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Para reflexionar


El pasaporte de Rabi Levi Yizjak de Berditchev
Por. Rabino Richard Kaufmann



Entraron los nazis en el pueblo... El padre tomó rápidamente a su pequeña hija en brazos y la llevó rápidamente al sótano del edificio. Le dió una servilleta blanca en sus manos, le dijo que la lleve siempre consigo y se despidio de ella.

Los nazis concentraron a todos los judios en la plaza del tren y los deportaron hacia al este.

La pequeña niña paso tres dias sin comer y sin tomar nada, escondida  en el sótano en el cual su padre la había dejado.

Esa noche, sin poder soportar mas el hambre, salió la niña de su escondite.

Era ya de noche muy tarde y ella comenzó a caminar por las calles hasta que llegó a la estacion del tren. Al llegar allí justo un tren estaba saliendo.

Ella solo soñaba con abandonar aquel infierno que se había llevado a toda su familia. Corrió y corrió y corrió hasta que alcanzó al tren que ya había comenzado a andar y se subió al tren.

Una vez adentro encontró un lugar entre unos señores y se sentó alli.

Al llegar a la frontera, sube un soldado alemán al tren y grita en voz alta: ¡documentos, pasaportes!. Y cada persona saca su pasaporte y lo muestra.

Cuando llega el soldado donde se hallaba la pequeña, ella le enseña su servilleta, el soldado mira la servilleta, la revisa y se la devuelve sin decir palabra.

Si quieren saber como sigue la historia tendremos que remontarnos 200 años atras.

Un buen hombre se habia enfermado. Los médicos locales dijeron terminantemente que si quería salvar su vida tenia que viajar hasta Viena y operarse alli.

Los gastos del pasaje -ida y vuelta- y de la operación ascendian a mil rublos.

Este señor vendió todas sus pertenencias y logró exactamente mil rublos.

Se dirigió a la policía de su pueblo para conseguir un pasaporte para salir del pais.

Al llegar allí, el policía le gritó: ¡sucio judio!! Tu no tienes derecho a recibir un pasaporte. Si quieres uno tendrás que pagar mil rublos, sino olvidate de tu pasaporte.

Y este pobre judío no sabía lo que hacer. El ya había vendido todas sus pertenencias. Solo tenía mil rublos, ese era todo su capital.

Desconsolado, salió de la estación de policía y se dirigió a la ciudad de Berditchev.

En esta ciudad vivía en aquel entonces el gran tzadik Rabi Levi Yitzjak de Berditchev. Golpeó en la puerta de su casa y entró.

El Rabi estaba sentado estudiando en un libro.

Se acercó muy agitado y le contó lo que le había pasado.

Rabi Levi Yitzjak le dijo que se siente y siga leyendo el libro que el en ese momento estaba estudiando.

Rabi Levi Yitzjak entró en su cuarto y empezó a llorar. Y desde afuera este hombre escuchaba llantos y gemidos y dulces voces de plegaria, llantos gemidos y plegarias. Así durante tres o cuatro horas.

De mientras este señor leía. Al salir Rabi Levi Yitzjak de su cuarto se acercó al buen hombre, le entregó una servilleta empapada en lágrimas y le dijo: ׂeste sera tu pasaporte.

El hombre abrió la servilleta y esta era un simple papel blanco, pero si el Rabi le dijo que ese era su pasaporte él sabía lo que decía.

Confiado se dirigió a la estación de tren y logró con su pasaporte cruzar la frontera.

Llegó a Viena, se operó y volvió, salvando su vida y viviendo por muchos años mas.

Esta servilleta con las lágrimas de Rabi Levi Yitzjak pasó de padre a hijo y de padre a hijo, hasta que llegó a las manos del padre de esta pequeña niña.

-Con este pasaporte esta niña logró escaparse de Europa, llegar a israel y construir allí su hogar.

Esta mujer vive hoy en Jerusalem y ella pidió que cuando muera sea enterrada junto con  su pañuelo, pues si este pañuelo logró salvar la vida de su tatarabuelo que logró salir de Rusia para operarse. Si este mismo pañuelo, mas de cien años después logró salvar su vida posibilitándole salir del infierno de la bestia nazi, entonces, seguramente este pañuelo podrá al morir también abrirle las puertas del paraíso  para encontrarla  con el alma pura del gran sabio de Berditchev y agradecerle por salvar su vida.

Rabi Levi Yitzjak de Berditchev, el gran abogado defensor del pueblo de Israel, sea su  mérito defensor nuestro en el día del juicio  y ojalá que nuestros rezos suban alto alto hasta el trono celestial acercándonos pronto hacia la redención final.

Dice en la guemara, ׂlos portones de la tefilá están cerrados, los portones de las lagrimas no están cerrados.

Quien llora y reza con todo el corazón construye con sus lágrimas el milagroso pasaporte que permite pasar por todos los infiernos,  atravesar todas las dificultades, hacer teshuva completa y llenar de luz todo el mundo que nos rodea.

 




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