, austríacos, alemanes y demás. Los llevó bien lejos a pelear contra el emperador ruso.

Del otro lado del frente, los se agrupaban los rusos, que nacieron todos en la misma tierra, que peleaban en su territorio y por su territorio. Está claro que ellos pelearían uniendo sus almas, hombro con hombro, unidos, contra el ejército de Napoleón, en el cual no había conexión alguna entre sus soldados…

Traducido del libro Barji Nafshi.

Leiluy Nishmat

Israel Ben Shloime   z”l

Lea (Luisa) Bat Rosa    Aleha Hashalom

Iemima Bat Abraham Avinu    Aleha Hashalom

 




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