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Para reflexionar


El mérito de “Ceder” nos salva
Por. Rav Salomón Michan



El Rab Eliezer Rot nos relató lo que sucedió en una de las comunidades observantes del centro de Israel. En el piso inferior de uno de los edificios, había lugar para que funcionen negocios, y se abrió allí un gran negocio con productos y muebles para bebés. El dueño del negocio, con la idea de atraer a los compradores hacia el interior, puso sobre la vereda muchos productos, para que estén más visibles.

 

Esto molestaba a uno de los vecinos del edificio, que le pidió al dueño del negocio que deje de hacer eso. Pero como no quiso escuchar sus pedidos, tuvo que llamarlo a un “Din Tora”.

 

Los jueces escucharon la posición de cada parte, y no alcanzó con eso, también mandaron una persona para que investigue el lugar y pueda informar, imparcialmente, a los jueces. Llegaron a la conclusión de que el vecino no tenía razón, ya que la parte de la vereda que el dueño del negocio utilizaba, no era necesaria para la gente que caminaba por la calle, no molestaba su andar, y no había otros motivos para prohibir…

 

El vecino escuchó la decisión del Bet Din, y la aceptó! Un hombre temeroso de Hashem como él y con una gran fe en nuestros sabios, no podía hacer otra cosa. Aceptó sin preguntar, sin objetar ni una palabra de lo que salió de la boca de los jueces. Pero el juez principal, al ver la forma en que el hombre aceptaba un “veredicto en su contra” le susurró al oído después de terminar la lectura de la decisión: “quién puede saberlo, tal vez algún día necesites algo del dueño del negocio o de sus mercancías…”

 

Este hombre, vivía con su familia, en el cuarto piso del edificio. Una semana y media después del juicio, el pequeño hijo de dos años salió al halcón. Los padres estaban en la cocina y no se dieron cuenta de que el pequeño había salido. El niño se colgó del barandal, y saltó al vacío, en solo un segundo, cundió la desesperación, el pequeño había saltado del cuarto piso!

 

Los padres escucharon los gritos, corrieron al balcón, y con mucho miedo entendieron lo que pasó. Con un miedo mortal, y el corazón acelerado al máximo, bajaron hasta la calle, y allí, vieron al dueño del negocio que los recibía con un rostro lleno de llanto y a vez, sentimiento, y les entregaba en sus brazos al bebé de dos años, sano y salvo!!!

 

¿Qué ocurrió? El niño saltó del cuarto piso y fue a caer directamente dentro de una de las cunas de bebés que estaban en la vereda, y el grueso del colchón recibió la caída del pequeño como si fuera una esponja, amortiguando el golpe, hasta el punto que no sufrió ningún daño. Posteriormente examinaron al pequeño en un hospital, verificando que no le había sucedido absolutamente nada.(1)

 

(1) Barejí Nafshí.

 




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